Mark salió del elevador especial todavía con la adrenalina y el olor a sexo de la oficina del jefe. Caminó directo a su oficina con una sonrisa satisfecha. Apenas cerró la puerta polarizada, Noemí se levantó de su escritorio y se acercó contoneando esas caderas anchas.
Sin decir nada, Mark la tomó de la cintura y le plantó un beso profundo y apasionado. Sus lenguas se enredaron con hambre.
Noemí gimió bajito contra su boca y, sin romper el beso, bajó las manos hasta el cinturón de él. Le desabrochó el pantalón con dedos expertos y se lo bajó junto con el bóxer hasta las rodillas. La verga de Mark, aún un poco sensible por la sesión anterior, quedó libre.
Ella se sentó en su silla ergonómica, quedando a la altura perfecta, y levantó la mirada con picardía.
—¿Cómo te fue con el jefe, mi amor? Cuéntame todo… —susurró mientras sacaba la lengua y daba lamidas lentas y suaves desde los huevos pesados hasta la cabeza gruesa de la verga.
Mark empezó a relatar entre gemidos bajos:
—Pues… me dio unos viáticos de locura. Quince mil dólares de depósito, vuelo en clase premium… ahh… hotel cinco estrellas en Johannesburgo… —Noemí aceleró un poco, metiéndose más de la verga en la boca caliente y húmeda. El sonido húmedo y obsceno de las succiones llenaba la oficina insonorizada: slurp… gluck… slurp…
—Sigue… cuéntame más —murmuró ella con la boca llena, vibrando alrededor de la carne dura. Su lengua giraba alrededor del glande, chupando con presión perfecta mientras una mano le masajeaba los huevos.
Mark respiraba más agitado, sujetándola del cabello.
—…y un bono si cierro el trato. Stephen estaba… jodidamente contento.¡mierda, qué boca tienes!
Noemí sonrió alrededor de la verga y aceleró el ritmo. Ahora lo chupaba con ganas, metiéndosela hasta la garganta, haciendo ruidos fuertes y húmedos m