Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.

Gero (mi hijo mayor y actual pareja de Julia) me informa que el 3 de julio festejarían el cumpleaños de Rina, la hija menor de Julia al que no pudimos concurrir por un evento deportivo donde jugaba León. Pero gracias a contactos de Julia, podríamos pasar el fin de semana largo del 9 de Julio (feriado largo en Argentina, jueves, viernes, sábado y domingo) en unas cabañas en una laguna cercana donde se da muy bien la pesca del pejerrey.

Afecto a ese tipo de excursiones y aprovechando la situación, aceptamos la invitación. Quedamos en encontrarnos el miércoles sobre las 16 en la casa de Gero, distribuir a los viajeros en 3 autos (el de Irma, el de Gero y el mío) y emprender el viaje.

Obvio estábamos los tres conductores, más Chela, Rina, Nuria y su novio (Joaco), León, Julia, Carlos (el dueño de las cabañas) y una joven que luego me enteré que era Reina (la única hermana que no conocía). Emprendimos el viaje tras distribuirnos en los vehículos. Me tocó ser el chofer de los más jóvenes.

Tras una hora y media de viaje por ruta y otra media hora por un camino vecinal, llegamos a un apartado muy pintoresco: varias cabañas, algunas casas típicas de pescadores eventuales, una proveeduría y un amplísimo espejo de agua calma.

Seguí el auto de Gero donde viajaba Carlos hasta llegar a las cabañas que ocuparíamos. Todas estaban preparadas para recibir 5 personas, con calefacción por estufas a leña, dos dotadas con televisión satelital y la última un tanto más precaria pero que contaba con amplio comedor donde podríamos juntarnos todos a comer.

El primer problema fue distribuirse: Gero, Julia, Nuria, Rina y Chela ocuparían una. Reina, Irma, Carlos y yo a la más precaria y el resto a la otra que contaba con televisión.

Sin ser muy perceptivo, noté que había alguna química entre Carlos e Irma (eran viejos conocidos), y Reina ponía cara de muy pocos amigos sabiendo que iría a la nuestra ya que prefería ver tv o estar con los más jóvenes.

Descargamos todo y mientras las mujeres organizaban todo para la cena, los varones recorrimos un tramo de la laguna para buscar el mejor lugar para la pesca. Atardecía bastante rápido (estamos en pleno invierno), por lo que deberíamos aprovechar las horas de sol para nuestra actividad y volveríamos a tiempo para colaborar con las demás actividades y disfrutar del calor de las estufas, mientras jugábamos juegos de cartas o de mesa: gran problema para los más jóvenes, pues no había señal de internet, tan solo una señal tenue para los celulares desde un punto específico de la laguna.

Reina: ¡¡por favor, nos trajeron a la selva…!! ¿no había lugar peor?

Chela: si Reinita, quedarte en casa sin teléfono. ¿qué te parece?

Nuria: ¿qué vamos a hacer sin conexión?

Julia: ¿qué tal hablar, escuchar música, dar algunos paseos, cebar mate? Hay muchas cosas para hacer, no todo es celulares e internet…

Joaco: podemos ir a la cabaña grande a ver tv

Rina: ¡¡¡siii películas de terror!!!

Irma: ¡¡no, de acción!!

Y a partir de ello una nueva discusión por la temática de las películas, que resolvieron tras un juego de cartas, el equipo ganador elegiría el tema.

Los fumadores nos fuimos afuera, desafiando el frío, a disfrutar de nuestro vicio: Julia, Gero, Chela, Reina, Carlos y yo. Una breve charla donde distribuimos tareas para el día siguiente, mientras los adolescentes ya se entregaban a una partida de cartas encarnizada. Tras ella, llegó la hora de la cena: talla rines con tuco para todos. Sobremesa con historias varias y allí empecé a conocer a Reina.

Tenía 22 años, adicta recuperada, pero que ante cualquier tentación tendía a recaer y por ello estaba casi siempre controlada. Tan afecta al alcohol como sus hermanas y madre, había decidido vivir con su padre y eso la llevó a una vida muy complicada. Tras una crisis, su madre la trajo a vivir con ella y la ayudó a salir de lo más bajo. Era la más bella de todas, casi una escultura, ojos claros, 1,75 de altura, cabellos oscuros casi a la cintura, pechos quizá de 90 o 95, cintura estrecha y caderas bien formadas y con un culito firme y bien plantado. ¿Único defecto? Demasiado lanzada y siempre vestida provocativa en exceso. Lo podría definir con la primera imagen que me dio cuando nos juntamos en la casa de Julia: se agachó a levantar su bolso de viaje y la muy diminuta falda dejó a la vista el hilo dental rojo que se le perdía entre los cachetes del culo.

En la sobremesa supe que Irma había sido pareja temporal de Carlos y que aún se veían, que Chela había sufrido un accidente por salvar a una paciente del geriátrico donde trabajaba y eso le había provocado una lesión que no superaría en uno de sus brazos y motivó que Irma ocupara su lugar, además de evitar una demanda judicial a cambio de una alta suma de dinero que le dio la oportunidad de comprar no solo su departamento, además el que ocupaba Irma, bancar los gastos de recuperación de Reina y el estudio de Cristina. Carlos de 55 años, era un “benefactor” de la familia, divorciado, además de iniciar a Chela en su fase mística, enamorado eterno de Irma que le mantenía gustos y que Julia había tomado la decisión de apartarse bastante de su familia para no caer en situaciones similares. A fuerza de trabajo, se asoció con una adinerada y entre ambas montaron una residencia, que hoy manejaba.

Cuando las botellas se fueron terminando y las fuerzas abandonando a los presentes, cada quien se fue a su cabaña. Quedamos Carlos y yo sentados en el gran comedor.

Carlos: mirá Alejo, hay tres espacios aquí, espero que me dejes uno para compartir con Irma. “Entre bomberos no nos vamos a pisar la manguera”

Me sonreí y entendí sus ideas, asentí con un gesto, mientras Irma abandonaba el baño tras mudarse de ropas y él entraba al lugar.

Irma: calculo que entenderás esto, ya tendrás tus beneficios, ¿si?

Alejo: lo único que te pido es que te cuides, no quiero contagios.

Irma: seguro, aguanta un polvo y muere. No te aproveches de Reina

Alejo: tranquila que ni me registra

Irma: es medio sonámbula…

Alejo: ¿como para meterse en mi cama?

Irma: y mucho más…

Alejo: no lo hará con vos tan cerca

Irma: no te fies… hasta mañana

Dicho esto, se fue a la habitación que tenía cama de dos plazas y esperó a su amante de turno, que no tardó mucho en disfrutar de ella y luego dormirse. Reina había salido de la ducha y se había acomodado en un sillón, mientras fumaba un cigarrillo, era una invitación al pecado: Camisón corto, sin brassier, hilo dental negro, cabellos húmedos cayendo a los lados de sus hombros que mojaban la curva de sus pechos, trasluciendo los pezones rosados, bien puntiagudos.

Reina se reía mientras escuchaba el concierto de gemidos de Carlos y como el silencio invadía nuevamente la cabaña.

Reina: ¿podés creer que ya se durmió? Irma se debe estar pajeando para calmarse y terminar.

Alejo: al menos podrían haber esperado que nos acostáramos nosotros, ¿no te parece?

Reina: no aguanta nada Carlitos, pero es un tipo muy bueno con nosotras.

Nos despedimos con un beso corto en la mejilla y cada uno se fue a su cama, esa noche no hubo visitas extrañas. Hubiera pagado por que Reina me visitara aunque fuera en su sonambulismo.

Mi cama estaba en el salón principal, por lo que mi sueño fue interrumpido por el ingreso de los que estaban preparando el desayuno masivo. No se preocuparon por mi descanso, hicieron tanto ruido como les fue posible.

Me levanté de mal humor y me fui al baño, ni se me ocurrió golpear la puerta, simplemente entré y me encontré a Irma sentada en el inodoro, orinando. No intentó cubrirse, más bien me mostró todo su cuerpo y trató de manotearme la verga que tenía la típica erección matutina, pero no había tiempo suficiente para nada y debí conformarme con algún roce, antes de que abandonara el lugar. Me lavé la cara, y al salir me topé con Reina, que me dio un beso corto en los labios y me corrió para ingresar. Le respondí con un toque leve en la cola que correspondió con una sonrisa.

El primer avance sobre la única mujer que me restaba probar de la familia se había iniciado. Los hombres nos fuimos, tras el desayuno, a disfrutar de la pesca. Sobre mediodía las mujeres vinieron a vernos con termos de agua caliente y mates para compartir un rato. Para evitar engancharnos entre nosotros, estábamos separados por unos 5 metros. Julia se fue con Gero, Irma con Carlos, Nuria con Joaco, Rina con León y Chela conmigo.

Chela: ¿pasaste buena noche?

Alejo: más o menos, estaban cogiendo a 3 metros de mi cama…

Chela: ¿vos nada?

Alejo: no, Reina se rio cuando escuchó a Irma y Carlos, pero no intentó nada.

Chela: ¡¡la puta madre!! Nuria se la pasó cogiendo con Joaco casi toda la noche y yo me maté a pajas mientras los oía. Me hubiera ido a tu cabaña y la hubiésemos pasado genial y que Reina se los aguantara a los pendejos.

Alejo: aprovechá y cambiá esta noche…

Chela: no puedo, si lo hago se van a dar cuenta, más tarde voy a hablar con los pendejos para que se calmen o al menos disimulen un poco.

Cuando el termo se terminó, ellas se fueron y nos pidieron que en un rato más volviéramos a la cabaña a almorzar. Estábamos en pleno almuerzo cuando se desató una tormenta, la lluvia golpeaba los vidrios y el frío apretaba. Encendimos las estufas y nos quedamos todos allí.

Tal mi costumbre, tras almorzar, me dormía sentado y Carlos igual. Nos despedimos y ocupamos cada uno una habitación: Carlos en la que ocupaba con Irma y yo en la de Reina, dejando el salón para que los demás se quedaran allí hasta que amainara la tormenta.

No sé cuánto tiempo habrá pasado, pero la cabaña se silenció. Me acomodé un poco más y seguí durmiendo, hasta que sentí que alguien me rozaba bajo las sábanas. Me giré y ahí estaba Reina, temblando de frío.

Reina: se apagó la estufa y no sé cómo encenderla, Irma y Carlos duermen

Alejo: ya voy y la enciendo…

Reina: estoy cagada de frio, calentame un poquito…

La abracé y le di calor, se acurrucó contra mí y pude notar lo frío de su cuerpo. La cama era estrecha y mi espalda estaba contra la pared, ella ocupaba el espacio de salida, me quedé ahí pegado a ella. Tenía un perfume muy suave, ropas muy livianas, casi podía sentir su piel, se durmió así y por qué negarlo, yo también.

Sentí un ruido en la cocina y traté de levantarme sin despertarla, Sali a la cocina y vi a Carlos encendiendo las hornallas para preparar el mate de la tarde.

Carlos: te felicito negro, te sacudiste a la pendeja…

Alejo: nada que ver, estaba durmiendo y ella se metió en la cama porque se había apagado la estufa, estaba helada.

Carlos: ¿no te la moviste?

Alejo: no, ni la manoseé.

Carlos: aprovechá el momento, no sabes cuándo va a ser el último, son así.

Me extendió el mate y quedamos un buen rato solos hablando de la familia de Julia y sus intenciones. Estaba hasta las manos con Irma, pero tenía en claro que había mucha diferencia de edad entre ellos y que jamás llegaría a más que esto. Chela lo había enganchado, pero él estaba loco por la hija, negociaron y lo ayudó a que Irma lo aceptara: la mantenía a cambio de favores de cama eventuales.

Por un momento me sentí otro Carlos: ¿sería Reina la asignada para mí? Debía saberlo, para no quedar enganchado, pero al menos ese finde disfrutaría de la niña rebelde de la familia.

La tormenta amainó en el anochecer, cenamos todos en nuestra cabaña pero fuimos todos a la principal para ver un par de películas antes de dormir. Tomamos por asalto la proveeduría y nos llevamos la cerveza, el whisky y el tequila que había. Vimos un bodrio elegido por Nuria y su novio y cuando ya terminaba y no quedaba más alcohol, nos fuimos cada uno a su cabaña,

La primera en quedar a oscuras fue la de Gero y Julia, luego la de Irma y los jóvenes y finalmente la nuestra.

Hubo un nuevo concierto de gemidos de Carlos e Irma, hasta que el silencio se hizo dueño del lugar. Yo estaba en mi cama y pude observar la luz del baño encenderse, las sombras de Reina entrar y minutos más tarde salir, Esperé un rato y cuando no escuché más que ronquidos, me levante y con el reflejo de mi teléfono me metí en la pieza de Reina. Estaba de frente a la pared, dando la espalda al borde de la cama, levanté a penas las sábanas y frazadas y me metí. Ella dio un respingo al sentir mi cuerpo frio, pero me dejo el espacio necesario para ubicarme tras ella y acoplándose a una hermosa posición cucharita, me permitió pegarme a ella.

Me sorprendí al no encontrar ropas, toque su piel desde el primer momento: estaba desnuda bajo las ropas de cama. Me ubiqué un poco mejor y dejé que mi verga creciente se posara entre la raja del culo, movió levemente las piernas y me dio el lugar suficiente para colarla allí y rozarle los labios vaginales que se empezaban a humedecer.

Lentamente, fui recorriendo la raja, desde atrás hacia adelante, esparciendo la humedad por todo el espacio, hasta que en un movimiento suave, me llevó a su interior.

Sentí el calor que brotaba de su concha y como se afirmaba a la almohada para morderla y evitar que sus gemidos pudieran escucharse.

Le acaricié la raja de la concha, mientras le metía la verga desde atrás. Ella hacía un esfuerzo por abrir los cachetes del culo para que fuera más a fondo.

Reina: pasá la otra mano por debajo de mi espalda y tócame las tetas, pellízcame los pezones que me estoy viniendo.

Levantó apenas su torso y me dio espacio para cumplir con su pedido. Tironeaba de esos pezones, clavaba mis dedos en su raja y enterraba la verga tanto como podía dentro de ella.

Despacio, fuimos haciendo lo necesario para que al cabo de un buen rato ambos llegáramos a una acabada buenísima. Yo despachaba leche a chorros y ella apretaba mis manos para que prolongara su orgasmo.

Ya rendidos, nos fuimos relajando. Se la saqué de la concha pero no retiré los dedos de la raja, hasta que sus labios dejaron de palpitar... Recién ahí me retiré de su cuerpo. Giro para ponerse de frente y abrazándome me dio un beso muy profundo y prolongado. “No podes quedarte acá, seguro que alguien vendrá en la mañana, pero antes de volver vamos a coger otra vez, te lo juro” dijo mientras me abría la cama para salir. Sin encender ninguna luz. Volví a mi cama, me acomodé y dormí como un bendito.

No sé cuánto tiempo habría pasado, cuando me despertó una sensación cálida atrapando mi verga, estiré mi mano y le marqué el ritmo de la mamada a la invasora, hasta que dejé salir lo poco que me quedaba en los huevos. La boca intrusa hacía todos los esfuerzos por sacar más, pero ya no lo había. “Cogiste anoche, tenes la verga con olor a concha y casi nada de leche: ¿en cuál de ellas descargaste?” era la voz de Chela que aprovechando que sus hijas y Carlos aún dormían se había dado el gusto de una mamada matutina.

No le respondí, me limité a agarrar su cabeza y meterle la verga tan a fondo como podía para provocarle una arcada, a modo de castigo por despertarme.

Se liberó y se fue a la cocina a preparar el desayuno mientras sus hijas despertaban y se acercaban a ella, para saludarla. Ambas tenían olor a sexo reciente, por lo que le provocaban más ansiedad de saber cuál había estado conmigo. Carlos salió de la habitación y le dio un chirlo en el culo a Reina, en medio de una sonrisa: Chela no sabía que pensar… Entonces comprendió que solo estando allí sabría lo que sucedía.

La mañana fue tranquila, tras la tormenta anterior los piques fueron buenísimos y cobramos muchas piezas de pesca, por lo que los hombres nos quedamos a la vera de la laguna casi hasta el anochecer, apenas si tomamos un descanso mínimo para almorzar algo a la pasada. En la noche, se encendió la parrilla para consumir lo obtenido y festejar los días vividos.

A sugerencia de Chela, liberamos las dos cabañas principales e hicimos un campamento nocturno en la última.

A raíz de ello, todos perdimos. No hubo sexo para nadie, pero si promesas de reencontrarnos cuando volviéramos a la ciudad.

Ya veremos que sucede, llegamos hace apenas un par de horas y los teléfonos arden buscando compañía para los próximos días. En mi caso: Irma quiere que pasemos otro día juntos, Chela está desesperada por entregar algo más a cambio de gozar como Irma y Reina quiere saber por qué se pelean Irma y Chela cuando hablan de mí.

Les recuerdo, con casi 60 años, soy un tipo normal, no tengo la súper verga, pero aprendí que jugando con todas tus armas (lengua, dedos, verga y seducción) podés lograr más que con 25 o 30 centímetros de carne y una dosis de Viagra.

Espero sus comentarios, y más que nada su opinión.

Saludos,

Alejo Sallago – alejo_sallago@yahoo.com.ar