Mes de diciembre.
Época de fiesta, descontrol y licor, y esa sensación contenta de que todo será mejor en cuanto pare la mesa.
Banquetes por doquier, fiestas y novenas, cada quien acompasado de su mujer, sintiéndole la más bella.
Eso de ser amada ya lo sabía desde pequeña: le tocará a las otras. Yo no busco al que me mantenga. Solo quiero que me cojan sin pereza ni jodencia.
No quería ser amada, no quería esa mierda, quería una fornicada con quien yo quisiera, libre de culpas, de sentirme una cualquiera.
Tendría 19 años cuando conocí a dos más grandes. Estos eran hermanos: Andrés y Pedro llamaremos. Bellos, mucho más altos, jóvenes y esbeltos.
Aunque inexpertos, se dieron a sus mañas para hacérmelo con gusto, para hacérmelo con ganas… y el DP, te lo cuento sin tanto drama.
La excusa: una fiesta. El obsequio: una botella. Coquetearles por aparte, decirles que su hermano es más lindo… nada más fácil de caer que el ego de un macho herido.
Y así, cuando están ofendidos, te cogen como a rata. Se les olvida que uno es hasta 30% más pequeña. Todo les importa un culo, eso duele un poco, pero me terminó aguantando más por presión quizás que por placer, verás.
Estos dos, hermanitos ellos, ya los había conocido, nunca tratados juntos. A cada uno por su lado le hacía miraditas y mostrada de escote (que siempre se note que tengo tetas para que las imaginen, que boten).
Había fiesta y rumba (reitero lo anterior porque es la razón por la cual más de uno se ha llevado de mi culo mi sudado calzón, mojado de la emoción). Su trofeo les dejo, pero lo cobro, porque no tengo nada de pensamientos pendejos.
Están los hermanitos reunidos y los miro desde lejos: desde hoy serán hijitos aunque sean super altos. Quiero que me den dedito, me imagino cada lengua en cada uno de mis huequitos, que me la empujen con ganas y me lloren los ojitos.
Me acerco con una botella y mi escote ceñido. Están con unas viejas, pero yo que no nací en bonito gano en personalidad y tetas (bendición de mi Diosito que el diablo aprovecha para enamorar viejitos). Esas viejas se aburren, me los quedo solitos.
Trago va y trago viene, el tequila me los deja mariaditos. Hablamos de experiencias, se calientan de a poquitos. Jugamos algunos retos y uno rico fue verlos juntitos lamiendo la sal de mis tetas y tomarse un tequila de mis labios.
Experiencia infernal y celestial a grados ínfimos. Hermoso manjar celestial destinado al pecado y sacrilegio.
Cuando ya estábamos calientes y yo, de inteligente, les hice darse un piquito para saber qué tanto podía regalarme para hacerlo chido.
—Ustedes no podrían conmigo.
—Te rompemos.
—Ja, entre los dos, y sufren.
—¿Por qué lo dices, mujer?
Un hombre asustado es obediente cual soldado.
—Porque les va a dar pena con el otro.
—Qué mentira —dice el menor—, si nos conocemos de por vida y nos bañamos juntos.
Ya todo conocido, sin complejos pendejitos. Decidido está el hombre cuando la verga le calienta y sabe que al frente está la hembra esperando penetrarse con esa carne colgante como trompa de elefante.
Envidia sí me da un poquito, quisiera algo que meterle a los hombres en el culito. Ojalá pudiera con una teta… soy medio puta, medio enferma.
—Y qué, ¿vamos entonces?
—Y que de una.
Salimos de la discoteca, acabamos la rumba en una ciudad pequeña a las 3 a.m. Todos duermen tras sus puertas. Y las que somos más putas abrimos entonces las piernas a esas almas vagabundas que andan por ahí ligeras.
¿Cuántos chicos no me he follado en una esquina pasajera solo por andar de pajera mirando el porno que ya se queda corto a mi gusto enfermo a fondo?
—¿Que si vamos o qué, mis amores?
—Y que de una.
Caminan como idiotas y yo con mi carita de tonta de “me estoy dejando llevar”, cuando ya tenía decidido que uno se quedara con mi shortcito y otro con mi bra.
Puta fina sería la que no se va sin cobrar al menos un pedazo de alma (cuando hasta bruja puedo ser). Pero no quiero espantar a los fans que al inbox me escriben.
Prosigo… Me tomo al más pequeño, el más decidido. Mientras vamos por la calle cerca al cementerio público, pasamos sin agüero y yo, que mis mañas tengo, me los llevo a los dos para dentro.
Tomo primero al más pequeño y le bajo sin asco el pantalón. Su verga a fondo, le late fuerte el corazón. Quiere gemir, pero le callo y su hermano se acerca con la verga en la mano, que me turno en la garganta.
Me sacan las tetas y el frío las levanta. Me siento la más puta, pero así se disfruta. A ellos les encanta y a nosotras, qué rico cuando nos maltrata.
Le tomo las manos al menor y lo obligo a empujarme la cabeza con cierta violencia en la verga hermosa de su compañero. Entiende el juego y me coge con ganas, me obliga a atragantarme, me pone una cachetada y luego dos, me coge del pelo y sin mucho pensar me pone de espaldas contra un muro helado.
Mis tetas se congelan. Él no pierde ritmo, me levanta una pierna y le dice al mayor que le da el honor. Se lo toma todo en serio. El mayor guarda silencio (supongo está muy ebrio y se le nota bastante). Se cae de espaldas y dormido contra una tumba queda.
Me río en su cara, pero no puede levantarse. Mas el menor se ríe un poco, se siente victorioso, mira a su hermano caído y como boxeador vencedor se da por bien servido de que me tiene para él solo y de que perra como yo solo esa noche habrá visto.
Maldito confianzudo me va dizque diciendo “me mamas el culo”. Yo buscando un dominante y me sale un pasivito. Igual placer para todos hay.
Me pongo high con algo de ganja, audífonos a todo volumen, le digo que se gire, le escupo el culo, le meto la lengua. Se ahoga en un suspiro.
Le chupo los pelos de las huevas y los halo levemente con los dientes (toma nota, reina, que hablas con la plena). Le quito los bóxer, se los meto en la jeta, le escupo de babas el trasero que se le enrede lo mojado entre los pelos.
Le doy lengua sin asco, sin agüero, sin miedo. Se siente extasiado, la verga está parada. Yo un poco decepcionada, me quiero sentir violada.
Le agarro la verga cuando más firme estaba y me la empujo por el culito, sintiéndome dolida porque eso quería: llegar desgarradita, que me cueste sentarme.
Le agarro el cinturón, le rodeo la espalda y empiezo a jalarle hacia mi cuerpo. Está muy excitado y yo aprieto el ano como si en ello se me fuera la vida. Es un callejón sin salida.
—Solo mételo con ganas, hazme tu putita —le digo mientras la lengua que tuvo en el culo ahora le susurra al oído que le dé como un castigo.
Bobo mk, dizque “te lo echo en la cara”.
—Déjalo en mi culo, quiero sentirla toda, esa leche resbalando y saliendo de mi cola como si me estuvieran ordeñando tu semen de mis nalgotas.
Se viene este perro y creyó haber terminado. Lo pongo de rodillas, le halo del cabello, lo tengo dominado, lo arrojo al suelo y como premio de consuelo me le cago de su suero de mi culo a su carita.
No le gustó tanto.
—Ya luego te acostumbras —le digo entre risas y llantos.
Se siente medio violado el pendejo y se sienta a un lado.
—En mi cartera hay cigarros, fúmate uno que merecido lo tienes.
—Gracias, merci, gracias… es todo lo que acierta.
—¿Te importa —le digo— si de pura fuerza violo a tu hermano?
—No le molesta, hágale con ganas.
Es un poco profético que en pleno cementerio tenga a este medio muerto pero con la verga paradita. “Hizo efecto mi pastilla”, me digo en voz bajita.
Disfruto de lo mío, le mamo esa verguilla. Él despierta por momentos, pero para entonces ya tengo esa verga ensalivada y metida entre las nalgas. Noto apenas que mi chochito se quedó huerfanito.
Mi DP tendrá que esperar, me digo mientras me follo al hermanito hasta que me aburro un poco y lo dejo ahí solito.
Me paro, me limpio y le digo al otro que me voy:
—Adiós, amiguito, que como lo dejo así… a mí no me importa.
Llamo a Sebas, mi polvito de confianza. Me recoge y a mi casa. Él me conoce, no pregunta nada.
Si les gusta avísenme, los comentarios son lindos. Pero lo que me digas en privado, dímelo en público jajaja.
Lo dejo con algunos errores intencionales porque aquí no hay IAs ni mamadas, solo deseo, sexo y muchas ganas.