Capítulo 4: Compartiendo la verga
Parte 1
El martes llegué al Conalep sintiéndome el dueño del mundo. Ni el olor a garnacha de los puestos de la entrada ni el frío de la mañana me quitaron la sonrisa que traía pegada en la cara.
Y cómo no, si la noche anterior me había cogido a Jackie mientras mi novia, Melissa, me daba permiso con la mente toda revuelta. Todavía me acordaba de cómo Jackie se movía encima de mí y me volvía a prender ahí mismo, cruzando el patio central.
Cuando me topé con mis amigos en las escaleras de siempre, la tensión se sentía a kilómetros.
Melissa estaba recargada en el barandal, muy callada. Apenas me vio, corrió a abrazarme y me agarró de la mano bien fuerte, entrelazando los dedos. Estaba marcando territorio. Me dio un beso más largo de lo normal, de esos que le gritan a todos "este es mío".
Pero luego miré a Jackie. Venía con el pantalón del uniforme un poco más ajustado, marcándole bien las caderas, y la camisa blanca medio desabotonada arriba. Me echó una mirada de esas que te desnudan, se mordió el labio inferior y me guiñó un ojo cuando Melissa volteó a otro lado. Se veía radiante.
—Hola, Alex —me saludó Jackie con una vocecita toda coqueta, arrastrando las palabras.
Melissa se tensó muchísimo. Me apretó la mano tan fuerte que casi me corta la circulación, pero no dijo nada. El reloj todavía tenía secuelas en ella; sus celos seguían ahí, pero su cabeza estaba hecha un desastre porque ella misma había "aceptado" que yo estuviera con su amiga.
Sonó la campana y entramos a la clase de Ética. El profe era un señor que nomás se sentaba a leer en su escritorio y nos ponía a copiar del pizarrón, así que casi nadie le ponía aten