Capítulo 4: Los dos al mismo tiempo

Les platicaba en el capítulo anterior de cómo fuimos encontrando nuestro ritmo como familia, de cómo Carolina y yo hablábamos abiertamente de que lo nuestro no era lo "normal" para la mayoría de la gente, pero que éramos felices y eso era lo que importaba. Y de cómo Carolina propuso que la siguiente vez la cogieran los dos al mismo tiempo, uno en la panocha y otro en la boca.

Pues bien, ese momento llegó.

La semana después de esa plática fue de una tensión sexual constante. Carolina andaba todo el día con una sonrisa pícara, como si guardara un secreto que la emocionaba. Los muchachos la miraban con más ganas que nunca, sabiendo que el sábado iba a ser diferente. Y yo, como siempre, observaba todo y me calentaba con anticipación.

El jueves, en la cama, Carolina me dijo:

—Fer, ¿estás listo para el sábado?

—¿Lista tú, Caro?

—Fer, no veo la hora. Me la paso imaginándolo. Tener a Jorge en la panocha y a Luis en la boca al mismo tiempo, o al revés, no me importa el orden. Nomás quiero sentirlos a los dos al mismo tiempo. ¿Tú no lo imaginas?

—Lo imagino todo el tiempo, Caro. Y se me para la verga nada más de pensarlo.

—Pues imagínate cuando lo estemos haciendo. Voy a estar tan caliente que me voy a venir como loca.

—¿Y qué quieres que haga yo, Caro?

—Quiero que tú nos veas, que nos ayudes, que nos dirijas. Quiero que me abras las piernas para tus hijos, para que me cojan. Quiero que veas de cerca cómo me entran las vergas. Quiero que seas parte de todo, Fer. Tú eres el que hace que esto sea posible, y quiero que lo disfrutes tanto como nosotros.

—Lo voy a disfrutar, Caro. Lo voy a disfrutar mucho.

—Y quiero hacer algo más, Fer. Algo que se me ha estado ocurriendo.

—¿Qué?

—Quiero que cuando los muchachos se vengan, no lo hagan adentro. Quiero que me echen la leche por fuera, alrededor de la panocha, en los labios, en el pubis. Y que enseguida, con la misma verga, la metan y empujen la leche hacia adentro. Que me llenen de mecos por fuera y después me los empujen todos para adentro.

—Caro, nada más de escucharlo me estás poniendo duro.

—¿Te gusta la idea?

—Me encanta. Se me hace una de las cosas más excitantes que me has propuesto.

—Pues el sábado lo hacemos. Les vas a tener que explicar a los muchachos cómo hacerlo.

—Con gusto, Caro. Con gusto.

El sábado llegó. Preparamos todo como siempre: cervezas, tequila, snacks, música. Carolina se arregló más provocativa que las veces anteriores. Se puso un conjunto de encaje rojo, un sostén que apenas le cubría los pezones y una tanga que era más hilo que tela. Se veía espectacular, como una diosa del sexo.

—¿Cómo me veo, Fer? —preguntó, modelando frente a mí.

—Te ves de espectacular, Caro. Los muchachos s