Capítulo 5: El Círculo de la Carne

La noche en casa de Blanca y Sergio dejó una huella imborrable. No fue solo el sexo, por intenso y plural que fuera. Fue la sensación de haber sido iniciados en un culto secreto, donde el placer era el ritual y los cuerpos, los altares. Durante la semana siguiente, Esmeralda y yo caminamos como sonámbulos excitados, reviviendo cada momento: la boca de Blanca en sus tetas, la verga de Sergio dentro de ella, mi propia penetración en la esposa de otro hombre, la mano de Carlos guiándolo todo. Nuestra propia intimidad se reavivó con una ferocidad nueva, alimentada por los recuerdos y la anticipación de lo que vendría.

Carlos fue el mensajero. "Les encantaron", nos dijo por teléfono, su voz cargada de satisfacción. "Blanca no para de hablar de la leche de Esmeralda. Y Sergio… está impresionado con la química de ustedes como pareja. Quieren repetir. Pero con un giro."

—¿Qué giro? —pregunté, mientras Esmeralda, sentada a mi lado amamantando a Sofía, me miraba con los ojos muy abiertos.

—Un fin de semana —dijo Carlos. —En su casa de campo, en Valle de Bravo. Aislados. Sin distracciones. Ellos lo llaman 'El Retiro'. Tres días y dos noches de… inmersión.

La propuesta era a la vez aterradora y tremendamente excitante. Tres días significaba profundizar, perder la noción del tiempo, ex