Me llaman desde recepción: «Tienes visita, puedes venir». Al entrar, de pie está Laura, madre. Salimos y vamos a mi módulo. Entramos, le doy la vuelta y le como la boca; mi mano baja hasta su coño y la meto dentro.

—No —dice.

Quito la mano, me saco la polla, la tiro encima de la cama, le abro las piernas y, sin quitarle las bragas, la empotro, rudo, salvaje, sin pasión, solo sexo. Ella lanza un grito.

Le cojo la cabeza, la beso, le meto la lengua mientras sigo empujando mi polla en su coño. Noto que las bragas me rozan la polla, pero por nada voy a sacar la polla; al contrario, de nuevo la empotro con un golpe de caderas y, notando cómo entra más, le abro la blusa y saco sus pechos. Muerdo su pezón mientras mi lengua lo saborea, succiono su pezón sin dejar de morderlo y siento su leche; la saboreo. Ella sigue con sus gemidos y jadeos, que continúan con un «me corro». La vuelvo a empotrar y aumento el ritmo. Me mira, sus ojos vidriosos, su respiración agitada, y de golpe un grito: sus uñas se clavan en mi espalda y siento su squirt con sus caderas convulsionadas. La quietud, la calma, sin decir nada, mirándome. Yo le muerdo el pezón del otro pecho y succiono esperando su leche en mi boca hasta que la siento; hambriento de ella, sigo succionando hasta que deja de salir.

Ella sin dejar de mirarme. Yo bajo hasta su coño, mojado, saliendo su líquido. Le paso la lengua, abro mi boca y le muerdo su labio vaginal. Otro gemido, grito ahogado. Le doy la vuelta, le levanto el culo, su coño queda abierto. Acerco mi polla y la empotro de nuevo, empujando fuerte y entrando en ella.

Mi polla dentro de ella; al sentirla tan adentro lanza un grito. Acto seguido le meto el dedo gordo en su culo. Ya no es un grito, es un gemido continuo con su respiración entrecortada. Sigo empujando más rápido y de nuevo otro squirt, seguido de un grito.

Le doy la vuelta, la empotro de nuevo y sigo empujando. La miro, acerco mi boca a la de ella y mi boca apresa su labio inferior mordiéndolo. Ella suspira, gimiendo:

—Porque cada vez que nos vemos me sodomizas, me follas y haces lo que quieres conmigo. Pregúntate a ti por qué siempre acabas entrando en mi vida.

La miré.

—Me voy a correr dentro de ti.

—No.

—Sí.

Mi polla empezó a llenar su coño de leche; se le salía por los lados de su coño. Seguí empujando fuerte, sin parar; mi polla no paraba de entrar y salir, completamente mojada de leche.

Volvió de nuevo a arañarme la espalda, gimiendo, jadeando, y un grito de que estaba teniendo otro squirt. Me miró y dijo:

—Al final te has corrido dentro. No me follarás más.

Se levantó, fue al baño, se vistió y se marchó. Hace ya dos años que dejé de ver y saber de ellas.