Clarita notaba como su hermano empujaba su cabeza, acercándola poco a poco a esa cosa grande que salía entre sus piernas. Vio que la punta estaba muy roja, casi morada, y que por el agujero chiquitito salía una gotita de líquido blanco.

  • Jo, Manu. – dijo ella mirándolo como boba – Te sale algo por la punta.

Manu vio su líquido presiminal y se puso como una moto, quería que su hermana acercase la lengua y lo chupara.

  • Eso es lo que el hombre da a la mujer cuando se casan. – contestó el hermano con cara sería – Lo que hace que la relación sea intachable y bendecida por todos.
  • ¿Síiii? – preguntó Clarita extrañada –
  • Claro. – respondió su hermano – Por eso, si lo chupas ahora, no estaremos en pecado, al contrario, tendremos una relación honesta y respetable, de dos hermanos que se quieren y que se tienen confianza.

Clarita se acercó al capullo lentamente y sacó la lengua, tocando con la punta el agujerito de su hermano para recoger ese liquido que salía y con el que ella alucinaba. Lo chupó se lo metió en la boca y se giró mirando hacia arriba, regalándole a Manuel la mejor de sus sonrisas.

  • Ya está, Manu. – dijo la mar de contenta – Ahora ya tenemos la relación honesta.
  • Ummm. – gimió el chico al sentir la lengüecita de su hermana acariciando sensualmente su capullo –
  • Ahora podemos tocarnos sin pecar. ¿No? – preguntó Clarita con una sonrisa de oreja a oreja –
  • Si, Clarita. – contestó el muchacho empujando su cabeza – abre la boca y chúpala un poco, ya verás como te gusta.

Su hermana separó los labios y se metió el glande en la boca, pero no sabía qué hacer, nadie la había explicado nunca si tenía que morderla, chuparla pasar la lengua por ella.

Volvió a girar la cara, y sin soltar la polla para nada, preguntó intrigada a su hermano.

  • ¿Qué tengo que hacer ahora?

Manu la sujetaba del pelo empujándola hacia abajo, intentado que Clarita se tragara toda su polla,

  • ¿Tú has visto como maman lo terneros de las tetas de las vacas?
  • Siiii. Claro. – respondió su hermana encantada –
  • Pues haz conmigo lo mismo, chupa lo que tienes ahora en la boca hasta que salga la leche y puedas tragarla.
  • ¿Y ya está? - volvió a preguntar extrañada –
  • Joder, Clari. – chilló su hermano enfadado – Tú chupa y calla. ¿A