En casa vivimos mi padre, mi hermano y yo solamente, ya que mi madre nos abandono cuando yo era muy chiquita. Tan chiquita que casi ni la recuerdo.
De hecho, mas de una vez, me pregunté si los recuerdos que tengo de ella, no serán a causa de las fotos que he mirado a lo largo de los años, o sea, falsos recuerdos creados por mi mente.
Así que, solo somos nosotros 3, y la verdad es que mi papá siempre nos mantuvo bien, y gracias a Dios jamás nos faltó nada. No se como lo hacía, pero hasta nos hemos ido de vacaciones los tres, solo con su sueldo, que no era la gran cosa.
Tanto mi hermano como yo, fuimos a la escuela y estábamos comenzando la universidad, y si bien mucho no me preguntaba como hacía él para bancarnos a nosotros, trataba de no generarle gastos grandes ni innecesarios.
Yo soy una chica común y corriente, tengo un lindo físico, mis tetas son normales y mi culito es verdaderamente hermoso, ya que lo trabajo en el gimnasio desde hace varios años ya.
No soy alta, más bien petisita, y debido a mi altura, siempre trate de ser flaquita, ya que no me gustaría sentirme un tapón (petisa y gorda), y como petisa sería siempre, por lo menos puedo trabajar el tema del peso, y gracias a eso, hoy tengo una linda figura.
En el tema sexo, hace varios años ya que comencé, y debo admitir que no soy esa putita en la cama que me gustaría ser… pero no me sale. Unas pocas veces apareció esa putita que llevo adentro, con un ex novio que tuve, que en la cama me trataba como tal… y de esa forma lograba que salga la putita que llevo adentro.
Pero después de eso, jamás volví a sentirme así en la cama, con ningún otro hombre… comenzaba a pensar que quizás me habían dejado de gustar los hombres y comenzaban a gustarme las mujeres, no lo sabía bien, pero eso era algo que tendría que comenzar a explorar de a poco.
Mi papá solía traer a nuestra casa a muchos de sus compañeros de trabajo, tras un día arduo en la oficina, para beber y pasar el rato. A mi hermano Jorge le saludaban como si fueran colegas de toda la vida: chocaban los cinco, le preguntaban cómo le iba con sus conquistas y comentaban sobre su equipo de fútbol. Pero a mí en cambio siempre me trataban con mucho respeto, imagino que era así porque mi padre estaba allí.
Pero en una tarde me fui al baño para darme una ducha. Cuando terminé me di cuenta que no llevé conmigo mi bata, por lo que tuve que salir con una toallita muy pequeña remangada por mi cintura y con un brazo cubriéndome las tetas. Me topé con uno de sus amigos que quería entrar en el baño. Me miró de arriba para abajo sin mucha vergüenza, yo no sabía dónde meter mi cara porque estaba coloradísima.
Me dijo con una gran sonrisa:
-Hola Lali. Soy el señor López, el jefe de tu padre.
Su propio jefe nada más y nada menos, pero yo no le hice mucho caso, me fui a pasos rápidos de allí pidiéndole disculpas.
Un par de noches después, mientras yo estaba hablando con mi novio por el móvil, ese mismo hombre entró en mi habitación. Fue muy rápido, se disculpó y dijo: “Así que aquí es tu habitación, yo estaba buscando el baño, perdón Lali”. Y cerró la puerta inmediatamente. No le di mucha importancia, pero más tarde entendería su extraño actuar.
Una tarde me fui a la casa de una amiga, y cuando volví, ese mismo señor me esperaba cerca de la entrada de mi casa, apoyado en su lujoso coche y con una tarjetita en su mano. A mí me daba mucho corte mirarle a los ojos.
-Hola señor López. ¿Vino con mi papá?
-No, Lali, he venido por mi cuenta.
-¿Y por qué?
Yo me aparté un poquito para entrar en mi casa, pero él me cerró el paso.
-Tu papá va a perder el trabajo a manos de un muchacho más joven y activo. ¿Lo sabías? Por eso nos ha estado invitando a su casa, para mostrarnos cómo se las arregla solo, con un hijo que pronto comenzará la universidad y una hija muy preciosa que comenzará ya su segundo año de la facultad.
-Eso es terrible, señor López. ¿Y por qué me lo cuenta a mí?
-Porque si tú quieres, puedo hacer que tu padre no solo siga en la empresa, sino que suba de puesto.
-¿Si yo quiero?
Me pasó su tarjetita y dijo que me esperaría con otros hombres en un departamento ubicado en el centro de Buenos Aires. Yo me quedé muda, arrugué la tarjetita y le solté un sonoro bofetón. Le grité un montón de cosas y me daba rabia que ese pervertido no borrara nunca la sonrisa de su cara. No quise armar más escándalo porque tengo vecinas chismosas y repelentes que ya estaban mirando el show que monté.
Esa noche discutí con mi papá al respecto, en su habitación, porque no quise que mi hermano