Las cosas a veces no son como uno quiere que sean, pero a veces sí.

Esta es una de esas veces en las que uno quiere que las cosas sean así… y así son… o mejor dicho, son mucho mejor que eso que uno piensa…

Para dar contexto, les cuento que soy hombre heterosexual, profesional, de 51 años, 2 hijos. Mi esposa es una mujer de 43 años, medica, flaquita con unas lindas tetas, y con hermosas caderas y tremendo culo, y muy bello rostro. Un caramelo. Estamos casados desde hace 15 años, y si bien ambos teníamos hijos de relaciones anteriores, juntos tuvimos una hija que es la más pequeña de la casa.

Confieso que desde hace muchos años tengo la fantasía de ser un cornudo. Desconozco las razones. Con mi esposa (para ponerle un nombre: Cata) siempre tuvimos un sexo normal. Soy muy morboso y ella muy receptiva, curiosa y ávida por experiencias que no nos dejen caer en la rutina.

Al inicio y como imaginarán, ella no conseguía enganchar con esta fantasía. Demasiados preconceptos, tabúes, "deber ser"; la ponían a la defensiva y no conseguía hacer el clic. Yo lo entendía. Es difícil para cualquier mujer aceptar sin cuestionar la idea de que su hombre la quisiese compartir.

No obstante, con paciencia y adentrándola en tema tanto durante los revolcones como en las charlas posteriores, poco a poco fue empezando a tener más curiosidad por la idea. Le gustaba sentir que podía ser el plato fuerte de más de un hombre. Mis fantasías abarcaban un abanico amplio de opciones.

A veces fantaseaba con hacer un trío con alguien conocido, otras veces fantaseaba con salir juntos a un bar, levantar un chongo y llevarlos en auto por la ciudad mientras me la estaban cogiendo en el asiento trasero.

A veces la fantasía era que en sus guardias nocturnas se revolcara con algún compañero de trabajo para luego al llegar por la mañana me dejara asearla.

Otras veces la fantasía era que saliera con sus amigas (mientras yo me quedaba en casa a cuidar a los chicos) y que volviese a casa bien entrada a la madrugada, alcoholizada, con una historia caliente que contar y su conchita llena de leche de algún extraño.

También me gustaba fantasear con que en un momento me hacía una video llamada y me mostraba como la estaban clavando.

Esto formaba parte de los momentos más eróticos cuando cogíamos, me encantaba que me dijese cosas como "cornudo mío" o "me van a coger y te vas a comer toda la leche del otro" al oído cuando estaba montado sobre ella.

Si bien no tengo ningún deseo homosexual, al principio la idea de comer su concha con leche ajena no me cerraba, era como mucho. No obstante, con el paso del tiempo se fue normalizando (eso la calentaba) y poco a poco me empezó a calentar también. Había algo de sumisión en el tema, mezclado con deseo de competencia (sacar de su cuerpo la "leche mala"). No indaguen mucho, yo tampoco lo entiendo bien.

Lo cierto es que quería que me la cogieran, quería ver su rostro teniendo unos orgasmos montada sobre otro macho, quería verla comiendo una buena pija, deseaba encontrarla dormida con el cuerpo chorreando y pegoteado de tanta leche que le hubieran metido.

Tenía sexo con ella, pero me mataba a pajas imaginando que en ese momento me la estaban garchando.

Muchas frases se fueron incorporando a nuestra rutina en la cama, normalizando su conducta promiscua, frases como

"-amor, volví a ser una chica mala"

"- tenías razón, mi jefe me quería coger"

"- cielo, me quiere coger todo el finde, te quedas con los chicos y cualquier cosa me avisas dale?"

"- no fue solo coqueteo, me llevó al baño y me hizo chuparle la pija cuando vos estabas en la pileta"

"- vino cuando estabas en la oficina y me cogió como si fuera la última puta del planeta"

"me enc