Sí. Yo digo no a los intercambios de parejas.

Mi mujer y yo decidimos en nuestro absurdo frenesí sexual hacer un intercambio de parejas.

Conocimos a una pareja en Mallorca. Ricardo y Manuela.

Ella me sedujo desde el primer momento que la vi. Bajita, de pelo largo y liso y de andares muy seductores. Sus pechos eran voluminosos.

Ellos eran como 10 años más jóvenes que nosotros. Laura y yo pasamos de los 30 y ellos tenían veintipocos.

Quizá eso fue lo que desencadenó mi lujuria hacia Manuela.

El placer de poseer lo más joven. La mayor ternura. Digo esto porque mi mujer es impresionante, rubia, de ojos claros, con aspecto de Barbie.

Muy carnal. La clásica hembra a la que otras mujeres llaman gorda por envidia cuando no lo está.

La típica muchacha treintañera a la que cualquier hombre caballeroso lo ofrece un libro para que lo lea, por pura amistad, y ella enseguida se da cuenta de que lo que quiere es acostarse con ella.

Tal y como voy a contar el relato entenderán ustedes lo que pasó.

Nos reunimos en Madrid. Manuela vino a mi casa y Laura se fue con Ricardo.

Para ir preparando el terreno he de decir que a mi Laura le encanta hacer el oral a los hombres y el anal.

En cambio a la calientapollas de Manuela sólo le gusta follar de la manera tradicional o por lo menos eso es lo que me parece que hacía conmigo.

Mi pene es normalito, unos 17 centímetros y en cambio el de Ricardo mide unos 21 centímetros. Esto es lo que me comentó Manuela y me parece que es verdad.

Comenzamos la sesión. Yo voy a ir contando lo que sucedía en ambos lugares al mismo tiempo intercalando las dos escenas.

Le metí un dedo por la vagina a Manuela y luego un dedo en su boca.

Mi mujer que es muy viciosa le metió un dedo en el culo de Ricardo, sabiendo que este tipo de cosas raras a los hombres experimentados nos suele gustar mucho. Él le tocó las tetas.

Quise metérsela por el culo a Manuela, de buenas a primeras pero esta se apartó de mí, canturreando una canción. Lo que si hizo fue apretarme el capullo de mi cipote con sus dedos.

Yo toqué también sus tetas. Y ella se puso a hacerme una paja.

Laura le beso en la punta del capullo a Ricardo y después paso su lengua.

Él le lamió las tetas. Mi mujer se metió toda la polla dentro de la boca como si se la fuese a arrancar de cuajo.

Luego subía y seguía lamiéndole el capullo.

– Chúpame los huevos- le dije a Manuela y no me hizo ni caso.

Se lo volví a repetir y nada.

Si me dejó que me la follase. Sentada sobre mi, dándome la espalda. Se la sacaba casi toda dejando la punta dentro. Esto le gustaba mucho a laura. La saqué del todo y le lamí el clítoris con nervio. Y le volví a meter toda la polla.

Ricardo le lamió la vagina a mi mujer.

Y se puso a follarsela a cuatro patas hasta que se corrió pero siguió con su polla dentro. Hasta que se canso, se la sacó y se puso a lamerle el culo como un loco.

Para así penetrarla por el ano hasta el fondo. Se la saco y la volvió a meter corriéndose en el acto. Luego se besaron en la boca.

Le metí a Manuela la punta de mi capullo en su coño. Y ella me acarició los huevos con su mano. Se la metí toda y luego me la follé a cuatro patas. Fue en ese momento cuando me corrí.

La eche sobre mí y caímos en la cama, con mi polla dentro. Se la saque y rocé con la punta de mi cipote su ano pero ya no se me ponía dura.

Ricardo rozaba su polla en el clítoris de mi mujer provocándole muchos orgasmos.

Luego se la metió toda, sentada sobre él, resoplando el uno sobre el otro. Follando si parar, arriba y abajo, delante y detrás. Mi mujer le apretó los huevos con la mano y este se la metió por el culo. De allí fue de nuevo a su vagina.

La loca de mi mujer le dijo riéndose: “Me vas a provocar una infección”.

Manuela se marchó y mi mujer no volvió. Se fugaron los tres juntos.

Ahora voy a poner por escrito la carta que la zorra de mi mujer me envió:

” Lamento haberte dejado pero cuando conocí a Ricardo descubrí mi verdadera personalidad.

En el instante me sentí identificada con su mundo, su forma de amar, que quieres que yo te diga.

Algunos días después de habernos conocido apareció esta tal Manuela.

Ricardo no estaba dispuesto a dejarla pero yo tampoco estaba dispuesta a dejarlo a él.

Así que nos terminamos encontrando los tres en la misma cama. Manuela era bisexual le gustaban tanto los hombres como las mujeres y a mi todo eso me pareció bien.

Se ponía un pene de plástico abrochado a su cintura y me poseía por el culo, al mismo tiempo que nos besábamos.

Y Ricardo se ponía entre medias de las dos en una posición muy rara en la que casi aplastaba a Manuela y me follaba por la vagina.

Ricardo me lamía el clítoris y yo le lamía el coño a ella. Ricardo me comía el coño a mí y luego yo se la chupaba al tiempo que Manuela me poseía con su pene de plástico introduciéndomelo en mi vagina.

Ricardo me la metía entre las tetas y Manuela me besaba el clítoris. Ricardo me metía su polla por el culo y al mismo tiempo Manuela me lamía el chocho. Era de vértigo. ¡Qué quieres que te cuente!.

Yo le mandé una carta: “El sexo no es todo en la vida”

Y ella me respondió: “Ya lo se pero es que caí en una trampa. Los dos caímos en una trampa”.

Ven ustedes lo que es la locura del sexo.