Ese mismo domingo, al otro día de confesarle a mi novio que me quería coger al novio de mi mamá, puse en marcha el plan para tratar de que ya no me vea como a la hija de su novia, sino como a la putita que me siento cuando tanto me caliento.
Estuve pensando anoche, antes de quedarme dormida, todo lo que habíamos hablado con mi novio Pablo, sobre todo eso que me confesó que le gustaría que yo coja con otros hombres, y que le cuente después, mientras él me limpia mi vagina llena de leche de otro macho…
Al principio me gustó la idea, quizás sea porque estaba re caliente anoche cuando lo hablamos, pero después no se si estoy tan convencida. La parte que me gusta es la de coger con otros, pero la que mucho no me termina de cerrar, es la parte donde le cuento todo y se toma lo que me quede en mi vagina, pero es como todo en esta vida, es cuestión de probar, y si no me gusta, no lo hago, pero si me gusta, vamos para adelante.
Y mientras me daba ánimos yo sola, me miraba en el espejo, y veía una Marcela que no era la misma de siempre, ya que estaba vestida más atrevida, con un pantalón pijama que me quedaba algo apretado, se me notaba muy bien el culo, y el hecho de no usar tanga debajo, hacía que los labios de mi conchita se vean más y mejor, ya que algo del pantalón se metía en ellos.
Y para rematar, la parte de arriba del pijama era una remera super holgada y no traía corpiño abajo, para ver como hacía German al espiarme y verme las tetas, mientras yo me agacho distraídamente en alguna que otra ocasión.
Si bien no estaba recién despierta, me revolví un poco el pelo para que parezca que sí, y salí de mi habitación para unirme a mi mamá y a German que ya estaban desayunando.
Cuando llegué a donde estaban ellos, en mi papel de actuación de hacerme la dormida, hablaba más despacio y cada tanto decía alguna que otra palabra más sensualmente, como tratando de unir la voz de dormida y la voz sensual, pero sin ser demasiado obvia, para que ninguno se dé cuenta de lo que quería hacer.
Mi mamá me ofreció tomar unos mates, mientras terminaba de organizar su día. Yo acepté de gusto, y me uní a ellos en la mateada de la mañana. En la mesa había unas tostadas recién hechas, junto a un po