A veces las cosas que le pasan a uno suceden de un momento a otro. Cuando uno se da cuenta, ya se tienen oportunidades para experimentar y pasarlo bien, más cuando se trata de experiencias con mujeres. Por ello, si se tienen esas oportunidades, hay que aprovecharlas al máximo. Todo esto viene por una situación de la que ni soñándolo pensé que llegaría a suceder.

Tengo una novia con la cual me llevo bien. Yo tengo 30 años y ella es siete años menor que yo, y como en todos los casos tenemos algunas peleas, en las que después de ellas nos dejamos de ver o de hablar por días. Desde el inicio de nuestra relación comencé a quedarme en su casa a pasar la noche con ella, en donde vive con su madre y sus hermanos, porque sus padres están separados. A veces llegábamos y podíamos entrar a su habitación para pasar la noche sin que nadie se diera cuenta de ello. Y al otro día, cuando todos se marchaban a sus actividades, podía salir de su casa sin problemas.

Sucedió que una noche me quedé como una de tantas, y se suponía que aquella noche no habría nadie en su casa, ya que sus hermanos habían salido y su madre había telefoneado avisando que no llegaría a casa hasta la noche del día siguiente. Por esa razón decidí con mi novia quedarme ahí hasta el otro día y así terminar cogiendo toda la noche hasta el amanecer sin problemas de ser descubiertos por alguien.

Al amanecer despertamos, tomamos un baño. Eran alrededor de las 10 de la mañana. Salimos de la bañera dirigiéndonos hacia la habitación de mi novia. Cuando entramos a su habitación olvidamos cerrar la puerta. Esto fue porque de inmediato la tiré a la cama para comenzar a darle tremenda cogida a mi novia. Comenzamos con un enloquecedor jadeo, haciendo sonidos bastante perturbadores. Seguimos así durante un buen rato, cuando de repente volteé hacia un espejo y observé a través de él que había una mujer madura en el filo de la puerta observando. Era su madre, observando cómo estaba en la habitación de su hija penetrándola salvajemente. Mi novia, confiada de que nadie llegaría hasta después de la tarde, daba unos gritos mientras me la cogía como si fuese la última gran cogida de su vida, como si desease morir de un mega orgasmo. Su madre solo nos observó. No nos dimos cuenta qué tiempo habrá estado su madre observándonos. Mi novia estaba muy apenada. De inmediato nos vestimos. Su madre bajó a la sala. Después de unos minutos pensé y decidí bajar para hablar con la madre de mi novia y darle una explicación.

La verdad es que cuando bajé a charlar con su madre, ella solo se me quedó mirando. Mi novia estaba muy nerviosa y confusa. Entonces tomé todo con calma, me atreví a darle una explicación mostrándome sereno y sin temor alguno, sintiéndome seguro, sin miedos, sin complejos, como si nada hubiera pasado. Y como tengo una voz grave, eso me ayudó a mostrarme más seguro de mí mismo. Así es como conocí a su madre y a la vez quedé prendado a ella.

Lo sorprendente de aquella vez fue que no se molestó tanto, sino que durante la explicación que le daba se soltó a reír, sonrojándose un poco, cuestionándome menos de lo que esperaba. Incluso hizo algunos comentarios irónicos. No lo podíamos entender. Al final le pregunté si no estaba molesta. Ella me dijo que no, ya que le sorprendía mi actitud, que se notaba que tenía los pantalones bien puestos y que tenía mucho carácter para enfrentar la situación, y que eso hablaba mucho de mí. Mencionó que es bueno tener a un hombre con carácter y sin miedos, por lo que sabía que su hija iba a estar bien. Eso a mí realmente me gustó oírlo, pero también me sorprendió que lo dijera ella. Por eso también desde aquel día me encantó su manera de ser y sobre todo porque me imaginaba con qué ojos me veía. Ella es una mujer de 45 años realmente atractiva, de tez morena clara, de cabello negro corto. Tiene un par de tetas realmente enormes, unas piernas torneadas y carnosas. Tal vez no tenga el gran culo de la vida, pero eso no me importa ya que además tiene una voz bastante sexy. Ella trabaja como secretaria