Capítulo 1

Capítulos de la serie:
  • La herencia I

Este relato es otro ensayo de una pequeña variación del estilo narrativo, espero les guste, y como siempre, espero sus comentarios, sugerencias, ideas para futuros relatos.

Ana Raquel

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La Herencia

Primera Parte

El Talismán

Eran las 9:00 de la mañana cuando comenzó a sonar mi teléfono con insistencia, lo dejé sonar durante un tiempo, sin embargo, quien fuese que me estaba llamando no se rendía, quería seguir durmiento ya que en realidad hacía poco que me había dormido, apenas a las 5:00 de la mañana. No es que estuviera de fiesta ni mucho menos, había estado trabajando.

Verás mi trabajo es desarrollar software de gestión para pequeñas empresas y suelo quedarme por las noches terminando mis entregas, el silencio y la soledad me ayudan a concentrarme, me acuesto tarde, me levanto tarde, paso las noches solo trabajando, es mi vida y me gusta. Quien en realidad debe tener paciencia con este ritmo de vida es mi esposa, se que a veces se siente un poco molesta, pero comprende que la naturaleza de mi trabajo es así, a veces he pasado fines de semana completos, tratando de terminar una entrega, mientras que en otras oportunidades dispongo durante la semana de tiempos libres que dedico en lo posible a pasar el rato con ella, en fin, una cosa compensa la otra.

Como el teléfono no pensaba dejar de llamar, no tuve otra opción que levantarme, rogando que fuese un telemarketer así por lo menos tendría alguien en quien descargar mi furia por haberme despertado.

– Hola Carlitos, te desperté.

– Si mamá, sabés que a estas horas duermo. No sé en que momento de mi vida dejé de crecer, todavía seguía siendo el niño, Carlitos para mi madre, aunque supongo que no se trata solo de mí, la mayoría de las madres actúan así con sus hijos.

– Tenés que levantarte mas temprano, aprovechar el día.

– Aprovecho la noche, trabajo mejor así y a Julia no le molesta, tiene sus compensaciones.

– Que suerte que tenés que tu mujer te entiende.

– Bueno, para que llamaste, precisas algo? Esperaba cortar la comunicación lo mas rápido posible para volver a dormir.

– Necesito que revises la casa de la abuela.

Mi abuela, a la que tanto mi madre como yo éramos muy apegados, había fallecido hacía seis meses. Dejó una casa en una localidad cercana a la ciudad, una casona en realidad, un chalet con techo a dos aguas, de dos plantas, en el piso inferior, una sala, un comedor de amplias dimensiones y un estudio, junto con una cocina también generosa y un baño social.

En el primer piso, tres habitaciones que daban a un pasillo central, una de ellas, la principal, con baño en suite lo suficientemente grande como para tener un hidromasaje, al final del pasillo otro baño también bastante grande.

Pero en este momento la casa estaba completamente vacía, mi madre y yo nos habíamos encargado de vender todos los muebles, lámparas y vestidos que había dejado mi abuela.

– La casa está vacía, para que quieres que vaya?

– Es que olvidamos revisar el altillo, podría haber algo de valor allí.

El altillo, recuerdo cuando era pequeño, tardes enteras había pasado en el, le decía «la baticueva» con esa ingenuidad típica de un niño. Se accedía por una pequeña escalera plegable ubicada en el baño del primer piso, y ultimamente solo había acumulado polvo y mugre.

– No hay nada allí, no creo que la abuela trepara por la escalera para guardar algo con los años que tenía.

– Por favor, compláceme, la abuela siempre hablaba de su tesoro, de sus joyas, y cuando revisamos la casa no encontramos nada de valor.

– Está bien, iré hoy por la tarde. Siempre era una posibilidad que la abuela escondiera sus joyas allí hace veinte años y quedaran entonces abandonadas.

Traté de volver a dormir, con poco éxito debo confesarlo, comencé a fantasear con la idea de ir al altillo, buscar y encontrar un pequeño cofre lleno de joyas de gran valor, vendería algunas y con el dinero, podía perfectamente pagar el adelanto de un departamento y dejar de alquilar.

Cansado de dar vueltas en la cama, me levanté, tomé un café y dejé una nota a mi esposa indicándole adonde iría.

Luego de una media hora de viaje detuve el auto delante de la puerta de la casa, una sensación de tristeza me invadió, el jardín, antes tan bien cuidado, estaba inundado de maleza y apenas se podía contemplar alguna que otra flor algo marchita ya.

Subí los tres escalones hasta llegar a la puerta de entrada, al ingresar a la casa, el olor a humedad y encierro golpeó mi nariz y otra oleada de tristeza me invadió, poco quedaba de la casa que recordaba y en donde había pasado gran parte de mi infancia, mis pasos retumbaban en el piso de madera con ese eco tan particular que se produce en una habitación vacía.

Subí hasta el primer piso, abrí la trampilla del baño, desplegue la escalera, encendí la luz del altillo que se encontraba junto al interuptor del baño y comencé a subir, al ingresar al altillo, tuve que caminar ligeramente encorvado, tal como recordaba, había dos estanterías, sin embargo, cuando niño, estas se encontraban prácticamente vacías.

Ahora en cambio, una de ellas, tenía una colección completa de muñecas, de todos los tamaños y formas, algunas burdas, hechas de trapo y otras, de tamaño natural, realizadas con una percepción exquisita, que me hicieron temer animadas mágicamente, estuvieran esperando que me diera vuelta para levantarse y comenzar a caminar.

En la otra estantería solo había un abrecartas, un cofre de madera, con una talla muy elaborada en su tapa, de aproximadamente 40 centímetros de longitud, 20 de ancho y otro tanto de profundidad, a su lado, un tablero Ouija.

Cierto, la abuela era viciada en esas cosas, durante años pasé las terdes oyendo historias de otras dimensiones, de dioses que habitaban en ellas y de como hechiceros de este mundo, conociendo los rituales, podían invocar el favor de estas entidades. Era una ávida lectora además y tenía la colección completa de las obras de H.P.Lovecraft, devorando sus textos no como fantasías sino como si se tratase de libros de texto.

– Eureka, murmuré para mi mismo contemplando el cofre. Seguramente aquí estaban las joyas de la abuela, abrí el cofre ya pensando en donde compraría el departamento, cuando para mi sorpresa dentro había una pequeña caja negra, sin ningún tipo de detalle, salvo en su tapa donde en letras doradas decía «sanguis sanguinis mei, tutela tua est».

Bueno, después vería que significa eso, quizá la caja contuviera algún collar, un reloj de oro, algo, no lo que esperaba, pero algo de valor debía contener, intenté abrirla pero la tapa no se movía ni un milímetro, seguramente atascada por el paso del tiempo, necesitaba algo con que hacer palanca y recordé el abrecartas que estaba justo en el mismo estante.

Siempre fuí algo torpe manualmente, tomé la caja con una mano, el abrecartas en la otra y ejercí presión, ya puedes imaginar lo que sucedió, el abrecartas se deslizó por la caja, producir un rasguño siguiera y terminó enterrando su punta en la palma de mi otra mano que comenzó a sangrar.

Para mi sorpresa, al caer la sangre sobre la tapa de la caja, esta se liberó automáticamente, no estaba tan atascada pensé. Soy yo que soy un poco inútil para estas cosas. Tomé un pañuelo y lo apoyé sobre mi herida para poder examinar el contenido de la caja con mas tranquilidad.

Para mi decepción, el contenido se limitaba a un pequeño medallón, un poco mas grande que una moneda, de aproximadamente tres centímetros de diámetro, aparentemente de plata o alpaca, labrado exquisitamente y en cuya circunferencia tenía grabada otra leyenda «Marcum servum tuum», en fín lo único que había encontrado era una colección de muñecas de escaso valor y un galimatías en latín cuyo significado desconocía.

Puse el medallón en la palma de mi mano y me acerqué a la lámpara para observarlo mejor, en ese momento, cambió su textura, ya no era un metal duro y frío, se sentía maleable en mi mano, y comenzó a aumentar su temperatura. Ya casi me estaba quemando, cuando cambió una vez mas y sentí un frío helado que ascendía por mi brazo, traté de soltar el amuleto, pero este se encontraba adherido a la palma de mi mano, el brazo entumecido, para mi horror, parecía que el objeto se estaba fundiendo con mi mano.

Traté una vez mas de quitármelo, pero era imposible, no había manera de tomarlo entre mis dedos, es mas, ahora podía ver como lenta pero de forma inexorable, se estaba estaba fundiendo en la palma de mi mano. Al cabo de unos pocos minutos, ya no se veía el amuleto, el único rastro que había dejado era su diseño dibujado en mi palma.

Casi me caigo por la escalera en mi apuro por llegar al baño e intentar lavarme las manos, sin embargo, era imposible, la marca estaba ahí, como si fuese un tatuaje y no había forma de removerla.

Confundido, cerré todas las puertas y se diría que huí a la familiaridad de mi automovil. El viaje de regreso fue bastante demorado ya que cada tanto me detenía para observar el tatuaje, el cual se desvanecía lentamente con el paso del tiempo, para cuando llegué a mi casa, era prácticamente invisible.

Cuando llegué a casa, Laura mi esposa, ya había llegado del trabajo. Le relaté rápidamente lo que me había sucedido.

– Te habrá parecido, mira no tienes ninguna marca en tu mano.

Efectivamente, el tatuaje había desaparecido por completo.

– Pero es verdad, no se que sucedió pero tienes que creerme.

– Te creo, respondió.

– Claro, me das la razón como a los locos, le dije mientras la tomaba de una mano.

En ese momento, volví a sentir un entumecimiento muy particular en el brazo con el que le tomaba la mano.

– Te creo, sinceramente creo que te sucedió algo, ahora vamos a cambiarnos que Ricardo y Elena nos esperan a cenar.

Que pasó aquí, como había cambiado de actitud tan rápidamente? Miré mis manos y la marca había aparecido nuevamente en la palma, pero ya comenzaba a desvanecerse.

Antes de continuar, debo comentar algo de Ricardo y Elena, se trata de una pareja amiga, nos conocimos a través de nuestras esposas, quienes trabajan juntas, coincidimos en muchos de nuestros pasatiempos e incluso, dado que Ricardo también se dedica al desarrollo de software, en varias oportunidades cuando alguno de los dos tiene un proyecto demasiado grande para una persona, solemos trabajar en equipo.

Sin embargo hay ciertos temas que tratamos de evitar. Verás ellos son profundamente homofóbicos, mientras que Laura y Yo somos en general mucho mas abiertos, de hecho, ambos somos bisexuales, algo que ni siquiera se lo hemos mencionado. De cualquier forma, por mas que intentemos, como sucede generalmente surge la cuestión, sea por una noticia, por una marcha que se realizó en el centro de la ciudad, inevitablemente surge el tema.

Esta noche no fue la excepción, terminamos de cenar y estábamos tomando el postre con un delicioso café, cuando una noticia en la televisión trajo el tema a la mesa.

– Se lo tienen merecido fué el único comentario de Ricardo. Elena acotó: – Son unos desvergonzados.

– Bueno, no lo tomen así, al fin y al cabo cada uno tiene derecho a vivir la vida como le parezca.

– En la intimidad sí, pero hay un límite fue la acotación de el.

Apoyé mi mano sobre su hombro y le dije: – Vamos, no es para tanto, tampoco es contagioso, o acaso ahora te vas a vestir como puta y me la vas a chupar? Otra vez volví a sentir la misma sensación de entumecimiento en el brazo con el que lo estaba tocando.

– Cierto, fue su única respuesta, se levantó y se dirigió a su habitación.

– No lo tomes a mal, en un rato se le pasa, dijo Elena.

Dirigiéndome a Laura le dije a modo de broma: – Te vas a excitar cuando lo veas chupándomela?

– Por supuesto, me respondió mientras se mordía el labio inferior.

Pasó un rato y de pronto Ricardo volvió pero completamente cambiado, ahora estaba realmente vestido como una prostituta, medias de red, una minifalda de color rojo, una blusa blanca ajustada, maquillaje marcando el rubor de sus mejillas y los labios de un rojo intenso, una peluca de carnaval de color negro y descalzo, obviamente, había utilizado la ropa de su mujer y no había encontrado un calzado adecuado.

No era una transformación completa, mas bien era la caricatura de una prostituta, pero eso no lo detuvo y me dijo: – Ahora te la voy a chupar mi amor.

Ví la excitación en los ojos de Laura cuando Ricardo virtualmente se abalanzó sobre mí y comenzó a desabrochar mi cinturón tratando de bajarme los pantalones.

Elena, en un tono histérico comenzó a gritar: – Ricardo, que estás haciendo? Que te pasa? Detente?

Tratando de contenerla, la tomé por los hombros y le dije: – Tranquila, todo está bien.

– Cierto, todo está bien, fue su respuesta y se sentó en uno de los sillones contemplando como Ricardo, ahora sí tenía éxito en bajarme los pantalones y comenzaba a lamer mi pene.

Laura entretanto, estaba recostada en otro de los sillones, había subido su falda, la ropa interior a sus pies mientras se masturbaba furiosamente.

– Elena, porqué no ayudas un poco a Laura?

– Será un placer, fue su única respuesta, para luego colocarse entre las piernas de mi esposa y comenzar a lamer su entrepierna.

Mientras tanto Ricardo me estaba dando una mamada espectacular, – Prepárate que ya llego, le dije.

– Dámelo todo por favor.

Entonces, sentí como llegaba mi orgasmo y me corría dentro de la boca de Ricardo, al mismo tiempo y al ver esto, percibí que Laura también tenía su propio orgasmo.

– Vé a bañarte y cambiarte, será mejor que todos olviden esto.

– Iré a bañarme respondió Ricardo.

Volvió al rato, ahora vestido de forma mas convencional. – Me voy a tomar una ducha y se quedan todos dormidos.

– Perdón, respondió Elena, estábamos muy cansadas, hoy fue un día agotador en la oficina.

Que había pasado, no se las marcas en la palma de mi mano estaban desapareciendo nuevamente. – Que nochecita verdad? Le dije a mi esposa.

– Porqué? No sucedió nada especial, comimos, y después nos quedamos dormidas.

Me fuí a acostar, ninguna marca en mi mano, sin embargo, no pude dormir, sabía que había una relación entre lo que había pasado en la casa de mi abuela y los sucesos de la noche, sería que el amuleto y las marcas que aparecían y desaparecían en mi mano eran la causa?

Poco a poco fuí diseñando un experimento que pondría a prueba tal suposición.

Segunda Parte

Las Pruebas

A la mañana siguiente me levanté antes que Laura se fuera a su trabajo, la primera prueba sería verificar si mi influencia perduraba o si por el contrario, tendría una especie de fecha de caducidad. Hasta ese momento, yo en varias oportunidades había sugerido que nos mudáramos a la casa de mi abuela, era mas grande que el departamento que alquilábamos y ahorraríamos dinero.

Sin embargo, Laura se negaba terminantemente, que mantener el jardín sería mucho trabajo, que era muy grande y ella sola no podría mantenerla.

– Yo puedo ayudarte o podríamos contratar a alguien.

– Entonces gastaríamos el mismo dinero si contratásemos a un jardinero y a una mujer para que haga la limpieza, además, tu tienes recuerdos de niño en esa casa, yo en cambio me siento muy incómoda, me dá escalofríos de solo pensar en mudarme allí, además, está el problema de la seguridad, no podría dormir tranquila pensando que por la noche alguien puede entrar a robarnos.

Decidí probar nuevamente. – Estuve pensando, porqué no nos mudamos a la casa de la abuela? Ahorraríamos el dinero del alquiler y yo puedo montar mi oficina en el estudio.

– Excelente idea, ya mismo comienzo a empacar así durante el fin de semana nos mudamos.

Verificado entonces que mi influencia seguía vigente, me vestí y me dirigí al departamento de Elena y Ricardo.

– Buenos días, me dijo Elena al abrirme la puerta.

– Está Ricardo?

– Si por supuesto.

– Llámalo por favor.

Fue a buscarlo, al volver los dos se quedaron parados esperando que era lo que tenía que decir, el tatuaje de mi mano mas marcado que nunca. Fase uno verificada, la primera vez era necesario el contacto físico, pero una vez «marcados» era suficiente con darles instrucciones. Ahora vería el alcance de esas instrucciones.

– Tomen asiento por favor y escuchen atentamente lo que tengo que decirles.

Ambos se sentaron uno junto al otro en el sofá, observándome fijamente.

– Ricardo, en tu vida diaria, en la calle continuarás como hasta ahora, sin embargo, te fascina vestirte como mujer, solo llegar a casa te cambiarás y te transformarás en una seductora mujer, para ello, hoy irás a comprar toda la ropa, lencería, maquillaje y zapatos que consideres conveniente, incluyendo accesorios como anillos, collares y cadenas.

– De aquí en adelante realizarás todas las tareas de la casa, lavar, cocinar, planchar y limpiar la casa, al hacerlo, te vestirás como una mucama francesa, está claro?

– Si, está claro.

– Te depilarás por completo y cuando te transformes responderás al nombre de Enriqueta, el solo verte en un espejo te excitará, para garantizar esto, todos los días tomarás una dosis de viagra o algún producto similar. Comprendes?

– Comprendo.

– Frente a tu esposa, o cuando reciban visitas te mostrarás siempre sensual y seductora. Has comprendido?

– He comprendido.

– Laura, tu en cambio encontrarás a Ricardo poco atractivo y no tendrás mas sexo convencional con el. Por otra parte, Enriqueta te excitará terriblemente y el solo hecho de verla, hará que tengas deseos de hacer el amor con ella. Comprendes?

– Comprendo.

– Hoy al salir del trabajo irás a un porno shop y adquirirás dos strapons, plugs anales de distintos tamaños y para evitar que Enriqueta se toque al excitarse, un dispositivo de castidad. Al volver, le colocarás el dispositivo de castidad a Enriqueta y le enseñarás a maquillarse como corresponde. Está claro?

– Está claro.

– Cambiarás tu estilo de vestimenta, mas sensual, ropa ajustada, corsets, solo llegar a casa te cambiarás y adoptarás el rol de una dominatriz, te pondrás uno de los strapons y en cualquier momento que tengas oportunidad, sodomizarás a Enriqueta, esto te dará gran placer. Comprendes?

– Comprendo.

– Te excitará el poder que tienes sobre Enriqueta y gozarás cuando ella te ruege que la penetres, verificarás que tenga siempre puesto un plug anal y que esté lista en todo momento para ser penetrada, si se comporta correctamente, le otorgarás el placer de un orgasmo.

– Bueno, ya tienen sus instrucciones, hoy por la noche vendremos a tomar algo con Laura para comprobar su avance.

– Un detalle mas, estarán agradecidos conmigo por haberles mostrado el camino.

Una vez que terminé de «programarlos» me retiré, ahora solo restaba esperar la hora de la cena para ver el alcance de mi poder sobre ellos.

Faltaba un detalle mas, volví a mi departamento justo antes que Laura se fuera a la oficina. – Querida, hoy tendremos una cena mas con Ricardo y Estela.

– Perfecto, no hay problema.

– Un detalle, quizá los veas un poco cambiados, eso no te preocupará, al contrario, sentirás que te excita la transformación de ellos. Comprendes?

– Comprendo.

Los tatuajes en mi mano comenzaban a desaparecer. El resto del día lo pasé intentando concentrarme en el trabajo sin poder, sería que hoy me encontraría con Ricardo y Estela totalmente transformados, o por el contrario, estarían indignados por las instrucciones que les dí.

Finalmente, el momento de la verdad había llegado, nos cambiamos, y bajamos dos pisos hasta el departamento de nuestros amigos, toqué el timbre y fui agradablemente sorprendido al ver que Enriqueta nos abría la puerta, estaba sencillamente despampanante, pude notar que Laura coincidía conmigo ya que virtualmente la estaba devorando con la mirada.

Comencemos en orden, tenía unos zapatos color tostado, con un taco aguja de al menos 12 centímetros, medias de nylon color natural con costura, una falda tubo que marcaba sus nalgas también de color tostado, una blusa blanca de manga larga hasta los puños, dejando abiertos los tres primeros botones de forma que se notaran sus prótesis mamarias de un tamaño considerable, eran además de una calidad excelente y uno debía examinarlas cuidadosamente ya que tenían toda la apariencia de unos senos naturales.

Sus uñas, perfectamente manicuradas, tenían extensiones acrílicas y pintadas de un rojo profundo, sus dedos estaban adornados con varios anillos, así como también se veía en su cuello un camafeo amarrado con una cinta (seguramente para ocultar la unión entre la prótesis y su carne), el maquillaje, simplemente exquisito, ojos esfumados, pestañas postizas y los labios del mismo tono que sus uñas, finalizaba el ensamble, una peluca negra de altísima calidad, peinada en un estilo alto que dejaba al descubierto tu cuello y permitía exhibir unos aros de colgante.

– Pero que hermosa estás Enriqueta, le mencioné.

– Les gusta? Dijo al mismo tiempo que daba un giro sobre sí misma para mostrar su atuendo.

Laura se me adelantó. – Claro que si estás preciosa, y mientras decía esto, la tomó entre sus brazos y plantó un beso en su boca.

– Pero por favor, pasen, Elena llegará en cualquier momento.

Pasamos a la sala y nos sentamos ella en un sillón de, mientras que laura y yo lo hicimos en un sofá de tres cuerpos. La repasé con la mirada una vez mas, casi a punto de ordenarle que se colocara en posición para penetrarla cuando en ese momento Elena hizo su entrada.

Si Enriqueta me había sorprendido por su apariencia femenina, la llegada de Elena directamente me dejó sin palabras, había ido demasiado lejos con mis instrucciones? Definitivamente no.

Era directamente una Diosa Dominante, guantes de cuero largos casi hasta los hombros, un corset también de cuero que realzaba su busto, ocho tirantes pendían del corset y ajustaban un par de medias de nylon negras también con costura, finalmente unas botas hasta la rodilla, con un cierre lateral que ajustaban perfectamente a sus piernas, rematadas por un taco aguja de 12 centímetros.

El cabello amarrado en una cola de caballo y el maquillaje, en tonos oscuros con labios en un color vino completaban la apariencia. Sin embargo, lo que mas resaltaba era un strapon colocado en su cintura que mediría al menos 25 centímetros por ocho de diámetro, imitando perfectamente el pene masculino, incluso mostrando la textura de unas venas que lo recorrían.

Ella se paseaba así caracterizada como si fuese la cosa mas natural del mundo.

– Carlos, Laura, que placer que hallan podido venir.

– Faltaba mas, le respondí. No me hubiera perdido esto por nada del mundo, estás radiante Elena.

– Gracias, ha sido realmente liberador, con Enriqueta nunca podremos agradecerte lo suficiente.

– Veo que la casa está impecable, le comenté, deben haber trabajado toda la tarde.

– Al contrario, fue Enriqueta quien realizó todo el trabajo, se ha mostrado como una excelente criada además de una esposa adorable. Pero Laura, porqué no vienes conmigo un momento y te vistes de una forma mas apropiada para la reunión.

Laura, que no le sacaba los ojos de encima a Enriqueta se levantó inmediatamente. – Será un placer querida.

Cuando se estaban retirando tuve una idea. – Un momento por favor, disculpenmé y espero que no lo tomen como un atrevimiento, pero este fin de semana nos estamos mudando con Laura a la casa de mi abuela fallecida.

– Pero que gran noticia, comentó Elena.

– Sin embargo, la casa es muy grande para que Laura se haga cargo ella sola de la limpieza, estaba pensando si Enriqueta no estaría dispuesta a ayudarnos un par de veces por semana, por supuesto, le pagaría un salario por sus tareas.

– De ninguna manera, fue la respuesta de Elena.

Es que acaso mis instrucciones se estaban debilitando, miré mi mano y el tatuaje estaba firmemente dibujado.

Enriqueta, notando mi perplejidad acotó: – Lo que Elena quiere decir es que de ninguna manera yo podría aceptar un pago de ustedes, con todo lo que les debemos sería imposible además, cobrarles por mis servicios.

– Exactamente, gracias Enriqueta, eso es lo que quería decir, me sentiría ofendida cobrándoles por los servicios de ella, con mucho placer les asistirá en la limpieza y en cualquier otra necesidad que ustedes tengan.

– Pero ahora, basta de charla, vamos a ver si encontramos un atuendo mas apropiado para Laura. La tomó de la mano y se dirigieron a la habitación.

Mientras tanto yo quedé a solas con Enriqueta.

– Quieres tomar algo? Preguntó con una voz y una entonación tan sensual que casi no pude contenerme.

– Tienes whisky?

– Claro, como no, ya te sirvo.

Cuento me lo alcanzó, lo probé y le pregunté: – No tomas nada?

– En realidad quiero otras cosas, dijo mientras con sus uñas comenzaba a desabrochar mi cinturón y bajar mis pantalones.

Una vez que dejó mi pene expuesto, con movimientos sensuales, se puso un poco de lubricante en sus manos y comenzó a masturbarme lentamente.

– Quiero que esté bien dura.

– Con lo hermosa que eres, no tendrás que esforzarte mucho.

Dicho y hecho, yo tenía una erección increíble y además estaba desesperado, esa belleza masturbándome llevándome al borde del clímax, moviendo sus manos lentamente, estaba a punto de tomar su cabeza entre mis manos y guiarla cuando ella misma tomó la iniciativa, se colocó de rodillas frente mío e introdujo mi pene por completo dentro de su boca, sentía como presionaba contra su garganta y eso me enloquecía aún mas.

Estaba en el mejor de los mundos, cuando Elena y Laura regresaron, se podría decir que eran hermanas gemelas, Laura estaba vestida exactamente igual que Elena y portaba también un strapon de idénticas dimensiones, me ví tentado de ordenarle que me penetrara (algo que había soñado desde hacía mucho tiempo) cuando decidí que mejor, dejar que los acontecimientos transcurrieran por sí mismos. Ya tendría tiempo en el futuro para vivir otras fantasías con Laura, mejor seguir disfrutando de la mejor felación de mi vida.

– Veo que ya comenzaron sin nosotras. Querida, querrías hacer los honores? Mencionó Elena.

– Pero por supuesto, desde el primer momento en que la ví, que muero de ganas por penetrar esa cola fue la respuesta de Laura.

Dicho esto, se arrodilló detrás de Enriqueta y luego de subirle la falda, retiró el plug que llevaba y comenzó a penetrarla.

– Pero que puta deliciosa, ya estaba lubricada y lista para mí.

– Por supuesto, le comentó Elena, hoy por la tarde ya tuvo su buena dosis y me aseguré que estuviera preparada. Mientras tanto, porqué no me chupás un poco esta hermosa verga? Dijo mientras acercaba su pene artificial a los labios de mi esposa.

Que acertado estuve al dejar que las cosas transcurrieran por si mismas, en mis fantasías mas locas jamás hubiera imaginado una situación así, Enriqueta mamándome como los dioses, Laura penetrándola y besando el falo de Elena, era una escena que de solo recordarla comienzo a tocarme y masturbarme.

Seguimos así un rato, luego Laura y Elena cambiaron de posición, Elena penetrando a Enriqueta y besando el pene artificial de Laura.

– Como me calienta coger a esta puta. Comentó Elena.

Finalmente, no pude aguantar mas y terminé eyaculando en la boca de Enriqueta, ella, casi al mismo tiempo, terminó derramando su semen en el piso a causa de la estimulación prostática.

– Bésame hermosa, le ordené a Enriqueta, esta respondió inmediatamente y nuestras lenguas comenzaron a jugar una contra la otra, sintiendo como me pasaba mi semen.

Luego nos vestimos y con Laura volvimos a nuestro departamento.

– Fue una velada hermosa, hace tiempo que no disfrutaba tanto.

– Me alegro le dije, espero que podamos repetirla y además, contaremos con la ayuda de Enriqueta luego de habernos mudado.

– Cuento con eso, me respondió, tengo unas cuantas ideas de cosas que podremos hacer con ella.

Hasta aquí el relato de mis aventuras querido lector, me gustaría leer tus comentarios, quizá seguir con la historia, existen varias alternativas: