Aunque ha sido una aventura muy reciente, en realidad comenzó el conocimiento con este hombre y el inicio de cómo se fue gestando hasta culminar en esta extraordinaria sesión de sexo y placer hace bastante tiempo, quizás unos seis meses. El encuentro ha sido tan emocionante y de resultados tan maravillosos que he pensado en compartirla, segura de que les gustará leerla y tal vez suscite algún comentario por su parte.

Yo soy muy reservada con mis experiencias y aventuras, de manera que nunca las comento en mi entorno. Tal vez por eso, cuando tengo oportunidad, las cuento así, a gente que no me conoce y que, por tanto, no me puede hacer daño. Así, y por adentrarme en lo que es esta aventura, empezaré diciendo que tengo una gran amiga, desde que iniciamos el bachillerato, con la que más afinidad tengo y hemos compartido juntas en muchas ocasiones, cuando las dos éramos solteras. Después nos casamos y nos seguimos frecuentando, incluso a veces con nuestros esposos. Ella se divorció después de seis años de matrimonio y, después de superada la separación, comenzó una vida un poco alegre y de tener aventuras, cosas que me parecen lógicas pues, siendo libre, yo veo muy bien que se aprovechen todas las oportunidades que la vida nos brinda y muy especialmente aquellas que tienen que ver con el sexo y la diversión sana. Así las cosas, mi amiga me cuenta siempre de sus experiencias, especialmente cuando son significativas.

Hago hincapié en que yo, por ese carácter de extremadamente reservada y discreta, no le cuento aquello que tiene que ver con mis infidelidades. Por no abundar más y no hacer este escrito tedioso, resultó que hace como un año me contó de un hombre especialmente atractivo, tanto como persona como en sus facetas de hombre y amante. Un hombre casado, con el que no le unía más compromiso que el de pasarla bien cuando se juntaban. Ella lo había conocido en el gimnasio, pero con el tiempo me dijo que era estilista y peluquero de mujeres y que tenía un pequeño salón de belleza en un barrio y calle de la periferia de la ciudad, bastante alejado de por donde nosotras vivíamos. Cada vez que estaba con él me lo describía como algo increíble, por lo rico de su pene, lo buen amante que era, lo mucho que aguantaba hasta acabar, la variedad que ofrecía, pero además lo divertido que era, su simpatía, atrevido pero respetuoso, creatividad, etc. En fin, que tanto me habló de él y de las maravillas que hacían en la cama que yo misma me excitaba cuando me lo contaba con todo lujo de detalles.

Como toda aventura que no tiene compromisos, ellos dejaron de verse. Estuvieron teniendo sexo como seis meses y después se ve que se fueron aburriendo o que otras nuevas posibilidades con otras personas les fue mermando el interés y, poco a poco, distanciaron sus entrevistas hasta que parece que se olvidaron del tema.

De alguna manera, cuando me enteré de que ya no se veían, pensé en lo bueno que sería conocer a una persona así con la que poder gozar ocasionalmente sin ningún tipo de atadura o compromiso. Y esa