Soy un chico de 18 años llamado Héctor. Antes de contarles mi relato quería explicarles que es lo que hago.

Yo estudio Bachillerato en Barcelona y por las tardes me dedico a ir a casa de mujeres mayores que yo para complacerlas a cambio de dinero.

Bueno, aquí viene mi relato:

Todo empezó una tarde de Noviembre cuando me encontraba solo en mi casa, estaba aburrido y no tenía ninguna cita con mujeres esa tarde y tenía ganas de salir a divertirme, el problema era que mis amigos ya habían quedado pero tuve la suerte de que en ese instante recibí una llamada de una mujer la cual me dijo que leyó uno de mis relatos y que quería que la satisficiera sexualmente a cambio de dinero.

Esta mujer estaba casada pero su marido se había ido a una reunión de negocios, así que quería me pasase por su casa.

Cuando llegué toqué el timbre y me atendió, estaba vestida con una camisa blanca holgada, pero que aun así dejaba observar la redondez de sus pechos, y podía apreciarse que no llevaba sostén.

Cuando me abrió la puerta me saludó y me preguntó como estaba, note que ella no podía dejar de mirarme, y le contesté que bien.

Me ofreció un café, el cual no pude rechazar, no quería ofenderla, ella me miró se sonrío y se dirigió a la cocina a la vez que me decia que últimamente no había tenido muchos encuentros cercanos con el sexo opuesto (ya que su marido ya no practiaba el sexo con ella).

Me levanté y me dirigí a la cocina para no tener que hablar en voz alta, me paré en la puerta y al verme ella a mi parado frente a puerta de la cocina me miró y me dijo que le parecía extraño lo que le estaba sucediendo, ya que le resultaba agradable y atractivo.

Mientras hablábamos hizo un gesto como de dolor y se tomó el hombro, le pregunté que le sucedía, y me dijo que nada que tenía un dolor no muy fuerte, debía ser una contractura, por el cansancio y el strees que le producía su trabajo en la oficina.

Yo me levanté, me paré detrás de ella y comencé a hacerle masajes en el hombro, a lo que ella se mostró muy a gusto, fui deslizando mis manos por su espalda, le pregunté si le gustaba, “Me encanta”, respondió.

Comencé a dirigirme con mis manos a sus tetas y no habiendo oposición por su parte comencé acariciárselas, noté entonces que sus pezones estaban duros, y la suavidad de sus pechos me excitaba tanto que mi pene se puso duro, luchaba por salir del pantalón, dejé de acariciarla y ella me tomó de las manos como dándome a entender de que quería que siguiera a lo que me negué ya que yo quería pararme frente a ella.

Una vez echo esto me miro, y entendi de inmediato que era lo que deseaba y comenzó a bajar el cierre de mi pantalón, y con una mano agarró mi pene que estaba duro y lo dejó salir de su prisión, me miró y lo metió en su boca…

Era increíble la forma como me lo estaba chupando, lo metía todo en su boca, de forma que en algunos momentos pude sentir su campanilla contra mi glande, su lengua se movía de una manera que nunca antes conocí, ella estaba tan excitada que tenía miedo de hacerme acabar rápidamente, entonces la tomé de los pelos y la alejé de mi pene a lo que se mostró un poco disconforme ya que estaba muy entusiasmada en sus labores, pero rápidamente le quité la camisa y comencé a besarle sus hermosas tetas y mordisquearle suavemente los pezones esto hizo que se excitara aún más, lo que aproveché para ir quitándole su pequeña tanga y luego su pollera, fuí bajando con mi boca lentamente hasta su húmeda concha, y empecé a jugar en ella con mi lengua, haciendo que la excitación de Susana fuera tal que se arqueaba sobre el sillón de la sala gimiendo de placer, me detuve, me suplicó que continuara, pero yo me paré sin hacer caso a su petición y la tomé en mis brazos, la llevé a la cama, la acosté y me retire un poco para que me observara desnudarme, ella me miraba y pedía que me apurara, una vez desnudo me acerqué a la cama y ella ya muy caliente se acercó a mi, tomo mi pene con sus manos y comenzó a chupármelo nuevamente, la tomé del pelo, la alejé y la hice acostarse y con la otra mano le separé las piernas, lo que no costo demasiado dado la calentura que tenía.

Me arrodillé frente a ella y le tomé una mano, la llevé hasta mi pene, me lo agarró con firmeza y lentamente me fui acercando de modo que lo fuera guiando hasta su concha húmeda y ardiente, la penetré despacio para poder sentir el calor de su vagina.

Ella me pedía desesperada que me moviera con fuerza y rapidez, yo no hacía caso a su petición porque deseaba disfrutar ese momento y debía hacerla excitar todo lo posible para asegurarme de hacerla gozar plenamente, continúe unos instantes con movimientos lentos sintiendo mi pene deslizarse dentro de esa concha lubricada por sus jugos, ya estaba tan excitado que no pude contener más mis instintos y deseos que comencé a moverme con más fuerza y rapidez, ella me pedía que siguiera así que la envistiera más fuerte, pedido este que complacía con todas mis ganas, al escucharla acabar no pude evitar hacerlo yo también, me abrazó y besó fuertemente, luego se relajó por completo, de igual modo lo hice yo.

Al cabo de unos minutos, sonó el teléfono, me puse tenso y nervioso, estaba en la cama con la mujer de un hombre que podía llegar en cualquier momento, ella contestó, era su marido que le avisaba que iba a llegar tarde ya que se quedaría a cenar en lo de su hermano, Susana le dijo que no tenía problemas y lo despidió.

Se dió vuelta, me miró y dijo “Podemos disfrutar otro rato más, mi marido va llegar tarde”, y comenzó a besarme suavemente bajando lentamente por mi pecho, después mi abdomen y por fin deteniéndose en mi pene, me lo empezó a chupar con la misma ansiedad con que lo hizo la primera vez y en unos segundos ya lo tenía duro como piedra nuevamente, había conseguido excitarme otra vez, nunca conocí una mujer que la chupara como Susana, yo respondí a su juego y me acomodé de modo que quedamos en un sesenta y nueve perfecto, le chupaba la concha y comencé a introducir un dedo en su culo, lo que pareció gustarle, fui guiándola para ir cambiando la posición, cuando estuvimos frente a frente le dije que la quería coger desde atrás, me dijo que sí, pero no por el culo, acepté el condicionamiento, se puso boca abajo, le hice poner una almohada bajo su vientre para tener su culito bien levantado, le cerré las piernas, ella no se oponía a ninguna de mis maniobras y eso me excitaba mucho, me acomodé y la penetré por la concha desde atrás, como tenía las piernas cerradas, la fricción de mi pene era mayor a lo normal esto la calentó tanto que comenzó a gemir y gritar, me pedía que la cogiera más fuerte, y yo la complacía, mi pene estaba bien duro, y lo veía salir totalmente mojado con los jugos de Susana, esto me calentaba más, comencé a meterle un dedo en el culo, ella comenzó a gemir mas fuerte después de unos segundos le metí dos dedos lo que parecía gustarle aun más, en un momento la escuche decir “SI!!!”, yo pensé que estaba exclamando de placer, pero volvió a decir, “SI!!!, si quieres cogerme por el culo hazlo!”.

Petición ésta que no quería hacer esperar ni un segundo, saqué mi pija de su concha, estaba mojada y dura, la tomé con una mano y la llevé hasta su ano, ya dilatado por el juego realizado con mis dedos, la penetré de un solo empellón, gritó un poco, mezcla de dolor y placer, la tomé de los cabellos y fui acomodándola de manera que los dos quedemos arrodillados, yo siempre con mi pija en su culo, comencé a moverme lentamente y ella gemía, me tomó de las piernas y me llevaba contra ella, yo con una mano le acariciaba las tetas, y con la otra le frotaba su clítoris, yo ya estaba tan excitado que no podía más y acabé en su culo, ella al sentir mi leche caliente correr por su ano acabó y cayó rendida sobre la cama y yo abrazada a ella, al cabo de unos minutos me miró y me dijo que era la mejor cogida que le habían pegado últimamente, y me pidió que nos volviéramos a ver en otra ocasión.

Me levante fuí a bañarme, una vez vestido, ella se puso un vestido ajustado, que dejaba apreciar sus curvas, me acompañó hasta la puerta del edificio, me despidió y quedamos en vernos en la semana, así estuvimos unos seis meses, hasta que se centro y volvio a cogerse a su marido.