Con El Sello de Morbo y Placer…
Durante los dos días siguientes, fueron bastante movidos con excursiones y visitas a lugares turísticos, regresando al hotel bastante cansados. Lucas, iba en otro autobús por lo que solo pudimos hablar con el mismo en contadas ocasiones. No obstante, en la noche nos encontramos en el restaurante del hotel, acercándose hasta donde nos hallábamos, y nos dijo.
--Hola... Como mañana en la tarde nos la han dado como libre… Me gustaría invitarles a cenar... He localizado un restaurante que parece tener buena pinta... ¿Qué les parece?...
Note la cara de agitación de mi esposa ante aquella proposición. Sabía que, a pesar de todo, se había quedado con ganas. La noche anterior llegamos tan cansados que tras cenar nos acostamos sin más. Y, esa noche parecía que iba a ocurrir algo semejante, dado el agotamiento al que nos habían sometido los organizadores. Ella me miró, como pidiendo con la mirada que aceptáramos. No me quedó otra opción. Por lo que quedamos en vernos en la recepción del hotel sobre las siete de tarde. Mientras subíamos a la habitación, me dijo.
--Berto, parece que no te hace mucha ilusión ir a cenar con Lucas… ¿No me digas que te estas poniendo celoso? --Y antes de entrar en la habitación, volvió a mirándome a la cara, volviéndome a preguntar. --¿Esta celoso?... ¿Verdad?...
No le conteste, emitiendo levemente una sonrisa. Obviamente, la idea de volver a ver a mi esposa tomada por aquel extraño, me empezaba a desagradar. Sin embargo, reconocía que había sido el culpable, y que era yo el que había inducido a Salomé aquellos encuentros. De hecho, ya dentro de la habitación me lo reprochó.
--¿Así que ahora sientes celos de que otro se monte a tu mujer? Sin embargo… ¿Bien que me incitaste hacerlo, para saciar tu morbosidad? ¡Eres un jodido cabron!... -Terminó diciéndome, con evidente enfado, metiéndose en la cama sin hablar más.
Cuando intenté tocarla en la noche, me rechazó. Ello me comenzó a preocupar. No podía culparla, todo había sido por culpa de mi fantasía de verla con otro hombre. Este mortificando mi mente toda la noche. Sabía que, al día siguiente durante la noche, con total seguridad Lucas intentaría yacer de nuevo con mi esposa. Al igual que sabía que no podría oponerme si Salomé accedía. Tampoco podía reprocharle nada. Pensé que total, tras las vacaciones no volveríamos vernos.
--“¿Porque no disfrutar de la ocasión?, y hacer disfrutar a mi mujer”… -A la mañana siguiente, me levanté dándole un beso en el hombro. Ella me miró. Y le dije.
--No te enfades. Sé que tienes razón. Todo ha sido culpa mía. Estaba pensando, que total, estamos de vacaciones, ¡Si te lo quieres volver a follar, no voy a impedírtelo! ¡Ni tampoco a reprochártelo! -Ella me miró, limitándose a darme un beso de pico, diciéndome.
--¡Ya hablaremos a la noche!...
Esa misma mañana, durante una visita a pueblo rural coincidimos con Lucas. Tomamos café, hablando animadamente. Note que Salomé se excitó al verlo, hasta el punto de que en más de una ocasión le pille mirando la entrepierna del hombre. No me lo pensé dos veces y le dije que iba un momento al baño. Fue la oportunidad para dejarlos solo. Sin embargo, no me dirigí al baño, sino que me quedé cerca, espiándolos, sin que se dieran cuenta. Era una locura, pero quería ver hasta dónde estaba dispuesta mi esposa a llegar.
Observé como el hombre con disimulo, paso una mano por el trasero de mi señora, apretándole las nalgas. La reacción de mi mujer, fue sonreírle, para, posteriormente, con disimulo dirigir su mano hacia la entrepierna del mismo, viendo como tomaba sus genitales en su mano, sobre el pantalón, apretándolo. Ello me evidenció que, mi esposa anisaba volver a ser tomada por aquel extraño. Regrese, y quedamos en vernos en la noche. Ya en la tarde, se ducho, perfumándose adecuadamente, sorprendiéndome al ver que se había colocado un vestido de gala, que se plegaba perfectamente a su cuerpo, dejando a la vista sus preciosas curvas y un estilizado cuerpo. Era algo corto, y además con una abertura a un lado, evidenciando que, a la primera de cambio, podía dejar a la vista su braguita. El escote del vestido, era igualmente espectacular, mostrando gran parte de sus hermosos senos. ¡Salomé esta explosiva! En cuanto la vi no pude evitar sentir una descarga eléctrica, que partiendo de mis testículos se expendió por todo el cuerpo. Al verme, me hizo unos numeritos, preguntándome.
--¿Qué tal me queda?
--Uf nena. Lucas cuando te vea se la va a salir los ojos. ¡Va a querer cogerte en el mismo restaurante! -Le indique sabiendo que era lo que iba a ocurrir.
--Ya veremos. -Me dijo con una sonrisa, acercándose y besándome en la boca. --Uuuuf maridito. Me noto bastante caliente. Necesito una buena polla… o dos. -Añadido, apretándome mis genitales. Aquello me dejó alterado. Ella observó el impacto que hizo en mí, sus palabras, diciéndome.
--Hasta la fecha he hecho lo que me habías solicitado, para satisfacer tus fantasías. ¡¡Esta noche vas a satisfacer las mías!!
--¿Que deseas hacer? -Le pregunté intrigado.
Ella me miro, y me contestó lascivamente.
--Tú sígueme el juego… Quiero que también disfrutes de la noche… Pero… Las reglas las pongo yo.
Me quede alterado y con cierto grado de preocupación. Estaba claro que esa noche mi esposa llevaba la voz cantante, y era consciente de que tenía en mente algún juego sexual, donde al parecer iba a intervenir también yo. Note que ello me agrado. Era otra sensación distinta. Ahora era ella la que mandaba. Llegamos a la recepción, y en cuanto Lucas la vio se quedó mirándola fijamente exclamando.
--Deslumbrante. Impresionante… Pedazo de mujer… ¡Esta preciosa Salomé!...
Ella lo saludó cariñosamente con un beso cerca de la mejilla, y nos dirigimos en un taxi a un restaurante escogido por aquel. Este resultó bastante acogedor, con mucho cachet, y bastante elegante. Nos llevaron a un reservado, ubicado en una terraza, donde había otros comensales cercanos, en reservados aledaños, pero estaba tan disimulada la zona, con las plantas y decoración, que prácticamente parecía que nos hallábamos aislados. La comida, típica de la zona, fue igualmente espectacular, verificando que nuestro anfitrión, no había reparado en gastos. El buen vino, de alta graduación comenzó pronto hacer efectos en nosotros. Salomé se hallaba esa noche despampanante. Desde los primeros momentos se mostró sensual, ardiente, glamurosa, permitiendo que Lucas la tocara de vez en cuando, haciendo ella lo mismo. A medida que fue pasando el tiempo, y el ambiente se fue caldeando, observé como no tuvo el menor reparo en meter manos a los genitales del hombre, apretándoselos, y masajeándolos. Lo mismo hacía con los míos. Tampoco Lucas se quedaba atrás. Estaba como una moto, y no paraba de sobar a mi mujer, apretándole las nalgas, incluso tomando sus pechos, viendo como su mano se introducía por el amplio escote del traje. Solo se detenían cuando llegaba algún camarero. Mi mujer completamente lanzada no tuvo reparos en preguntar a nuestro anfitrión.
--Uhm ¡Veo que la tienes bien dura! ¿Seguro que no te has corrido en estos días? ¿A cuántas de has follado?
--¡No he estado con nadie! -Le aseguro el joven. --Tampoco me he masturbado… ¡¡Me he estado reservando para esta noche!!... -Escuche decirle como un susurro, alterándome, ante sus palabras, tanto como mi esposa.
Esas palabras calaron en mi esposa, comprobando su excitación en el brillo de sus ojos. Se sonrió, y capciosamente, le susurró.
--¿Seguro que no me mientes? ¿Me dejas que lo compruebe?
Me quede de piedra. Mi esposa debía estar sumamente caliente para atreverse a tanto. Mi agitación se elevó cuando observé, que, pese a mi presencia, abrió la bragueta del pantalón del anfitrión de la cena, y sin inmutarse, metió su mano dentro, hasta palpar y masajear el pene del hombre. Mi agitación, se incrementó cuando bajó más a su mano, alcanzando los testículos de Lucas. Fue digno de ver la morbosidad con la que mi esposa le sonrió, dando a entender que le gustaba lo que estaba tocando.
--Uhm… ¡Parece que me dices la verdad! Los tienes más llenos que la vez anterior. ¿Si no te has corrido en estos días, tienes que tener mucha leche acumulada? -Le susurró, acercándose a su boca y dándole un beso ardiente, demostrando que estaba dispuesta a cogérselo esa noche.
--Te has dado cuenta… ¡Los tengo a reventar! -Exclamó el hombre tremendamente excitado al ver como mi señora lo besaba tan glamurosamente. Más lasciva, mi esposa, le contesto.
--Ya lo veo... ¡¡Así que necesitas descargarlos! Estas deseando que sea yo quien te los descargue, ¿Verdad cabronazo?... Uhm ¡Cómo te estas poniendo! -Terminó por decirle sin dejar de sobar su pene.
El hombre la atrajo hacia él, haciendo que la misma se sentara sobre sus piernas, sin importarle mi presencia, ni tampoco la presencia de una camarera que en ese momento nos traía una copa de licor. Mi esposa, le sonrió a la camarera, mientras continuó besando a Lucas, quien totalmente entregado, aprovechó para meter mano por la entrepierna de mi esposa, a quien se le había subido el traje y mostraba claramente la tanguita que llevaba puesta. Note el ronroneo de mi mujer al ver como el hombre introducía sus dedos por una lateral de la braga y alcanzaba el coño.
--Hunmmm, Hummmm, ussfff, Hummmm… Uhhm… Hum, hummm…
Eso alteró a Salomé, que se aferró al hombre, sintiendo como aquel introducía varios dedos dentro de su vagina, masajeando y perforando con ellos su cueva, hasta que logró alcanzar un orgasmo en aquella posición.
--¡Haaaaaaaaaaaaaaaaaaaayy Cielossssss!... Papii, humm Papiiii… Haaaay, haaaay, haaay, haaaaay, haaaay, ha, ha, ha, haaaayyy…
Pese a que reprimió sus gemidos, algunos comensales de los alrededores se dieron cuenta. Mi excitación era tal que, notaba una presión brutal bajo mi pantalón. La escena era auténtica película porno. Al acabar ese orgasmo, mi esposa le dijo.
--Para… No sigas más. -Diciéndole al oído. --Anda, paga la cuenta y marchemos al hotel.
Lucas se repuso como pudo, cerrando la cremallera de su pantalón, notando pese a todo, la gran petulancia de su gran excitación. Marcho a pagar la cuenta, quedándome con mi esposa. La misma se subió igualmente sobre mis piernas, sentándose de forma sexy, diciéndome.
--¿Y tú, también te has puesto bravo? -Me dijo palpando sin reparo mi entrepierna. Me miró a la cara y me dijo. --Ufff maridito, me siento sumamente caliente esta noche... Voy a llevar a Lucas a nuestra habitación. ¿Te vas a oponer? Sé que te va a gustar ver cómo me lo voy a follar de nuevo.
Me quedé sin poder decirle nada. No quería tampoco contradecirla. Desde hacía rato era consciente de que se lo iba a follar. Me limité a tocarle los muslos, metiendo mi mano por la entrepierna, comprobando que tenía toda la tanga empapada. Mi esposa estaba casi chorreando. Al regresar el hombre, tomamos de nuevo un taxi y nos dirigimos al hotel. Nos sentamos los tres detrás, viendo como Salomé no dejaba de palpar las entrepiernas de cada uno de nosotros, pese a las miradas que le dirigía el taxista. Una vez en el hotel, nos dirigimos al ascensor, logrando llegar a nuestra habitación. Lucas me miró como si solicitara mi consentimiento, limitándome simplemente a bajar la cabeza. Una vez dentro, mi esposa tomó unas prendas, que no llegue a interpretar de que se trataba, y entró en el baño, diciendo que nos fuéramos poniendo cómodos. Mientras entró en el baño, me limite a sentarme sobre la cama, haciendo lo mismo Lucas. El me indicó.
--¿Si te molesta me retiro? -Le miré y le dije.
--Esta noche mi mujer lleva las riendas. No quiero contradecirla.
Al poco tiempo, observamos que se abrió la puerta del baño, apareciendo la figura de mi esposa. Ambos nos quedamos alucinados. Salomé se había retirado el traje, y aparecía ahora únicamente con una lencería bastante transparente, y que le cubría bien poco. El sostén, estaba descubierto por encima y permitía ver todos los pechos, incluso los pezones, su aureola grande y carnosa, resaltado aún más el mismo. La parte baja, era una simple tanguita, color blanco, tan trasparente, que permitía visualizar los vellos de su pubis, y hasta los labios vaginales de su hermosa concha. Al vernos aún con la ropa, nos dijo.
--¿Aún estas así? -Y mirándonos fijamente, nos dijo. --¡¡Os quiero a los dos en pelotas! ¡Quiero ver como tenéis esas pollas!
Agitados, no fuimos desprendiendo de nuestras ropas, quedándonos completamente desnudos. Al vernos, mi esposa abrió sus ojos de forma lujuriosa, acercándose, papando y toqueteando nuestros atributos. Fue digno de verme desnudo junto aquel extraño, verificando que el mismo me llevaba varios palmos de altura. No solo era alto, sino que sus anchas espaldas, sus grandes manos, mostraban una gran diferencia respecto a mi cuerpo. Por otro lado, pese a que mi pene estaba bien erecto también, me percaté que Lucas, disponía de un vástago mucho más grande y grueso que el mío. La curvatura del mismo, volvió aflorar, y hasta me llego a impresionar a mí. Ver aquel falo, que emergía entre las piernas del extraño, completamente rígida, tensa, y que terminaba con aquella curvatura hacia arriba, me dejó impactado. Impresión que igualmente caló en mi esposa, quien, tras unos momentos observándonos lujuriosamente, toqueteó el pene de Lucas, para luego decidirse a recostarlo sobre la cama, haciéndole abrir sus piernas, para acto seguido, acercarse a sus genitales cogiendo el pene en su mano, masajeándolo, para terminar, acercando su boca, y comenzar a lamer por primera vez el pene del mismo. Tras recorrer con su lengua el tremendo falo, abrió su cavidad bucal y engulló una parte del mismo, verificando la sensación que le produjo mamar aquella polla en curvatura. Mientras lamía y mamaba el falo del hombre, no dejó de palpar sus testículos, percibiendo el estremecimiento que le causaba. Paró un momento, y mirándome me dijo.
--Vamos cornudito… ¡Mi coño está pidiendo a gritos que te pongas a lamerlo!... ¿¡Qué esperas!?
Excitado ante su petición, me coloque tras el trasero de mi esposa, la cual se hallaba a cuatro patas sobre la cama mamando el falo de Lucas. Sin poder contenerme, di unas lamidas a su raja, aún sobre la tela de la braguita, aparte la misma y comencé a succionar los pliegues de sus hermosos labios vaginales, para luego irme concentrando en su raja. Me di cuenta que Salomé se hallaba sumamente ardiente esa noche. Su excelente lubricación así lo demostraba.
--Oh si... Así maridito… siii… sígueme comiendo el coño… -Tras unos minutos, paro en seco, diciéndole a Lucas que…
--Iba a montarlo.
Continuara…
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