Alejandra mi mujer (de santa a diabla)
Este relato es real de como con mi mujer nos iniciamos en el sexo liberal y yo cumplí mi fantasía, ver a mi mujer echa una puta con permiso.
Las aventuras eróticas que muy pocos se atreven a contar.
Este relato es real de como con mi mujer nos iniciamos en el sexo liberal y yo cumplí mi fantasía, ver a mi mujer echa una puta con permiso.
Cuando el ascensor se paraba en una planta, nos separábamos y guardábamos la compostura. A veces entraba alguien que la conocía. Se saludaban y tenían una pequeña charla. Otras veces entraba gente desconocida, visitas de pacientes, y le hacían una reverencia y le besaban la mano.
Todo el personal sanitario fue muy atento conmigo, pero desde el primer día de mi ingreso noté que una enfermera ponía mucho interés en mí. Para ella había sido un flechazo, amor a primera vista. El hecho de enterarse de que yo tenía pareja, no le hizo desistir de su actitud insinuante.
Hasta que un día nos vio otro vecino más mayor, no nos dimos cuenta de que se acercaba y no sabíamos exactamente lo que llegó a ver, pero cuando me di cuenta de que Jose estaba mirando fijamente hacia nosotros, era tarde porque tenía la polla de Antonio en la boca.
Ella era desplazada y la beca que le otorgaban no le llegaba ni para satisfacer la mitad de lo que necesitaba para vivir con ciertas comodidades. Así que, decidió ejercer la prostitución de forma ocasional. Esther al ver que yo era un trotamundos y que no era natural de aquellas tierras...
En una de las excursiones que hacíamos para recoger setas y otros comestibles, Catherine tropezó, y si no es por mí que la sujeto por la cintura, se hubiera roto la crisma contra el suelo empedrado. Yo, aprovechando la ocasión, le apreté bien de la cintura y le magreé un poco el bajo vientre.
Juan, una tarde de las que reservábamos para nuestras divagaciones filosóficas, de repente, cambió de tema para hacerme partícipe de sus malas impresiones respecto al nuevo sacerdote. Los tres meses que don Antonio llevaba en la parroquia le estaban dejando a Juan una sensación de fuerte decepción.
Entonces ella, sentándose sobre la tapa del váter se bajó los pantalones y me dijo que deseaba que le hiciera una buena comida de coño. A simple vista se le notaban las bragas humedecidas. Le palpé la tela y efectivamente estaban empapadas. Le bajé las bragas y...
En clase éramos veinte alumnos. Pero cuando Julia daba sus clases posaba su mirada en mí continuamente, como si yo fuera el único alumno de la clase. Estaba claro que me estaba haciendo ojitos. Pero, ¿cómo abordarla? En el despacho de profesores era imposible pillarla sola, siempre había alguien.
Cada vez que hacíamos el amor, Sonia sabía que tenía terminantemente prohibido quitarse los pantis. Se colocara a cuatro patas, cabalgara sobre mí o lo hiciéramos de lado, tenía que lucir sus esculpidas piernas con unos sensuales pantis de color verde o rojo.
Antes de comenzar este relato quisiera aclarar que aunque lo escribo en primera persona porque me parece más adecuado, no es autobiográfico. Pero sí es la vivencia de un amigo que abriéndome su corazón y confiando en mi discreción, me la contó.
Confesión de mi mayor fantasía sexual que más deseo y que más me excita.
Deseo cumplir mi fantasía de ver a mi novia con lencería que me envíen otras personas y exhibir a mi novia con eso puesto.
Todos tenemos esa compañera de trabajo gordita que tiene un par descomunal de tetas y según odia a los hombres porque la han lastimado pero es insaciable.
Después de comenzar una nueva relación me comienzan a llegar recuerdos inoportunos en mi cabeza.
Me tocó ver cómo se follaban a mi madre.
Tetas pequeñas, delgada, trasero redondo y parado, le gusta coger todos los días, le gusta que le acaben en la cara y sus diminutos senos.
La envidia entre hermanas hace que quieran tener lo que la otra tiene, hasta el marido.
Cuando conocí a mi suegra supe lo hermosa que fue en su juventud siempre tan atractiva y seductora.
Este relato se trata sobre una relación prohibida con la esposa de mi hermano y yo este es la primera parte de la saga.