Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.

Richard observó a Susy a la distancia. Retumbaban en su cabeza las últimas frases de su hermana menor: “Quiero mi parte también. Estoy dispuesta a compartirte, si es que somos discretos: solo pido que me des el mismo trato que a ella: yo te amo, desde hace años, si hasta Mariana lo sabe porque se lo dije”

Ella lo esperaba de pie, junto a la camioneta. A través del vidrio del ventanal de la casa, esa figura breve y muy bien proporcionada, que solía ocultar con ropas casuales pero mostraba orgullosa en la casa con leggins ajustados, polleras cortas, cuando no había ojos indiscretos.

Richard estaba en una encrucijada: disfrutar de la ardiente Marta o descubrir que le esperaba con Susy.

Cerró la casa, subieron al vehículo y recorrieron los corrales donde los peones preparaban el embarque de ganado para el lunes.

Susy no podía quitar los ojos de Richard, lo veía dirigir tareas como si de un experto se tratara, escuchaba su voz de mando firme y añoraba que llegase el verano para verlo nuevamente en bañador y verificar el cambio de su cuerpo que tanto la excitaba.

Aún recordaba aquella tarde de charla con su madre, cuando tras varias preguntas respecto de él, le confesó que sentía algo más que afecto de hermanos: “Susy, él se ha criado con ustedes, desde pequeño y bien sabes que no es tu hermano. Además, ¿andá a decirle al corazón como debe actuar? Solo pido discreción y que te tomes el tiempo necesario hasta saber si tus sentimientos son seguros. Cuando así sea, hablaremos con tu padre.”

Lo vio regresar, acercarse a la camioneta y tras abrir la puerta, subirse para regresar al pueblo. Ella lo imitó, trataba de eludir su mirada y apenas cruzaron un par de frases durante el retorno.

Ya en la casa, Marta los esperaba con el almuerzo listo, notó algo extraño en ambos y prefirió romper la tensión con bromas, hasta quedar a solas con Richard, para consultarle sobre lo sucedido.

Richard: Susy está segura que anoche hubo algo entre nosotros

Marta: ¿dijiste que si?

Richard: no, pero está convencida.

Marta: ok, mañana buscaré la forma de hablar con ella, por lo pronto mantengamos distancia

Pasaron dos o tres días y todo se fue suavizando, volvieron los tratos típicos entre los tres, las muestras de afecto, las charlas prolongadas de sobremesa, hasta que recibieron una llamada de Mariana.

Los tres juntos la escucharon, se enteraron de las novedades sobre la salud de Jacinto (que no eran muy alentadoras) y el aviso de que pasarían unos días en el pueblo para completar trámites legales y propios de la convalecencia. Les pidió que organizaran ciertas actividades y comodidades en la casa: necesitaba que trasladaran la habitación matrimonial a la planta baja y para eso Richard debía liberar su dormitorio. El joven ofreció a mudarse al campo para brindarles comodidad e instalarse en el puesto, mientras permanecían en el pueblo. Mariana agradeció el hecho y tras algunas indicaciones finales cortó la comunicación.

Los tres se comprometieron en ordenar todo y ambas mujeres se ofrecieron a acompañar a Richard en la instalación. Para evitar inconvenientes, el propuso que se turnaran, aprovechando las habilidades de cada una para las tareas.

La primera en acompañarlo sería Susy, la mejor en cuanto a orden y limpieza, luego lo haría Marta que era más organizada en distribución y provisión de víveres necesarios.

Lo que ninguna de ellas imaginaba era que el joven casi no estaría en el lugar, ya que debía cumplir con sus tareas habituales en el campo.

Dos días antes de la llegada de Jacinto y Mariana, Richard preparó un par de mudas de ropa en un bolso, sus elementos de higiene personal y fue con Susy de compras para limpiar y ordenar la casa del puesto. Tras completar esas tareas partieron al campo. Tan solo llegar, la mujer se dirigió al baño, se mudó de ropas por algo más cómodo para realizar la tarea. Cuando salió del lugar, vió a su hermano con el torso desnudo, moviendo algunos trastes y liberando espacios para que ella hiciese su trabajo: esa imagen movilizó algo en su interior, hizo que sus hormonas comenzaran a revolucionarse.

Susy: hermanito, ¿por dónde empiezo?

Richard: la cocina, es un desastre. Mientras organizo la habitación.

Susy: ¡¡listo!!

Tal su costumbre, puso música en el teléfono y comenzó con sus labores. Bailaba y se meneaba mientras lo hacía: “¿Cuánto hace que nadie limpia acá?” le preguntó a la distancia, “Sólo limpio lo indispensable: el baño, la mesa del comedor y algo de vajilla” respondió.

Tras dejar el bolso sobre una silla, él abrió la ventana de la habitación y una brisa fresca corrió por el lugar, generándole un escalofrío. Buscó ropa de cama en un ropero y se dispuso a preparar su lecho; en ese momento Susy ingresó a la habitación, buscando que él abriese un empaque que ella no podía: se quedó mirándolo, atraída por su imagen. Se acercó lentamente y le extendió el envase, él lo tomó y sin esfuerzo lo abrió de manera algo torpe, provocando que se derramara parte del contenido.

Susy: tontito, ¡¡mirá lo que hiciste!! Ahora tengo que venir acá a juntar todo

Diciéndole esto, lo empujó a la cama. Él sorprendido solo atinó a tirar un manotazo y la arrastró, cayendo uno sobre el otro. Se reían mientras iniciaban una lucha sobre la cama, hasta que ella quedó sobre él, a escasísimos centímetros sus rostros. Fue entonces que en un acto reflejo, Susy lo besó en los labios, sin decir nada, un beso corto y se despegó para observar su reacción. Richard respondió acercándola y repitiendo el beso, pero un poco más intenso, que Susy correspondió entreabriendo sus labios. Todo pudo haberse desmadrado, de no haber escuchado un ruido que se filtró por la ventana abierta, que los hizo despegarse rápidamente. Cada uno volvió a tareas, mientras se escuchaba un par de golpes en la puerta de acceso.

Uno de los ayudantes de Richard lo buscaba para que firmase un par de documentos para hacer la entrega de algunos animales al transporte. Lo hizo, se aseguró que el muchacho estaba ya lejos de la casa y volvió a la cocina donde Susy seguía limpiando, con el rostro enrojecido por el momento vivido.

Richard: a nada estuvo de descubrirnos

Susy: debo ser más cuidadosa…

Richard: al menos hasta que se vayan a sus casas, no podemos descuidarnos

Susy: no va a volver a pasar, tranquilo…

La abrazó por la espalda y le dio un beso en la cabeza, mientras giraba para volver a la habitación le aplicó una nalgada que sonó bastante fuerte.

El resto de la mañana transcurrió sin más roces, solo dedicados a terminar las labores. Cuando los empleados salían rumbo a sus casas, pasaban a saludar, mientras Susy preparaba algo de comer y los clásicos mates que compartía con su hermano. A las 14 horas, habían quedado prácticamente solos, únicamente un empleado cerraba las puertas de los corrales y traía las llaves para luego partir.

Susy concluía con la limpieza del piso de la habitación y se dejaba caer en una silla para descansar mientras su hermano le extendía el mate. Estaba sudada, la remera empapada en transpiración a tal punto que dejaba traslucir el brassier azul que llevaba. Los leggins se habían vuelto más oscuros alrededor de la cintura por la humedad.

Susy: mamita, que mugre tenías acá. Voy a tener que darme una ducha o dentro de un rato voy a oler como los empleados que estuvieron al sol.

Richard: si trajiste ropas, no hay problemas. Las mias no creo que te queden

Susy: tengo las que me puse cuando salimos de casa y siempre llevo ropa interior de repuesto, una nunca sabe…

Se puso de pie y se encaminó al pequeño baño. Desde la cocina podía escucharse el agua caer. “Si querés, te enjabono la espalda” le dijo entre risas Richard. “Más quisieras tontito. Mejor alcánzame el sobre de shampoo de mi cartera”. Él buscó en el interior y se sorprendió de todo lo que la mujer llevaba en ese bolso: billetera, pañuelos, un recipiente con broches para el cabello, los sobres de shampoo, un envase con crema, un envoltorio con ropa interior muy diminuta y una caja que parecía de medicamentos. Sorprendido por ésta última, la tomó en sus manos y leyó el rótulo del envase: comprimidos anticonceptivos, abrió la caja y observó que en el blíster faltaban varias pastillas. Susy estaba en tratamiento para evitar embarazos desde hacía algún tiempo. La guardó rápidamente y fue con el sachet en la mano para entregárselo, al llegar al baño, la vio a través del fino nylon que rodeaba la ducha. Estaba desnuda, y podía notar las curvas de su figura claramente, ella giró para reclamar lo pedido y los ojos de Richard la recorrieron por completo: pechos medianos, coronados por pezones y aureolas oscuras y la entrepierna libre de vellos (todo muy distinto a Marta). La mujer corrió la cortina y lo halló ahí parado, observándola de manera muy detenida.

Susy: ¿te gusta lo que ves? Cuando lo desees, será tuyo

Él le acercó el sachet con una mano y con la otra cerró el grifo. Se aproximó y pasando un brazo por detrás de las rodillas y el otro en el hombro, la cargó y la llevó a la habitación. La depositó en la cama, se sentó a su lado y la fue recorriendo suavemente con la yema de sus dedos, desde los labios bajando por el mentón y trazando un recorrido por los pechos, de manera circular hasta concluir en los pezones, que acarició con ternura.

Aplicó cada detalle que Marta le había indicado cuando tuvieron su tarde de pasión. Ambas hermanas tenían algo en común, disfrutaban de la delicadeza en el juego previo. Las excitaban las mismas caricias, pero la diferencia entre ambas era que Susy cerraba los ojos y entreabría sus labios cuando recibía caricias por sus zonas más sensibles.

Richard estaba disfrutando del cuerpo de aquella fémina, se sentía extasiado por las respuestas y deseaba avanzar más sobre ella. Lentamente, fue bajando sus dedos por el vientre, camino a la raja rosada y palpitante. Sin que él hiciese esfuerzo alguno, la mujer abrió lentamente las piernas, permitiéndole el acceso a los pliegues de su piel.

La humedad de Susy era mayúscula, hacía que los dedos de Richard resbalaran con facilidad por toda la raja y se abrieran paso entre los labios mayores, el clítoris de la joven era muy importante y resaltaba entre ellos.

En un esfuerzo, el repitió el recorrido de sus dedos con su lengua, buscando aquella zona tan caliente. El aroma era intenso, dulce y la consistencia de los jugos algo menos viscosa que los de Marta.

Se ubicó delicadamente entre las piernas y fue directo al centro, con la lengua como si de un ariete se tratara. Penetró en ese breve espacio una y otra vez, extrayendo aquel néctar.

Susy se aferraba fuertemente a las sábanas y le dejaba hacer, no había gemidos ni gritos, solo suspiros profundos, acompañados de contracciones. Él disfrutaba de eso, al no haber presión sobre su cabeza para mantenerlo en la zona, podía darse el tiempo de observar el rostro de la mujer disfrutando del momento, para luego volver al ataque sobre la zona erógena.

Notó como los flujos se hacían cada vez más profusos, pero no recibía invitación a penetrar en el cuerpo de la mujer, hasta que ella misma elevó las piernas, ubicando sus manos debajo de las nalgas para brindarle un acceso completo. Era la señal que esperaba, se acomodó y lentamente fue ingresando en la gruta del placer, una vez dentro en su totalidad, comenzó a moverse lentamente.

La vagina palpitaba y lo estrechaba en su interior, era un masaje muy erótico que lo motivaba a moverse con lentitud y profundidad. Hacía que cada estocada llegara a fondo hasta chocar su cuerpo con el de ella, se retiraba apenas y volvía a ingresar.

Cuando la mujer no resistió más, hizo un nudo con sus piernas en la espalda de él y lo retuvo mientras dejaba escapar chorros de flujos, como si se estuviese orinando: en ese momento dejó partir de su boca las únicas palabras que escucharía durante la acción “¡¡Si mi amor, lléname toda, te amo Richi!!” y luego de tensarse por completo, pareció desmayarse.

Richard se sentía completo, muy feliz, había disfrutado como jamás antes. No podía compararlo con lo hecho con Marta, era muy distinto y con una sonrisa en sus labios, se dejó caer sobre ella, para cubrirla de besos.

La presión de las piernas de ella fue desapareciendo, hasta dejarlas tendidas sobre el colchón, mudo testigo de aquel encuentro.

Pasaron varios minutos hasta que lentamente fueron recuperando las energías, ambos sudados, agotados pero muy felices.

Susy: amor, que lindo fue esto. ¿cómo no lo hicimos antes?

Richard: sos hermosa y que bien te moves, sos única.

Susy: ¿moverme? te hice el amor, no te cogí

Richard: perdón, no quise ofenderte

Susy: si hubiera querido cogerte, lo hubiese hecho. Quería hacer el amor

Ofuscada, se levantó de la cama, tomó sus ropas y se fue a darse una ducha rápida. Él quedó tendido en la cama sin comprender.

Ella salió del baño ya vestida y con una mirada furiosa, se dirigió a él.

Susy: vestite y nos vamos, ya pudriste todo. Dale

Rápidamente se vistió y cerró cada ventana, las trabó y se encaminó a la salida, ella lo esperaba afuera, con un gesto de enojo más que evidente. Tiró en la caja de la camioneta un bulto con cosas que debían llevar a la casa y se ubicó en el asiento del acompañante.

En silencio recorrieron los 500 metros que separaban el puesto de la salida. Él bajó a cerrar el portón de salida y tomó el camino de vuelta, el silencio podía cortarse con un cuchillo, la tensión era mucha. A mitad de camino no soportó la situación y le habló por primera vez.

Richard: no quise molestarte, simplemente me salió decirte eso

Susy: podés cogerte las veces que quieras a Marta, pero no a mi

Richard: no lo tomes tan literal, fue solo una expresión

Susy: una expresión de mierda

Evidentemente ella estaba muy ofendida, pero él sabía internamente que lo habían disfrutado de manera muy intensa.

Cuando las primeras sombras del atardecer aparecían, llegaron al pueblo. Antes de detenerse frente a la casa, hizo un último intento por mejorar el momento.

Richard: quiero que sepas que jamás había pasado un momento así

Susy: seguro, solo cogiste. Es la primera vez que te hacen el amor, tarado.

La furia de Susy era incontenible, se bajó prontamente al llegar a la casa, tomó las cosas de la caja de la camioneta, entró y fue directo al área de lavado. Dejó todo y después de una rápida pasa por la cocina, se fue a su cuarto. Marta la vió pasar como alma que lleva el diablo y no necesitó de explicación alguna. Sin mediar palabras, preparó la cena, la sirvió en una bandeja y la llevó al cuarto de su hermana. Unos 20 minutos más tarde bajó a la cocina y lo encontró a Richard sentado allí.

Marta: ay hermanito… cuánto te falta aprender del trato a las mujeres…

Richard: ¿vos también me vas a castigar?

Marta: para nada… ambas te amamos, pero conmigo lo tuyo es sexo, con ella no. No soy tan tonta

Richard se llevó las manos a la cara y sintió como se derrumbaba el castillo de naipes que había creado con sus hermanas. Marta se acercó a él, pasó una mano por la cabellera del muchacho y se quedó a su lado acompañándolo.

Marta: ¡¡vamos hombretón!! Comé algo que debes necesitar energías y ándate a dormir. Mañana será otro día.

Así lo hizo. A las 7 de la mañana, sonó el despertador, se levantó, preparó el mate (como siempre) y tras un breve desayuno partió rumbo al campo, dejando solas a las mujeres en la casa. Estuvo muy ocupado y casi ni tiempo tuvo de pensar en ellas, al atardecer, volvió y repitió la rutina del día anterior. Cena y descanso, no hubo contacto con Marta y Susy. El miércoles se quedó en el puesto y aprovechó la noche y el silencio para reflexionar.

Marta era la experiencia, podría decirse que el material de estudio y aprendizaje, mientras Susy sería donde aplicar lo que aprendía.

¿Por qué sentía que Marta aceptaba solo satisfacer sus necesidades con él sin expectativas de algo más? ¿podía una mujer aceptar que era la número dos y jamás sería la numero uno?

Susy se había confesado enamorada y lo había sostenido frente a su madre, sin reparos. ¿qué sucedería si alguien llegase a la vida de Richard y se lo robara?

Fue una noche larguísima, solo acortada por una llamada a Mariana, que le manifestaba que Jacinto estaba pasando por un pésimo momento de salud, las expectativas eran casi nulas, solo se aferraban a un milagro. Eso lo llevó a tomar una decisión: se instalaría en el puesto y no volvería a la casa a menos que fuera absolutamente necesario. Tomaría distancia de ambas mujeres y trataría de encontrar una solución a aquel problema.

Aquel viernes, previo al retorno del matrimonio, Marta vio estacionar uno de los camiones del campo frente a la casa: uno de los empleados llegó con una lista de cosas que Richard necesitaba en el puesto. Cargaron todo en él y partieron rumbo al campo, Marta intentó comunicarse con Richard, pero estaba muy ocupado trabajando a campo abierto. Le contó a Susy que iría al día siguiente a verlo y que ella esperara a sus padres en la casa.

El sábado a primera hora, Marta tomó uno de los vehículos de la casa y previo paso por el supermercado en busca de víveres, partió al campo. Llegó y notó que las puertas del puesto estaba abiertas, seguramente Richard ya estaba trabajando. Entró al lugar, encontró todo revuelto y desordenado. Dejó los víveres en la cocina y se dispuso a ordenar un poco el lugar.

Al mediodía, escuchó detenerse un motor, miró por la ventana y vio bajar a alguien muy parecido a su hermano: más flaco, barba desprolija, cabellos muy revueltos, ropa desalineada y apenas cruzó la puerta un hedor como si no se hubiese bañado en días.

Marta: buenos días señor, ¿ha visto usted a Ricardo?

Richard: ¡¡Martu!! ¿cómo estas? No te esperaba

Marta: se nota… antes de tocarme, andá a bañarte y afeitarte…

Richard: ya llegó la castradora…

Marta: por favor Richard, estás hecho un desastre, dale… te preparo algo mientras limpio un poco

El muchacho marchó al baño y encontró que ella ya había empezado a ordenar su descontrol. Se bañó y afeitó, se perfumó un poco y volvió a la cocina.

Marta: ahora sí, este es mi hermanito… Hola tesoro, ¿cómo estas? Casi 20 días sin verte ni saber de vos…

Se acercó a ella y la abrazó con fuerza, le dio un beso en la frente y permaneció aferrado a ella. “Si hermanito, yo también te extraño, aunque no soy la única” le dijo mientras retribuía el abrazo.

Como casi siempre, el mate fue el centro de aquel reencuentro. Él le contó todo lo que había hecho en esos días, sus charlas con Mariana por teléfono, lo ocupado que había estado y cómo necesitaba el volver a casa para verlas, pero que el compromiso asumido con Jacinto lo mantenía ahí.

Pasaron un buen rato juntos, hasta que ella le dijo que prepararía el almuerzo, que trajese un par de chorizos para una picada, y destapase unas cervezas para la espera. Richard fue en busca de todo y volvió rápidamente para compartir más tiempo con Marta, La miró mientras ella hablaba y preparaba el almuerzo, la vio resplandeciente, algo más rellenita, pero con esas curvas súper atractivas: estaba perdido en la visión de las caderas de Marta cuando ella se dio vuelta y lo encontró así. Inmediatamente se puso colorado y quitó la vista de la figura femenina.

Marta: ay hermanito… se más discreto para mirarme el culito

Richard: perdón Martu, ya había perdido la costumbre de ver mujeres tan lindas

Marta: ¿mirás las feas también, ahora?

Richard se tentó de risa y apenas si pudo decirle “lo único que veo de un tiempo a esta parte, son vacas y ovejas”. Ella también se tentó “Espero que no te desquites con ellas, ja ja ja”

Pasado el mediodía, los empleados fueron pasando y saludando mientras se retiraban, como siempre uno de ellos completaba el cierre de corrales y traía la llave al puesto. Ya solos en el lugar, se sentaron a almorzar.

Marta: podrías haber ido aunque sea un rato a la casa, a vermos

Richard: después de aquella tarde con Susy, necesitaba alejarme un poco

Marta: pero no te alejaste, desapareciste directamente

Richard: si lo sé, estuve mal

Marta: mañana vienen los viejos, ¿vas a ir?

Richard: si, quiero verlo a Jacinto. Me contó Mariana que las cosas vienen complicadas

Marta: eso nos dijeron, pero no mucho más.

Richard: ¿te quedás hasta mañana?

Marta: me gustaría, pero debemos tener todo listo para cuando lleguen. Eso si, dame todo lo que haya que lavar que por lo que veo es bastante.

Terminaron de almorzar y fueron a preparar las cosas para que se llevara Marta a la casa. Cargaron algunas bolsas y fueron a dar un paseo por el lugar antes de que la mujer volviese al pueblo.

Richard: Martu, tengo algo que preguntarte, algo personal…

Marta: uff… como ese sábado por la tarde… dale, preguntá

Richard: tuvimos sexo tres veces, y nunca nos cuidamos…

Marta: manito, no soy Susy… Hace tiempo que me coloqué un dispositivo para impedir embarazos, se renueva cada 5 años. Te voy a confesar algo…

Richard: decime…

Marta: he tenido sexo desde los 17 años y me gusta más cuando no hay látex y soy muy despelotada con las pastillas. Necesitaba algo más práctico

Richard: ok, no me animaba a preguntarte y eso me tenía intrigado

Marta: te digo más, me lo cambié hace una semana…

Richard: lo tenes 0 km, ja ja ja

Marta: obvio, no voy a andar por el pueblo con un cartel luminoso que diga que lo llevo puesto. Todavía no fue estrenado este…

Ambos rieron de la humorada, y emprendieron el regreso al puesto. Cargaron las últimas cosas en el asiento trasero del vehículo, él se comprometió a llevar algunos embutidos para dejar en la casa y algunas verduras que cultivaban las familias de la zona.

Fueron a la casa a tomar un último café juntos, antes del retorno de Marta y cuando se iban a despedir, se fundieron en un abrazo apretado, que ella aprovecho para dejarle un beso en los labios y él para acariciarle el culito. Se miraron y sin mediar palabras se empezaron a quitar las ropas, allí mismo.

Las dejaron tiradas y siguieron con los besos y abrazos, él la alzó y ella cruzó las piernas en su cintura. “llévame a la cama, te extraño guachito” le dijo al oído. “voy a cogerte como tanto te gusta, mi putita” respondió el muchacho.

La llevó a la cama, pero fue él quien se tendió sobre el lecho y la invitó a que ella llevase la iniciativa.

Se sacó el brassier y dejando sus pechos libres se ubicó sobre él, colocó una pierna a cada lado y recostándose, lo besó mientras se frotaba firmemente sobre la verga que comenzaba a ponerse cada vez más dura. Él la tomó por las caderas y le facilitó los movimientos, ayudándola a sacudirse atrás y adelante. Ella corrió la tela de la braga ya mojada y retirándole el bóxer hacia abajo lo ubicó en la puerta de su vagina: con un movimiento certero, lo llevó a su interior, brotó un gemido agudo de su garganta, acompañando la penetración total. Minutos después, cabalgaba descontrolada y recibía nalgadas mientras se sacudía como posesa.

Minutos frenéticos que concluyeron con un gran orgasmo mutuo, ella fue disminuyendo sus movimientos y él notaba el palpitar de la vagina de ella, mientras escurría 20 días de abstinencia en su interior.

Marta apoyó las manos en el pecho del joven y se empezó a erguir, hasta quedar sentada sobre él, con la verga aún dentro de su cuerpo. Le dedicó una sonrisa de satisfacción.

Marta: ufff… cuánto extrañaba esto, no sabés la veces que me toque durante las noches pensando en vos. No encontraba la excusa para vernir, hasta que mandaste a buscar tus cosas

Richard: no debias buscarlas, solo vernir y ya.

Marta: las dos veces que lo mencioné, Susy quiso acompañarme y yo sabía que íbamos a terminar en la cama, no podía permitirle venir

Richard: ¿y hoy? ¿cómo lo hiciste?

Marta: tenía que entregar un par de trabajos y luego esperar a los viejos, eso colaboró.

Lentamente se fue bajando del cuerpo de él, buscó sus prendas y tras limpiarse un poco, se vistió pronta a irse.

Marta: si demoro más, seguramente llamará, quedé en volver a media tarde

Él la observó vestirse, era una mujer muy atractiva y seguramente encontraría a alguien que la mereciese y lo borrara de su mente. Mientras tanto, el seguiría gozando de ese privilegio que la vida le daba.

La acompañó a la puerta de entrada y tras despedirse de ella, volvió a la habitación, a recomponer todo y preparar aquello que le había pedido para el día siguiente.

Durante la cálida noche, se sentó al frente de la casa con una cerveza que le hizo compañía.

Pensaba en Marta, en Susy y se planteaba seriamente tomar alguna determinación para con ellas. Esperaría ver la reacción de la menor al verlo el día siguiente.

El sábado despertó muy temprano, preparó lo que restaba y después de haber cargado todo en el vehículo, se puso en marcha rumbo al pueblo. Se detuvo en el lugar exacto donde una pequeña ermita recordaba a sus padres, en una charla íntima, les contó de su vida y les agradeció haber conocido a la familia de Jacinto, que ya consideraba como propia. Colocó un par de flores junto a la imagen de ambos y retomó el camino.

Al llegar a la casa, vio que aún estaban las ventanas cerradas, símbolo de que las mujeres dormían. Caminando, fue a la panadería de la esquina, compró pan recién horneado y algunas masas que eran debilidad de sus hermanas.

Tomando sus llaves, ingresó por la puerta de servicio, fue directo a la cocina y preparó el desayuno para los tres. Cuando estuvo todo listo, encendió el equipo de audio y le dio el volumen suficiente para que ambas mujeres despertaran. Escuchó el retumbar de una ligera carrera por el piso superior, como se transformaba en un descenso acelerado por las escaleras y simplemente esperó a ver quién era la primera en aparecer.

La puerta se abrió bruscamente y fue Susy quien, apenas vestida con una remera larga, apareció en el lugar. Al verlo de pie junto a la mesa, se lanzó hacia él y dando un pequeño brinco se colgó de su cuello.

Susy: ¡¡¡manito!!! Por fin te acordaste de la familia, ¡¡te extrañé muchito!!

Le llenaba el rostro de besos y lo apretaba a su cuerpo de manera intensa.

Richard: Hola hermosa, yo también extrañaba estos abrazos y besos…

Espió por sobre el hombro de ella, y al no ver a Marta, le dio un buen beso en los labios, invadiendo la boca de ella con su lengua, para que se estremeciera con el contacto. Apenas creyó oir algún ruido más, terminó el beso y tras una pequeña caricia a la cola de la joven, la bajó al suelo.

Richard: calma chiquita, que pueden vernos

Susy: ¡¡calma, las pelotas!! Necesito muchos mimos de mi manito

Richard: ya habrá más, ¿desayunamos?

Susy: ¿qué trajiste de rico? Se siente un aroma a pancito caliente…

Richard: pan y algunas masas, recién hechas.

Marta ingresó a la cocina, los vio acomodando todo para desayunar y sabiendo que no había sido vista, decidió sorprenderlos.

Marta: ¡¡desgraciados!! ¿Pensaban comerse todo sin avisarme?

Richard: hola Martu, jamás te dejaríamos afuera, hay suficiente para las dos.

Ambas miraron a su hermano, había tirado una frase que pudo ser mal interpretada por cualquier persona. “¿Tenés suficiente para las dos? Mirá que atrevido el pibito, Susy!! Este no nos aguanta ni medio día, ja ja ja” se descargó Marta, Susy asintió con la cabeza pues no podía responder, ya que estaba comiendo, mientras Richard se puso rojo como un tomate.

Tras la humorada, se sentaron a desayunar y a esperar la llegada de los padres. Una vez terminado, Susy subió a vestirse adecuadamente, quedando solos Marta y Richard en la cocina.

Marta: que semanita te espera hermanito, andá preparándote.

Richard: acá en casa nada, además quiero saber cómo está papá y ayudar a Mariana con todo lo que necesite.

El muchacho sabía que tendría muchas tentaciones y provocaciones de ambas mujeres, pero debía mantenerse firme si no quería levantar sospechas ante el matrimonio.

Lo esperaba una semana muy compleja, pero eso formará parte de la tercer entrega.

Gracias Beto por confiar en mí para publicar tu historia.

Esperamos sus comentarios, y más que nada sus opiniones.

Saludos,

Alejo Sallago – alejo_sallago@yahoo.com.ar