Bajando los escalones que me llevan a las celdas ocultas de la parroquia, me dirijo al cuarto donde poseo todos mis secretos, mi lugar más íntimo. Mi vida resumida en un viejo baúl que he guardado celosamente desde mis inicios como líder de la parroquia y que me recordaba porque estoy aquí. Después de retirar el candado vislumbro con el corazón agitado cada instrumento de dolor y placer. Látigos, esposas, mordazas, pinzas para pezones, un collar de esclava, entre muchas cosas más. Acaricio cada instrumento que se siente como el cuero sagrado de la biblia y mi éxtasis sensorial de dispara. En el fondo del baúl noto la máscara de látex, aquella compañera de sufrimiento, gozo y placer desmedido que me lanzó a un abismo perjudicial y nocivo pero que ahora me reclama.

Al finalizar la misa, le ordené a la hermana Victoria pasar a mi despacho, una vez allí le pedí que me acompañara al vivero con la excusa de revisar las hortalizas, ella aceptó. Caminando delante de mí, podía ver la forma de su culo redondo contonearse en provocación, sabía perfectamente que la estaba mirando. En mi mente solo había un pensamiento, azotar ese hermoso culo. - No creas que he olvidado tus palabras Victoria, pediste castigo, castigo te daré. Purgaré cada uno de tus pecados, alimentaré cada uno de tus demonios y luego, querrás más y más. Siempre quieren más, - dije para mis adentros. Una vez en el vivero, y después de revisar que nadie más estuviera cerca, vendé sus ojos con la estola. – ¿Qué hace padre Alexander?, - dijo Victoria en un gesto de sorpresa. Calma hermana Victoria, recuerdas cuando me pediste que te castigara, pues eso haré. – dije en un tono tranquilo y suave. Ahora, sé una buena niña.

Guiándola con delicadeza por las escaleras tenuemente iluminadas por velas, llegamos al cuarto de mis secretos. Su respiración estaba agitada, podía sentir sus nervios, su impaciencia. - Padre Alexander, qué está pasando, donde estamos, qué hac…, - Sshh hermana Victoria, - dije colocando un dedo sobre su boca. No tienes porque sentir miedo, hemos venido a liberar tus demonios y los míos, a exorcizar todos nuestros pecados. Ahora pórtate bien y sé una niña muy obediente. – Pero padre, de qué está hablando – dijo nerviosa y acto seguido metí un pañuelo en su boca. Obediente Victoria, sé obediente.

Noto como tiembla cada centímetro de su cuerpo, su respiración agitada y expectante son una invitación a poseerla. Retiro suavemente su habito, dejando al descubierto su ropa interior a juego. Un lindo conjunto de encaje blanco como sus vestiduras santas y unas medias de liguero negro hasta sus muslos suaves y perfectos. Sus pezones se muestran detrás del encaje de su sostén y esa línea de vello en su monte de venus que se pierde en sus labios carnosos y caen como manto sobre su clítoris. ¡Virgen Santísima!

Deslizo suavemente mis dedos sobre su panti y la despojo de ellos y obligándole a separar más sus piernas. De rodillas ante su belleza puedo oler la humedad de su sexo y paso mi lengua muy suavemente en su clítoris haciéndola estremecer. Puedo notar como sus jugosos mojan mi lengua y al separarme, un hilo de mi saliva y su néctar nos une. Sus piernas tiemblan, sus jadeos incrementan al sentir como muerdo su pezón y un leve quejido se filtra tras el pañuelo en su boca. Hago círculos suaves en sus pezones mientras mis manos preparan la carne para su castigo. Escucho sus gemidos, sus suplicas impuras pidiendo más, su sexo palpitar y el sabor de sus pezones erectos llamando a mi condena una vez le despojo de su sostén. Sin duda me vuelve loco.

Después de provocar pecados en su cuerpo, me separo ella para contemplar lo que será mi próximo sacrificio. Observo detenidamente cada detalle de su esbelta figura, sus pechos perfectos, su culo tonificado, sus piernas que me harán perderme en su sexo y los brazos que se aferrarán a mi castigo pidiendo más. Mi mente me castiga, mi fe me condena, pero mis demonios la claman. Estoy perdido.

Retiro el pañuelo de su boca, húmedo de su saliva sedienta de sexo, ese mismo que me hace recordar como tragaba mi semen caliente en la mesa de consagrar, ese día entendí que yo era su vino sagrado. Dejé el velo sobre su cabeza para recordar lo sucia que era, y esposé sus manos a los grilletes que colgaban del techo. - ¿Qué esta haciendo padre Alexander?, ¿Por qué me esta atando? – chilló asustada, mientras hacía lo mismo con sus pies.

En el cielo seré tu padre y Dios tu creador, en mi infierno seré tu amo y tu educador, en el cielo rezarás por tus pecados y en mi infierno te liberarás de ellos. En el cielo serás la hermana Victoria y en mi infierno serás mi puta Victoria – susurré en sus oídos después de crucificar su voluntad a mis más oscuros deseos.

Podía ver como lágrimas de miedo rodaban por sus mejillas mientras intentaba soltarse de los grilletes. Gritaba aterrada, tal vez por la incertidumbre, el miedo o quizá la duda. Nada de eso importaba, ahora sería solo mía. – Puedes gritar todo lo quieras hasta cansarte, aquí nadie de escuchará Victoria. Contrario a todo lo que puedes estar imaginando, aquí solo conocerás la mezcla del dolor y el placer; de la sumisión y la entrega y sobre todo, la absoluta obediencia. No te haré daño, no más del que puedas soportar y disfrutar, todo depende ti, mi querida Victoria.

Coloqué una mordaza de aro en su boca atada a la parte trasera de su cabeza, retiré la venda de sus ojos para que pudiera contemplar mi lugar secreto. Sus ojos se abrieron como platos, brillaban entre una nube de lágrimas. Me senté a observar como detallaba cada objeto de la habitación, látigos, esposas, dildos, cadenas, un columpio, y todos y cada uno de los instrumentos con los cuales doblegaría toda su voluntad y obediencia.

Azoté su culo con mi mano y tomé su rostro en mis manos, - vas a disfrutar como nunca, vas a suplicar por más, orarás a nuestro señor porque esto nunca termine, y me rogarás a mi porque nunca te deje, - afirme cerca de su boca y mirando sus ojos profundos.

Chupé sus pezones con fuerza hasta hacerla gemir de dolor y coloqué suavemente las pinzas sobre ellos. Era toda una obra de arte ver sus tetas bañadas en su propia saliva y lágrimas. Me sentía muy excitado. Lamí su rostro saboreando el sabor de mi Victoria, me despojé de mi sotana y me coloqué la máscara, esa que tantos recuerdos me traía. Dejando solo mis pantalones puestos y una erección me empezaba a notarse, tomé la fusta más delgada y acaricié suavemente su cuerpo con ella hasta llegar a su sexo, para darle un pequeño azoté en su clítoris. Sus gemidos y sus inútiles intentos por soltarse me calentaban. El sobresalto que le provocó el azote marco mi partida.

Bebe agua bendita Victoria, bebe hasta que tu cuerpo arda en mis demonios, - dije, mientras derramaba sobre su boca pequeños chorros del líquido sagrado para saciar su sed. Sus tetas, su abdomen y sus piernas mojados eran la caricia que mi fusta necesitaba.

Tome un dildo anal y lo remoje en su boca llena saliva, - esto te encantará Victoria. Pude notar el terror en sus ojos, suplicando que no lo hiciera. La incliné hacia adelante aflojando las cadenas, me arrodillé ante su hermoso culo y pasé mi lengua sobre este, haciendo círculos alrededor hasta verlo mojado y finalmente lo escupí. Con suavidad introduje poco a poco el dildo mientras ella se gemía de dolor y en un arranque de deseo desmedido, lo impulsé hasta el fondo hasta escuchar un fuerte alarido. No tenía salvación, me encantaba verla sufrir.

Tomé la fusta más delgada entre mis manos y azoté sus tetas, su culo, sus piernas, bajo el canto de sus gemidos, abriendo la puerta a todos mis demonios presos por tanto tiempo. Ahora yo me libero en ti mi hermosa puta, - oraba mientras la azotaba. Libero todos y cada uno de los espíritus que reclaman tu cuerpo cada noche, libero tu alma para unirla con la mía, somos carne, somos fuego, cielo y el infierno. Serás mi sierva, mi puta, mi condena y mi salvación.

Las marcas empezaban a notarse mientras sentía como mi deseo danzaba en mis adentros. Repite en tu mente Victoria, - brame de furia mientras la azotaba con fuerza, - uno, dos, tres, como la divina trinidad; el sonido de la fusta era un placer. Su cuerpo se retorcía de dolor y cuando note la humedad de su sexo descendiendo por sus piernas, la masturbe con mis dedos mientras relamía sus tetas mojadas. Oh, Victoria, quien creería que la rudeza de tu padre te mojaría tanto. Ni parece que te gusta, ni parece que disfrutas cada uno de mis azotes. ¡Lo sabía, en el fondo eres una puta! – dije mientras la destrozaba por dentro con mis dedos frotando su punto G hasta hacerla estallar en lágrimas doradas sobre mi cuerpo. Bendíceme, señor.

No hemos terminado mi querida puta, - dije mientras aflojaba las cadenas para tenerla de rodillas ante mí. Levante su rostro mojado y visiblemente agotado, - mírame puta, mira a tu Dios verdadero, el único que será capaz de otorgarte el placer que nuestro señor no te da. Bajé la cremallera de mi pantalón, liberando una contundente erección, la tomé por su velo enredado entre sus cabellos y hundí mi verga hasta lo más profundo de su garganta, dejando escapar mis gemidos y escuchando los suyos entrecortados por la saliva y su intento por respirar. Chupa, puta, ¡chupa! – grité mientras me sumergía en ella con mas fuerza. Follaré tu boca pecadora Victoria, la follaré hasta que no quede ni un solo rastro de tu dignidad y tragues mi vino hasta ahogarte en el.

Apretando su cabeza contra mi pelvis podía sentir el latir de su corazón en la punta mi verga, el calor de su garganta subiendo por mi cuerpo y mis embestidas frenéticas elevando todo mi ser. Mírame puta, mírame a los ojos, - le decía mientras entraba y salía de su boca como un enfermo. Mira lo que has hecho y ahora tú vas a pagarlo. Acto seguido, me derrame en su boca apretando fuerte su rostro contra mí, ella no dejaba de mirarme, sus ojos lloraban, y su respiración se perdía. En un intento por respirar mi semen salió por su nariz y boca, atragantándose y yo; yo no saqué mi verga de su boca hasta verla desfallecer.

Boca arriba y abierta de piernas, acariciaba cada marca como las páginas de la biblia. El relieve de estás y las leves gotas de sangre que emanaron, me incitaban nuevamente a la locura. Besé sus labios con sutileza, aún manchados de mi semen y el recuerdo de sus gemidos que me provocaron un estallido. Relamí cada fluido que brotó de su sexo, de su cuerpo inmóvil en mis manos.

Mientras entraba y salía de su vagina húmeda con delicadeza, suspendida boca abajo en el columpio de techo, calentaba a fuego lento la marca del maligno. Con mis dedos frotaba la entrada de su culo y la escupía para lubricar mejor mi próxima jugada. Luego escuché unos leves gemidos. Despertaste mi puta, - dije sin dejar de lubricar su ano. Creí que te había perdido, - reí con burla. Hijo de puta, - grito intentando zafarse de su amarre. ¡Casi me matas, maldito enfermo! Cuidado con esa boca puta, acaso quieres volver a ver querubines, - reí con más fuerza.

Le di vuelta en el aire y tomándola por el rostro con una mano, dije, - te gusta todo lo que te he hecho Victoria, los fluidos que brotan de tu cuerpo no mienten, tus ojos llenos de pecado piden más como ahora, tu cuerpo clama tener mi verga dentro de ti sin importar la forma. Dejándola en cuatro nuevamente el aire, lamí su ano hasta escuchar sus gemidos, sus fluidos comenzaban a emanar de nuevo de su vagina y mi verga nuevamente estaba lista para abrirse campo en ese culito bendito. No por favor, por el culo no, - gimoteo asustada. Mi querida puta, por donde yo quiera y como yo quiera, - dije mientras la empalaba con fuerza por su culo y un grito ensordecedor de dolor salió de su boca. Su dolor me volvía loco, mis sentidos me abandonaban y con furia mi verga atravesaba su culo una y otra vez. Sus gritos de dolor empezaron a mezclarse con placer y veía como sus fluidos anales se mezclaban con los míos. Apretaba sus tetas, y tiraba de la cadena que había puesto en su clítoris sujetado por una pinza mientras estaba desmayada. El sudor de su cuerpo y el mío, los gritos y gemidos que profesábamos ensordecían cualquier plegaria divina.

Tienes el culo más rico que mi verga a probado jamás mi puta, - afirmaba entre gemidos. Si amo, mi culo es todo suyo ahora, por favor no pare de bendecirme, - dijo Victoria mientras la follaba con la fuerza de un animal. Entre los gritos de placer que salían de mi puta, y el calor ferviente de su cuerpo, acerqué el azadón a su culo y marqué su cuerpo con la inicial del maligno. Entre el dolor de mis embestidas y el calor del hierro, los gritos de mi puta me arrojaron al abismo del orgasmo, del éxtasis. Un pecado sin retorno.

Ahora me perteneces, tus pecados son solo míos, tus pensamientos, tus más íntimos deseos. Tu cuerpo. ¿Entendiste puta? - Dije orgulloso mientras contemplaba la inicial de mi nombre marcada en su nalga.

Si mi amo.