Mark despertó desnudo una vez más sobre la cama King size de la habitación blanca y aséptica. Las luces brillantes lo obligaron a entrecerrar los ojos. Su cuerpo se sentía extraño: más fuerte, más sensible, con una energía que no era del todo natural. Antes de que pudiera procesar nada, la voz del comunicador resonó clara y calmada:
—Hola Mark, buenos días. Todo detalle de lo que vives es analizado con precisión. Por lo tanto, te pido paciencia y cooperación. Ya sabes cómo funciona esto. Además, pediría que no opusieras resistencia para que no tengamos que utilizar fármacos adicionales en ti. Esperemos que tu actuación sea lo más grata posible…
La voz hizo una pausa breve y continuó:
—Debido a tu obediencia en la última prueba, te diré algo y así será consecuentemente mientras sigas cooperando. La siguiente paciente en particular desea ser fecundada de forma natural por un hombre con tus características. Tenemos análisis de tu ADN y el hijo tendrá una excelente herencia genética. Se han descubierto y se están llevando a cabo ciertas pruebas en las que las situaciones externas modifican el ADN… pero también aceptamos otorgar estos servicios. Por lo tanto, la mujer a la que tienes que depositar tu semen es la esposa de un senador de un país que no puedo mencionar. Dará a luz a un hijo sano que con su esposo no podría serlo. Sigue cooperando y te diremos más información.
Mark se pasó una mano por la cara, frustrado.
—Wow… no sé si sentirme bien o solo me tratan como un puto objeto…
La voz respondió con tono casi divertido:
—Disfrútalo. Adelante, paciente.
La gran puerta metálica se abrió con un siseo. Entró la nueva paciente.
Era una mujer de unos 35 años, extremadamente bien conservada. Su cuerpo gritaba dedicación: piel bronceada y suave, figura tonificada por gimnasio y buena alimentación. Tenía unas nalgas enormes, redondas, firmes y jugosas que se movían con cada paso, hipnotizantes. Sus tetas eran grandes y pesadas, pero no tanto como ese culo espectacular que dominaba su silueta. Cintura marcada, piernas largas y fuertes, y una cara bonita con labios carnosos y ojos oscuros llenos de deseo. Caminaba con confianza, completamente desnuda, con los pezones ya duros y su coño depilado brillando ligeramente.
Iba a decir “hola” cuando la voz del comunicador la interrumpió con firmeza:
—No puede hablar, paciente. Siga el formato.
La mujer obedeció al instante. Se subió a la cama, se puso en cuatro patas frente a Mark y movió su culo enorme de un lado a otro como una perrita en celo. Sus nalgas grandes y redondas se separaban ligeramente con el movimiento, mostrando su ano apretado y su coño ya mojado. Lo miró por encima del hombro con una sonrisa lujuriosa y sumisa.
Mark sintió cómo los químicos en su sangre le encendían la sangre. Su verga se puso dura casi al instante, gruesa y venosa.
Se arrodilló frente a ella y, sin piedad, le metió la verga hasta el fondo de la garganta. La mujer soltó un gemido ahogado pero no se resistió. Mark le agarró la cabeza con ambas manos y empezó a follarle la boca con fuerza bruta, embistiendo profundo, haciendo que babeara y que sus enormes tetas se balancearan violentamente.
—Joder… qué boca tan caliente tienes, puta —gruñó Mark, hablando sucio mientras la usaba—. Trágatela toda.
Después de varios minutos de follarle la garganta sin misericordia, sacó su verga brillante de saliva y se colocó detrás de ella. Quedó impresionado por ese culo monumental. Lo abrió con ambas manos, admirando el ano rosado y apretado.
—Hostia… mira ese culo tan grande y rico… voy a destrozártelo.
Escupió sobre su verga y empujó contra su ano. Entró poco a poco al principio, pero luego con saña, metiendo toda su verga gruesa hasta el fondo. La mujer arqueó la espalda y soltó un gemido ahogado de placer y dolor. Mark empezó a follarla salvajemente, agarrándola de esas nalgas enormes, separándolas y embistiendo con fuerza. Cada estocada hacía que su culo rebotara y chocara contra sus caderas con sonidos fuertes y obscenos.
—Esto es un culo de puta… ¡míralo cómo traga mi verga! —gruñía Mark mientras la follaba cada vez más duro, sudando, pellizcándole las tetas desde atrás y tirando de sus pezones—. Te voy a llenar este culo tan rico…
No aguantó mucho más. Empujó hasta el fondo y se corrió con un rugido, inundando el interior de su culo con chorros espesos y calientes de semen. Siguió embistiendo mientras se vaciaba, viendo cómo el semen blanco salía alrededor de su verga.
La mujer, todavía en cuatro patas y temblando, se giró cuando él salió. Le limpió la verga con la boca, chupando con devoción cada resto. Los químicos hicieron efecto de nuevo: en menos de un minuto Mark estaba duro como piedra otra vez.
La voz del comunicador regresó:
—Excelente, Mark. Pero la prueba no acaba aquí. Hemos puesto algunos medicamentos adicionales en ti. Atenderás a dos pacientes a la vez.
La puerta se abrió de nuevo…
Mark apenas tuvo tiempo de procesar cuando la puerta se abrió de nuevo. Entró la segunda paciente.
Era una mujer joven como de 20 años de aspecto asiático, extremadamente pequeña —no medía más de 1.15 metros—, pero con proporciones que desafiaban toda lógica. Su cuerpo era delicado y fino de cintura y piernas, pero sus tetas eran descomunales, mutantes, pesadas y redondas, tan grandes que le llegaban casi hasta las rodillas. Se balanceaban pesadamente con cada paso, con pezones grandes y oscuros. Tenía un culito pequeño pero redondo y
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