La última vez que mi señor vino a mi casa, simplemente nos dedicamos a disfrutar y pasar tiempo juntos, no hubo humillación, pero si sumisión y placer, mucho placer.

Fuimos a la habitación, me mandó desnudarme mientras mi señor estaba sentado en la cama, mientras me iba desnudando me dio algún azote y me tocó llevándome a mí límite sin dejarme correrme, mi señor decide cuando lo hago, nos metimos en la ducha juntos, y después nos metimos en la cama donde mi señor empezó a tocarme de nuevo llevándome de nuevo al límite, para después bajar y seguir torturándome mientras él jugaba con su lengua y sus dedos hasta que por fin me dejo correrme, así que ahora era mi turno de hacer disfrutar a mi señor, me puse encima de él y empecé a bajar mientras mis manos empezaban a tocarle, cuando mi boca llegó, empecé a jugar primero con mi lengua junto con mis manos, para después introducírmelo en mi boca, haciendo disfrutar a mi señor y provocando que se corriera, aunque no fue en mi boca. Mi señor se quedó a dormir, así que durante la noche le desperté tocándole para volver a jugar como habíamos hecho antes, llevándonos a nuestros limites, aunque por supuesto que mi señor me dejaba a mi limite todas las veces que el quería, al final mis orgasmos son suyos.

Pasaron unos días y en una de nuestras conversaciones en las que mi señor siempre tiene la razón, me hizo humillarme, y aquí os dejo un trozo de esa conversación que, por supuesto mi señor me dijo que os mostrara, para que así podáis ver mi grado de sumisión:

Mi señor: - Además… tu qué haces opinando...?

- En algún momento te he dado ese derecho??

Su sumisa: - No mi señor.

- Perdón

Mi señor: - Deberías tenerlo claro…

- O pensé que ya lo tenías

Su sumisa: - Si si

- Perdón mi señor

- Intentaré que no vuelva a pasar.