Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Para aquellos que hayan leído alguno de mis relatos anteriores, soy un adicto a las maduritas desde que tengo uso de razón, pero no por ello dejo de lado al resto de las mujeres.
Hace ya tres meses, mi hijo Gero convocó a la familia completa a un almuerzo. Eso hacía suponer que algo traía entre manos, ya que acostumbra a hacer cosas así cuando va a informar temas trascendentes.
Llegó el domingo y nos fuimos juntando todos en casa: mis hermanas y sus maridos e hijos, mi ex con su actual pareja, mi otro hijo con su pareja e hijos: éramos casi 20 y faltaba el principal implicado. Pasado el mediodía llegó acompañado con su nueva pareja.
Gero: familia, les presento a Julia, mi pareja. Llevamos casi 9 meses saliendo y hemos decidido irnos a vivir juntos.
La cara de León, su hijo, se transformó: pasó de la alegría por la juntada a miradas fulminantes a Julia. Me aproximé y le pedí que me ayudara a traer algunas bebidas y me lo llevé a otro sector de la casa.
Alejo: vos sabias que estaba saliendo con ella, no sé qué te sorprende.
León: no dijo que me llevaría con él, solo que se iría a vivir con ella.
Alejo: tranquilo, ya habrá tiempo.
León: hay cosas que todavía no sabés, ya te vas a enterar.
Tomamos las bebidas de la heladera y volvimos a la reunión. Era todo un alboroto, saludos, presentaciones, algo de algarabía por parte de algunos y de sorpresa por otros.
Estábamos en plena reunión cuando sonó el timbre de la casa, me preparé para ir a ver quién era, pero mi hijo hizo un gesto y fue él a abrir la puerta. Un par de minutos después, ingresaba acompañado por dos mujeres jóvenes: “Les presento a Nuria y Rina, hijas de Julia”
Lo miré a León y entendí sus dichos. Su padre formaba una nueva familia y él seguiría en casa conmigo, no entraba en la nueva ecuación.
La reunión siguió hasta avanzada la tarde, momento en que se fueron retirando todos a sus domicilios. Solo quedamos mi ex (Mina) con Cacho, León y yo.
Mina: vas a tener que manejar todo con mucha calma, León está que vuela de bronca. Contá conmigo, mándalo a casa el finde que viene mientras el padre se lleva sus cosas.
Alejo: gracias
Mina, en la semana voy hablando con él y si quiere lo mando
Cacho: va a ser menos jodido ver cómo se lleva todo menos a él.
Alejo: tenes razón Cacho.
Quedamos solos, terminamos de ordenar todo y León se fue rápidamente a enfrascarse en juegos on-line para no hablar de lo sucedido.
Esa semana fue terrible, vivía en un bajón continuo y hasta aflojó en estudios y tareas habituales. Cuando le ofrecí ir a pasar el finde con su abuela y Cacho, aceptó rápidamente. Preparó un bolso con algo de ropa y lo dejó en el auto. Cuando fui a retirarlo de la escuela el viernes a mediodía, estaba algo más calmado, lo dejé en casa de su abuela y le pedí que cualquier cosa me llamara y vendría. Me saludó y tras darle un beso a la abuela, entró en la casa, Mina me hizo un gesto de “llamada telefónica” y luego extendió el brazo a modo de saludo.
Volví a casa. A las 15:30, mi hijo llegaba a casa con una camioneta para llevarse sus cosas.
Gero: ¿y León?
Alejo: con tu madre, por el finde.
Gero: pensé que me ayudaría con la mudanza
Alejo: ¿para ver que no tendría lugar en tu nueva casa?
Gero: papá, la idea es que conozca a las chicas y se vayan uniendo.
Mientras iba cargando las cosas en el transporte me contó que vendría Julia con (Irma) una de sus 4 hermanas a buscar las ropas que dejaría preparadas en bolsos, ya que Irma tenía vehículo.
Quedé solo y a la espera de las dos mujeres. Llegaron cerca de las 19.
Aprovecharé este momento para describirles a Julia e Irma. Julia tiene 30 años, mide quizá 1,55, cabello castaño claro tipo melena, es rellenita (no gorda), buenas curvas, muy simpática. Mientras su hermana es el polo opuesto: 1,68, bastante más estilizada, cabellos rojizos (de peluquería), bastante más habladora y de lenguaje algo vulgar, y al igual que Julia, con curvas muy pronunciadas (tetas muy llamativas y culito parado).
Julia: Alejo, me llevo algunos bolsos así vamos acomodando la ropa y después vuelve Irma para llevar otra carga.
Irma: la yegua esta me tomó de flete, ¿podés creer?
Julia: compórtate Irma, qué va a pensar Alejo
Irma: que ustedes dos me van a vivir este fin de semana.
Cargaron las cosas y se fueron, una hora más tarde, Irma volvía a casa, cigarrillo en mano y con aliento a cerveza. Evidentemente ya estaba cobrando por sus servicios.
Irma: negri, ¿tenés algún bolso más para cargar ropa? No vaciaron nada
Me sorprendió la confianza que se tomaba la coloradita, ya que apenas me conocía. Fui por un par de bolsos y volví a la habitación de Gero, la encontré sentada en el suelo, con su celular en mano, hablando con Julia. Ésta le pasaba información de que llevar como prioridad. Se puso de pie y fue en busca de lo solicitado, aproveché el momento para observarla en detalle: llevaba unos leggins a rayas de colores vivos, muy ajustados que dejaban poquito a la imaginación, por detrás se metían bien a fondo en la raja del culo y de frente le marcaban una concha muy abultada (podía adivinar de labios gruesos) y la remera suelta (quizá más de lo aconsejable) con las tetas muy liberadas (parecía no llevar brassier). Cuando se agachó a guardar la primera tanda de ropa en uno de los bolsos, casi me tiento de tocarle el culito, era una invitación a frotarlo y hundir el dedo mayor en la raja. Para no volver a tentarme, le alcancé una silla para que pusiera el bolso en ella y tuviese que agacharse menos.
Irma: gracias negri, andá a hacer lo tuyo, yo me arreglo solita.
Alejo: ¿segura? Si necesitas ayuda, me llamás
Irma: vivo sola y me manejo así en todo en mi vida
Lo dijo con una sonrisa pícara, mientras volvía a retirar ropas del ropero. Cuando se fue, se despidió con un beso y un abrazo, aplastando sus tetas en mi pecho; me pareció poco normal, pero quizá había sido parte de mi mente calenturienta.
El sábado por la mañana, inicio movido, a las 9:30 sonó el celular, era Gero.
Gero: papá en una hora voy por el ropero, televisor y equipo de audio.
Alejo: ok, me visto y te espero
Gero: después va Irma por otra carga de ropa, se la dejo en la cama
Alejo: ¿viene con Julia?
Gero: no, sola. Julia está ordenando las habitaciones y viendo si hace falta algún mueble más
Alejo: ¿la cama, el colchón?
Gero: por ahora no
Pasada la hora, llegó mi hijo y casi en el mismo momento Irma. Abrazo y beso a mi hijo y beso para mí. Había cambiado un poco la vestimenta: la remera más apretada que indicaba la presencia de un brassier deportivo que le levantaba las tetas y los leggins de colores había sido reemplazado por uno gris claro, tan ajustado como el anterior pero con un detalle: no marcaba elástico alguno de bragas.
Irma: buenos días chicos ¿cómo pasaron la noche?
Gero: destruido, jamás pensé que una mudanza cansara tanto
Alejo: lo pasé raro, la casa muy silenciosa
Irma: si querés ruido, llamame, ja ja ja ja
Empezó el desfile de muebles y el trabajo de retirar la ropa que necesitaba llevar, le dejó un par de bolsos a Irma para que la guardase y un par de cajas para el calzado.
Gero: bueno pa, creo que ya no vuelvo por hoy, voy a ordenar allá
Alejo: listo Gero, cualquier cosa avisa.
Irma: negri, no se va a Europa, se va a casa de mi hermana, que es bastante aquilombada, igual que mis sobrinas. Eso le va a llevar tiempo.
Cuando se iba, Gero me hizo un gesto de cuidado con Irma, sabía que era tan zafada como se expresaba. La dejé sola en la habitación ordenando las cosas y fui a la cocina a preparar un mate, tomé dos o tres y luego fui a ofrecerle algunos.
Irma: ¡¡guau!! Qué bueno un hombre ofreciéndome mates en la mañana, que desacostumbrada estoy a esto
Alejo: no será para tanto
Fuimos tomando algunos mates mientras ella acomodaba las ropas y me contaba de su vida. Es divorciada, se casó a los 20. Heredó el trabajo de su madre cuando esta se jubiló en una residencia geriátrica, habitualmente trabajaba tres noches y tenía dos de descanso. Un día volvió a casa antes de lo previsto y encontró a su ex con una de sus amigas en pleno ejercicio sexual, de allí su divorcio y un buen ingreso que le pasaba el infiel como arreglo judicial. Lo complementaba con su trabajo y le permitía vivir sola en un departamento mono ambiente céntrico. Con sus actuales 28 años, disfrutaba de la vida: organizaba sus cosas y disfrutaba de los fines de semana con salidas a antros, no se enredaba con nadie, pero sabía pasarla bien.
Irma: es la diferencia entre la tonta de mi hermana y yo, ella no se casó y el padre de sus hijas no le pasa un mango.
Habiendo terminado de cargar los bolsos, se sentó en la cama desarmada y tomamos un par de mates más.
Irma: tenía planes para hoy y mañana, pero esta pendeja me los cagó con la mudanza. Me iba de joda anoche y hoy, pero levantarme temprano no es mi fuerte cuando salgo. Trato de reponerme para ir al trabajo.
Alejo: tan mal no te va…
Irma: si me toca cuidar las viejas, todo bien, pero los viejitos quieren más atenciones: me han tocan el culo, franelean las tetas pero no pasan de ahí.
Alejo: deberías irte del laburo…
Irma: ni loca, con lo que me pagan vivo genial. Lo malo es que a veces me dejan recaliente porque no se les para y termino pajeandome en casa.
Alejo: y te desquitas los sábados…
Irma: obvio, pero esta semana no va a poder ser
La charla se iba poniendo interesante y caliente, pero tirarme a la pileta podía terminar en un buen quilombo. Se puso de pie y trató de cargar el bolso en la espalda para llevarlo al auto, pero el peso la superó. Me ofrecí a ayudarla y entre ambos cargamos las cosas.
Irma: bueno negri, vuelvo en un rato por el resto, Gracias por lo mates.
Se despidió con otro beso y abrazo apretado, que aproveché para darle un ligero toque al culo, se sonrió y salió, pero no dijo nada del toqueteo.
La suerte estaba echada, lejos de enojarse pareció gustarle el toque. Empecé a imaginar cómo haría para avanzar sobre ella sin que hubiese rechazo y termináramos revolcándonos.
Unas dos horas después volvió con varios bolsos vacíos, se la veía sudada y el olor a cerveza era intenso. Estaba chispeadita por el alcohol, como más liberada.
Irma: negri, te traje de vuelta los bolsos, ya les dejé el despelote a los tortolitos.
Alejo: gracias
Irma. ¿Una cervecita fría?
Irma: estaría genial ¿algo para picar? Estoy cagada de hambre
Le extendí la cerveza y después busqué algún fiambre y queso en la heladera. Nos sentamos a la mesa y compartimos el momento, se chupó la cerveza como una esponja y se desparramó en la silla, comió algo del fiambre y pidió pasar al baño.
Irma: tengo que desagotar tanta birra.
Entró al baño y podía sentir el potente chorro que despedía de su cuerpo, luego abrió el grifo del bidet y supongo que para lavarse, pero demoraba bastante en salir quizá unos 15 minutos. Me acerqué al baño y le consulté si estaba bien. “Ya voy, en 5 termino” respondió mientras sentía un chapoteo.
Efectivamente, salió 5 minutos después, mucho más sudada, las gotas de sudor bajaban por el cuello y se perdían entre las tetas rumbo al brassier. Había una mancha poco discreta en los leggins grises a la altura de la concha: se había clavado una paja mientras se lavaba, era indudable.
Esa fue señal que necesitaba para avanzarla. Me acerqué a ella y sin mediar palabra mandé mi mano derecha a su entrepierna, extendiendo el dedo mayor por la raja. Abrió grandes los ojos y entreabrió la boca como para decir algo, pero no le di tiempo, Le comí la boca mientras aceleraba el manoseo de la raja, la pajeaba con ganas y ella aflojó la resistencia, se colgó de mi cuello y empezó a colaborar con los besos y caricias.
Irma: negri, ¿querés cogerme? Estoy recaliente
Le bajé los leggins y sentí su piel caliente y húmeda, no había tanga ni hilo ni nada que la cubriera. Tardé segundos en meter mi dedo en la cueva caliente y encharcada, la paja se estaba volviendo intensa, haciéndole aflojar las piernas.
La levanté en el aire y la llevé a la cama de Gero, con el dedo ensartado en la concha, la dejé caer en ella mientras me sacaba la ropa. Irma se quitaba todo hasta quedar totalmente desnuda, de piernas abiertas, invitándome a montarla. Me ubiqué entre ellas y acomodándome apenas, se la empecé a frotar por toda la raja.
Irma: métemela ya, no tardes que estoy que vuelo
Alejo: primero te la voy a comer y después te la meto
Irma: ¡¡ay papito!! ¿me vas a comer la concha? Me encanta, haceme acabar
Me arrodillé y me dediqué a mamarle los labios, pasar la lengua por toda la raja y abriéndola buscaba el clítoris para mordisquearlo. Ante ese tratamiento, comenzó a gemir fuertemente y apretarme la cabeza para no dejarme salir de allí.
Irma: ¡¡ ufff, qué lindo la chupás!! Un poquito más y te lleno la cara de juguitos, dale…
Y fue exactamente así, dos o tres minutos más y tuvo una acabada feroz, chorreando de manera intensa.
Irma: ahora cógeme, lléname la concha de leche, ni se te ocurra parar…
Los gemidos ya casi eran gritos y se movía como poseída. Me hizo girar y me montó para iniciar una cabalgata frenética que duró unos 15 minutos hasta que en medio de un grito completó su segundo orgasmo, al que respondí con varios chorros de leche en su interior.
Fue bajando la intensidad del bombeo hasta quedar detenida totalmente, aún empalada y apoyándose en mis hombros soltó un suspiro intenso.
Irma: ¡¡qué buen polvo, que falta me estaba haciendo!! Tres meses sin coger
Alejo: sos muy putita, te gusta mucho
Irma: obvio, si no fuese por el trabajo que tengo, sería una puta profesional
Alejo: ¿y entregás el culo también?
Irma: gratis no negri, ese tiene costo ¿te gusta mi culito?
Alejo: se ve muy lindo y apretado
Irma: déjame pensarlo, en la semana cuando tenga franco te llamo y te cuento si te lo doy y a qué precio.
Alejo: ¿los polvos son gratis?
Irma: a cambio de otra mamada, podría ser…
Estábamos negociando cuando sonó su celular, atendió y le respondió a Julia que estaba con un amigo, que por la tarde iría a la casa. Apartó un poco el celular del oído y me dejó escuchar parte de la charla.
Julia: ya estás cogiendo otra vez, cuídate de quedar embarazada, pásalo bien y disfrutá la tarde. Después te llamo.
La llamada se cortó, me miró y me dijo: “Deberías conocer a mi vieja, es más puta que yo y ya no cobra, lo hace por placer. La encontré varias veces con tipos como vos y algún que otro pendejo. Se mueve mucho y dura más pero solo lo hace en su salón de masajes, cuando quieras te saco un turno pero prométeme que no le vas a chupar la concha, eso es solo para mí, ¿sí?” Acepté la propuesta, pero no creí que fuera a concretarse.
Se bajó de la cama y en bolas, se fue al baño lavarse. No podía creer que la minita fuese tan fácil o quizá la perdía el alcohol, ya tendría tiempo de averiguarlo.
Volvió a la habitación y se puso a buscar sus ropas, cuando se inclinó para levantarla del suelo, dejó el culito en pompa, realmente era muy tentador y extendí mi mano para acariciarlo, se dejó hacer un poco y cuando ya estaba empezando a mojarse otra vez, giró y mirándome dijo: “No seas guacho, tengo algunas cosas que hacer y si seguís no me voy a ir”.
Le metí el dedo mayor a fondo en la concha y cerró los ojos, apretó las piernas y me retuvo dentro: “negri… en serio… me tengo que ir… me encanta pero no puedo quedarme…” se afirmó al ropero y empinó el culo, abrió apenas las piernas para que moviese el dedo un poco más y tomando mi mano, completó una paja leve, ya escurría como perra en celo. Me senté en la cama, y le abrí los cachetes del culo para tener mejor acceso a la concha, pero el agujero del culo me hipnotizó, me agaché y se lo comencé a comer, despacio, disfrutando de los latidos del anillo. “Ufff… qué rico se siente… no seas guacho… poné el dedito y me lo llevo adentro, papi” murmuró mientras abría más las piernas.
Le hice caso y con un movimiento rápido lo internó en su recto. “Así… quietito… que se agrande…” dijo mientras se movía muy despacio. Pero no todo puede ser perfecto, no resistí y comencé a meterlo y sacarlo con ganas y fue la perdición. Así como lo metió, lo sacó con rapidez. “Te dije despacio y que me dejaras hacer, unos minutos más y me hubieras enculado, ahora te quedás con las ganas” dijo y se puso de pie, tomó sus ropas y se vistió con rapidez. La seguí hasta la cocina, la tomé por los hombros y la giré, le estampé un beso. Se despegó de mí y mirándome con una mezcla de furia y angustia dijo: “yo elijo cuando y con quien entregar el culo, te lo perdiste por no escucharme. En la semana te llamo, pero no vas a tener acceso a mi culo”.
Tomó las llaves del auto y salió de la casa.
Me lamenté por no saber contenerme, pero estaba convencido que habría más encuentros con Irma, al fin y al cabo, sería interesante conocer al resto de la familia de Julia.
Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.
Saludos,
Alejo Sallago – alejo_sallago@yahoo.com.ar
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