El día transcurrió normal, cada uno en su trabajo como todos los días. Pero yo no podía sacarme de la cabeza la última noche. Había sido la más excitante y completa de las veces que lo habíamos hecho. Y no podía esperar a repetirlo.
Cuando finalmente nos vimos a última hora de la tarde procuré por todos los medios de llevarla a mi casa. Ella vio mi excitación y se mostró conforme y divertida. Pero llegamos con la condición de que no volviéramos a hablar en la cama de nada del pasado. Aceptado, por supuesto.
Pero no lo cumplimos. A los cinco minutos de estar cogiendo comencé con las insinuaciones sobre el negro y Debora se enganchó de inmediato. Acabé muy rápido mientras le gritaba "puta" y ella me amenazaba con seguir cogiéndose al negro. Fue un polvo magnífico e increíblemente excitante. Desde esa noche ya no fue tabú hablar de lo que nos estaba excitando en la cama.
Al otro día la sorprendí pasándola a buscar por el jardín de infantes. Por supuesto, había un motivo oculto. Unas horas antes había pasado por lo de Martín y escuché los comentarios con sus amigas. No habían sido tan verborrágicas como otras veces, pero había alcanzado para confirmar que nuestros últimos dos encuentros resultaron espectaculares también para ella, aun cuando ella no lograra acabar.
Por supuesto, mi nuevo amigo me acompañó a la salida del jardín. Ahora que conoció a las chicas hizo un buen despliegue de todas sus artimañas de seductor. Vi cómo todas estaban receptivas con él y cómo de a poco fue metiéndose a cada una de ellas en el bolsillo. Incluso a mi novia. No me quedaron dudas de que terminaría cogiéndose a todas en poco tiempo. Quizás mi novia quedaría fuera de esa lista por una cuestión de lealtad hacia mí. Sólo quizás.
La plena conciencia de tener a mi lado a Martín y a mi novia y no saber a ciencia cierta si me serían leales me hizo crecer la pija dentro del pantalón.
Vi cómo todas le dieron su celular y cómo Debora se lo comió con la mirada cuando le dio el de ella. Me pregunté si al coger esa noche con mi novia no fantasearía con la posibilidad de coger con Martín.
Pero ni cogimos ni fantaseamos con Martín. Porque a las ocho de la noche la llamó el negro.
La llamada cuando ella estaba justo en frente mío. Y sólo ver su expresión supe quién era. En un breve segundo su rostro recorrió la sorpresa, la alegría, la excitación, el pesa