Mi nombre es Montse y cuento con 43 años, estoy divorciada y gracias a una amiga muy especial, que me contó su historia, hoy puedo yo misma escribir la mía. Tengo que agradecer a Rachel y a su hijo Eduardo la ayuda que me han brindado, ya que gracias a ellos he podido ver cumplida mi más íntima y secreta fantasía.

Todo empezó cuando mi amiga me conto una historia en la que una madre mantiene relaciones sexuales con su hijo, esta mujer dejaba su dirección de e-mail para que pudiéramos ponernos en contacto con ella, así pues yo lo hice. Le conté la verdad y nada más que la verdad, algo que les pasa a muchas mujeres, que mi hijo me excita y que no me disgustaría en absoluto mantener sexo con él, es más, lo deseaba y no dejaba de masturbarme pensando en él. He llegado al extremo de espiarlo, mi hijo tiene un pene bastante grande, le mide cerca de 19 cm y de un grosor importante, y eso a ninguna madre se le pasa por alto. Soy una mujer alta y que se sabe cuidar, nuestra condición económica no está nada mal, vivo con mi hijo Jorge de 23 años y con mi hija Patricia de 18 años.

Todo comenzó por culpa o gracias a Internet, he leído casi todos los relatos de incesto que he encontrado publicados, y la idea de poder llevarme a mi hijo a la cama cada día era más obsesiva, pero no se me ocurría ningún plan verdaderamente eficaz para llevarlo a mi terreno, en otras palabras que no me atrevía a dar ese paso adelante, quería darlo pero también quería tener toda la seguridad de triunfar y de que me saliese bien, así que escribí a Rachel para que me aconsejara con ello, y me contó algo que he llevado a la práctica y ha dado todo el buen resultado que yo misma hubiese querido.

Rachel me contó que a la vez que se escribía conmigo también se escribía con otras mujeres y que una de ellas le contó un método, con el cual había conseguido follar a su hijo, lo había provocado de tal manera que era el propio hijo quien daría ese paso adelante sin apenas saberlo, ya que ningún hombre podría resistirse ante aquello. Yo le conté a Rachel que mi hijo entre otras cosas tiene un cursillo de primeros auxilios, así que me animó a que lo hiciera, me escribió una carta de cerca de cinco hojas explicándome todo lo que tendría que hacer y decir, también me puso en contacto con la mujer que había tenido la certeza de hacerlo primero y tras haber intercambiado unos cuantos e-mails ambas mujeres me animaron a que lo hiciera, y así acabó todo, cumpliendo mi incestuosa fantasía.

No era la primera vez que me paseaba por casa en bragas, tal y como me dijeron Rachel y la otra mujer, la cual no voy a decir su nombre por respeto, eso comenzaría a calentar el ambiente, me ponía unas braguitas de esas que apenas tapan nada y me las metía bien dentro d