Cristina bajaba a la consulta con muchas dudas sobre el tratamiento, desde que tomaba pastillas se encontraba nerviosa, continuamente excitada y deseosa de sexo.
Pensó en contarle solo una pequeña parte de lo que había ocurrido, ocultar que se hacía pajas, que buscaba ansiosamente a Andrés y sobre todo el inmoral deseo que sentía por su hijo.
No, eso por supuesto, cómo iba a decir a una extraña que había visto el vídeo y desde ese momento solo pensaba en la verga de Rubén.
Llamó al timbre inquieta y esperó que Malena abriera la puerta.
- ¡Hola! – saludó ésta abriendo los brazos como si fuera su amiga –
Entraron en la consulta y Cristina tomó asiento.
- Habíamos quedado mañana. ¿No? – preguntó Malena con cara de duda –
Cris se puso nerviosa y lo reconoció afirmando con la cabeza.
- Pues dime. ¿Qué te pasa?
Cristina se derrumbó y ya no pudo contenerse, contó lo excitada que estaba, que había visto el vídeo Rubén, y casi sin quererlo, reconoció que necesitaba sexo y pensaba constantemente en la verga de su hijo.
- Bueno, eso es normal. – afirmó la sicóloga muy seria –
Cristina se sorprendió, en lugar de decir que era una aberración, justificaba sus pensamientos obscenos.
- Uffff. – suspiró – Pensé que era una barbaridad.
- Noooo, noooo. – repitió Malena otra vez – Es algo normal, y más en una mujer como tú que solo ha tenido sexo con su marido.
- Ya, pero es mi hijo.
- Noooo. Tú tranquila, mi amor. – dijo cogiendo su mano – Es tu psique nada más, que actúa contra tu voluntad de forma injustificada.
Cristina no la entendió, pero si se quedó con la última palabra.
- ¿Injustificada?
- Claro, mi amor. Vamos a ver, la psique representa el intrincado entramado de facultades cognitivas, emocionales y volitivas que dotan al ser humano de la capacidad para interpretar, interactuar y responder al entorno.
- Pero eso ¿Por qué? – preguntó Cristina sin entender qué decía –
- Verás. Tú tienes una necesidad.
- ¿Yo?
- Siiii, tú eres una mujer hermosa, con un cuerpo extraordinario y tienes que hacer uso de él, no es propiedad de tu marido, tienes que ser tú quien decida lo que haces.
Cristina se enrojeció al creer ver en la sicóloga una mirada lasciva.
- Verás. Aquí dentro, en tu int