Finalmente llegó el momento tan esperado (y tan temido por mí), escuche como la llave entraba en la puerta, con ese característico sonido metálico… mientras iba girando, yo tragaba saliva, sentía que mi corazón galopaba a mil latidos por segundo, casi podía sentirlo tratando de salirse de mi pecho.

Mientras me repetía a mí misma, ya por enésima vez, que me quede tranquila, que todo iba a estar bien. Que mi mamá ya lo sabía todo… es más, ella lo había planeado todo, yo no tenía que ponerme nerviosa, porque en realidad estaba todo bien… iba a estar todo bien… ¿realmente iba a estar todo bien? – Si, iba a estar todo bien.

Esos segundos mientras la llave giraba adentro de la cerradura de la puerta, me parecían eternos, más que segundos, parecían minutos. Del otro lado de la puerta, se podían escuchar unas voces, pero muy tenues, por lo que yo no podía llegar a escuchar de lo que estaban hablando.

Tranquila Marcela, va a estar todo bien – me volvía a repetir a mí misma por vez número mil.

De pronto la puerta se abrió, y para mi sorpresa, mi mamá venía hablando con Germán de algo que les había pasado en el super.

Mamá: La verdad que me pareció re gracioso lo que le pasó a ese chico, mientras trataba de levantar la pila de latas que se le habían caído, solo lograba hacer más destrozo, y la gente no podía dejar de reírse al verlo.

German: Si, por eso me acerqué a ayudarlo, tenía cara de nene, parecía que había empezado a trabajar hacía apenas unos días, y me deba pena su cara, los ojos se les salían de sus órbitas, pobre, estaba al borde del colapso…

Mamá: Hola hija, ¿cómo estás? No sabés el papelón que pasó un chico en el super recién, se le cayó una pila de latas, en el medio del super… todos los clientes lo miraban… ese chico pasó una vergüenza tremenda hoy… eso no se lo va a olvidad nunca más en toda su vida jajaja.

German: Si, pobre, estaba colorado de la vergüenza… yo le día – mientras lo ayudaba a acomodar las latas nuevamente – que se quede tranquilo, que cosas así siempre pasan… y que menos mal que lo mandaron a acomodar latas, y no copas de vino jajaja.

Mamá: Siiii, German y sus palabras… más que tranquilizarlo al chico, creo que casi le daba un doble ataque al corazón jajaja.

Yo los escuchaba hablar a cerca de lo que había pasado en el supermercado hacía apenas un ratito atrás, y no lograba entender la situación. En mi mente, pensaba que ni bien se abriera la puerta, mi mamá me iba a encarar