Hola, tengo 29 años, mido 1.75, mis medidas son, 90-70-110, mis senos son operados, mis glúteos naturales, gracias a mi buena genetica y afición por asistir al gym, tengo el cabello lacio y largo, de color negro, soy la típica mujer latina, tes morena clara con ojos cafés.

Desde joven soy una mujer guapa, me gusta arreglarme, pero luzco bien con poco maquillaje, obviamente pocos se fijan en mi rostro con el cuerpo que tengo.

Bien, nunca fui tan buena estudiante, me gustaba echar desmadre, apenas termine la prepa me puse a trabajar, mis primeros trabajos fueron en una papelería, una tienda y hasta una ferretería.

Después de brincar de chamba en chamba pude empezar a trabajar en una refaccionaria de autopartes, para cuándo esto sucedió yo ya tenía mis 27 años. El local de la refaccionaria era pequeño, a pesar de pertenecer a una cadena de aproximadamente 6 o 7 locales más, apenas éramos 3 empleados en total más el jefe.

El mayor era Don Juan de unos 50 y tantos años que estaba en almacén, luego yo y el más joven Ramiro de 19 años, un chavito algo precoz. No era el trabajo de mi vida, pero me hacía muy feliz.

Los dueños de dicha cadena eran los tíos de mi jefe. Sus 2 tíos uno de 68 años y otro de 64, hermanos pero muy diferentes uno de otro. El mayor Enrique fue el fundador del primer local, ahora despreocupado pues ya vive más en el retiro y solo trabaja consultas que hace su hermano, Roberto que abrió el segundo local y después hicieron la unión de ambos negocios hasta los casi 6 o 7 locales que tienen bajo el mismo nombre.

Después de trabajar ahí alrededor de 5 meses conocí al mayor, a Don Enrique, cada año el jefe organizaba una comida en la cual invitaba a algunos clientes, proveedores y a sus tíos para celebrar la fecha de inauguración del local, era una tradición.

Solo vino Don Enrique, pues Don Roberto tuvo temas pendientes que resolver y no pudo asistir. Cuando Don Enrique me vió pude notar la expresión de sorpresa en su rostro, y me halago desde el saludo haciendo alucion a mi belleza.

No lo tome a mal, siempre he sabido recibir cumplidos, mi madre me enseñó a no despreciar a nadie. La comida fue amena, todos contaban anécdotas ocurridas en el último año o de algunos años atrás.

Todo resultó de maravilla y al día siguiente nos otorgaron el día de descanso, así que no fuimos hasta el día lunes.

Cuando llegue el lunes todos estaban serios, cosa que me pareció muy extraña pero había una razón aparente, Don Enrique estaba en la oficina del jefe, sentando revisando números.

De inmediato el jefe me pidió que me pusiera a trabajar y que no alzará mucho la voz porque su tío era muy estricto, así que acate sus indicaciones, pero para hacer mi trabajo necesitaba algunos papeles que estaban en la oficina del jefe así que me dirigí hacia ella y al entrar Don Enrique me recibió con la mejor de las actitudes posibles, sonriente, bromista y muy amable.

Me dijo que si me podía invitar un café y acepté, puso a su sobrino a prepararlo y después me entrevistó, me contó que el no sabía que yo estaba trabajando ahí, y que le sorepndia que una mujer como yo le gustará estar detras de una vitrina atendiendo clientes, insinuando que los hombres me comían con la mirada, le respondí que no me molestaba al contrario me gustaba mucho y que el contacto con el cliente era un trabajo que le tenía aprecio.

Luego empezó a preguntar si tenía algún compromiso, pretendiente o algo por el estilo a lo que respondí que no con una sonrisa en el rostro, notando como también a el se le iluminó la cara al escuchar la repuesta.

En fin termino la entrevista y salió del local, a partir de ese momento y en adelante las visitas empezaron a ser cada vez más frecuentes, siempre iba por las mañanas y se retiraba a medio día aunque fue aumentando su tiempo día con día.

El negocio iba muy bien las ventas se recuperaban y eso se reflejaba en más trabajo, y Don Enrique lo atribuyó a mi, dijo que mi forma de atender a los clientes era excelente tanto que creía que a veces me compraban productos que no necesitaban.

Eso me hacía sentir muy valorada y mantenía un buen ánimo para seguir trabajando mejor. Ramiro y Don Juan también estaban muy contentos con mi desempeño y el jefe ni se diga.

Un viernes cualquiera, con el jefe de vacaciones, Ramiro me dijo que tenía una fiesta con sus compas, que si le tiraba un paro y yo cerraba por esta ocasión la refaccionaria, le dije que si, el varias veces se quedaba a cerrar con Don Juan, por un día que lo hiciera yo no iba a haber problema, sin embargo Don Juan me avisa de último momento que se puso enferma su hermana muy apenado me dice que se tenía que ir y obvio lo animé a irse sin preocupaciones y justo en eso llegó Don Enrique, quien entendió la situación y le indico a Don Juan que cerrará la tienda, que no había porque dejarla abierta si no iba a haber nadie en el almacén.

Don Enrique me preguntó si también quería irme y le dije que aún no era hora y aún tenía unos pendientes, así que dijo "okey, entonces cuando tú me digas nos vamos" creí que me demoraría una hora pero el tiempo se fue volando.

Me puse de pie y fui a checar inventario, cuando de pronto sentí por detrás como Don Enrique me arrimaba su miembro que podía sentir erecto a través de su pantalón de vestir. Yo llevaba unos leggins que hacían ver más grande mi trasero y unas alpargatas sin mucho tacón.

Don Enrique dijo "Tienes un cuerpo espectacular, me tiene hipnotizado" mientras con sus manos acaricio desde mis caderas pasando por mi cintura hasta mis grandes senos. Se repego bien y sentí como estaba tan duro que estaba a nada de estallar.

Todo el tiempo que estuve sacando mis pendientes no me quito el ojo de encima, me veía de arriba abajo dejando su mirada fija en mi culo, pero no lo presenti, fue discreto o yo muy distraída.

Me contó que por las noches no podía dormir pensando en mi, en tenerme y me hizo una propuesta, me dijo que fijara un precio y el lo pagaría a cambio de estar conmigo, para esto en ningún momento me soltó al contrario comenzó a frotar su miembro contra mi culo y a oler mi cabello de forma profunda.

Yo rechacé la propuesta y me di vuelta para quedar frente a frente, le dije que era una propuesta fuera de lugar porque yo era su empleada y se podía mal interpretar, además nunca había recurrido a encuentros sexuales para mejorar mis condiciones de vida.

Y entonces aún de frente muy cerca el uno del otro, me tomo con ambas manos de los glúteos con fuerza y me jalo hacia el para posteriormente besarme, no de pico, ni mucho menos si no un buen beso, pude sentir aún su miembro erecto mientras me besaba y sujetaba mis nalgas con fuerza, yo no supe reaccionar de inmediato, mi instinto me orillo a continuar con el beso, lentamente rodee su cuello con ambos brazos y permiti que siguiera besándome mientras solté mi lengua para mayor placer.

Una cosa nos llevó a otras, el en todo momento acaricio mi cuerpo, pasaba sus manos con las palmas extendidas por mi espalda hacia mis glúteos y vísceversa, luego besaba mi cuello llevando ligeros besos hacia mi pecho, yo correspondí, y también besaba su cuello hasta que me indico la dirección donde debía continuar los besos.

Me puso en cuclillas y yo con mucha prisa le baje los pantalones y saque ese pene duro y lo metí de una a mi boca. No solo estaba duro y caliente, escurría líquido preseminal, obvio no iba a durar mucho así que lo hice despacio, mi objetivo recibir toda su carga en mi boca.

Tome despacio su pene con mi mano mientras empecé a lamer desde abajo hasta la punta terminando con besos suaves en su cabecita.

No era un pene grande, pero aún tenía buen tamaño a pesar de la edad, un pene grueso, después de lamerlo por completo y ya totalmente ensalivado, comencé a succionar lo despacio, desde los 15 años me ha gustado siempre la sensación en mi boca al mamar un pene y ahora estaba tan caliente que mamar este pene viejo pero cuidado, me motivo a comenzar a hacerlo de forma cada vez más brusca.

Me detenia a lamer sus testiculos, tenía poco vello entonces la sensación en mi lengua era aún mejor. Posteriormente volví a meterme toda su verga a mi boca e intente hacer arcadas, solo unas cuantas bastaron para motivarlo a dejarme su descarga en mi garganta.

Sabía bien, no estaba tan liquido y me costó pasarlo pero, aún con todo su semen en mi garganta con mi lengua limpie bien su pene mientras se iba poniendo flácido.

Después le subí los pantalones y cuando me puse de pie quiso seguir con los besos. Yo no me negué, estábamos como al principio. Después nos separamos y comenzamos a reírnos.

Me dijo que me llevaba a mi casa, yo tenía auto, así que rechacé la propuesta amablemente. Guarde mis papeles, comenzó a apagar todas las luces y salimos por la puerta trasera, nos despedimos con un par de besos y me nalgueo suavemente antes de irme.

Subí a mi carro el a su camioneta y nos fuimos a casa.

Fin de la primera parte.