Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Si no leyeron los dos capítulos anteriores, se los resumiré muy rápidamente. Mi hijo Gero formó pareja con Julia, primera de 4 hermanas. Durante la mudanza de él, conocí a Irma la segunda de ellas que resultó ser bastante flojita de bragas, adicta a la cerveza y muy liberal. Heredó el trabajo de su madre tras un accidente laboral y utilizaba sus francos para calmar el ardor que los viejitos habitantes de la residencia geriátrica le producían al manosearla. Como el sueldo recibido era muy bueno, lo aceptaba sin decir nada y se descargaba en antros y visitas a su departamento.
Unas semanas después, conocí a Chela (madre de Julia), masajista mística que incluía dentro de las sesiones sexo libre. Hippie de los ’70, mantenía las costumbres de aquellas épocas.
Finalmente Cristina, la menor de las hermanas. Adicta al trago como Irma y su madre, de la que mucho no conocía aún, pero ya habría tiempo.
Irma fue la primera en entregarse tras un día de mucho trabajo y alcohol, durante la mudanza. Me dejó clarísimo que era quien elegía con quién y cuándo acostarse, y lo que entregaba en cada encuentro. Nuestra primera tarde-noche fue muy buena, hasta que quise ser quien tomara las decisiones y me fue muy mal. Tuvimos muy buen sexo oral, mucho mejor el vaginal, pero me puso freno cuando quise invadir un culito tentador.
Chela me citó a su casa unos 10 días después y me demostró que era una experta masajista y sabía cómo extraer de su amante eventual el mejor rendimiento, aun utilizando algunas trampitas. Una de ellas fue la utilización de un aceite vigorizante y retardante, que me permitió uno de los mejores polvos de mi vida, pero dejó como consecuencia un par de días para obtener una erección fuerte y firme (ella me lo había dicho después de aquella mañana de martes).
Resultó ser que el pasar de esos dos días coincidía con la invitación de Irma a conocer su departamento. Durante miércoles intenté provocar una erección: ver videos, leer relatos calientes y nada me dejaba llegar a pleno.
Cerca de las 21 horas, estuve a punto de cancelar la visita a Irma. Fue entonces cuando León (mi nieto) me dijo que al día siguiente habría un cambio de horarios en sus clases y saldría casi dos horas más tarde, luego iría a gimnasia y recién se liberaría a las 18. Eso me daría casi todo el día libre y se me ocurrió pedirle al padre (Gero) que lo tuviese en su casa hasta que volviera de una serie de trámites con la inmobiliaria. Aceptó y hasta me ofreció a tenerlo allí hasta llevarlo a la escuela al día siguiente. Eso cayó como anillo al dedo: tendría todo el día para estar con Irma e intentar cumplirle como hombre, lo acepté y le envié un mensaje a Irma avisándole que iría sobre las 9 de la mañana. Me respondió con emoji de alegría, me pasó la dirección exacta y un “Te espero preparadita, negri”.
El jueves sonó el despertador y me levanté para preparar el desayuno de León como todos los días. Allí encontré la primera sorpresa: mi típica erección matinal había regresado, quizá no en su máxima expresión pero eso me aseguraría no hacer papelones con la trolita.
Tras el desayuno, cumplí con mis funciones y a las 7:45 estaba liberado. Me fui a una estación de servicios a desayunar, para no ir directamente al departamento de Irma.
Con ansiedad, me tomé el café y leí las principales noticias de los diarios en la web. Cuando estaba a nada de partir al departamento, me di cuenta que la dirección era muy céntrica y debería dejar el auto en una cochera hasta el día siguiente y no me resultó confiable. Volví a casa, guardé el vehículo en el garaje, tomé la muestra del aceite vigorizante de la guantera, la coloqué en uno de los bolsillos del abrigo y solicité un Uber para ir a ver a Irma.
Sobre las 9:15 bajaba del vehículo y me encaminaba al edificio donde ella vivía. Accioné el portero eléctrico y tras consultar quien era, se abrió la puerta y pude acceder. A escasos 3 metros, en un escritorio estaba el portero del lugar. Me hizo un escaneo típico de quien no conoce al el visitante.
Portero: Buenos días, ¿a qué departamento viene señor?
Alejo: Piso 6 departamento D
El encargado revisó la lista de propietarios y consultó rápidamente.
Portero: ¿Irma B?
Alejo: exactamente
Portero: tome el ascensor de la derecha, va a los pisos pares.
Le agradecí y me dirigí hacia allí. Ingresé y presioné el botón 6, había una música suave de fondo mientras ascendía y al llegar al 5to, sonó un aviso de detención.
Las puertas se abrieron y automáticamente se encendieron algunas luces del pasillo. Mientras avanzaba, me preguntaba cómo hacía Irma para pagar tanto lujo. Cuando enfrenté la puerta, estaba entreabierta, ingresé y cerré detrás de mí, giré y me encontré con un espacio breve, donde una división separaba la cocina del dormitorio. El mono ambiente había sido modificado para separar cocina y baño de la habitación. Desde la habitación brotaba una luz mínima y en la cocina Irma estaba sirviendo un par de tazas de café.
Vestía un camisón traslúcido de color celeste claro, que permitía verle las tetas sin ninguna interferencia y una tanga miniatura que tenía menos tela que una servilleta. Cabellos revueltos, ojos entre cerrados, labios al natural, pezones erguidos y esas aureolas color marrón que parecían crecer mientras se alejaban del centro.
Irma: hola negri, me quedé dormida, el llamado del portero me despertó.
Alejo: buenos días Irma, tomate tu tiempo, te espero.
Irma: lavado de dientes, también la cara, algo de acomodar el pelo, el resto está más que listo.
Fue al baño y sin cerrar la puerta, pude sentir como se higienizaba después de despertarse. Lo peor, fue escuchar como orinaba para luego accionar el bidet y se lavaba la conchita. Habrán pasado un par de minutos y se sentaba a mi lado, bebimos el café hablando de pavadas sin sentido, ninguno se animaba a dar el primer paso.
Terminado el desayuno, se puso de pie y tomó las tazas para colocarlas en el fregadero. Me dejó a escasos 30 centímetros ese culito tan tentador y no pude resistirlo: estiré la mano y se lo acaricié, pero a diferencia de lo hecho en casa, lo hice sin invadirla para que no me echara tan rápido del departamento.
Irma: vino calentito el señor…
Alejo: con semejante hembra al lado, cómo hacer para no calentarse…
Irma: acordate, si haces lo que no me gusta o no es el momento, se acaba todo y te vas a casita, ¿sí?
Me puse de pie, la abracé desde atrás y comencé a besare el cuello mientras estiraba mis manos para frotarle las tetas. “qué lindo se siente que te mimen… te hace creer que te aman y no solo te quieren coger… cómo me gusta…” dijo mientras recibía atención en sus pezones y apretones en las tetas. Bajé una de las manos y ubicándola entre sus piernas la empujé hacia atrás para que sintiera como me estaba poniendo, la verga crecía y se ubicaba en la raja del culito.
Irma: vamos despacio, que tenemos mucho tiempo.
Alejo: me ponés loquito…
Irma: uff… de pensar en tu lengüita entre mis piernas me voy mojando muy rápido…
Alejo: ¿te gustaría que te la coma, despacito y bien profundo?
Irma: si mi negri, me encantó como me la comiste en tu casa…
Alejo: ¿querés que te la coma en cuatro o normal?
Irma: en cuatro te vas a tentar con mi culito…
Alejo: vamos a tu cama…
Me tomó de la mano y me llevó al otro lado de la división. Ante mí apareció un somier King Size, con una sábana azul como toda cobertura. Irma sabía cómo utilizar sus ingresos y más que nada encontrar el lugar más cómodo para encamarse. Se detuvo a los pies del trono y dejó caer el camisón, quitándolo por sus hombros, se sentó en la cama y me fue desprendiendo el jean para bajarlo lentamente, mientras yo me quitaba la parte superior.
Ella en tanga y yo en bóxer nos fuimos acomodando en aquel espacio gigante. Me dejó acostado y se puso sobre mí, subiendo desde el vientre rumbo a mi rostro. Se afirmó a la pared, abrió muy bien las piernas y dejó el pequeñísimo trozo de tela que cubria su concha en mi boca.
Se movía con lentitud, de arriba hacia abajo, haciendo que mi lengua le fuera mojando aquel trocito de tela. Ante cada lengüetazo, se marcaban más y más sus labios vaginales, ya había una mezcla de flujos intensos y saliva que la empapaban.
Retiró una mano de la pared y corrió la tela hacia un costado, dejándome la posibilidad de entrar en contacto directo con su piel. Se notaba que se había lavado recientemente, por lo que el olor de sus flujos era más suaves, mezclados con la fragancia del jabón.
Irma: ¡¡cómo me hace gozar esa lengua!! Me pone hirviendo y me hace sentir como me comés, negri…
Me retiré apenas… “No me ahogues si queres que te haga acabar con ella” le dije mientras volvía a cargar contra el triángulo caliente de su vientre.
Manejaba los tiempos de manera excelente, aceleraba si me iba deteniendo y se frenaba cuando sentía que el orgasmo le llegaba.
En un momento dado, se detuvo. Retiró una de sus piernas y se giró para dejarme la concha en la boca, pero ahora tenía mi verga al alcance de sus labios. Un hermosísimo 69 que siguió manejando a su antojo, apretaba la base de la verga cuando sentía las palpitaciones previas a que soltara mi leche y una vez controladas, volvía a chupar como posesa. Así me tuvo un buen rato, hasta que se rindió y aceleró hasta bañarme la cara en jugos y llenarse la boca de leche. Tosió por la sorpresa y la cantidad, pero hizo el esfuerzo de tragar todo lo que pudo. Podía sentir como le palpitaban los labios de la concha, mientras daba mis últimas chupadas. En un momento dado se giró rápido, como para abortar un segundo polvo y se tendió en la cama.
Irma: es una maravilla como me haces acabar con la lengua, pero quiero sentir la verga adentro y que me llenes de lechita.
Alejo: ¿querés que te deje preñada? ¿o tengo que usar forro?
Irma: tranquilo negri, me cuido desde hace años, soy muy metódica con eso. Me gusta coger a pelo, por eso me cuido.
Se puso de pie y fue al baño a quitarse los restos de leche de la boca y la cara, para volver y tenderse a mi lado.
Irma: hace unos días hablaba con mi madre y me decía que le encantaría que la garcharan bien garchada, pero ella sabe de trampas para que los machos le duren más.
Alejo: ¿le hablaste de nosotros?
Irma: no tenemos secretos entre nosotras dos, ella me aconseja y yo aprendo de sus dichos.
Alejo: me estas exponiendo ante tu familia…
Irma: para nada, lo que hablamos entre nosotras queda ahí.
Alejo: ¿y si te dijera que ella me dijo que quería que la cogiera como lo hice con vos? ¿Qué dirías?
Irma: que podríamos montar un buen trío. Ella me enseña y yo lo pruebo, no sería la primera vez que lo hacemos
Alejo: me estas jodiendo…
Irma: para nada, somos dos putas pero con una diferencia: ella lo hace gratis y yo cobro, si es que lo considero adecuado. ¿Cómo crees que se mantiene este departamento?
Me quedé pensando un rato, no podía creer que la madre y la hija compartieran cama con alguien, una regalara el trabajo y la otra cobrara. ¿En qué categoría caería yo? Con la madre había sido gratis, ¿la hija me cobraría? Pude ver una sonrisa pícara en su cara.
Irma: comamos algo liviano o no vas a tener energía para la tarde…
Alejo: ¿y si me quedo hasta mañana?
Se giró y me miró sorprendida, asentí con la cabeza: “Ya organicé mi jueves, puedo quedarme en tu cama hasta mañana por la mañana” le dije para completar su sorpresa.
Irma: voy a serte clarita. ¿tengo ganas de cogerte? Si ¿me vas a aguantar el ritmo? No creo ¿buscas algo especial? Negociemos.
Alejo: ¿voy a cogerte? Tal vez ¿quiero algo especial? Si, tu culito ¿Voy a aguantar el ritmo? Preguntale a tu madre que me regaló
Irma: no era lo convenido…
Alejo: ¿hicimos un arreglo? No lo creo. Puedo vestirme en este mismo momento y hasta acá llegamos.
Irma: ¿te irias sin coger?
Alejo: no acepto extorsiones
Se quedó sentada en el borde de la cama, mirándome y pensando en lo que habíamos hablado. Tenía cara de duda, por lo que me puse de pie, busqué mis ropas y comencé a vestirme. Mi salida era muy próxima. Mientras ataba las zapatillas, sentí como se ponía de pie y venia rumbo a la cocina, desnuda totalmente. “¿siempre sos así? ¿O me estas probando?” dijo afirmada a la puerta. La miré tranquilamente y completé el anudado de los cordones.
Alejo: no soy un chico Irma, si querés estar conmigo, me quedo. Caso contrario, me voy y listo, todo bien.
Irma: ok, es tu decisión
Alejo: no, es tuya. Vos queres cogerme.
Me encaminé a la puerta y traté de abrirla. “Esperá, ¿no te gusto?” dijo con voz grave, “Si, pero no me dejo manejar por nadie, por eso estoy solo” le respondí.
Abrí la puerta y me fui, sin volver siquiera a mirarla. Llegué a la calle y pedí un Uber para volver a casa. Minutos más tarde estaba ingresando a mi hogar, caliente, enojadísimo con la pedantería de la minita.
Me puse a acomodar algunas cosas y sobre mediodía sonó el timbre de casa. Abrí y allí estaba Irma, mochila al hombro, con un jogging gastado y un buzo de color rosa. Entró sin decir nada, se encaminó a la cocina y una vez allí se quitó el buzo y el jogging, quedando totalmente desnuda (otra vez).
Irma: vamos a tu cama, y no digas nada. No quiero arrepentirme de esto.
Entramos a la habitación, se acomodó en el centro de la cama, ubicada a cuatro patas, abriendo bien las piernas y entregando por completo una concha perlada de flujos. Cualquiera diría que vino masturbándose en el camino para llegar tan caliente, me desnudé y me puse detrás de ella, enfilé la verga al centro de la concha y se la metí a fondo. Me quedé quieto en su interior, sintiendo el calor que brotaba de los pliegues de su piel. Ella hizo los primeros movimientos, para meter y sacar mi verga de su interior, a lo que respondí tomándola del cabello y con embestidas lentas, le fui marcando el ritmo.
Cada vez que la enterraba, ella respondía con un gemido y al retirarla con un suspiro. Se mojaba intensamente, la verga le resbalaba con facilidad adentro y afuera. “Mojame el culo, juga con él” pidió en un momento dado. Le quité la verga de adentro y me detuve.
Irma: ¿no vas a seguir?
Alejo: si, pero déjame buscar con que lubricarte el culo
Tomé el famoso frasquito y dejé caer un chorro sobre aquel agujero. Entonces si, volví a posicionarme y meterle la verga en la concha, mientras jugaba con un dedo en su culo. La dilatación fue rápida, casi podría decir que tranquilamente le entrarían dos dedos sin problemas, pero en vez de ello, empecé a alternar con la verga entre la concha y el culito, sin meterla por atrás, hasta que sentí como se me endurecía.
Irma estaba entregadísima, gemía y pedía que no me detuviera por nada, sabía que acabaría en cualquier momento. Cuando empezó a temblar y ponerse muy tensa, se la saqué de la concha y la fui metiendo dentro del culo dilatadísimo. Lo notó y se aferró de las almohadas, aceptando que ya me había entregado aquello que yo tanto deseaba. ¿Cuánto tiempo pasó? 5 o 6 minutos, hasta que me derramé en su interior. Chorros de leche como aquella vez dentro de Chela, sin perder dureza, llenándola a Irma que acabó en medio de un grito.
Las palpitaciones del esfínter anal eran notables, me exprimían al máximo hasta dejarme absolutamente seco.
Rendidos, se la saqué y nos dejamos caer en la cama. Tardamos un buen rato en reponernos, nos dormimos, y ya caían las primeras sombras de la noche cuando despertamos.
Nos abrazamos y nos quedamos tendidos sin hablar, podía notar que estaba incómoda con alguna molestia en el culo y “mi muchachito” se había reducido al máximo.
Cuando la oscuridad dominaba la habitación, habló por primera vez “El brebaje de Chela para una relación intensa y duradera, ¿cierto?” mencionó.
Alejo: exactamente, lo ameritaba ese culito precioso.
Irma: No quiero irme sin volver a acabar, ¿me doy una ducha y me das lengua otra vez? Sé que no se te va a parar…
Mi respuesta fue el primer beso de lengua que nos dimos en muchísimo tiempo, entendió el mensaje, se levantó y fue a lavarse para volver a la cama y entregarse. Nos costó bastante, pero después de un buen rato acababa entre gemidos y arañazos a mi espalda.
Irma: voy a pedirte algo, seré la única de la familia a quien le hagas el culo ¿sí? Sé que van a pedirte que las hagas gozar tanto como a mí, pero quiero ser la única en eso.
Lo acepté, porque estaba claro que Chela gozaba más cogiendo y no se me hubiera ocurrido, en este momento, que alguna de las otras dos hermanas (no conocía aún a Reina), me lo pediría.
Dormimos juntos hasta las 7 de la mañana, desayunamos y la alcancé a su trabajo, despidiéndonos con un beso y sin promesas de futuros encuentros, que se darían si las circunstancias lo permitieran.
Aún queda algo más, pero hay que esperar, porque es demasiado reciente.
Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.
Saludos,
Alejo Sallago – alejo_sallago@yahoo.com.ar
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