Era una tarde de agosto y, como tantas otras tardes, nos encontrábamos mi suegro y yo arreglando una fuga de agua, ya que trabajamos en el rubro de las reparaciones en general. Cuando estábamos en ello, echamos en falta una herramienta sin la que no podíamos terminar el trabajo y mi suegro me mandó a por ella a su casa, ya que estaba bastante cerca de donde estábamos en ese momento.

Una vez allí, abrí la puerta de la casa con las llaves que mi suegro me había dado y me dirigí al sótano donde se encuentran las herramientas. Cuando me dispuse a salir, me pasé antes por la cocina para tomar un vaso de agua. Desde allí escuché unas risas en el jardín.

Decir que la casa de mis suegros es una villa situada en una urbanización pequeñita a las afueras de la ciudad donde residimos es quedarse corto: es de dos plantas y posee un gran jardín y una piscina compartida con un matrimonio que se mudó hace un año a la villa de al lado.

Una vez estuve en la puerta del jardín, observé a mi suegra y a la vecina (Ana) que estaban tomando el sol en la piscina y, para mi sorpresa, ambas estaban desnudas. Al principio me quedé un poco cortado, pero rápidamente reaccioné y me puse a observar la situación con todo detenimiento.

Mi suegra es una mujer de 48 años, 1,70 m y 60 kg, rubia de bote, y la verdad es que no está nada mal para la edad, ya que se cuida un montón (dispone de hasta gimnasio en casa).

Ana, la vecina, es una mujer de 36 años, 1,65 m y 55 kg, morenaza y con un cuerpo de los que quita el hipo a todo chaval como yo, de 24 años. Vamos, una super madura como se suele decir.

Desde la puerta del jardín pude observar que todo lo que estoy diciendo sobre ellas es cierto y aún me quedaba corto, puesto que mi suegra estaba tremendamente buena. En ese momento lo estaba viendo totalmente desnuda, y puedo decir que tiene unas maravillosas y grandes tetas, un poco caídas, con unos pezones negros, chicos y puntiagudos; un trasero grandioso pero que, desde allí y sin nada que ocultar, se presentaba erguido y duro. Su coño presentaba un triangulito de pelos también teñidos de rubio (jamás hubiera pensado que mi suegra estaría tan buena).

Ana, qué os voy a decir sobre ella. Si ya con ropa era espectacular, ahora era mejor. Por fin podía ver aquellas tetas que tantas veces había imaginado cómo eran por detrás de los bikinis cuando estábamos todos juntos en la piscina.

Por su apariencia siempre me las había imaginado pequeñas pero muy bien puestas, pero todo lo contrario: eran unos melones gigantes