Hacía unos meses que me había separado de Martina, y eso me pegaba mal. Sentí que me dejaba el amor de mi vida y, con ella, la confianza de complacer a otras mujeres. Durante meses no hice otra cosa más que masturbarme exageradamente. Me hacía una paja a la mañana al despertar imaginando que ella despertaba a mi lado, otra al mediodía después de comer mirando porno, y a veces también, una paja a la noche antes de ir a dormir imaginando las tetas de Marti bañadas en semen.
Cómo mi estado de ánimo no mejoraba mi mamá insistía en que yo necesitaba salir con mis amigos y distenderme, pensar en otra cosa, conocer mujeres que me saquen las ganas. Yo me negaba pero una noche acepté la propuesta de unos amigos y fuimos a bailar a un boliche en la costanera. El lugar estaba lleno y la gran mayoría eran chicas de veinte años, hermosas de cuerpo excitante. Pero si bien intenté ligar, no me funcionó. Quizás era el hecho de mi timidez o quizás el exceso de alcohol, porque realmente habíamos tomado mucho.
Al llegar a mi departamento tenía una erección tan dura que creí que una sola paja no sería suficiente para bajarla. Me tiré en la cama desnudo y empecé a tocar la pija envolviendo la palma de mi mano y apretando fuerte con los dedos. Estaba demasiado excitado, borracho y con miles de pensamientos dando vueltas por mi cabeza. Primero pensé en Martina, la imaginé en la cama de alguien desconocido, con las piernas abiertas entregando su conchita hermosa al cuerpo de otro. También se me venían a la mente todas las chicas que tanto había mirado en el boliche, sus tetas casi desnudas, sus culos rebotando en la pista. Decidí buscar porno en mi celu para seguir con la paja. Un video decía: “Madre masturbando a hijo” Obviamente no creí el título, pero el video conectó con un recuerdo de hacía dos o tres días. Yo estaba en casa de mi mamá mirando tele en el living mientras ella tomaba mates con una amiga suya en la cocina. De repente se escuchaban gritos y risas como si las dos fueran adolescentes. Yo al principio las ignoré, pero como de todas formas estaban cerca, me escondí para escuchar de qué hablaban. Al parecer al hijo de una tercera amiga le habían robado el celular, y estaban mandando fotos íntimas a sus contactos solo para hacer daño. Una de esas fotos había llegado a la amiga de mi mamá y la mostraba.
-¡Ayy me muero! ¡Mirle el pitito! Dijo la amiga de mi mamá riendo.
-¡Ay Moni!
-Qué ¿Te gusta?
-Me parece que está bien. Hace tanto que no me hacen feliz, que cualquier cosa me viene bien. Ambas gritan y ríen de nuevo.
No se por qué, pero la escena me calentó mucho ya no necesité porno para pajearme. Estando a punto de acabar, con el celular aún en la mano, sin titubear ni pensar un segundo de más, entré al chat whatsapp de mi madre y me filmé. Primero con una mano la agarre desde el tronco e intenté sacudirla para mostrar los dura que estaba y lo grande que era, después me masturbé unos segundo hasta que un chorro potente y espeso de semen blanco y caliente me ensució la mano y el abdomen. Aún hoy no se porqué aprete “enviar” Quizás solo necesitaba compartir mi calentura con alguna mujer, quizás una especie de celos por estar mirando otros pitos. Ya pajeado y al ver como al rato se marcaban las dos tildes azules me fui a dormir.
Al otro día fui a almorzar a su casa como todos los domingos. Mi papá falleció hace años y mis hermanos mayores están viviendo fuera de la ciudad, así solo éramos nosotros dos en la comida. Yo tenía excusa para el video, le iba a decir que era para una chica con la cual me estaba hablando que se llamaba Marianella, y que me confundí en el contacto por lo borracho que estaba. La excusa era malísima, por suerte no recibí comentarios al respecto así que yo tampoco dije nada. Comimos sin sobresaltos y hasta me preguntó que tal la había pasado con los chicos, si había llegado tarde, si había conocido alguna chica y esas cosas. Yo le respondí que había tomado mucho alcohol pero que la noche había estado muy linda aunque ninguna chica me había dado bola. Se habrá notado mi desilusión y mi tristeza porque ella me acariciaba el hombro en silencio y me miraba como haciendo pucherito. La charla quedó ahí.
Al día siguiente mi vieja me mandó un mensaje diciendo que para la noche había hecho tallarines con salsa boloñesa, mi comida favorita, según me dijo era para levantarme el ánimo porque me había visto un poco bajón. Al llegar lo primero que vi fue el escote que tenía, sobre todo porque no tenía corpiño y se le notaban muchos los pezones. Quise ser disimulado pero no pude, esas tetas, eran tan grandes y colgantes llamaban la atención de cualquiera.
-¡Mami! Si salís así a la calle se van a pajear delante tuyo. Le dije apenas la vi.
-¡Ay callate por favor! Me dijo entre risas y nervios, levantando una mano como gesticulando una cachetada. -¿Te gusta como me queda? El corte me levanta las tetas. Me dijo mirándose al espejo del living mientras se las agarraba, cada una con una mano y las levantaba cambiando de poses, arqueando la espalda y poniendo los labios como piquito. -No soy una pendeja como las que se garchan ustedes los pibes pero zafo ¿Eh? Soltó una carcajada y me aclaró que era todo chiste.
-Prefiero a las veteranas. Le respondí.
El resto de la noche fue completamente normal. Miramos la tele, cenamos y tomamos media botella de vino. Llegando al final de la noche, según ella, ya estaba un poco tocada por las dos copas de vino tinto. En un momento mientras hablaba y gesticulaba de forma exagerada, uno de los senos se le salió fuera de la ropa, y recién se la acomodó al rato mientras seguía hablando.
-¿Te es más cómodo sin corpiño? Le pregunté.
-¡Ay si! No sabes. Respondió ella.
-¿Y por afuera de la ropa como recién? Dije con aparente seguridad, pero en el interior mi corazón latía a mil. Ella se quedó mirando y no supo que decir. Su piel se ruborizó por un instante pero al final solo rió.
-Por mí sacate las dos, me gustan.
-¡Ay este hijo mío las cosas que me dice! Dijo casi gritando pero sonriendo al fin. La charla terminó ahí.
Al volver a mi casa y cuando ya estaba dispuesto a dormir me llegó un video de ella frente al espejo del tocador de su habitación donde se veía apoyada una copa de vino. Tenía el pelo recogido y había liberado los brazos de su prenda superior. Sus tetas quedaban al aire, un brazo pasaba por debajo de ellas y la mano terminaba de envolverlas. Esa misma mano pellizcaba la piel y luego un pezón. Mientras que con la otra filmaba un primer plano de ella misma mostrándome dos enormes y flácidos pechos de mujer. En un momento escupió entre medio de las tetas e hizo que la saliva se desparramara por todos lados moviendo el brazo que las sacudía y una mano que las apretaba. Me hice una paja y me fui a dormir.
Saludos, Rosita🌹
Para dejar un comentario debes iniciar sesión.
Iniciar sesión