En los primeros meses de casada todo marchaba bien, tenía buen sexo con mi esposo… bueno eso es lo que yo creía, pero todo cambia a partir de que el empezó a traer a sus amigos y a algunos familiares a tomar a nuestra casa.
Mi esposo había sido el primer y único hombre con el que yo había tenido relaciones sexuales.
Un fin de semana vino acompañado de su padre, venían medios tomados a seguir la fiesta aquí en la casa, desde que mi esposo me lo presentó hubo algo muy raro con él, no se si fue su forma morbosa de mirarme o su desfachatez al hablar, pero a mí me encantó, me hizo sentir cosas que nunca había sentido.
Entre una cosa y otra, mientras hablábamos supe que era viudo y que era un macho en todo el sentido de la palabra, yo hice un comentario en la charla, dije que, si a mi esposo lo veía con otra mujer, le tiraría las cosas a la calle y él me dijo que, si una mujer se lo hacía, le daría una paliza y la sacaría desnuda a recoger una a una sus cosas y luego la castigaría dejándola desnuda en un rincón.
No sé porque, pero esas palabras de aquel hombre me llenaron de excitación. Me imaginaba que yo era la mujer que le tiraba las cosas y el me hacía lo que dijo.
La reunión seguía y yo ya me había tomado algunas copas de más. Me pareció observar que aquel hombre se hacía el tonto, como que bebía mucho, pero en realidad no era así, pero mi esposo estaba cada vez más tomado y yo cada vez más coqueta.
Disimuladamente le abría las piernas a mi suegro para que me viera mi ropa interior. Y podía ver que él jamás se perdía ni una sola de estas oportunidades de verme.
Mi esposo termino por quedarse completamente dormido y yo me quede sola con mi suegro, me levante un momento para ir al baño, momento que él aprovecho para esperarme en el pasillo.
Cuando salí lo vi parado esperándome, sin mediar palabra alguna, me dio un beso en la boca que me hizo temblar de pies a cabeza, el cual le correspondí de manera ardiente.
El me volteo de espaldas y me abrazo por atrás, besando mi cuello mientras me decía palabras subidas de tono en mi oído, me decía que se me notaba que me enca