AVENTURAS POR EL MUNDO
LA GRANJA DEL PLACER
CHARLINES
Cerca de la ciudad de Waco en la mitad de Texas, se encuentra una granja regida por cuatro mujeres. Estas crearon la granja, por discrepancias en sus matrimonios y para no ser encontradas se refugiaron en esta parte del país, donde formaron su propia granja.
Las presentaré
Abigail, una hermosa rubia que ya pasa de los cuarenta y cinco, pero el tiempo la cuidó muy amablemente. Unos pechos generosos dejan siempre un precioso escote que luce con especial cuidado. Alta, uno setenta y cinco, con un buen culo de sus paseos a caballo.
Carolina, una muchacha menuda, que, a sus cuarenta años, aparenta tener treinta. Pequeños pechos en una pequeña muñeca, no supera el uno sesenta. Morena con una larga cabellera que casi le tapa su bonito culo.
Mia, exuberante pelirroja, cercana al uno ochenta, largas piernas y bonitas curvas. Le gusta exhibir sus pechos redondos y duros los que, jamás, en sus cuarenta y tres años han visto un sujetador. Al igual que Abigail también gusta de montar a caballo.
Olivia, la más joven de las tres muchachas, despierta y feliz a sus treinta y cinco años vive la vida como una adolescente. Larga cabellera rubia, casi albina. Porta unos menudos pechos, donde sus pezones se tensan formando una preciosa imagen. De las cuatro es quien más sabe de la granja, pues siempre vivió en una.
Aquel día Abigail volvía de su paseo a caballo y al bajar de este se cruzó con Ramón, el mozo de cuadras.
• ¿Dónde está, Carolina?
• No sé señora, no la he visto.
Abigail fue por las caballerizas gritando el nombre de Carolina. Esta se encontraba en un pequeño cobertizo con Andrés, el ayudante de Ramón, que la tenía bien ensartada. Rápidamente Carolina se salió de Andrés y se bajó la falda, para salir al encuentro de Abigail. La encontró llegando cerca del cobertizo.
• ¿Ya pediste las cosas a la tienda?
• Si tranquila, lo hice nada más levantarme.
Abigail vio salir a Andrés del mismo sitio que salió Carolina.
• ¿Qué hacías ahí?, pequeña cerda.
• Tú que crees jajajaj, me jodiste un buen polvo.
Las dos muchachas caminaron hacia la casa donde les esperaban para comer. Tras sentarse a la mesa, las muchachas comieron departiendo alegremente sobre los quehaceres de la granja.
Abigail tras terminar la comida le preguntó a su amiga.
• ¿Qué tal folla el muchacho?
• Serás cerda... ¿qué más te da? Pero bien, folla muy bien, con rabia, con ímpetu, con ganas.
• Hoy traerán el nuevo caballo, hay que domarlo también, viene sin domar. Creo que Mía será la más idónea para domarlo, tiene mala leche jajajajajaj
Las muchachas se separaron y Abigail fue a buscar a Mía.
• Hoy llega el nuevo caballo, creo que tú serás la más idónea para domarlo, eres la más brava.
• Perfecto, por mí, sin problemas.
Sobre las cinco de la tarde llegó el transporte con el animal. Un imponente caballo azabache, majestuoso y altanero. Un porte espectacular, hacía de él un imponente animal. Mía se acercó al caballo tirando de la brida y este se encabritó, Mía consiguió dominarlo, pero ya vio que no sería tarea fácil domar ese imponente animal. Lo metieron en las caballerizas y esperaron que pasara la noche, para empezar con él al día siguiente.
• No te va a ser fácil domar a ese animal.
• No, no parece una tarea fácil, seguramente necesitare ayuda. Le diré a Ramón que sea él quien empiece su educación.
Al despuntar el alba Mía ya se había levantado y tras darse una caliente ducha, desayunó y fue a buscar a Ramón.
• Ramon, quiero que vayas suavizando ese caballo, creo que yo no podré dominarle, es terco y fuerte.
• Tranquila señorita, intentaré dominarlo.
Ramon se acercó a las caballerizas, con extremada paciencia, colocó la cuerda etológica al caballo y lo sacó despacio al ruedo donde le pondría a trabajar. Ramon estuvo un par de horas dando cuerda al caballo y tras terminar la educación, le regaló unas cuantas zanahorias que el animal degustó con ansia.
Poco a poco y día a día, el animal se iba familiarizando con sus cuidadores. Mía lo visitaba en las cuadras lo cepillaba y le daba algunas cosas de comer, quería hacerse amiga de él. También lo hablaba y lo acariciaba, el animal lo agradecía y le frotaba su cabeza contra el cuerpo. Tras más de seis meses cuidando y confiando al animal, le pusieron la silla de montar, lo sacaron al ruedo y le dejaron acostumbrarse a la silla, que, si bien en un principio rechazó, cuando Mía se le acercó y le calmó, el animal la fue aceptando poco a poco. Un mes después, fue Ramón quien lo montó por primera vez y la verdad es que el animal no se lo tomó muy bien. Lo desmontó con muy malas maneras y tuvo que ser Mía quien tranquilizase de nuevo al animal.
Lo llevó a las caballerizas y lo cepilló con mimo. Notó como ese día y por primera vez, el animal tenía una erección y un imponente miembro se descubrió ante Mía. Esta no pudo dejar de admirar semejante instrumento y quitándose los guantes, lo acarició, notando su dureza y su calor. Al notar las manos finas y suaves de Mía el animal relinchó.
• Tranquilo caballito, tranquilo, ¡menuda verga te gastas!, se me hace la boca agua.
El caballo relinchaba, pero se mantenía quieto y expectante. Mía acariciaba toda la longitud de ese terrible miembro. Notaba la suave piel exterior y como se iba haciendo más rugosa y carnosa al llegar al glande. Mía se estaba excitando y mucho. Lo que le hacía mover su mano alrededor de esa verga que increíblemente cada vez era más grande. Al caballo parecía gustarle, pues se estiraba y levantaba sus piernas buscando una yegua a la que cubrir. Mía estaba fuera de sí y cada vez imprimía más ritmo a sus caricias.
Por fin el animal soltó unos buenos chorros de su esperma que sorprendieron a Mía, aunque esta no paró de masajear la polla hasta que el caballo se quedó tranquilo. Increíblemente para ella, que jamás había probado el semen de un humano, se chupó los dedos que habían quedado impregnados con el semen del animal. El sabor salado y amargo se quedó impregnado en su paladar.
Mía salió temblando de las caballerizas, la experiencia le había gustado, se había sentido muy poderosa tras doblegar a ese imponente animal.
Mientras Mía pajeaba al caballo, su compañera Carolina retozaba con otro imponente animal. Ramon la tenía a cuatro patas y la penetraba sin piedad en el cuarto que era su casa. Carolina gritaba, gemía y pedía más, su menudo cuerpo era levantado por ese animal cada vez que se introducía en ella.
• Vamos cabrón párteme en dos, destrózame, jódeme, jódeme.
Ramon sujetando sus brazos por el codo, le daba sin piedad, clavando su larga polla en lo más hondo de Carolina. Sujetando a esta con una mano, con la otra Ramón, azotaba el culo de Carolina como si fueran las bridas de un caballo. Carolina gemía y echaba con fuerza su culo hacia atrás para sentir la mano y la polla lo más intensamente posible.
• Dame fuerte, dame más fuerte, me corro, me corro, si, si, si...
Carolina paró sus embestidas y se dejó hacer por Ramón que terminó clavando su polla en lo más hondo y llenando su cueva de espesa nieve.
Mientras Olivia y Abigail practicaban su deporte favorito, un perfecto sesenta y nueve. Abigail era bisexual y Olivia también gustaba de disfrutar de los placeres femeninos y masculinos, pero tenía una cierta predilección por Abigail. Ese cuerpo casi perfecto ya llegando a la madurez la volvía loca, igual que a Abigail le volvía loca el juvenil cuerpo de Olivia. Las dos mujeres se corrieron en la boca de su compañera y después se devoraron a besos mientras sus dedos acariciaban sus excitados clítoris hasta volverse a correr otra vez.
Cuando despuntó el alba, Mía ya estaba con su caballo, hablando con él.
• Hoy serás bueno y te dejarás montar, si eres bueno luego te daré un premio, un premio que jamás di a nadie.
Después de hablar con el caballo se fue a desayunar. Al terminar le dijo a Ramón que hoy quería ser ella quien probara a montar al caballo. Ramon le dijo que tuviera cuidado porque era un animal bravo. Pusieron la silla sobre el animal y Ramón ayudó a subir a Mía. El animal en un principio salió ufano con ella encima, pero a la tercera vuelta empezó a sentirse incómodo.
• Tranquilo, tranquilo, tranquilo.
• Pare señorita, pare, que la va a tirar.
El animal dio dos coces al aire aviso de que, si seguía encima, la tiraría. Ramon sujetó con fuerza las bridas y ayudó a descabalgar a Mía. Mia llevó al animal hasta su cuadra y allí con paciencia lo cepilló. La polla del animal como el día anterior empezó a enderezarse.
• No, has sido malo, no te lo mereces.
El animal relinchaba y se movía cabeceando mientras Mía lo cepillaba. Esta lo miraba ya otra vez con lascivia y sujetó con fuerza nuevamente la polla del animal.
• Eres un mal caballo, te has portado mal, pero tienes una polla preciosa.
El animal se tranquilizó y ahora cabeceaba, pero de gusto. Mía disfrutaba esa polla en su mano y pensaba que, si se portaba bien, algún día se la chuparía, ¿y quién sabe? El animal volvió a correrse sobre la mano de Mía que volvió a degustar el líquido que ya cada vez le gustaba más. Salió relamiéndose de la caballeriza y escuchó ruidos, gemidos parecían. Al llegar al cuarto de las herramientas, pudo observar cómo Andrés sodomizaba a Abigail, mientras se sujetaba a sus grandes pechos.
• Que razón tenía esa pequeña zorra, que bien follas cabrón.
Andrés le partía el culo con fuerza y Abigail gemía como una loca.
• Dame más fuerte cabrón, lléname el culo, lléname el culo, si...
Abigail se dejó caer con la polla de Andrés clavada en su culo. Este le echó la cabeza hacia el suelo y se levantó ligeramente para hacer su penetración más dura, más intensa, para llenarla entera.
• Así, me corro, joder que culo, me deja seco, si, toma, toma, toma...
Mía estaba como las ascuas de la hoguera, la paja al caballo y esa sonorización tan terrible, le habían puesto muy cachonda, además hacía tiempo que no se sentía llenada por una buena polla. Al pasar por la casa de Ramón, lo vio. Completamente desnudo en el salón, sus músculos se marcaban cuando hacia las abdominales y su miembro, aunque un poco flácido, tenía unas buenas medidas. El coño de Mía se encharcó solo de pensar en esa polla en su interior. Llamó a la puerta con sus nudillos, sabiendo que el hombre saldría desnudo.
Ramon apareció en la puerta como un dios griego, sus músculos brillaban por el sudor y su polla al verla cambió de forma. Mía no estaba para decir nada, lo empujó al interior, lo tumbó sobre un sofá que había en el salón y se lanzó sobre su polla. La atrapó con su boca imaginando la polla de su caballo, le acariciaba los huevos e introducía en su boca cuanta polla podía. Ramon le echó las manos a la cabeza, pero Mía las apartó y siguió a su ritmo.
Mía pensaba en la polla de su caballo, sentía su rugosidad y su cuerpo se estremecía con la polla de Ramón en su boca. Deseaba locamente ser penetrada estaba al borde del orgasmo, ya no le faltaba nada. Se levantó y de espaldas a Ramón se clavó la polla en el coño. Notaba cómo le iba abriendo, como le llenaba el coño como relinchaba de placer en su imaginación y se corrió, se corrió llenando la polla de Ramón con sus jugos.
• Así, así, lléname entera, rómpeme, destrózame, sé bueno y te daré mi culito. Sii, si, si...
Mía estaba totalmente ida y ofuscada y un ramalazo de conciencia le llegó y a punto se cortó de decir caballito guapo, rómpeme el culo también, rómpelo. Volvió en sí mientras Ramón la miraba con admiración, jamás una mujer se le había corrido de tal forma. Cuando Mía recuperó su total conocimiento, se volvió a Ramón.
• Pobrecito, tú, aún no te has corrido.
Mía se dio la vuelta y se postró entre las piernas de Ramón, cerró los ojos y se tragó la polla. Su mente seguía pensando en el animal que ahora descansaba en las caballerizas. Introdujo la polla de Ramón en su boca centímetro a centímetro. La cubrió con sus labios y la envolvió con su lengua. Su cabeza subía y bajaba lentamente sobre la polla hasta conseguir traspasar su garganta.
Ramon gimió al sentir atravesar la garganta.
• Así señorita, así, no pare ahora, si joder, si...
Ramon elevó su pelvis y empezó a descargar abundantes reguerones de semen.
• Si joder, si, si, que bueno que boquita más dulce tiene usted, joder….
Mía saboreó el semen de Ramón y le resultó muy diferente al del caballo, pero le gustó y se lo tragó todo. Se limpió la boca con el dorso de la mano, se levantó, se vistió y salió hacia la gran casa. Había sido una experiencia brutal y Mía se relamía mientras la sonrisa aparecía en su cara.
A la mañana siguiente Mía se presentó pronto en la cuadra, acarició y cepilló al caballo, pero no hizo nada con él, simplemente se relamía y se excitaba pensando en qué sabor tendría esa polla y si podría traspasar su coño. Desayunó con sus hermanas y comentaron las labores del día, ese día era sábado y esos días del año los procuraban para descansar.
Olivia pensaba ir a la ciudad y no volvería hasta el domingo a la tarde. Abigail tenía pensado quedarse en el rancho y darse un festín con Ramón y con Andrés, dos pollas mejor que una.
Por su parte Carolina iría de visita a su pueblo a ver a sus padres ¿y quién sabe?
Mía se dirigió a las caballerizas y acarició a su caballo.
• Hoy me dejaras montarte y dejaré que tú me montes, serás bueno y no me tiraras ¿verdad?
El caballo relinchó, como si la hubiese entendido, cabeceo sobre su hombro y sus senos y Mía se volvió a calentar. Puso la silla al caballo que se dejó hacer con tranquilidad. Lo sacó de la cuerda hasta el ruedo donde lo montaría. Se subió en el caballo y este, dócil, dejó que le llevará guiándolo, por el ruedo.
Mía estaba exultante, el caballo por fin se dejaba hacer.
Antes de salir Mía se había colocado un pequeño consolador dentro de su coño y ahora con los saltos del caballo, se estaba excitando, sentía un doble placer, la penetración y la posesión. Por eso, se relamía pensando en lo que haría luego con él, en disfrutar por fin de esa polla. La verdad es que, entre la excitación de dominar al caballo y el roce del consolador en su coño, estaba a punto del orgasmo, y este llegó, llegó como un torrente y manchó el pantalón en una buena parte. El caballo lo olió y relinchó fuerte, ahora él quería correr, desfogarse y saltando la valla que protegía el ruedo, corrió alegre por el campo, mientras Mía se volvía loca de placer.
Tras más de media hora de un galope corto, el caballo paró junto a un río para beber agua. Aquí Mía bajó rauda del caballo, se sentó en el suelo y sacó el aparato de su coño. Lo miró y lo chupó hasta dejarlo bien limpio. No sabía cuántos orgasmos había tenido en ese tiempo, pero estaba exhausta de gozo. El caballo bebía y cabeceaba contento, por fin había salido a la naturaleza y eso era vida para él. Volvieron despacio, con tranquilidad y Mía en ese viaje, supo que el caballo ya era suyo, que ya lo podría sacar cuando gustase.
Mía guardó al caballo en su cuadra.
• Tranquilo, luego volveré y te daré lo que te prometí.
Mía comió ese día con Abigail y tras la siesta, Abigail se fue, Mía la siguió hasta ver como entraba en la casa de Ramón, tras ella entró también Andrés.
Cuando Mía pasó junto a la cabaña de Ramón, escuchó las risas de los tres, posiblemente bebían y jugaban a algo.
Mía entró en las cuadras y fue a la de su caballo. Pasó el cepillo por las crines de este y no tardó en comprobar cómo el animal se empezaba a excitar. Mía se desnudó esta vez y acarició al animal a la vez que lo cepillaba. Bajó sus manos hasta la polla del animal y lo acarició en su miembro. El animal relinchó posiblemente intuyendo lo que venía después.
La mano de Mía subía y bajaba por esa gran polla mientras ella se mordía el labio. Se puso de rodillas entre las piernas del animal y se llevó el miembro, semi erecto a la boca. Abrió su boca e intentó tragar el miembro, pero era demasiado grande, por lo que decidió chupar cuanto podía. El tacto rugoso de la piel del animal, la sorprendió, las de los hombres eran mucho más suaves. Poco a poco iba metiendo parte de la gruesa seta del animal en su boca. Su sexo destilaba jugos que el animal olía y le hacían bombear la boca de Mía. Mia colocó una carretilla, que previamente había llenado con paja, entre las piernas del caballo, ella se colocó encima y guio hacia su coño la gruesa polla del animal. Sabía que, si este, se encabritaba podía hacerle mucho daño, pero se arriesgó.
Sujetando la polla la acercó a su coño chorreante, la pasó entre sus labios y buscó una buena postura para penetrarse. Lentamente y alzando sus caderas fue juntando la polla del animal con su encharcado coño. Traspasó su coño con la gran cabeza y gimió de gusto, el animal se mantuvo expectante. Mía sujetó fuerte la polla del animal y dio un golpe de cadera introduciendo en ella media polla. Gimió y paró para recoger aire, estaba completamente llena, sentía que iba a reventar. Por suerte el animal permanecía tranquilo. Mía se movía despacio, sintiendo como su coño ardía ante la fricción de esa polla que la tenía completamente llena. Esta, absorta en su penetración, no se dio cuenta que el animal retrocedió un poco y empujó su polla hasta meterla casi entera en el coño de Mía. Mía gritó, gritó como nunca había gritado, ese animal acababa de reventarle el coño. Ahora el animal era quien dominaba y movía su cuerpo para darse placer teniendo a Mía completamente empalada.
• Para que me partes, para, para bonito, para.
Mía lloraba de placer y de dolor, esa polla llegaba donde nadie llegó y posiblemente, nadie volvería a llegar. El animal encabritado se movía con fuerza mientras Mia se agarraba donde podía, por fin el animal dio un fuerte empuje y empezó a verter litros de su esperma dentro del coño de Mía. Esta jadeaba y gritaba de placer sumida en un intenso orgasmo que la estaba volviendo loca. Cuando la polla del animal dejó el coño de Mía, un intenso mar de esperma salió del coño de esta, formando un gran charco bajo sus piernas. Mía retiró la carretilla y le dio unas últimas chupadas a la ya flácida polla del animal que relinchaba dichoso.
Mía se vistió, se sentó en una silla para tranquilizar su cuerpo, el polvo había sido extenuante. Aun salían gruesos regueros de esperma, que descendían por sus piernas. Su coño estaba abierto y dolorido, se levantó y caminó hacia la casa.
Al pasar por la casa de Ramón, los gritos de Abigail le hicieron mirar a través de la ventana. Ahí estaba ella, perforada por los dos hombres. Abigail jadeaba y gritaba, los dos hombres estaban dentro de ella, uno en su culo y ¿el otro?, ¡también en su culo!
• Vamos cabrones romperme, destrozarme, dejarme inservible.
Los hombres bombeaban como podían ya que la postura no era muy cómoda. Andrés se salió de Abigail y se puso frente a su boca, le metió la polla en la boca y tras bombear tres o cuatro veces, Mia pudo comprobar como el semen desbordaba la boca de Abigail, deslizándose hacia sus tetas. Por su parte Ramón, la levantó en vuelo y le folló el culo con fuerza hasta correrse dentro de él, dejando semi inconsciente a Abigail que quedó tendida sobre la cama de Ramón.
Mía llegó a la casa y sin perder tiempo se fue a la cama donde quedó dormida nada más tumbarse. El día había sido extenuante.
- Icharlines54@gmail.com
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