Los dos anteriores capítulos son totalmente reales. Este mezcla realidad con deseos de hacer realidad las partes que no lo son.
—Ya puedes irte a trabajar… —Levantándose no sin trabajo…
—Ana.
—Me doy una ducha rápida y me voy, AMO. Usted puede…
—¿Quién te ha dicho nada de que te puedas duchar?
—Ana.
—Lo siento, AMO. Esta estúpida PERRA aún le queda mucho por aprender.
—Llama al CORNUDO y dile que se vaya a comer a casa de su madre. No lo quiero por aquí hasta que lo avisemos, ¿entendido?
—Ana.
—Ahora mismo, AMO.
—Vamos abajo, CERDA BEATA. Tú y yo tenemos mucho de qué hablar…
Así terminó el último capítulo…
Sonriendo, satisfecha y creyéndose ganadora ante su hija, bajó delante de mí con un movimiento exagerado de su culo. La PUTA BEATA estaba pidiendo más, quería recuperar en un día todos los años de frustración sexual.
—Quédate solo con los pantis, PERRA.
Rápidamente se deshizo de la blusa y el sujetador, que, aunque ya se los había visto, me impresionaron por la firmeza de sus pechos.
—Lola.
—¿Algo más, AMO?
—Tranquila, PERRA —sentirse humillada verbalmente era su punto débil, su cuerpo tembló—. Abre las piernas y las manos a la nuca. Quiero que me hables de tu consuegra —me miró con asombro y, como me reconoció más tarde, hasta celosa—. Es todo lo contrario a ti.
Acatando mi orden con rapidez.
—Lola.
—Una señora. No sé qué quiere saber, pero no se parece en nada a sus hijos, y menos a su marido —que no le caía bien su yerno era evidente—. Sigue trabajando en el negocio de su marido, es la cara visible. No sé si lo conoce, es un bruto. Aún no sé… —vio cómo la miraba y supo que eso no era lo que yo había preguntado—. Lo cierto es que es delicada y muy culta, da gusto hablar con ella, pero cuando está con su marido es otra, se le nota amargada, incómoda, sobre todo cuando él se toma dos copas.
Los celos…
—Vaya, eso no lo esperaba. Ahora entiendo por qué siempre la espera en el coche mientras toma café. Lo cierto es que, si comparamos, es para estarlo.
—Lola.
—No nos llevamos muy bien, por culpa de él. En el bautizo la lió y desde ese día la cosa está distante. Sé que yo no he sido un ejemplo, AMO —me gustó su sinceridad—, pero hasta una amargada como yo vive mejor que ella. Supongo que esa elegancia, esa forma de ser al estar sin la compañía de su marido, es su único escape.
Supe por experiencia que todas sus palabras eran ciertas y que, si la quería conseguir, tenía que ir con pies de plomo. O eso pensaba…
—Me gusta. Desde que la conozco —solo de coincidir en la misma cafetería— me trae loco…
Me sonrió al descubrir la sinceridad de mis palabras…
—Lola.
—Es difícil, AMO —no sabía si lo decía de verdad o por celos—. No le quita la vista de encima, ni en la oficina. Solo la deja cuando está con mi nieta, y será porque estando con ella piensa que no va a ocurrir nada. Pero lo que yo le pueda contar solo son suposiciones. La que mejor le puede informar es mi… su PUTA, mi hija. Ellas se llevan muy bien, jajajaja. No sé si por estar agradecida al quitarle de en medio al inútil de su hijo…
Lo que cambia una persona al liberarse de prejuicios. Se descubrió como una persona agradable en el trato y, sobre todo, con humor…
—Jajajaja, ya veo que no te cae bien el CORNUDO. Lo cierto es que, desde que los conozco, siempre me ha parecido poca cosa en comparación con mi PERRA. Volviendo al tema, por lo que me has dicho no podemos usar al CORNUDO, pero sí en algún momento en el que tu consuegro se crea que ella está con la niña…
—Lola.
—Puedo llamar al CORNUDO —disfrutaba llamándolo así— y, si está ella sola, podemos hacerle una visita.
Lo pensé. No era cuestión de forzar las cosas…
—No, hoy no. Ya pensaré la manera…
En ese momento sentimos la puerta abrirse, ya que no era nada silenciosa. Ambos nos miramos extrañados…
—Lola.
—No creo que sea mi hija, y el CORNUDO no se atrevería…
No terminó la frase, ya que era el CORNUDO. No me gustó. Si hay algo que me enfade es que acepten unas condiciones y no las cumplan. Salimos los dos a la entrada, antes de que se bajara de su coche…
—Miguel.
—Perdón, AMO —sus palabras y su cara de preocupación suavizaron mi actitud—. Mi padre se ha caído en la oficina y lo han tenido que evacuar en ambulancia.
—Lola.
—Eso no es excusa, MARICÓN —sus palabras demostraban no solo lo mal que le caía su yerno, sino lo mal que le caía su consuegro—. Bicho malo nunca muere, y tu padre es más malo que un dolor de muelas —este hecho es real y las lindezas que soltó Lola las he puesto tal y como salieron de su boca—. ¿Qué coño haces aquí…?
Sin atreverse a levantar la mirada y casi ni a salir del coche…
—Miguel.
—Tengo que coger mi documentación y la cartera que se me ha quedado aquí esta mañana, ya que…
—Está bien, pasa y coge lo que tengas que coger…
A veces el mal de alguien se convierte en una buena oportunidad para otro, como así fue, ya que el beneficiado al final, sin esperarlo, fui yo…
—Miguel.
—Gracias, AMO…
—Vete con él, Lola. Pégate a Conchi. Yo me voy a mi casa, pero tenme informado.
No puso mala cara, al revés, sonrió y, vistiéndose rápidamente, se fue con su yerno. No supe nada de ellas hasta que a media tarde recibí un WhatsApp de Ana: “Perdone, AMO, pero acaba de salir del quirófano. Por lo que se ve, el destrozo ha sido importante. Nosotras nos vamos a mi casa, nos llevamos a mi suegra 😉, el CORNUDO se queda aquí”.
Me hizo reír ese guiño. Así que, tras hablar con mi mujer y decirle dónde iba a estar, cogí lo necesario y salí con la moto a casa de Ana. Abrí la puerta con las llaves que me había dado Lola, dejando la moto en la calle…
“Estoy en tu casa, PERRA”.
“Es su casa, AMO. Actúe como desee, no habrá problemas”.
Esas palabras me desconcertaron, pero me llevaron a recordar las que me había dicho Lola: si alguien sabía algo sobre Conchi, esa era su hija. No quise forzar, por lo que solo me descalcé y, como hacía calor dentro de la casa, me quedé solo con los vaqueros y una camiseta de manga corta. Eso sí, dejé mi abrigo, el jersey y los calcetines tirados junto con mis zapatillas por medio del comedor.
Me acababa de sentar cuando sentí la puerta abrirse. Puse la tele y no tardé en sentir la puerta de la casa y tacones acercándose al salón.
—Lola.
—Buenas tardes, Raúl —vi cómo aguantó la sonrisa al ver cómo estaba mi ropa por el suelo—. Ya estamos aquí…
Ana no llegó a entrar, ya que venía con la ropa del trabajo y fue directamente a cambiarse…
—Conchi.
—Ah, ahora sí sé quién es —lo dijo sin poder evitar que se le notaran los nervios—. Es que con las indicaciones que me dabais no caía…
Se quedó muda, lo mismo que yo. No así Lola, que no se percató hasta que la oyó hablar, ya que entró solo con un sujetador rojo de encaje precioso de media copa, que dejaban sus pezones, duros como piedras, al aire, unas bragas a juego, lo mismo que las medias, y unos zapatos de tacón de diez centímetros de color negro brillante…
—Lola.
—Ufffff, así estás mejor, Ana —vi dudas en su voz. Intentó parecer segura, aunque, como más tarde me confesó, ella no sabía nada del poder que tenía o ejercía su hija sobre Conchi—. ¿No te parece, Conchi?
Tartamudeando y roja como un tomate…
—Conchi.
—Sí —bajó la cabeza—. ¿No te importa que Raúl te vea? Como se entere…
—Ana.
—¿Cómo se entere quién, Conchi? ¿El inútil de tu hijo? Anda, mueve el culo y recoge todo esto…
Para asombro de su madre y mío por supuesto, con rapidez y elegancia —esa nunca la perdía—, recogió mi ropa y fue doblándola y colocándola sobre una de las sillas.
—Conchi.
—Mejor será que me vaya a mi casa, Ana…
—Ana.
—De eso nada. Me lo debes, ¿no crees? Quítate el abrigo, que aquí hace calor. Y tú, ¿a qué esperas, ZORRA? ¿A que nuestro AMO se enfade y se vaya?
—Lola.
—Perdón, AMO, es que no…
—Jajajaja, ni yo —sin dejarla terminar la frase—, pero la GUARRA de tu hija lleva razón.
Conchi no sabía dónde mirar, y más al ver a la puritana de su consuegra quedarse en dos segundos igual que su hija. Temblando, se quitó el abrigo, quedándose con una blusa blanca, una falda blanca con estampados floreados, medias beige con costura trasera y zapatos de tacón finísimo a juego con la falda…
—Ana.
—El soplagaitas de mi suegro, las primeras palabras que ha dicho han sido que se venga a la casa, jajajaja. No se fía…
Me levanté y me acerqué a ella hasta casi hacerla sentir mi respiración en su cara. Ver esos pechos moverse ante su respiración agitada y nerviosa…
—Tranquila, Conchi. No te voy a tocar, ni aquí nadie va a hacer nada que tú no quieras. Y sea lo que sea lo que le debes, te aseguro que aquí queda saldado —se le iluminó la cara fugazmente—. Solo te pido que te sientes o te quedes de pie, lo dejo a tu elección, hasta que yo me vaya.
—Conchi.
—Gracias, Raúl.
Esperaba algo más de ella, pero dando un par de pasos atrás, se sentó en una silla.
—A qué esperas, ZORRA. Desnúdame. Y tú coge mi mochila, saca todo lo que hay y ponlo en la mesa.
Con una cara de ZORRA, cada segundo me sorprendía más la beata, que iluminaba la habitación. Lola se pegó a mí y, yéndose de rodillas, desabrochó mi pantalón mientras yo me saqué la camiseta. Lo bajó junto al bóxer negro, dejando aparecer mi dura polla, que con mimo y sin usar las manos besó, lamió y chupó hasta sentir mi líquido preseminal en sus labios…
—Lola.
—Uhmmm, qué bien sabe, AMO.
Siguió besando mis piernas hasta que, ayudándola, terminé de sacarme los pantalones y el bóxer, que la muy ZORRA se los tiró a Conchi.
—No seas mala, PERRA. Jajajaja. Ahora vamos a follarnos a tu hija, creo que se lo merece…
Me miró excitada e intrigada, ya que su ignorancia en el sexo era total, no así su hija…
—Ana.
—¿Puedo escoger el dildo, AMO?
—Tú eliges el dildo y yo por dónde entra…
—Ana.
—Gracias, AMO…
Siguiendo su mirada y su sonrisa, me fijé en cómo los pezones de Conchi marcaban exageradamente la blusa… La cogí del cuello y pegando mi boca a su oído…
—Eres una buena PERRA, pero quiero que sea ella la que dé el paso…
La besé con fuerza, la morreé con ganas sin dejar por el rabillo del ojo cómo se agitaba en su silla Conchi.
—Lola.
—Perdón, AMO. ¿Cómo se pone esto?
—Ana.
—Jajajaja, vaya PERRA inútil. ¿Puedo? —la cogió del pelo con fuerza, con sadismo—. Mira y aprende, PUTA BEATA —casi se corre al sentir cómo su hija, tras espetarle esas palabras, le escupió—. Espero que por lo menos aciertes, jajajaja.
Tiró de ella hasta el sofá, donde la tumbó boca arriba. No era tonta, todo lo hacía esperando mi aceptación mediante un guiño o un simple movimiento de cabeza, evitando que su suegra lo viese.
—Me gusta tu culo, ZORRA ESCLAVA…
En eso era igual que su madre: las palabras y los actos humillantes la llevaban al borde del orgasmo…
—Ana.
—Fóllame, PUTA BEATA. Fóllate a la GUARRA de tu hija.
Se dejó caer de golpe sobre el dildo, llevando sus manos y su boca a las enormes tetas de su madre, que, tras sacarlas del todo del sujetador, empezó a amasar, lamer y morder, arrancándole a la BEATA gemidos más de placer que de dolor. Fue disfrutando cada instante a la vez que se iba tumbando sobre la BEATA de su madre, dejando las tetas solo a sus manos e iniciando un morreo lleno de bocados y lametones que hasta les costaba respirar.
Ver su culo expuesto puso mi polla durísima, a lo que ayudó ver la respiración agitadísima de Conchi, que no podía apartar la mirada de la escena lésbica de su nuera y consuegra…
—Ufffff, me encanta este pedazo de culo gordo, ZORRA…
No sin trabajo, debido a la estrechez del sofá, me puse de rodillas y, apuntando a un culo que se encontraba muy lubricado, se la metí de golpe, dejando caer todo mi peso sobre ella…
—Ana.
—Aggggg, siiiii, gracias, gracias, AMO. Es suyo, suyo, rómpalo. Soy su ¡¡¡PUTA!!! Me corrooooooo, agggggg. Perdón, pero… ufffffff, me corrooooooo.
De qué se estaba corriendo podía dar fe yo, y sobre todo el sofá, que estaba quedando hecho un asco.
—Lola.
—¡¡¡Puedo!!! —tuvo que apartar la boca de su hija, cogiéndola con fuerza del pelo—. Deje a esta PUTA BEATA correrse, AMO, ¡¡¡por favor!!!
Conchi la miraba alucinada y retorciéndose las manos, una forma de evitar que estas fueran a otras partes de su cuerpo…
—Hazlo, BEATA DEL DEMONIO…
—Lola.
—Siiiii, graciassss, me corrooooo, agggggg, siiiiiiii —mirando descaradamente y con una cara de ZORRA a Conchi—, lo que, ufffff, lo que te estás perdiendo, agggggg. Que le den al CORNUDO de tu marido, agggggg…
Aparté mi mirada de ella y me centré en follarme el gordo a la vez que duro culo de Ana. Tenía que ser ella por sí misma la que diera el paso, lo que llevaba mi excitación a límites insospechados…
—Me corrooooo, agggggg, me corrooooo en tu PUTO CULO DE GORDA, agggggg, siiiiiiii…
Vi cómo Lola extendía la mano a Conchi y cómo esta la miraba, pero no se decidía… Me salí del culo de Ana con brusquedad, con ganas de arrancarle un grito de dolor, y lo que se le escapó fue un gemido que resonó en toda la casa de placer. Al sentirse libre, rápidamente y sin miramientos se fue al suelo de rodillas, colocándose frente a mi polla…
—Ana.
—Por favor, déjeme limpiar su preciosa polla y castígueme. Castigue a su ESCLAVA por correrse sin permiso…
No hablé. La cogí con brusquedad del pelo y le metí mi polla, que aún conservaba gran parte de su dureza, en la boca, provocándole más de una arcada que la muy ZORRA supo aguantar…
—Conchi, ¿me puedes alargar el flogger?
Sus preciosos ojos se abrieron lo mismo que su boca, pero levantándose, no sin trabajo —sus piernas le temblaban en demasía—, fue e hizo algo que llamó mi atención. No preguntó qué era eso. Es más, había dos: uno normal y otro de cuero con plomos en las puntas, que fue el que eligió. Aunque no fue eso, fue ver cómo por primera vez apareció una sonrisa perversa en su rostro.
—Ana.
—Gracias, AMO. Gracias por castigar a esta ZORRA.
Se levantó y, tirando a su madre del sofá que aún seguía recuperándose de su enorme orgasmo, apoyó sus manos en los cojines, sacando su culo.
—¿Quieres?
Mis palabras hicieron volver la cara de Ana y abrir los ojos de par en par a Lola, y ver cómo le extendía a Conchi —que se había quedado a escasos centímetros de mí— el flogger que me acababa de dar.
—Ana.
—Vamos, si lo estás deseando. Así tendrás el pack completo…
Esas palabras que soltó dentro de la excitación pudieron pasar desapercibidas, pero no para mí, y más después del “me lo debes” que le soltó al principio.
—No te voy a obligar a nada…
No terminé la frase cuando, en contra de lo esperado, me lo arrancó con una firmeza aplastante.
—Conchi.
—Todo esto es culpa del inútil de mi hijo, que es un pelele. Pero si esto es lo que quieres, PERRA…
Con ganas, con fuerza, tanta que al quinto azote la tuve que parar cogiéndola de la mano, tocándola por primera vez, sintiendo cómo su cuerpo se estremeció al sentir mi mano.
—Más flojo, Conchi. Este no es un flogger cualquiera.
Así era. El culo de Ana, que por otra parte no se quejó en ningún momento, ya tenía alguna pequeña herida… No estaba dispuesta, su cara me lo decía, así que cogí de la mesa el otro, más suave, y se lo pasé…
—Conchi.
—Gracias…
Me senté atrayendo hasta mí a Lola, que se quedó de rodillas, contemplando, absorta, lo mismo que yo, cómo Conchi no solo no paraba, sino que cada vez incrementaba más la dureza de los azotes.
—Ana.
—Agggggg —hablando por primera vez—, necesito correrme, AMO. Por favor, por favor…
—No soy yo el que te está castigando, PERRA…
—Conchi.
—Eres igual. Sois lo mismo de DEGENERADOS. Me dais asco…
—Ana.
—Siiii, todo lo que quieras. Todo es verdad. Soy una ZORRA DEGENERADA, pero por favorrrrrrrr…
—Conchi.
—Siii…
Si dijo algo más no se sintió, el alarido de Ana al correrse lo silenció…
—Ana.
—Agggggg, me corrooooooo, gracias, gracias, SEÑORA —vi asombro al oír cómo la llamaba SEÑORA, tanto en Conchi como en su madre—, siiiii, me corrooooooo, me corrooooo…
Cayó a plomo sobre el sofá, reventada, sin apenas fuerzas. Al verse sola, de pie y observada por Lola y por mí, creo que recuperó un poco la cordura y, temblando, dejó caer el flogger al suelo…
—Conchi.
—Lo siento, lo siento. No se…
—Para. No me importa lo que vayas a decir y no tenías por qué haber tirado el flogger al suelo. No es típico de una SEÑORA —lo remarqué—. Y ahora ya puedes irte, pero espero que por lo menos antes cures a MI ESCLAVA, ya que tú has sido la que la has castigado…
—Conchi.
—Perdón, pero es que estoy nerviosa —no hacía falta que lo mencionase—. Ahora mismo la curo —mientras se agachaba y, sin poder evitar el temblor de sus manos, recogía el flogger—. ¿Me puedes traer el botiquín?
—¿Por qué estás nerviosa? Qué contraste o qué hipocresía. Cuando la has azotado se te notaba tranquila y segura…
—Lola.
—Y excitada —lo soltó con rabia—. Es una hipócrita…
—No sigas, PERRA, y ve a por el botiquín, que cada vez está más morado. Jajajaja.
Lo cierto es que la situación me estaba divirtiendo, pero el reírme sirvió para relajarlas a todas.
—Ana.
—Secreto por secreto, Conchi —lo dijo en voz baja y, una vez comprobó que su madre no estaba—, pero solo una cosa: en esta casa solo manda una persona, así que espero no tener que repetirlo. Él es nuestro AMO. Oye bien: tanto el CORNUDO y MARICÓN de tu hijo como yo le pertenecemos y, por ende, todo lo nuestro es suyo. Y ahora, si MI AMO no manda lo contrario, por mí te puedes ir. Prefiero que me cure mi madre…
Estaba intrigado, pero tenía que respetar a Ana. Es uno de los principios básicos para ostentar el poder sobre una persona sumisa. Me sorprendía la facilidad de pasar de un estado a otro de Conchi, eso sí, siempre de forma elegante, y eso me tenía cardíaco. Las palabras de Ana la tranquilizaron, lo contrario a lo que tenía que ser.
—Conchi.
—No, lo haré yo. Creo que tengo más experiencia que la ZORRA de tu madre…
Me di cuenta de que Ana era una persona muy inteligente. Supo medir todo lo que iba a decir, supo atar un poco más a Conchi. Me miró fugazmente sonriéndome, lo que me llevó a darle más libertad. Sonriéndole, moví afirmativamente mi cabeza.
—Ana.
—No, además te mancharías tu preciosa y elegante —eso lo decía para mi excitación— ropa y no soy nadie para pedirte que te la quites…
—Conchi.
—Eso lo decidiré yo —me equivoqué al interpretar sus palabras, ya que, mirando a Ana de forma desafiante, empezó a desabrocharse la blusa—. Que me desnude no cambia nada. No sería la primera vez que me ves desnuda.
Habían entrado en una conversación donde ambas obviaban mi presencia, pero sabiendo que lo hacían para mí.
—Ana.
—En lencería mejor, GUARRA.
Se podía cortar el aire tras espetarle en su cara la palabra GUARRA. Por un momento se paralizó de tal forma que pensé que se iba a ir. Por el contrario, en Ana había seguridad, firmeza. Era una lucha de poder donde ella iba ganando… por mucho.
—Conchi.
—Lo soy. Desde el primer instante en que no me he ido, es en lo que me he convertido. Desde la primera vez que acepté…
Otra referencia al pasado…
—Ana.
—Siempre me has gustado…
Se quedó en lencería. Ufffff, un conjunto de braguita y sujetador blanco entre seda y encaje, liguero a juego que sujetaban sus medias beige con costura trasera. Mi polla dio un salto que no pasó desapercibido para Ana, que esbozó una pícara sonrisa.
—Lola.
—Ufffff, qué cuerpo —entrando decidida, lo que me hizo sospechar que la ZORRA había estado escuchando la conversación—. Aquí tienes.
Por lo bien surtido que estaba el botiquín para curar moretones, me hizo saber que fuese cual fuese el secreto, estaba relacionado con el botiquín y con lo que pasaba en esta casa.
—Déjala a ella, PERRA.
Me senté a observar, totalmente empalmado. Lo que lo aprovechó Lola, que colocándose de rodillas a mi lado y, tras pedirme permiso con la mirada, empezó a acariciármela con mimo, como sabiendo dónde iba a terminar mi polla.
—Ana.
—No te cortes.
Se tumbó en el sofá sin importarle que este estuviese empapado y sucio. Conchi empezó con mimo a curarlo y Ana a soltar pequeños gemidos que consiguieron que los pezones enormes de Conchi se pusieran duros. Poco a poco, la intensidad de sus manos fue subiendo.
—Conchi.
—Abre las piernas, ZORRA.
El suspiro que se le escapó a Ana a la vez que abría sus piernas fue como el canto de victoria. La muy ZORRA ya la tenía donde quería.
—Ana.
—¿Te gusta, GUARRILLA? Sigue, sigue. ¿Notas cómo chorrea? No creas que es por ti, es por mi AMO. Así, uhmmmm, sigue, sigue… ¿A qué sabe?
Se tensó, tanto que otra vez me equivoqué…
—Conchi.
—A gloria —tras meterse todos los dedos de su mano en la boca y chuparlos—, a deseo, a PERRA…
—Ana.
—¿Y el tuyo?
Sin dejar de chuparse los dedos, metió su mano libre entre sus braguitas para sacarla llena de jugos y, sin sacar la otra mano, metérsela también en la boca…
—Conchi.
—Aggggg, soy una GUARRA, una GUARRA necesitada de que la usen. ¡¡¡Era eso lo que querías oír!!!
La fuerza de sus palabras o de sus deseos hicieron que Ana se girase, sin importarle el estado maltrecho de su culo, y poniéndose de pie ante ella…
—Ana.
—No, yo no, ZORRA. Yo lo sé desde el primer día que te vi con la zapatilla en la mano delante del inútil de tu hijo. Solo quería que lo oyese mi AMO.
La cogió con fuerza del pelo y la morreó con fuerza, sin rechazo. Todo lo contrario, sus bocas se fundieron en intenso intercambio de salivas…
—Lola.
—Ufffff, qué familia…
—Ana.
—¡¡¡Míralo!!! —separándose de ella y obligándola a mirarme—. ¡¡¡Vamos, ZORRA!!! ¡¡¡Pídelo!!!
—Conchi.
—Aggggg, siiiii, siiiii. Fólleme, úseme, por favor. ¡¡¡Lo necesito!!!
En otro momento hubiese actuado de otra forma, pero es que lo deseaba desde hacía tanto tiempo que, apartando de golpe a Lola, me levanté y, ante la cara de ZORRA de ella y la sonrisa perversa de Ana, la cogí del pelo y la arrastré hasta la mesa, donde la tiré de espaldas y, colocando sus piernas sobre mis hombros, aparté su braguita y se la metí…
—Conchi.
—Agggggg, me corrooooo, me corrooooo, siiiii, siiiii. Soy una GUARRA. Cuánto tiempooooo. Me corrooooo. Gracias, gracias, cariño. Gracias por entregarme a… aggggg, otro, otro…
Lo cierto es que llevaba años sin tener una polla dentro. Su marido era impotente. Lo tenía a flor de piel. Fue sentir mi polla en la entrada de su coño y demostrar que la ZORRA era multiorgásmica.
—Ufffff, te deseo, ZORRA. Siiii, ufffff, qué estrecho está este coño. Aggggg, siiiiiiii. Sigue, sigue, PERRA. Córrete lo que desees. Siiii, ufffff, esta PUTA vale mucho…
Vi cómo Ana, sonriendo, sabiendo que me había hecho feliz, pasó a mi lado y, colocándose frente a su madre, le soltó un bofetón sin venir a cuento, solo por deseo…
—Ana.
—¡¡¡Qué coño miras, PUTA BEATA!!! De rodillas, ¡¡¡vamos!!! Cómeme el coño. Aggggg, necesito correrme. ¡¡¡Vamos!!!
La tenía cogida del pelo con fuerza y, sin esperarlo ninguno de los allí presentes, le soltó una patada con todas sus fuerzas en el coño, lo que la hizo caer al suelo…
—Lola.
—Aggggg, siiiii, gracias, gracias. Lo necesitaba, agggggg. Esta ZORRA BEATA necesita ser castigada…
No lo pude ver porque yo estaba en el séptimo cielo, tras conseguir tener lo que llevaba tiempo deseando, pero por conversaciones posteriores hasta Ana se sorprendió por las palabras de su madre, aunque no tardó en reaccionar, porque antes de incrustarle su boca en el coño la abofeteó varias veces…
—Ana.
—Ufffff, qué ZORRA tengo por madre. Así que te gusta recibir, ufffffff. Pues vas a disfrutar, GUARRA…
—Ufffff, cómo me gusta tu coño, ZORRA. Cómo lo he deseado. Ufffff, voy a darte lo que deseas…
—Conchi.
—Siiiii, haz de mí lo que desees. Ufffff, lo necesito. Lo he deseado desde que he visto a la ZORRA de Ana, agggggg, aparecer, ufffffff, en lencería. Ufffffff, siiiii. Rompe mi coño. Aggggg, me corrooooooo, me corrooooooo.
—Agggggg, siiiii, me corrooooo, ZORRA. Me corrooooo, agggggg, siiiii…
Me vacié en su coño como llevaba tiempo sin hacerlo, hasta las piernas me flojearon…
—Conchi.
—Aggggg, ya, ya, ya, por favor, SEÑOR. No puedo más, me va a dar algo…
La entendí. Llevaba años, como más tarde supe, sin ser penetrada y sin tener orgasmos tan intensos… Me separé de ella y la ayudé a levantarse de la mesa y, sin soltarla, la llevé hasta el sofá, dejándola caer…
—Ana.
—Aggggg, siiiii, PUTA ZORRA BEATA. Me corrooooooo, agggggg. PUTA, sigueeee, ni se te ocurra parar. Agggggg, me corrooooo, siiiii. Abre, abre la boca, PUTA. ¡¡¡Vamos!!!
—Lola.
—Siii, siii. Méate en mí. Méate en esta ZORRA BARATA…
Vaya si lo hizo. Fue como una fuente, ya que Ana se metió los dedos en su coño para conseguir exprimir más su meada. Me sacó una carcajada observar la cara de asombro de Conchi al ver cómo tanto madre como hija disfrutaban, pero se le escapó una exclamación al sentir…
—Lola.
—Me corrooooo, agggggg, me corrooooo, siiiii. Graciassssssss, SEÑORA. ¡¡¡Qué PUTA soy!!!
Era el momento y, dándome igual —de todas formas ya estaba hecho un asco—, me giré hacia ella con mi polla en la mano y apuntando a su cara y cuerpo. Supo lo que iba a pasar…
—Conchi.
—Soy suya y solo tengo una palabra…
Lo cierto es que iba a reventar y que me iba a mear en la PUTA BEATA, pero al ver su cara de ZORRA cambié de opinión.
—Ana.
—Ufffff, AMO. Vaya tres ZORRAS que tiene… Sé que me he pasado —no pensaba eso—, sé que me he ganado un castigo, pero creo que ha merecido la pena.
Me acerqué a ella y, cogiéndola con fuerza del pelo, la besé con ganas, con deseo…
—Sí, claro que te castigaré, pero ahora, gracias…
Sonrió y, abrazándome, nos besamos con fuerza y ganas…
—Conchi.
—¿Puedo ir al baño?
—Lola.
—Jajajaja, para eso estoy yo, PERRA…
Al principio no la entendió, hasta que vio cómo se acercó a ella de rodillas…
—Vamos, PERRA. Hazlo…
Se puso de pie y, al principio con algo de vergüenza, se meó en Lola…
—Conchi.
—Ufffff, cómo me pone ver a esta ZORRA. Me corrooooo, aggggg, siiiii. Lame, lame mi coño. Aggggg, me corrooooo…
Fue tan intenso que se dejó caer en el sofá, totalmente rendida. Sonriendo y teniendo agarrada de la cintura a Ana, me senté en el sillón dejando que Ana lo hiciera sobre mis rodillas…
—Ahora sí que quiero saber eso de las deudas entre vosotras…
—Ana.
—Creo que es mejor que lo cuente ella, AMO…
—Conchi.
—Quiero ser sincera, pero no sé por dónde empezar —se veía sinceridad en su mirada—, aunque la culpa de…
CONTINUARÁ…
Soy Amo, me encanta la dominación, me gusta tener, someter y humillar a parejas y a quien se quiera iniciar, necesitar un tutor o conocer este estilo de vida. Mi correo ra_ul1967@hotmail.com y mi Telegram @Amo_Leo. Hablo y respondo a todo el mundo, siempre que lo haga con respeto.
Nota del autor: Soy como escribo, soy exigente, dominante y no suelo dar segundas oportunidades. Cuando ordeno algo es para ser obedecido, algo que suelo advertir a quien desea ser adiestrada o entregarse a mí. No trato con hombres solos, aunque no me importa hablar con ellos. Ni miento, ni juego, ni sigo ni persigo a nadie por muy buena que esté o por muy sumisa o perra que sea. No entiendo a quien, estando advertida o advertidos en caso de parejas sumisas, se enfadan conmigo y hasta me tratan de mentiroso o manipulador si corto con ellos por no cumplir. Seguro que en la red hay quien los o las acepte, yo no.
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