Cris obedece, atrapada por mi cuerpo contra la encimera, y mi polla salta sola cuando su pequeña mano izquierda retira mi calzón. Su tanga está en mi bolsillo; su vestido, a sus pies. Esta vez ha costado pocas órdenes y sólo algo de ayuda hacerla chupar y desnudarse.

Sus tetas vuelven a estar libres, frente a mí, levemente húmedas de su propia saliva. Su coño mojado aún atrapado entre las piernas cerradas. La miro a la cara mientras me saca la polla y la agarra. Ya sabe lo que quiero, no he tenido que ordenárselo, así que empieza a masturbarme lentamente.

— He dicho la polla y los huevos.

Mi cuñadita suspira, y su mano derecha se pega a mi vientre, bajando hasta agarrar mis huevos y sacarlos del calzón. Los mantiene en su mano mientras sigue pajeándome con la otra. Su expresión se concentra y aprieta los labios, uno contra el otro, evitando mirarme a los ojos.

Siento su mano llegar a mi capullo y cerrarse sobre él, manchándose ya de lí