Sigo viviendo en el camping, y de momento no pienso irme, porque estoy bien, y por las tardes/noches me voy a bañar a la playa, puedo hacerlo desnudo, odio la piscina, prefiero el mar.
Estaba echado en la toalla desnudo, cuando oigo: «Ahora lo entendemos, viendo esa polla». Me dicen: «No pudimos dormir escuchando a las vecinas, haber venido las dos, ya tenías a tres». Las miro y les digo: «¿Hacemos algo esta noche?». Se miran: «Sí, a las 22 en tu casa».
A esa hora llega la hija: «Mi madre no vendrá, ha venido un amigo». La beso en la boca, se pega a mí: «Hazme disfrutar». Se agacha, me baja el pantalón y empieza a lamer la polla. ¡Qué ganas! La llevo a la cama, la desnudo, y bajo a su coño, rasurado, precioso, caliente, chorreando, labios vaginales apretados; solo pienso en meterla.
Mojo mi polla, la acerco a su coño, y empiezo despacio a meterla y sacarla, mientras la beso. Ella empieza a gemir. Le acabo de meter mi glande, la vuelvo a empujar. Ella está gimiendo, la boca abierta y la lengua fuera. Se la muerdo y le meto un poco más la polla. Me correré enseguida. Se la saco y vuelvo a meterla, ahora más rápido y más intenso. «Tengo el coño lleno de tu polla. Me corro, sigue». Incremento más mi ritmo. «Sigue, me corro». Empieza a tener espasmos y sacudidas de sus piernas. Otro grito: «Me corro». Sigo empujando, siento su respiración, sus gemidos. «Me corro, me meo». La empotro de nuevo, y le llega el squirt. «No puedo más, qué corrida más bestia, estoy muerta».
Le doy la vuelta, le meto de nuevo la polla, pero ahora de golpe. Pone su boca en la almohada y comienza a gritar y gemir. Le meto el dedo en el culo. Otro grito. Empotrándola con fuerza, y masturbándole el culo con mi dedo. «Me corro». Y yo sigo sacándola y metiéndola con fuerza, mi dedo masturbándola. Grita: «Me viene, me corro, me meo». Otro squirt. Hunde de nuevo la boca en la almohada y lanza un grito y un «No puedo más».
Yo no puedo parar de follarla. La giro de lado, le pongo una pierna encima de la otra, le subo el glúteo, y la vuelvo a empotrar. Mis huevos rozándole la pierna y mi polla entrando y saliendo, mi dedo dentro de su culo. Vuelve a gritar, espasmos, y otro squirt, intenso, con sacudidas. «Para, me voy a desmayar». La giro. No puedo dejar de follarla. Le meto la polla de nuevo, acerco mi boca a su pezón y lo muerdo, y lo empiezo a lamer. Mi polla entrando y saliendo suave. Grita: «¡Qué placer! Me corro». La beso suave para que pueda respirar, y le cojo el otro pecho, lo muerdo y de nuevo lamiéndoselo, sin parar. «Me corro otra vez». Le muerdo el labio. Ella, con sus ojos llenos de lágrimas, me dice: «¿Qué me has hecho para correrme así?».
«Sabes que me falta llenarte de leche. Me has follado sin preservativo». «Sí, necesitaba sentirte, pero no quería correrme sin decírtelo». «Vale».
«Estoy destrozada, me duele todo, necesito una ducha». «Vamos». Nos metimos en la ducha. Me puse detrás de ella, le levanté la pierna, y la empotré de nuevo, con fuertes golpes de mi polla. Ella empezó a gritar: «¡Cógeme, que me caigo!». Yo seguí dándole fuerte, mis huevos golpeando su culo. «Me corro, y me meo». Seguí dándole fuerte. Le dije: «Me voy a correr». «¡No la saques!», gritó. «¡Lléname de leche!». Mi polla dando sacudidas y escupiendo leche en su coño.
Le abrí el culo, le puse la cabeza de mi polla y empujé, la apreté y me meé dentro de ella. Ella gritaba al notar que me meaba dentro de su culo.
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