La bodega, que celosamente y con cariño por mi buen gusto por los vinos había construido con mis propias manos quedaba en el sótano, antes de llegar a la cochera donde guardábamos nuestros dos vehículos.
No se los comenté en la publicación anterior: la bodega, que celosamente y con cariño por mi buen gusto por los vinos había construido con mis propias manos quedaba en el sótano, antes de llegar a la cochera donde guardábamos nuestros dos vehículos y si birn la distancia no era larga, accederer al lugar donde reposaba varios tipos del fruto de la uva se hacía complicado y lento. Por lo general estaba oscuro teniendo que sortear una escalera no muy larga pero en espiral. A paso medido ya me encontraba en uno de los cuartos preferidos de casa. Al tener el sexo reducido a la nada, el vino al menos sabía darme placer. Me demoré un rato de más eligiendo la marca, fijándome también los años de añejado hasta que di con la botella escogida. Un vino chileno de 12 años que solo había saboreado una vez. Con mi trofeo volvi sobre el camino que me llevaría hacia el comedor, pensando que los efectos del alcohol evitaría que el bullicio generado por esos 4 pre adolescentes potenciado cuando estaban juntos no me fastidiaría tanto. Tengo que rectificarme en algo, pues reconozco que también lo hice en mi mente mientras iba llegando al comedor. Cuando afirmé que el número de bochincheros "pre adolescentes" era de cuatro, mal que me pese, el desprejuiciado Federico se despegaba completamente de los otros por lo que la borregada se comprendia de 3. Él era... peligrosamente maduro.
"Volviste, pa. Tardaste un montón" dijo el Pichu con un recibimiento cariñoso. En la mesa estaban sentados solo los 3 chicos y Fede de quien noté una rara mirada. Fui a la cocina a buscar el sacacorcho cuando vi a Clara apoyada en un escondrijo al lado de la heladera, llorando como no recuerdo haberla visto. "Amor" le hablé sorprendido y le pregunté "¿Que pasa?". Ella me miró con vergüenza y volvió a desviar su mirada de la mía, como quien acaba de mandarse una macana. En verdad, no sabía como actuar. Nunca la había visto asi, no acostumbraba a sollozar y menos con ese sentimiento de angustia. La abracé y sentí que con ese gesto se relajó al menos levemente. "¡No sabés, Luis!" expresó exaltada pero susurrando, intentando que la charla quede entre ella y yo. "Cuando fuiste a la bodega Fede me preguntó si podía traer mayonesa. Me paré de la mesa, vine a la cocina sin notar que él venía detrás mio". Me miró culposa, algo desencajada y prosiguió. "Abri la puerta de la heladera teniendo que agacharme para tomar el sachet y fue ahi que siento una apoyada descarada en mi cola" y al decirmelo me mira fijo, tratando de verificar si estaba sintiendo lo mismo que ella. A pesar de que yo venía advertido de las intenciones del líder del grupito también me sobresalté pero al mismo tiempo y por partes iguales a mi molestia por su desvergüenza me sobrevino un calor como de excitación. Clara era tan timorata, tímida, nada lanzada, que la curiosidad por conocer su real estado al vivir esa esa experiencia inédita me la estaba poniendo dura. "¿Y vos que hiciste?" atiné a preguntar. Mi mujer vuelve a bajar la mirada y lo que me cuenta a continuación fue lo que la estaba avergonzando. "Luis, mi amor. Fue tal la sorpresa pues ni me esperaba tamaña caradurez asi que... no atiné ni siquiera a erguirme. Me quedé dura, horrorizada, como cuando ante una situación de vida o muerte no reaccionás, ves que viene el tren, vos imperturbable y el tren te pasa por encima ¿Me comprendés?".
"O sea que al agacharte y mientras Fede te apoyaba su pija en tu culo... ¿vos te quedaste quieta no solo sintiendo su verga dura, sino que, como no tuviste los reflejos necesarios para pararte, apartarlo, darle una cachetada y echarlo de casa por atrevido le diste a entender que te estaba gustando?" paranoiqueé por lo que mi esposa frunció el ceño y me lanzó una mirada que tenía el poder de una bala directa al corazón. "No dije eso, Luis. ¿Cómo llegaste a semejante y retorcida conclusión? Lo que quiero que entiendas es que no atiné a hacer lo que debería haber hecho que vos describiste bien, pero para nada estaba aceptando lo que él hizo que ocurra". Y prosiguió "Y eso no fue todo. Como yo me quedé cual estatua, agachada aun sosteniendo la mayonesa y su.... miembro apoyado en mi, el borrego tomó más confianza, puso cada una de sus manos en mi cintura y me arrimó más hacia su cuerpo. Bah: me arrimaba y me alejaba, me arrimaba y me alejaba. Si. Como te imaginás: simulando un acto sexual, vestidos. Luis. Estoy avergonzada, humillada, me siento maltratada y ofendida. Yo no voy a ir al comedor, no quiero estar en donde esté Fede. Es más, te pido que me ayudes a convencer al Pichu de que Fede tiene la entrada prohibida a esta casa. Y por favor, Luis, como mi marido y jefe de la familia, te ruego que vayas y como hombre lo enfrentes y le hagas conocer el rigor que se merece por este pésimo momento que me hizo pasar". Yo hice silencio. Era la primera vez que Clara estaba tan exaltada por algo relacionado a la sexualidad. Verla asi, con su hermoso rostro enrojecido de bronca e impotencia luego de haber experimentado por primera vez en sus 37 años que otro hombre -si, Federico, les dije que daba más a hombre que a pendejo- la tomara de la cintura y le apoyara su verga una y otra vez mientras Clara, por las excusas que esgrimiera, no se apartó, ni lo insultó, ni lo cacheteó... Creo que luego de reflexionar algunos minutos a solas en la cocina se dió cuenta de la gravedad de lo sucedido. Y ahora me estaba mandando a mi a ponerle los puntos a Federico, decirle lo que ella no pudo, no se animó o... ¿no quiso? Además ¿notaron que en su relato nunca lo llamó por su nombre completo sino que siempre usaba el apodo cariñoso de "Fede"? Eso también me extrañó, aunque aclaro que no la noté caliente, excitada, ni con deseos... tal vez si Clara fuera más sexual me hubiese animado a tocarle la tanga... quizás estaba húmeda. La duda me martillaba.
Le dije "Amor. Lo que te hizo ese malagradecido, este ultraje tan agraviante no te lo merecés. Pero no voy a hacer ningún escándalo delante de Pichu y los otros dos. Lo voy a invitar a que me acompañe a la vereda y alli le diré lo que corresponda ¿Te parece bien?". Clara dejó caer un suspiro como aliviada y solo asintió con la cabeza.
Fui al comedor y con la mayor serenidad me dirigí al lider de la manada expresándole mis deseos de charlar con él fuera de casa. Me miró sin asombro, gesticuló una mueca socarrona mientras le decia a mi hijo y a los otros dos "De paso que salimos a la calle, aprovecho y me fumo un cigarrillo", enfiló él primero hacia la puerta de calle con tal seguridad que me di cuenta que quien estaba más nervioso, inseguro, temeroso era yo.
Ya en la vereda, Federico me dice "Tengo el auto estacionado dos casas mas allá, me parece que es un lugar seguro y privado para charlar". Lo seguí como si yo fuera uno de la manada que va tras el cabecilla. Ya en el auto, abrió su ventanilla mientras pitaba con gusto un Marlboro. Fumaba como un tipo de 30 años, conociendo los detalles de tragar el humo, expelerlo, disfrutar cada aspirada. Yo, mientras, no sabía como arrancar. No hizo falta: Federico dió el puntapié inicial.
"Luis. Nos conocemos hace años. Somos compañeros de tu hijo, bah, del hijo de ustedes: tuyo y de Clara (al nombrar a mi esposa puedo jurar que lo hizo sonar libidinoso) desde la primaria y te cuento que adquirí una especie de sentido extra, que comenzó con las costumbres y rutinas de mi casa pero luego percibí que fubcionaba en lo de mis tios, amigos, y demás. Es que aprendí a ser buen observador.
Clara es una mujer que no pudo, no supo o no tuvo quien la motive a que disfrute del sexo enterrando sus traumas de que es algo sucio, pecaminoso. Ya se que te contó lo que pasó en la cocina. No voy a fantasear con que se dejó que la apoyara, que simulara que la cojía y que participó gustosa. No soy un pendejo que cree en Papá Noel. Tu mujer no supo como actuar, se quedó dura por la sorpresa permitiendo que mi pija se ponga dura dentro del boxer con cada golpe que le daba a su culo." Federico no tomaba ningún recaudo al contarme a mi, al marido de la mujer que él acababa de cojer vestida, por lo que su desfachatez me bajaba aún más la autoestima. Pero lo que me confesó a continuación lo sentí como una trompada que te deja groggy ya que Clara... se había guardado algo que no me dijo. Federico no se detuvo: "Estaría en un estado de shock tan violento que tampoco se resistió cuando continué manejandola solo con la mano izquierda, trayendola hacia mi pija, ya dura y volviéndo a separarla, como si cogiéramos vestidos mientras metía la mano derecha por debajo de la remera acariciando su suave y excitante piel, llegué hasta el soutien, se lo corrí y le rocé un pezón bastante tiempo, hasta que escuchamos que subias las escaleras. Luis. Sus tetas estaban muy duras" remató.
Creo que conozco bien a mi esposa como para conjeturar que si no me contó esta parte es porque la superaba la vergüenza pero no dejaba de preguntarme ¿conocía tanto a Clara? ¿No me confió todo porque sobrepasaba su pudor? ¿O en realidad...? Federico interrumpió mis cavilaciones, mis dudas, con una aclaración, que según él, explicaba lo estupefacta que sintió a mi esposa. "Pero el término "sorpresa" tiene dos significados, Luis. El primero es porque Clara jamás esperaba que yo, Fede, el compañero del Pichu refregara mi verga contra su culo. Y su segundo estupor le nace porque nunca experimentó la acción de que un nuevo hombre, que no seas vos, su esposo, la tome por asalto, no le pida permiso y la disfrute sexualmente intent<ado que a ella le suceda lo mismo. Y me juego la pija que vos nunca te animaste a arremeterla para calentarla." seguía describiendo con seguridad nuestra sexualidad frustrada sin temor. Ya me había tomado el tiempo: en ese estado yo era inofesivo. "Seguramente por respeto a tu pareja o por miedo a sus rechazos, lo cierto es que vos intentaste cambiarla pero actuando con una cautela extrema, que hace juego con su adversión al sexo". El pendejo daba en el clavo. ¨¡Totalmente! mi respeto hacia mi esposa iba en sintonía con su autocastración.
"Luis" prosiguió el joven que hace menos de una hora le hizo sentir a Clara como su pija simulaba el acto sexual y sus dos manos, cual macho posesivo, ayudaban a esa recreación "se que me apartaste del resto para putearme, echarme de tu casa para siempre, prohibirme que me junte con tu hijo. Pero ¿sabés? No te veo ni enojado, ni ofendido en tu honor, ni con ganas de pegarme porque por tenerle ganas a Clara, hemos descubierto algo". Hizo una pausa que me sirvió para aseverar con deshonra que cada vez que escuchaba de boca de ese pibe los términos "tu mujer" o "tu esposa" me sentía más humillado porque se que lo hacía a propósito. A la vez, como ya dije, no podia disimular que me ponía la verga dura suponer que tal vez Clara se haya excitado con lo sucedido siendo el primer paso para que la timorata de mi mujer finalmente se abra por completo al goce sexual. "Se que mientras estabas en el jardín escuchaste lo que les confesé al Chino y Andrés: el sábado cumplo 18 y quiero que me permitas que Clara sea mi regalo. Pensá en frio. Repito que hoy desentrañamos algo. Asi que quiero que aceptes un trato. Si realmente ansiás que tu hermosa mujer deje para siempre la pacatería que la caracterizó y se convierta definitivamente en la puta que de verdad deseás, como ella se merece y vos lo querés... te propongo este pacto entre vos y yo. El sábado, Fichu, tu hijo va a estar en mi cumpleaños, en una quinta fuera de la ciudad. Simulá un viaje de trabajo y permiti que visite tu casa cuando Clara esté sola. Esa noche. Al dia siguiente, te vas a encontrar con lo que venís rogando. Y pensá en mi honestidad. Te lo estoy proponiendo, un arreglo entre vos y yo. Porque, perdon si te molesta. Pero peor hubiera sido que la tome a tus espaldas. Ya encontré el botón secreto. Solo hay que aceitarlo y luego la vas a disfrutar".
¿Saben que se siente estar frente a un imberbe de casi 18 años quien, sin ningún temor, con total seguridad, bien firme, te advierta que tiene algún método o lo que sea para cojerse a tu mujer y yo, su marido, en vez de pegarle una trompada mientras lo puteo de arriba abajo, siento como de la cabeza de mi pija brota el suficiente presemen para sentir mojado mi boxer por la excitación? Más allá de estar caliente debia ponerlo en su sitio, asi que le espeté "¿Y si mi respuesta es negativa? ¿También tenés estudiado el librito que explica como responder ante esa posibilidad?". No sabía como ponerle límites, de que manera tomar el mando de esta charla bizarra... Fede pegó la última pitada arrojando la colilla por la ventana con su dedo medio y volviéndose hacia mi me aclara, sin parpadear. "Luis. Si vos no estás de acuerdo, a Clara me la voy a cojer igual. En unos dias tu esposa tímida, huidiza si de sexo se trata, puritana antes de conocerte, de novios y durante todo tu matrimonio va a probar mi verga y no dudes que notarás su cambio. Te doy la opción de que nos asociemos porque vos también vas a disfrutar cuando Clara, tu esposa, si, la que te hartó de ser tan mojigata, con un par de "sorpresas" (lo dijo remarcando cada sílaba) como la de hoy se suelte y finalmente te pida pija todo el tiempo. ¿Somos socios o no?".
Me encontré diciéndole "Si. Somos socios" con la pija dura la que cuando selló el pacto dandome un apretón de manos cual hombre maduro escupió un chorro de leche... mi boxer daba vergüenza.
"Repasemos" tomando definitivamente el mando.
1- Mañana le decís que el sábado tenés que viajar y que volverás el domingo al mediodia. Te aconsejo: viajá, trasladate a otra ciudad, por si te arrepentís e irrumpis puchereando mientras yo estoy haciendo mi parte. Ok?
2- El Fichu: se quedará a dormir en la quinta que mi tio me banca para festejar mi cumpleaños.
3- Cerca de las 22.30, antes de que finalice el sábado, vengo inocentemente a "disculparme ante ella y vos" ya que se supone que de tu viaje no estoy ni enterado.
4- Por como te pusiste mientras te relataba mi plan, no solo arriesgás a que Clara pase una noche con otro, yo en este caso. Lo vas a disfrutar y mucho. Bueno. Andá y decile a los pibes que vengan al auto que los llevo, asi no entro a tu casa y yo te hago quedar mal ante tu mujer.
Volvió aestrechar mi mano sellando asi un acuerdo del que yo... no se si estaba de acuerdo...
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