Pasaron 10 días, llegué a casa y me duché. Ya había hablado con mi hermana, que había decidido de nuevo probar otra relación y se había marchado.
Al rato sentí un coche, salí y la vi. Ella me miró sin decir nada, sin moverse. Le abrí mis brazos y corrió hacia mí, me abrazó. No sé qué hacer, lo que te pida tu cuerpo. Me besó, abrió sus labios y me dio su lengua, nos besamos.
—¿Estás resentido conmigo?
—No.
—¿Cuánto me puedo quedar contigo?
—Hasta que quieras.
Cenamos, salimos al jardín. Llegó la hora de irse a la cama, subimos, cada uno a su habitación.
Al rato entra en mi habitación.
—¿Estás desnudo?
—Sí.
Se desnuda y se mete en la cama, se pone encima de mí, me besa abriendo la boca. Sentí su lengua, la pongo debajo de mí.
Mi polla en la entrada de su coño. Mordí su pezón y lo lamí. Un grito suave y un gemido. Bajé mi mano a su coño y le metí el dedo, mojado. Lo chupé mirándola. Otro grito, más gemidos.
—Me voy a correr. Qué placer.
Le besé los labios, mordí el pezón y lo lamí. Mi mano seguía en su coño. Gritos suaves, gemidos.
—Sigue, me vuelvo a correr.
Me corro. Mi dedo en su coño mojado, chupándolo. Le abrí las piernas y le puse la polla en su coño.
Empujé suave, haciendo que entrara la cabeza de mi polla. Volví a empujarla. Notaba su coño mojado, caliente, mojando mi polla de sus fluidos vaginales. Otro empujón para meter más mi polla. Susurro, gemidos.
—Me estás volviendo a la vida.
La miré, sus ojos vidriosos. Empecé a sacarla y meterla con intensidad.
Sus manos en mi espalda clavando sus uñas, lágrimas corriendo por sus mejillas.
—Me corro. Sigue.
Una eyaculación femenina, seguida de un grito. Seguí empujando fuerte. Gritos ahogados por los besos.
—Me corro. No la saques, córrete dentro de mi coño.
No pude más. Sentía mi polla eyaculando leche en su coñito.
—Sigue. Siento cómo me llenas de leche. Sigue. Me viene otro. Dame fuerte, no pares.
Me corro.
—Me voy a mear.
—Hazlo.
Un squirt que me llenó. Qué locura.
—No puedo más, déjame descansar.
—No puedo.
Le di la vuelta, la empotré. Ahhh, fuerte seguido, sacando y metiendo. Más gemidos. Le abrí su culito, precioso. Le metí el dedo y empecé a masturbarla.
—Me viene. Me corro.
Yo sacando y metiendo la polla más rápido. Subí y le mordí su nuca. Empezó a temblar y con espasmos.
—Ya, no puedo más.
Yo más rápido.
—Me corro. Me vas a matar.
Y de golpe un grito y le vino un squirting que la dejó sin fuerzas.
—Hermano, dime, ¿no te cansas de follarme tanto? Me he meado, ¿no te da asco?
—Me pone verte cómo te corres y te meas encima de mí. Ven.
La puse de medio lado, le crucé la pierna, le abrí el coño, le levanté la pierna y se la metí.
—Otra vez, sí. Ufff, cómo me entra en el coño, me lo está abriendo. Lléneme de leche otra vez.
Empecé a meterla y sacarla con movimientos rápidos. Mi dedo en su culo entrando y saliendo.
—Me corro. Tengo el coño lleno de leche. Sigue. Me estoy corriendo. Me meo. Dame fuerte.
Se la clavé con fuertes movimientos de cadera.
—Ya me viene.
Una eyaculación femenina.
—Quiero más.
Y le seguí dando.
—Ya, ya, no puedo.
Y noté su squirt.
—Córrete, dame tu leche. Quiero sentir cómo me llenas de leche. Qué locura. Toma mi leche.
Me corro.
—Noto cómo escupe leche tu polla, dentro de mi coño.
—Saca tu polla, quiero chuparla.
Le saqué la polla. La cogió en sus manos y se la metió en la boca. Casi me cabe.
—Siento que sale más leche. La tengo en mi lengua, me la trago. Qué buena, dame más.
—Quiero que te corras y me la des toda. Qué placer me estás dando. Te voy a succionar la polla para tragar más leche. Estoy muerta de tanto correrme.
—Vamos al baño. Méate encima de mi polla. ¿Lo deseas?
—Sí.
—Abre tus labios vaginales y méate. Qué caliente me pone.
Le acerqué la polla. Se abrió los labios y empezó a mear encima de mi polla. Mi polla chorreando de sus meados. Le di la vuelta, le apoyé sus manos en la pared.
Le levanté la pierna y la empotré. Fuerte. Gritos. La seguí empujando fuerte, sacando y metiendo la polla.
—Me corro.
Otro empuje de mi polla.
—Cógeme, que se me doblan las piernas.
La cogí por la cintura y volví a sacarla y meterla con movimientos rápidos.
Noté su cuerpo flácido. Le mordí la nuca y empezó a gritar.
—Me corro.
Y un squirt.
—No puedo.
Le seguí dando, fuerte. Y un nuevo squirting, más suave. Gemidos.
—Te voy a regar con mi leche tu coño.
—No me sueltes. Estoy sin fuerzas. Dame la vuelta.
La giré. Me miró y me besó abriendo sus labios y dándome su lengua.
—Siento tu leche bajándome por las piernas. Te lo pido por favor, para. No puedo más.
—Vale.
Nos duchamos y vamos a la cama.
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