Tengo 33 años, estoy soltera, con pareja esporádica y lesbiana convencida.

Me gustaría compartir con vosotras mi iniciación y convencimiento de mi lesbianismo.

Vengo de una familia burguesa bien posicionada de Barcelona, es decir, educación eclesiástica (Colegio de Monjas) y poco ó nulo contacto con chicos.

Un día al volver del Colegio (Tenía 17 años, camino de los 18) para casa, me sorprendió que al abrir la puerta no notase ningún ruido.

Supuse que la chica del servicio (era interina, vivía en mi casa), habría ido a comprar y por eso no había nadie.

Dejé mis cosas en mi habitación y me acerqué a la cocina para merendar.

De repente noté un ruido que venia de la habitación de la asistenta (La cocina tenía 2 puertas, una daba al pasillo y la otra a la habitación y cuarto de baño de la chica de servicio).

Poco a poco me fui acercando a su puerta, que no estaba cerrada sino entornada, y entre la rendija pude mirar furtivamente lo que estaba ocurriendo: se estaba masturbando.

Estaba estirada en la cama y note que se acariciaba el clítoris con una mano y con la otra un pezón.

Al verla, me estremecí, me quedé petrificada y me recorrió por todo el cuerpo una sensación extraña. Me excitó y me gusto ver como se masturbaba.

Pilar se dio cuenta que la miraba y de repente al verme se incorporó y se tapó. Yo al ser descubierta, salí corriendo hacia mi habitación.

Al cabo de unos instante Pilar vino a mi habitación y me dijo “Marta, perdona por haberte asustado no me había dado cuenta que habías llegado. Por favor no digas nada de esto a tus padres”.

“No te preocupes, no diré nada” le contesté.

“Gracias Marta, supongo que tu también te has masturbado? y por eso me entiendes?” me dijo Pilar.

Eso me mató, jamás lo había hecho, y le dije: ” no te puedo entender jamás lo he hecho” y no sé por qué le apostillé “¿Me querías enseñar?”.

De pronto Pilar se acercó a mi y suavemente me besó en la boca, fue desabrochando el uniforme del colegio poco a poco, hasta dejarme desnuda.

Me estiró en la cama y suavemente me fue acariciando el clítoris, mientras me mordisqueaba los pezones.

La sensación que sentí fue la más maravillosa que jamás había sentido.

Me introdujo sus dedos por mi vagina poco a poco y me corrí por primera vez en mi vida.

Esta relación duró aproximadamente 2 años, hasta que un día mi madre nos descubrió mientras nos lo montábamos en casa y ella fue despedida.

Desde aquel primer día mis relaciones siempre han sido con mujeres y la verdad no he echado en falta la presencia de un hombre.