Con El Sello de Morbo y Placer…

Me encontró casado con Lucia con la que tengo una hija, aún menor de edad. Me llamó Lucas y tengo 38 años de edad, Mido 1.89m, soy de cabello ojos verde mar, piel blanca tostada por el sol, de cuerpo atlético, espalda ancha abdomen marcado, brazos y piernas musculoso, practico mucho deporte como natación o boxeo, en fin mi mayor atributo es mi miembro, tengo un par de bolas grandes y una polla de 27 centímetros de largo y 17 de circunferencia, con un deseo insaciable en tener sexo... Mientras que mi esposa solo tiene 23, media igual 1.70m alta para su edad, sus medidas eran 95-61-97, piernas carnosas y torneada, cintura pequeña caderas ancha una cola perfecta, senos firmes. Con la que mantengo una buena vida sexual. Las relaciones con la familia de mi esposa han sido siempre buenas, especialmente con su única hermana y con su padre, pero no así con mi suegra: “Petra”. Esta, procedía de una familia bien acomodada, de carácter y tradición muy conservadora, y de alta alcurnia. Mi suegra es todo un carácter, autoritaria como ninguna, que jamás da su brazo a torcer, y que siempre trata de salirse con la suya.

--Mi suegro es un… especie de corderito.

A su lado, buena persona, trabajador, pero dominado íntegramente por su mujer a la que obedece en todo momento. Por mi parte, tengo un carácter también algo difícil de lidiar, bastante independiente y me cuesta bastante ceder, especialmente ante las pretensiones de una persona con el carácter de mi suegra. Ella tenía un cuerpo escultural, grandes ojos azules, larga melena dorada, media 1.76m de estatura, tetas grandes, cintura pequeña trabajada en el Gym caderas anchas, piernas firmes y carnosas que hacían resaltar más su cola redondeada y firme bien paradas 105-63-115

Con ella no era nada extraño que mantuviéramos continuas discusiones, lo que había llevado a mi esposa a tratar de evitar acudir a casa de mis suegros en mi compañía, salvo en ciertas celebraciones familiares. La realidad es que mi suegra nunca quiso que Lucia se casara conmigo, puesto que ella tenía otras aspiraciones, y siempre había apostado porque su hija contrajera matrimonio con un terrateniente del pueblo o algo parecido. Pesa a su oposición, y no serios enfrentamiento entre mi esposa y su madre, logramos casamos, y además a temprana edad. Como ya les he indicado, con la finalidad de no enfadar a mi esposa y no hacerla sufrir, a veces soportaba y evitaba cualquier discusión con la madre de mi esposa. Pero, la realidad es yo la consideraba una mujer insoportable. No llegaba a comprender como su esposo podía soportarla tanto tiempo. Petra, pese a todo había dado a luz a dos hijas, aunque a muy temprana edad, ya que las tuvo a la corta de edad de 18 y 20 años. No obstante, pese al carácter infernal que tenía aquella mujer, no podía dejar de reconocer.

--El cuerpazo de mi suegra.

La cual conservaba una figura perfecta, bien modelada, con un cuerpo más bien delgado, y además con esa belleza innata, pese haber alcanzado los 43 años. Mi suegro por el contrario era algo mayor que ella, y pasaba ya de los 67 años, y era un hombre bastante pacifico, con un talante casi pasivo y que intentaba no discutir con nadie, y se sometía por completo a los designios de su esposa. En varias ocasiones, cuando discutía mi suegra, observaba aquel cuerpo de mujer, con aquellos pechos grandes enormes, pero que se denotaba firmes, y aquel trasero perfecto, con unas nalgas casi redondas donde descendían unas piernas bien modeladas, y sin una sola vena a la vista. La realidad es que, pese a animadversión que sentía por la misma, no podía por menos que reconocer que, la sola presencia de aquella hembra me producía una excitación que no podía evitar, y que en el fondo me preocupada, ya que se trataba de mi suegra, la madre de mi esposa. Aunque Petra vestía de forma severa y conservadora, y apenas se le podía vislumbrar sus piernas, en raras ocasiones, aun así, con su vestimenta tradicional, destacaba de forma natural la silueta de su buen cuerpo, la pujanza de sus pechos y su buen trasero. Aunque intentaba evitar todo pensamiento obsceno sobre aquella mujer, era algo que se escapaba a mi control.

--Sin apenas pensarlo, solo con verla nota un estremecimiento en mi pene. -Por ello, en algunas ocasiones, decía para mis adentros.

--¡¡Qué buena está la cabrona! ¡Que buen polvo le echaría! -Y, cuando nuestros encontronazos se elevaban de tono, la miraba y pensaba en voz baja. --“¡Esta puta lo que necesita es que le peguen una buena follada como Dios manda! ¡Necesita es que le demuestren quien es el que manda!”

Pero tanto va el cántaro a la fuente hasta que un día se rompe. Y así, un buen día, con ocasión de una reunión familiar, siguiendo la misma tónica de encuentros anteriores, mi suegra logró buscarme las cosquillas nuevamente, logrando hacerme perder la paciencia, y terminando, discutiendo abiertamente con ella. En esa ocasión, la fiesta familiar se llevó a cabo en una casa rural. Algunos familiares se enfadaron conmigo y entre ellos mi esposa, por lo que decidí salí fuera, dirigiéndome a la parte trasera de la casa con la finalidad de relajarme un poco. Allí aproveche para llamar a un amigo por el móvil, ya que tenía una llamada perdida del mismo. Mientras hablaba por el móvil, hizo su aparición mi suegra. Nada más verla, se me encendió el cuerpo, ya que pensaba que venía de nuevo a buscarme las cosquillas. Sin embargo, observo que se acerca hasta donde me encontraba, pero no se dirige a mí, sino que llega hasta su vehículo que tenía estacionado en esa parte, justo al lado de donde me encontraba, y tras abrir el maletero intenta tomar algo de su interior.

Continúe hablando con el amigo, mientras de reojo observaba a mi suegra que intentaba buscar algo que tenía en el maletero, y se ve que estaba bien adentro. Por tal motivo, reclinó su cuerpo para poder alcanzar un paquete que se hallaba dentro de esa parte trasera del vehículo. En ese momento, me quede sorprendido al observar cómo se le subía un poco el traje que llevaba, el cual disponía de una abertura por uno de sus lados, y que me permitió ver las pantorrillas de aquella mujer. Terminé la llamada, y anonadado, me puse a contemplar aquella escena, ya que muy pocas veces podía verse las pantorrillas desnudas de aquella altiva y conservadora mujer.

Evidentemente, la visión de aquella morbosa escena despertó mi vástago, el cual se increpó dentro de mi pantalón. Preste una atención bastante descarada, con la vista fija en sus pantorrillas, recreándome en ellas, con el mayor descaro. Pero, ello no pasó desapercibido para mi suegra, la cual de reojo, se percató de como la miraba, por lo que, gira su cabeza desde la misma posición en que se encontraba, aún con parte de su cuerpo alongado dentro del maletero, observando cómo se ruboriza al saber que le estaba viendo sus pantorrillas. Rápidamente, con sus manos intentó bajarse el vestido, al tiempo que inmediatamente se incorpora. Tras cerrar el maletero del coche, vino directo hasta donde me encontraba con pasos largos y, de forma desafiante, me grita.

--No te da vergüenza mirar así a tu suegra.

Haciéndome un poco el distraído, le contesté.

--¿Y, como la he mirado suegra?

--No te hagas el tonto… Te he visto claramente mirando mis piernas. -Me responde de forma bastante brava.

Tras reponerme de la sorpresa de que se hubiera percatado de mis miradas, le dirigí una mirada desafiante, le dije

--La verdad suegra. ¡Me hubiera gustado que se le hubiera subido algo más el vestido! Al menos, así podría haber apreciado mejor su trasero.

--¡¿Queeee?!... ¡Cooomo! ¿Y que tiene mi trasero? -me contesta, casi colérica, pero a la vez intrigada.

--¿Quiere que le diga lo que pienso de su trasero? ¿De verdad quiere que se lo diga? -le rete de forma descarada.

--¡¿Que estas insinuando?!... ¡¿Qué tiene de malo en mi trasero?! -Me repitió casi gritando.

--Malo no... Al contrario suegrita, creo que lo tiene bastante bien. ..Ya sabe: perfecto para una buena…-y no quise termine la frase.

Ya que me parecía demasiado fuerte, pero quedándome con una sonrisa en mis labios. Evidentemente ella no era tonta, y comprendió lo que quería decirle. Mirándome de forma airada y fuera de sí, me responde.

--¡¿Qué estás pretendiendo decirme?!… que estoy buena para un buen polvo, para, para, para… follarme usted… he…. ¿He?... Seguro que es eso lo que quería decir... ¡Qué cabrón eres! No me respetas… ¡Ni siquiera pese a ser la madre de mujer!

Me di cuenta que aquella discusión había tomado otro cariz diferente a las otras, y animándome, le mire a la cara, y tras constatar que no hubiera moros en la costa, le dije.

--Pues si suegrita… ¡Ese trasero lo que necesitando es una buena polla y un par de nalgadas para que aprenda a respetar! ¿Y sabe?... Una buena polla que atraviese todo ese tremendo culo… Eso es lo que necesita… Vale… ¡Ya sabe lo que pienso! ¿Está contenta?

Mi suegra, no se podía creer lo que estaba escuchando. Sumamente encolerizada, levanta la mano e intenta pegarme un tortazo. No obstante, me percaté de sus intenciones y adelantándome con cierta agilidad logré sujetarle la mano, y tirando de su cuerpo hacia el mío, la obligué a doblar un poco su cuerpo, hasta que su cara quedó muy cerca de la mía. Con el mayor descaro decidí que mi boca chocara con la suya, y sin inmutarme le.

--Espeté un beso en los labios de mi suegra, usted creo que necesita más para que aprenda quien manda a comportarse. Evidentemente, ella no se lo esperaba, y no supo reaccionar inicialmente. De hecho, se quedó inmóvil, perpleja, sin reacción. No obstante, tras unos momentos de incertidumbre, se apartó de mí soltándose bruscamente y diciéndome de forma malhumorada.

--¡Tu, tu, tu, tuuuuu! ¡¡Estás loco! ¿Qué pretendes?... ¿Cómo te has atrevido a besarme?... ¡Semejante sinvergüenza!... ¡¡Ya verás cuando se entere la familia!!… ¡Verán todos lo sinvergüenza que eres! -Y, enrojecida y despavorida marchó hacia el interior de la vivienda. Mientras se alejaba le dije con mayor descaro aun.

--Vaya suegrita. ¿Qué les va a decir? que vino hasta donde estaba yo solo buscando una buena polla... Porque ¿No va a negar que vino para eso? -Ante mis palabras, se detiene, se gira y me responde.

--¡Queeee!… ¡Eres un desgraciado!... Yo ya tengo a mi marido para que me eche un polvo... ¿Qué te has creído? ¡Que soy una puta!

Aquella discusión, pese a todo me estaba excitando, y me animó a continuar, por lo que sin apenas inmutarme le conteste.

--Su marido es un buen hombre, pero, ¿seguro que no tiene lo que hay que tener pasa satisfacer a una yegua arisca y desbocada como usted?

¡Mi suegra no daba crédito a lo que estaba oyendo! Resultaba manifiesto, que estaba descentrada, nunca nadie le había hablado asi. Mi reacción la había descontrolado por completo. Seguro que nunca se esperó unas palabras como las del marido de su hija en esos términos. Pero, contra todo pronóstico, Petra, en lugar de marcharse se vuelve hacia donde me encontraba, y de forma retadora me pregunta.

--¡Ah sí! ¿Qué quieres decirme? ¿Que tu si tienes una buena polla para satisfacerme? ¡Tu satisfarías a una mujer como yo! ¿Es eso lo que quieres decirme?... ¡Pedazo de cabrón!... ¡Qué sinvergüenza eres!

La realidad es que su regreso me había desconcertado. Pero ello no quedó ahí, sino que de pronto la mujer dirige su mirada hacia la bragueta de mi pantalón, y notó en ella un enrojecimiento. Su reacción era lógica. Había visto cómo mi pene se había envarado y mostraba una erección bastante notable, destacando su bulto en mi pantalón con un abultamiento plenamente visible. La realidad es que la naturaleza, siempre sabia, me había dotado de una verga bastante larga y gruesa. Por ello, ante la excitación de la conversación mantenida con mi suegra, mi pene se increpó lo suficiente para que el abultamiento fuera evidente. Me quedé un poco sorprendido del bulto que realmente se había formado en mi pantalón. No obstante, sin dudarlo mucho, le manifieste.

--No se preocupe suegra… Veo que está sorprendida observando el bulto de mi tranca... ¡Quizás… algún día de estos la pueda comprobar en vivo!

Aquello fue demasiado. La madre de mi esposa, totalmente fuera de sí, pero seguro que a su vez bastante excitada al mismo tiempo, me contesta histérica.

--¿Pero qué dices desgraciado?… ¿Qué te has fumado hoy?... ¿Estás loco o qué?...

Dado que ya el daño estaba hecho, y si iba a recibir una pelea mundial de los presentes o de mi esposa, ya daba igual, me atreví a contestarle.

--Nada de nada suegrita… Pero, un día de estos, estoy dispuesto a demostrarle lo que es un verdadero macho... ¡Le voy demostrar cómo se folla a una yegua arisca como usted necesitada de polla!

La madre de mi mujer se quedó perpleja, y, sin responderme, extremadamente acalorada, carraspeando, sin poder gesticular palabra, marcho para el interior de la casa. Pese a todo, pude captar una última mirada hacia el bulto de mi pantalón, lo que me dejo intrigado. Tras marchar mi suegra, me quede pensativo, ya que estaba seguro de que me había propasado, y sabía que me esperaba una buena reprimenda. No obstante, me sobrepuse y al rato entré en el salón como si nada hubiera sucedido, pensando que nada más entrar se iba armar una gorda. Había pensado en que, hasta mi esposa, al saberlo sería capaz de divorciarse de mí. Pero, no fue así. Era evidente, que mi suegra quedó confundida y callada. Quizás nadie le había hablado de esa forma. El silencio de todos evidenció que no hablo con nadie de lo acontecido. No obstante, ello no pudo evitar la mirada de odio que me dirigió en cuanto nuestras miradas se cruzaron. Tras lo ocurrido, pasaron los días, y mi suegro cayó enfermo, conociendo por mi esposa, que se encontraba en cama sin poder levantarse. Mi esposa lo visitaba con frecuencia. Al preguntarle por su padre, ella me dijo, que debía irlo a ver. Le contesté.

--Con tu padre no tengo nada... Es muy buena persona… Pero ¡Sabes que no soporto a tu madre! Y, ¿Seguro que ella tampoco a mí?

--Ya... Pero al menos deberías intentar verlo. -Recapacitando, le contesté.

--Vale… Te prometo que hare un esfuerzo por ti amor... Quizás sí puedo, el jueves pasaré a visitarlo, ya que tengo que pasar por el pueblo.

Y así fue como ese día, una vez acabado el trabajo, decidí visitar a mi suegro. Cuando llegué toque en la puerta de su casa y comprobé que nadie me respondía. Mis suegros posen un chalet en las afueras del pueblo, a unos 19 km del centro. Tras insistir, y, cuando ya pensaba en retirarme, observo que me abre la puerta Petra, mi suegra. Note la cara de sorpresa ante mi presencia.

--¡Tuuuuuu! ¿Qué haces aquí? -me dijo sorprendida, reponiéndose de la sorpresa.

--He venido a visitarlos a cuenta de su hija... ¿Acaso no puedo venir a visitarlos? ¿Me va a impedir la entrada? -Le inste.

--¡Yo! Noooo… No, claro que no. -me contesto en cierto modo contrariada.

Tras pasar al interior de la casa, me llevó hasta la habitación de mi suegro. Se encontraba en cama, aquejado de una dolencia lumbar que le impedía moverse. Estuvimos hablando rato y tendido hasta el punto de que perdía la noción del tiempo, vivía casi dopado por los medicamento para que soportara el dolor, no percatándome que había oscurecido. Por si fuera poco, el tiempo había experimentado un cambio radical en cuestión de minutos, viendo como el cielo se encapotaba de nubarrones negros, comenzando a llover intensamente varios minutos después. Al poco tiempo, hicieron su aparición los relámpagos, que resplandecían como destellos en la oscuridad de la noche. La realidad es que el tiempo se puso tan intempestivo, que mi suegro le dijo a su esposa.

--Petra, Lucas no puede marcharse tarde y en la forma que estaba el tiempo, que mejor se queda en casa esta noche.

Note como Petra enrojeció ante las palabras de su esposo. Inicialmente alegó algo escudándose en que mi esposa estaba sola, pero, ante la insistencia de mi suegro, terminó accediendo. La note bastante contrariada con aquella decisión, pero no obstante me preparó una habitación, donde me duche, y tras ponerme un pantalón corto que a veces guardaba mi esposa allí, y una camiseta, salí a la sala. Petra le estaba dando de cenar a su marido. La medicación que tomaba mi suegro era bastante fuerte y claramente antinflamatoria y relajante, por lo que minutos después de haber cenado entró en un profundo sueño. A preguntas mías, Petra me comentó que, para el dolor, le habían suministrado un antiinflamatorio bastante potente. Tan efectivo era, que, al rato, constate personalmente que el mismo se había quedado profundamente dormido. Salimos del dormitorio de mi suegro, y Petra me dijo.

--Creo que será mejor que cenemos.

Yo la seguí hasta la cocina. Ella también se había cambiado, y ahora llevaba puesta una bata de noche, que sorprendentemente no me pareció tan baja como en otras ocasiones, llegándole esta vez por encima de las rodillas, circunstancia extraña en ella. Noté que en algunas ocasiones se abría un poco la bata a la altura de sus pechos y me permitía divisar parte de sus hermosos pechos, lo que me produjo una erección casi inmediata. Mientras ella preparaba los platos en la cocina, yo me senté a la mesa, sin dejar de observarla. Petra al sentirse observada, mostrándose agitada, me mira, y me pregunta:

--¿Y a ti que te pasa? ¡¡Veo que no te cortas ni un pelo! ¿Has olvidado que estas mi casa?… ¿Al menos debías comportarte?

--Pero suegra. ¿Por qué se pone así? No le he dicho nada, solo me limitada a observaba. -Le comenté, añadiendo. --¿Le pone nerviosa que la observé?

--Que… ¿Y?... ¿Porque que iba ponerme nerviosa?.. -Intento reaccionar.

Ella, siguió terminando de preparar la cena. No obstante, le dije, para tranquilizarla y tratar de que el ambiente no se volviera tan arisco entre nosotros.

--Petra, no debe ponerse así conmigo… Solo la observaba... Me estaba diciendo a mí mismo, que no ha cambiado nada. Y, la verdad es que, debo reconocer, “cada día está mejor... Parece que los años no pasan por usted… y usted se pone asi delante de mi por favor casi parece una yegua en celos…

--Que… -Se quedó algo sorprendida de mis palabras, y mirándome algo extrañada, me contesta, ya. --¡Tú lo que eres es un adulón! Además, soy la madre de tu esposa, no debes decirme esas cosas.

--El que sea la madre de mi esposa no puede evitar que piense que es una yegua encantadora….

--No me diga asi…

--¿Qué te diga cómo?

--¡Yegua pues!

--Pero que tiene de malo no es algo malo?

--… Bueno yo no…

--¡Ÿ sigue estando muy buena! Le sonreía mientras hablaba. Pero, como siempre, al final siempre suelo propasarme y añadí: ¿Y ese trasero…? la verdad suegra, vuelve loco a cualquier hombre.

--¡Queeee!…

Me contesta mirándome con cara de reproche. Se pone de lado intentando evitar que me fijara en su trasero. Luego, con cierto nerviosismo me contesta.

--Coooomoooo ¿Cómo te atreves? Pero… ¡¿Qué te pasa últimamente?!

No obstante, logró serenarse y por fin nos sentamos ambos a la mesa a cenar. Tras terminar, constaté a través de la ventana de la cocina que afuera llovía torrencialmente, aunque no hacía frío, más bien mucha humedad y calor. Tras lavarme los dientes, salí del baño y me encontré a mi suegra en el sofá viendo la televisión. Me senté en uno de los sillones sofá existente de frente a la misma. Me di cuenta de que Petra, de reojo, como quien no quería la cosa, dirigía su mirada hacia mi pantalón corto. Era evidente que ella buscaba conocer si su yerno estaba excitado o no. Aunque mi erección no era de momento muy importante, sí que el bulto de mi pantalón no negaba las dimensiones de mi aparato reproductor. En varias ocasiones capte su mirada y al verse sorprendida, se incorporó con la intención de marcharse, mientras yo miraba su trasero con autentico descaro.

Ella nerviosa, optó por dirigirse de nuevo hacia la cocina sin decir palabra. Esta estancia de la casa se encuentra bastante alejada del dormitorio principal donde se hallaba su esposo, por lo que, cualquier conversación era difícil que fuera escuchada desde el dormitorio. Y además, ambos éramos conscientes de que mi suegro estaba sumido en los sueños adonis. Ante esta circunstancia, me armé de valor y fui tras de ella hasta la cocina. Mi osadía fue tal que al verla junto al poyo de la cocina tomando un vaso de agua, me acerque hasta situarme detrás de ella. Sin saber porque, puse mis manos sobre sus hombros, y los acaricié como si tratara de calmarla. Percibí al momento que su cuerpo se estremeció al sentir el contacto físico de mis manos. Inmediatamente me intentó apartar diciéndome.

--Luuu ¿Qué haces?... ¿Qué pretendes?...

Continuara…