Parte 1
Estaba solo en mi cuarto, sentado en la orilla de la cama con el reloj en la muñeca, mirando la pared como si tuviera las respuestas.
Natalia.
De todas las morras que tenía alrededor, ella era la más peligrosa. No era como Melissa, que se rompía con celos y cariño. No era como Andrea, que se humillaba fácilmente. Natalia era cabrona, lista, orgullosa y con un carácter de mierda. Si me equivocaba al manejarla, podía destruirme. Tenía contactos, era vengativa y sabía exactamente cómo joderme la vida.
Pero al mismo tiempo… era la pieza que más deseaba romper.
Quería verla destruida. Quería que la misma Natalia que me dejó hace ocho meses terminara arrodillada, suplicando mi verga, grabando videos como la puta más barata y ayudándome a expandir el negocio. Quería borrarle esa actitud de superioridad y convertirla en mi perra personal.
Tenía miedo, sí. Pero también tenía el reloj… y tenía a mis putas.
Les mandé mensaje a las cuatro al mismo tiempo:
Alex: Necesito su ayuda. Quiero traer a Natalia y romperla por completo. Rentaré una casa apartada para tenerla encerrada varios días. Necesitamos lana para la renta y para comprar juguetes, cuerdas y todo lo necesario. ¿Me ayudan?
Las respuestas llegaron rápido.
Melissa: Cuenta conmigo. Mañana le robo a mi mamá lo que pueda.
Jackie: Jajaja por fin vamos a poner en su lugar a esa arrogante. Yo pongo lo que tenga.
Camila: Yo también ayudo… pero tengan cuidado, Natalia es peligrosa.
Andrea: Haré lo que me pidas, Alex.
En menos de dos días ya tenía el dinero suficiente. Melissa robó una cantidad importante de la cartera de su mamá. Jackie vendió unas cosas y Camila sacó sus ahorros. Hasta Andrea contribuyó con lo poco que tenía.
Renté una casa modesta pero perfecta: en un barrio tranquilo de Iztapalapa, con sótano habitable, sin vecinos cercanos y paredes gruesas. Nadie iba a escuchar nada.
Ya tenía todo listo: colchón en el piso, cuerdas, esposas, mordazas, plugs anales, vibradores, pinzas, látigos y varias cámaras para grabar cada segundo de su destrucción.
Ahora solo faltaba hacer que Natalia viniera.
Le mandé un mensaje sencillo:
Alex: Tengo un plan de negocios serio para expandir lo que estamos haciendo. Quiero que ganes lana tú también. Ven mañana en la tarde a la dirección que te mando. Solo tú y yo. Te conviene.
Natalia tardó unos minutos en contestar:
Natalia: Más te vale que no sea una mamada, Alex. Ahí estaré.
Sonreí al leerlo.
No tenía idea de lo que le esperaba.
Esto ya no era solo diversión ni poder.
Esto era venganza…
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