Capítulo 6: La orgía en casa
Las semanas posteriores a aquella noche en que Alejandro profanó nuestro hogar (con nuestro consentimiento) fueron de planificación intensa. Esme y yo, junto con Alejandro, dedicamos cada momento libre a organizar la orgía que tendría lugar en nuestra casa. Hicimos listas de invitados, compramos licores y aperitivos, preparamos la casa para recibir a una docena de amantes del placer.
—Quiero que todo sea perfecto —me dijo Esme una noche, mientras revisábamos la lista de invitados en la mesa del comedor—. Quiero que esta sea la noche más salvaje de nuestras vidas.
—Lo será —respondí, besándola—. Tengo todo planeado. He comprado luces, velas, aceites, juguetes. He preparado la cámara, el trípode. Nada va a salir mal.
La lista de invitados incluía a la pareja del club, Roberto y Carmen, la mujer lesbiana que había comido a Esme, que se llamaba Laura, y varios hombres que habíamos conocido en el club y que habían mostrado interés en repetir. En total, éramos doce personas: seis hombres y seis mujeres, incluyéndonos a nosotros tres.
El sábado llegó cargado de electricidad. Pasé la mañana preparando la casa: coloqué sábanas limpias en todas las habitaciones, puse velas por toda la sala, preparé una mesa con bebidas y aperitivos. También preparé estaciones de aceites y lubricantes, toallas limpias, y aseguré que hubiera suficiente iluminación para filmar sin perder la atmósfera íntima.
Esme, por su parte, se arregló con especial esmero. Pasó más de dos horas frente al espejo, probando combinaciones, ajustando cada detalle. Eligió un body de encaje negro que dejaba sus pezones al descubierto y una tanga del mismo color, tan diminuta que apenas cubría su panocha. Sobre eso, llevaba una bata de seda roja que se abría con cada movimiento, revelando destellos de su cuerpo desnudo.
—¿Cómo me veo? —preguntó, girando frente al espejo, la bata abriéndose para mostrarlo todo.
—Como la reina de la orgía —respondí—. Como la puta más hermosa de la noche. Todos los hombres van a querer cogerte y todas las mujeres van a querer probarte.
—Esa es la idea —dijo ella, sonriendo.
Alejandro llegó temprano para ayudarnos con los preparativos. Vestía pantalones negros ajustados y una camisa blanca abierta hasta el pecho, mostrando su torso velludo y la cadena de oro que brillaba bajo la luz. Cuando vio a Esme, la besó profundamente, sus manos recorriendo su cuerpo bajo la bata, encontrando sus pechos, su cintura, sus nalgas.
—Esta noche vas a ser el centro de atención —le dijo, su voz ronc
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