Así fue…
—Mabel.
—Ufff, qué ganas tenía de tenerte aquí. ¿Vas a cumplir tu promesa?
—Celia.
—Sí, cariño, una promesa es una promesa. Te dije que, si te casabas conmigo, este día haría lo que me pidieses… —Se quedó callada al entrar en el salón y verme sentada en el sillón en lencería y con dos collares en mis manos—. ¿Qué? ¿Esto qué es?
—Mabel.
—Lo prometiste, cariño…
—Celia.
—Sí, claro que te lo prometí, pero ¿qué pinta ella aquí?
—Pipi.
—Las cosas claras, Celia. Ella es mía, se ha casado contigo porque yo se lo he ordenado. Ni te quiere ni te va a querer jamás. Me pertenece y solo hará lo que yo le ordene. ¿O no es así, perra?
—Mabel.
—Así es, ama. Yo soy suya y, como usted me ordenó, aquí le traigo a esta perra.
—Pipi.
—Ya sabes qué hacer.
Mirando a Celia, se quitó la ropa, quedándose solo con un conjunto precioso de tanga y sujetador blanco, y poniéndose de rodillas gateó hasta mí. Besando primero mis pies, se quedó de rodillas, momento que aproveché para ponerle su collar…
—Mabel.
—Gracias, ama. Creo que no hubiese podido aguantar un día más sin usted.
—Pipi.
—Dos opciones tienes: la primera es coger la puerta e irte, desaparecer de su vida, porque te aseguro que jamás la volverás a ver, o te pones este collar —lo tiré a sus pies—, te desnudas y te arrodillas ante mí, convirtiéndote en mi sumisa desde este momento. Y antes de que decidas qué hacer, te diré que cada encuentro que has tenido con mi sumisa ha sido grabado, por si se te pasa por la mente ir con el cuento a alguien. Tienes hasta que me corra. Empieza, perra.
Cerré los ojos y, abriéndome de piernas, aparté el tanga que ya estaba chorreando, y sentí la lengua de Mabel en mi coño. Yo no las tenía todas conmigo en que se quedara, pero Mabel me había asegurado de que la tenía tan enganchada que por no perderla iba a hacer lo que hiciese falta. No se equivocó. Estaba a punto de llegar al orgasmo cuando sentí como unas manos subían mi sujetador por encima de mis tetas y una boca se apoderaba de mi pezón.
—Mabel.
— —Separando su boca de mi coño— Uhmmmm, se lo dije, ama. Está preparada.
Abrí los ojos y vi que se había desnudado del todo. Como supe luego, Mabel le había pedido que no llevase nada bajo su ropa. También pude observar como una de las manos de Mabel entraba y salía con fuerza del coño de Celia, lo que me puso más perra.
—Pipi.
—Agggggg, me corrooooo, agggggg, siiiii, cómo lo vamos a pasar.
—Celia.
—Me corrooooo, agggggggggg, ufffffff.
—Pipi.
—¡¡¡Qué coño haces!!! ¿Quién te ha dado permiso?
La tiré de mala manera. Quería, o más bien necesitaba, dejarle claro desde el primer momento su papel en ese matrimonio. Me quité de mala manera a Mabel de entre mis piernas y, cogiéndola del collar que previamente se había puesto, la llevé a rastras a la habitación. Me seguía como podía; sus rodillas sufrieron algún que otro arañazo en el camino. Delante de la cama, la solté, dejándola de rodillas, le solté un bofetón. Ufffff, eso me pone mucho, señor. Por primera vez me fijé en su cara: el rímel corrido y algunas lágrimas corrían por sus mejillas. La levanté y tumbé en la cama. Ese fue y ha sido hasta el momento la única muestra de cariño que le he mostrado. Acaricié su cara y besé sus lágrimas…
—Pipi.
—Tranquila, perrita, al final disfrutarás. —Era una muñeca, se dejaba hacer, lo que me vino muy bien para poder atar sus manos y sus pies…—. Perra, ven aquí.
A cuatro patas y con una sonrisa triunfante en la boca, apareció por la puerta Mabel…
—Pipi.
—Cómelo el coño, se lo ha ganado, prepárala.
—Mabel.
—¿Cuándo la va a desvirgar, ama?
Sin que se lo esperara, le solté un bofetón con todas mis ganas.
—Pipi.
—Cuando me salga del coño, puta. Vuelves a no ser nada…
—Mabel.
—Perdón, ama. Lo siento, esta perra sabe que no es nadie…
Lo sentía de verdad, sus lágrimas daban fe de ello.
Iba a seguir contándonos la noche de bodas cuando sentimos la puerta. Ambas se miraron extrañadas, yo no tanto, sabía perfectamente que era…
Así terminó el último capítulo…
—Tranquilas, zorras —por el gesto de Paola, supe que ya sabía quién era—. Nos vamos a divertir…
Pipi dirigió su mirada a Paola, no tardando en comprender que no iba a ser de su agrado al ver cómo esta bajó la mirada al suelo…
—Pipi.
—Esto no…
Se quedó muda al ver aparecer por la puerta a su cuñada y a la vez hermana de Celia.
—Tere.
—Jajajaja, ya veo que no soy de tu agrado, jajajaja…
Decidí por el momento no ponerla en antecedentes sobre su hermana y su otra cuñada…
—Creo que te hace falta una ducha, aunque has tardado poco…
Sabiéndose pillada, bajó la mirada…
—Tere.
—No me podía concentrar y he dicho que no estaba bien —eso sacó una perversa sonrisa en Paola—. Lo siento, amo —la de Pipi se relajó al oír a su cuñada llamarme amo—. Ufffff, es que poder usar a esta perra…
Qué poco le duró la relajación, y aunque no me gustó, ver a Pipi temblar me hizo posponer el castigo, que bien sabía ella que le iba a caer…
—Ayuda a mi perra, y no quiero el más mínimo problema…
—Pipi.
—No lo habrá —me desubicó la seguridad de sus palabras y ver cómo su cuerpo recuperaba “poder”—. Sígueme…
Tere también se percató y, tras un rápido cruce de miradas conmigo, apretó las manos…
—Tere.
—Quítate el corsé, luce tus enormes pechos, zorra. Quédate solo con las medias…
Era una guerra que por ahora iba ganando Tere, ya que Pipi, llevando sus manos al corsé, se lo quitó, eso sí, mirándola a los ojos, retándola… Se descalzó… Las dejé entrar en el baño, viendo sonreír a la zorra de Paola, que, mirando mi dura polla —cómo para no estarlo tras lo oído y vivido—, se relamió descaradamente mirándome a los ojos…
—Qué zorra eres. Aquí no, sígueme.
El sitio le daba igual, su necesidad de ser usada la exponía mucho, ya que perdía cualquier tipo de control sobre ella misma… Entré en el baño, no me quería perder esa pelea…
—Tere.
—De rodillas, zorra —a la vez que abría la ducha y entrando en ella—. Empieza por mi sudado coño, zorra…
Toda su ropa estaba tirada en el suelo. El contraste de sus cuerpos, y sobre todo de sus pechos, pusieron mi polla más dura…
—Paola.
—¿Puedo?
—Debes, zorra…
Casi a la vez, Pipi llevó su lengua al coño de su cuñada, y Paola a mi polla…
—Tere.
—Aggggg, siiiii, esto para empezar, puta —al sentir cómo su cuñada empezó a mearse en ella, intentó separarse, siendo rápidamente cogida del pelo—. Ni se te ocurra, agggggg, ufffff, vamos, mete tu lengua, ¡¡¡puta!!!
Hasta Paola fue a girarse al sentir la fuerza que Tere le puso a ese “puta”, lamentándolo o no, ya que le solté un bofetón con fuerza…
—Ni se te ocurra, puta…
Ninguna se veía, pero las dos competían, una en el coño de Tere y la otra en mi polla…
—Tere.
—Agggggg, siiiii, así, perra. Ufffff, vaya hermanos: una, agggggg, puta y el otro maricón, aggggg, vamosssssss…
A pesar de ser o de considerarse dominante, Pipi ya no entendía de roles. Le comía el coño con ganas, con devoción, mientras ambas recibían sobre su cuerpo el agua de la ducha…
—Pipi.
—Sabe rico, aggggg —separándose de Tere para poder respirar y mirándome—. Creo que nos vamos a divertir…
—Tere.
—Sigueeeeeee, puta… agggggg. ¿Puedo, amo?
—Ufffff, sí, perra, sí… —Saqué mi polla de la boca de Paola y, sin darle tiempo a protestar, la cogí del pelo y subiéndola en el lavabo, pegando su espalda casi al espejo, lo que me dejaba ver a través de él a las dos cuñadas—. Ábrete de piernas, zorra…
—Tere.
—Agggggg, graciassss, siiiiiiii. Puta, traga, aggggg, me corrooooo…
El espejo me permitió ver, ya que conocía a Tere de sobra, cómo lo estaba disfrutando Pipi, cómo la zorra temblaba y trataba de ocultar que también se estaba corriendo. Ahora Paola trataba de correrse; eso sí, sus gemidos al sentir cada vez que mis huevos chocaban con su pelvis retumbaban en el baño. Las tenía de frente…
—Paola.
—Agggggg, ufffffff, esa perra se está corriendo, amo. Aggggg, siiiii, siiiii, así, así, fuerte, agggggg, rómpame el coño, aggggg…
—Tere.
—Agggggg, ¡¡¡cómo!!! —Agarrándola más fuerte del pelo, la separó de su coño—. ¡¡¡Es eso verdad, zorra!!!...
—Pipi.
—Siiiii, aggggg, yo no soy sumisa, aggggg, solo soy ¡¡¡puta!!!
Su respuesta dejó sin reacción a Tere, a la vez que a mí me sacaba una sonrisa e hizo que…
—Me corrooooooo, agggggg, siiiii. Toda una puta, pero vas a ser solo mi puta… aggggg, me gusta tu coño…
—Tere.
—¿Ha oído? —Cruzándole la cara con dos bofetones—. ¡¡¡Contesta, puta!!!
—Pipi.
—Siiiii, solo su puta, aggggg, siiiii, me corrooooooo. Fuerte, pégame fuerte —descolocó a Tere, pero no le impidió empezar a abofetearla bajo el agua—. Así, puta, me corrooooooo…
—Paola.
—¡¡¡Por favor!!! —Pegó un grito que atrajo toda nuestra atención—. Me muero, por favor… —Pegué mi boca a su oído y la autoricé—. Agggggggggg, siiiiiiii, gracias, gracias, amo. Más, más, no se salga, me corrooooooo, aggggg, ¡¡¡suya!!!
Esta situación alargó un poco más la dureza de mi polla, que no se salió del coño de Paola hasta que tanto Tere como Pipi cayeron juntas al plato de ducha. Menos mal que este era enorme. Pipi demostró que de tonta no tenía nada, ya que con fuerza cogió del pelo a su cuñada, no sin trabajo, debido a lo corto que lo tiene Tere…
—Pipi.
—Vamos, puta, que lo estás deseando. ¡¡¡Vamos!!!
No sé si lo deseaba o no, pero fue resbalando del cuerpo de su cuñada hasta meter su lengua en el coño…
—Tere.
—¡¡¡Puta!!!
—Pipi.
—Aggggg, lo que quieras, pero come, aggggg, siiiii…
Paola y yo, apoyados en el lavabo y ambos con la respiración aún agitada, contemplamos el hambre de las cuñadas, ya que, como si lo llevaran haciendo toda la vida, se fueron girando hasta hacer un 69 perfecto…
—Terminad, perras. Os esperamos abajo…
No habíamos salido del baño cuando las dos a la vez se corrieron… Agarré con mimo de la mano a Paola, sé que eso la derrite, y me encaminé a la parte de abajo de la casa…
—Paola.
—¿Quiere un café? —Al ver mi sonrisa—. Ahora mismo se lo preparo, sé dónde está todo…
Dejándome en una pequeña salita, y sin importarme manchar algo, me senté en un cómodo sillón que más tarde supe que era del cornudo.
—Prepara para todos…
Recostándome en el sillón, recapitulé un poco todo lo sucedido, pensando en cómo sacar provecho de la pareja de perras de Pipi. A Celia la conocía desde pequeña, no era fea, pero siempre se portó como un hombre. Nunca pudo, si es que alguna vez quiso, ocultar su tendencia lesbiana, pero de Mabel no conocía nada, ni si era guapa o estaba buena. En eso estaba cuando entró Paola con los cafés y unas pastas…
—Paola.
—Le aseguro que la mujer de Celia le va a gustar, amo…
Soltó una carcajada al ver mi cara y saber en lo que estaba pensando…
—Jajajaja, me gusta que me conozcas, pero me queda poco de vacaciones…
Se calló al ver entrar a Pipi y Tere. Ambas venían sonrientes y ¡¡¡agarradas de la mano!!! La zorra de Tere, que había salido de casa con ropa de repuesto, iba despampanante, con una braga de encaje y seda blanca y unas medias beige transparentes con costura, sus tetitas libres, eso sí, sus pezones tiesos. Mientras que Pipi se había puesto un conjunto negro de encaje de braga y sujetador, siendo este de media copa, lo que dejaba descansar sus grandes y gordos pezones sobre este, y medias de rejilla negras. Ambas aparecieron descalzas…
—Tere.
—¿Estamos guapas?
—Sentaros y vamos a degustar esto antes de que se enfríe el café —la relajación de Pipi me vino bien, por lo que di un paso más—. Te voy a proponer un trato, solo es sí o no. Si es no, puedes estar tranquila, los tres nos iremos y esto es como si no hubiese pasado, pero jamás volverás a estar con Paola y menos con tu cuñada…
—Pipi.
—¿Y si es sí?
Todos, hasta ella, nos dimos cuenta de que propusiera lo que le propusiera iba a ser sí, pero ya tenía en mente su papel…
—Jajajaja, yo ahora estoy de vacaciones y tengo que volver a Lisboa —algo que al final no sucedió—, pero te dejaría a cargo de las cuatro…
Menos Tere, que aún no sabía nada sobre su hermana Celia, me entendieron perfectamente, lo que la hizo dudar un instante…
—Pipi.
—Es sí, dando por sentado que estando usted —me encantó— todas somos suyas…
—Sí, pero espera, porque me gusta ser claro y sincero, y ellas pueden dar fe de lo que te voy a decir. Podré hacer con vosotras —mientras Paola y Pipi sabían perfectamente a qué vosotras me refería, Tere pensaba que me estaba refiriendo a ellas tres— lo que desee, cuando desee y con quien desee…
—Pipi.
— —Dejando a las dos sin palabras— ¡¡¡Cómo si me quiere prostituir!!! Sí, sí y mil veces sí, amo…
—¿A qué hora estarán disponibles?
Ese fue el momento en el que Tere se dio cuenta de que ese “vosotras” no iba por ellas, pero siendo prudente, se calló. Eso sí, ahora su atención era total…
—Pipi.
—Jajajaja —también se había dado cuenta del error de su cuñada—. Cuando quiera, amo. Al igual que usted también están de vacaciones, como buenas funcionarias…
—Tranquila, zorra, no vas a tardar en enterarte…
Sabiéndose pillada, se puso colorada…
—Tere.
—No he dicho nada, amo. Sabe usted que soy solo lo que usted desee que sea.
—Lo sé, y sabré siempre premiar tu entrega…
Asomaron por sus preciosos ojos un par de lágrimas de felicidad, algo que ayudó en mucho, ya que como días más tarde supe, terminaron de disipar cualquier reparo por parte de Pipi al ver la reacción de Tere.
—Paola.
—Perdón, amo. Yo tendría que irme, tengo que entregar un par de vestidos…
Lo dijo con pena, con pocas ganas de irse, esperando que no la dejara, a la vez que sabía perfectamente que yo siempre he sido fiel a mis promesas, y una de ellas es la de no interferir en sus trabajos.
—No pasa nada, cuando termines llama a Tere o a Pipi y te dirán dónde estamos…
Con pena, y sin hacer intención de lavarse y ante la atenta mirada de Pipi, se vistió. Me levanté y acercándome a ella la besé con cariño, con ternura…
—Paola.
—Hasta luego, amo…
—Pipi.
—Me tiene sin palabras, amo —me gustaba su sinceridad—. Espero llegar a ser como ellas, a pesar del poder que me acaba de entregar.
—Espero que lo sepas ostentar. A pesar de que solo han sido unas horas, confío mucho en ti, y no suelo equivocarme…
—Pipi.
—No se equivoca, amo. Nunca pensé que me iba a gustar tanto poder llamar y tener amo.
Salió fuera para llamar a Mabel. Supo darse cuenta de que no quería hacer partícipe aún a Tere, no tardando nada en aparecer otra vez…
—¿Y?...
—Pipi.
—Iban a salir a comer, pero les he dicho que no, que preparen algo y que me esperen, y he añadido una orden más —guiñándome—: una de ellas no es de vestirse sexualmente.
Sabía que se refería a Celia, y me divertía al ver cómo Tere nos miraba con ganas de entender.
—Voy a darme una ducha y nos vamos, perras.
La posibilidad, aunque era más que una posibilidad, me divertía más que me excitaba. Lo que sí es cierto es el poder que se adquiere de una persona cuando te apoderas de su mente, y eso sí me excita: conocer a quien se había apoderado de una mente solo porque otra mente más poderosa se lo había pedido. Lo mismo para mucha gente esta frase no tiene sentido, pero sé que quien vive este fantástico mundo como yo sabe lo excitante e importante que es. Con todos estos pensamientos me duché lo más rápido posible y bajé las escaleras encontrándome al final de estas a dos bellezones, a la vez que dos grandes contrastes de cuerpos: uno delicado como el de Tere y otro bien formado como el de Pipi.
—¡¡¡Guau!!!
El vestido de Pipi negro y de cremallera delantera…
—Pipi.
—Ufffffff, amo. Me alegro que le guste, hacía años que no me lo ponía…
—Tere.
—Jajajaja, y tanto, casi que me he tenido que sentar en sus tetas para que se lo abroche…
Me gustó que esos momentos que habían compartido a solas las hubiera unido… Salimos en su coche ya que el mío se lo llevó, con mi permiso, Paola. Tere se sentó detrás y yo junto a la radiante Pipi, que, debido a la estrechez del vestido, casi se le subió a la cintura. No pasó debido a su precioso y gran culo.
—Pipi.
—Ufffff, voy a dejar la tapicería buena, jajajaja…
Durante el trayecto me miró varias veces, como esperando que lo soltase ya. Me divertía eso de ponerla nerviosa, porque desde el principio ese era mi fin, ya que conociendo como conocía a mi perra Tere, sabía su reacción…
—Tere.
—Pero… —cortando la insustancial conversación que teníamos en ese momento— si en este piso vive… jajajaja —ahora la que puso cara de no entender nada al oírla reír fue Pipi—. Ahora entiendo las miraditas de antes. Joder con mi cuñadita, si se ha cepillado a las dos hermanas…
—Jajajaja, sí, pero el macho de Celia no lo sabe todavía…
—Tere.
—Pues estoy deseando que se entere la tonta o el tonto. A maricones y putas unimos marimachos, jajajaja. Qué familia…
Al no encontrar aparcamiento, Pipi llamó a Mabel…
—Pipi.
—Zorra, ya estás bajando a abrirnos la cochera —colgó y me miró—. Eso además de excitarla le hace saber que la visita no es de cortesía, jajajaja.
—Tere.
—Ufffff, esta puta cada vez me gusta más…
—Sabes que esta puta va a ser tu señora en mi ausencia…
—Tere.
—Lo estoy deseando, amo. Me gusta…
Lo dijo de una forma que hizo ruborizar a su cuñada. Fui a contestarle cuando vimos aparecer a una morena despampanante. Con sus tacones era más alta que yo. Pelo negro recogido en una cola, ojos negros muy llamativos y grandes, que aun sin maquillar resaltaban, pechos grandes no tanto como los de Pipi. Piernas muy estilizadas y formadas. Tanto Celia como ella eran asiduas al gimnasio. Llevaba una camisola bastante fea, por donde asomaban sus piernas enfundadas en unas medias negras transparentes y unos zapatos de tacón finísimo de 12 centímetros, de una marca exclusiva. Aparte de su buen trabajo, era hija única de una de las familias con más poder económico de Granada. Me fue fácil entender primero que Celia estuviese locamente enamorada de semejante mujerona, y de que ella estuviese por orden de su ama. El contraste entre ambas era enorme.
—Mabel.
—Buenas tardes, ama…
A la vez que con el mando abría la puerta de la cochera. Fue a subirse detrás, junto a Tere…
—Pipi.
—Así no, perra…
Se quedó parada, pero no dudó. Rápidamente se quitó la camisola, dejándola caer al suelo y sin preocuparse de que alguien la viese y sin recoger la camisola del suelo entró en el coche…
—Mabel.
—Buenas… ¡¡¡Tere!!!
Llevaba un sujetador de cuero negro, por el que asomaban unos duros pezones, a juego con las bragas de cremallera, que por cierto iba abierta, ya que su coño brillaba…
—Pipi.
—Jajajaja, era cierto —al ver mi cara de pregunta—. Es la primera vez que le ordeno que se desnude en medio de la calle… Era algo pendiente, que yo nunca me atreví…
—Tere.
—Ufffff, pues con lo buena que está…
Al oír a Tere, se relajó, aunque se confundió debido a la frase de esta…
—Mabel.
—Gracias, señora…
—Pipi.
—Aquí los únicos señores somos mi amo —lo recalcó con fuerza— y yo. Esta es tan guarra como vosotras…
Lo entendió todo. Entendió que ahora yo era su amo y que Tere era una zorra sumisa como ella… Aparcó con rapidez, ya que su piso disponía de dos plazas de garaje…
—Mabel.
—A su zorra —mirándome a mí y haciendo feliz a Pipi— la he dejado en posición. Ha sido decirle que venía la señora —por primera vez en mucho tiempo no la llamó ama, lo que me hizo saber el poder que esta ejercía sobre ella— y se ha corrido la muy puta…
Entramos en la casa. Las dejé pasar fijándome mucho en el culo, no demasiado grande pero sí perfecto y duro, de Mabel.
—Pipi.
—Uhmmmm, me han dicho que te has corrido, perra.
Al oírla hablar, levantó la mirada, una mirada llena de entrega…
—Celia.
—Lo siento… Noooo, ¿qué hace ella aquí…? —Asomaron dos lágrimas—. Por favor…
Fue a levantarse cuando Tere, jugándosela, le soltó un bofetón…
—Tere.
—Quieta, hermanita. Ni te muevas…
Se paralizó, lo que hizo sonreír a Tere, que aprovechó ese momento para sacarse el vestido negro de punto que llevaba…
—Pipi.
—Las dos de rodillas ¡¡¡ya!!!
La cara de asombro de Celia se incrementó al ver a su hermana ponerse a su lado con una sonrisa que le cruzaba toda su cara, y a su lado su amada Mabel. Todo esto me vino muy bien para poner a todas en su sitio, para que “todas” supiesen quién mandaba allí. Con una sonrisa falsa, me acerqué a una desprevenida Pipi y con ganas y fuerza le solté un bofetón…
—No has visto a estas putas…
Lo entendió y agachando la cabeza humillada ante las tres, aunque la que más lo disfrutó fue Celia dibujándose en su cara una fugaz sonrisa, que no me pasó desapercibida…
—Pipi.
—Perdón, amo. Disculpe a esta perra —liberándose del vestido y colocándose junto a Mabel de rodillas…
—Tú en pie.
Llevaba años sin verla, tampoco había cambiado mucho: pelirroja natural, pelo cortado como un hombre, nariz aguileña que en contra de lo esperado le daba cierto atractivo. Los pechos, eso es de familia, diminutos. Llevaba un juego de correas de cuero que se los rodeaban y apretaban, lo mismo que en la cintura, del que salía una correa que rodeaba su coño y cuatro más que sostenían unas medias negras con costura. Estaba descalza.
—Pipi.
—Lo siento, amo. No hay manera de que esta zorra se mantenga sobre unos tacones…
—Vuelve a tu sitio, perra…
—Pipi.
—Antes no terminé de contarle la noche de bodas, ya que nos interrumpió la zorra de mi cuñada. Sin entrar en detalles, esta zorra solo ha sido usada por el culo…
—¿Y eso? —lo cierto es que me sorprendí—. Deja que conteste ella…
—Celia.
—La señora Mabel, en su día me dijo que quería llegar virgen, algo que ella no lo era claro —vi pena en sus ojos—, que yo respeté, y ahora… y ahora mi… perdón, la señora está esperando la mejor oferta…
—Pipi.
—Creo que ahora más que una oferta es un regalo, amo…
La cara de humillada de Celia contrastaba con la dureza de sus finos pezones, el brillo de su coño y los jugos que bajaban por sus piernas…
—Ufffffff, será el colofón del día.
Pero mi mente y mi polla estaban en Mabel, era increíblemente preciosa…
—Tere.
—Seguro que estas zorras tienen con qué jugar…
—Pipi.
—Ve a por todo…
Se lo ordenó a Mabel. Quería ganar puntos, algo que no entendía hasta que supe días más tarde que si Mabel estaba enamorada de ella hasta las trancas, ella lo estaba de Paola y si para conseguirla tenía que renunciar a Mabel no le iba a costar nada de nada… No tardó en aparecer con varios floggers, palas, pinzas, plugs anales de todo tipo y tamaño…
—Mabel.
—El que falta lo tiene la zorra en su culo, amo…
Me desnudé ante la atenta mirada de todas, esperando mi siguiente paso… Fóllate a tu hermana, zorra, y tú ya sabes…
No hubo dudas ni preguntas. Tanto Tere, la más lanzada, como Pipi, se pusieron los arneses, siendo Tere lista, ya que para evitar ser penetrada con el más gordo y aterrador de los dildos escogió el más grande, lo que sacó una perversa sonrisa a Pipi…
—Pipi.
—Habrá tiempo…
No pudo evitar estremecerse, eso sí, de forma perversa. Se giró a por su hermana y tras echar un rápido vistazo a la sala, decidió rápidamente…
—Tere.
—Vamos, zorra —cogiéndola de un pezón y tirándola sobre un apoyapiés—. Apóyate ahí, puta, y saca el culo…
Temblando, ya más de placer (no lo podía disimular) que de humillación, y sacándose el plug que llevaba, se colocó como le había ordenado su hermana…
—Celia.
—Vamos, ¿a qué esperas…?
Sin cuidado y sabiendo que ella misma tenía que exponer su culo para que se lo follara su cuñada, algo que estaba deseando…
—Tere.
—Agggggg, ufffffff, esta zorra tiene el culo abiertísimo. Agggggg, me matasssss, agggggg, siiiii, dueleeeeee, siiiii…
—Pipi.
—Agggggg, ufffffff, qué culo —no esperó ni a que Tere embistiera por primera vez a su hermana—. Agggggg, gracias, gracias, amo. Ufffffff.
Lo cierto es que la escena era muy excitante, y mi polla estaba ya destilando líquido preseminal. Llevé mi mirada a Mabel, viendo celos en la suya…
—Vamos, puta. Tú no serás virgen, pero voy a romper tu coño…
Sus celos salieron a relucir, y sus palabras llenas de odio hicieron volver la mirada, que creo que la terminó de rematar al ver cómo sonreía Pipi…
—Mabel.
—Mi coño no es virgen, pero mi culo sí. Ese ha sido mi único límite, así que si lo desea es suyo…
Casi me corro al oírla…
—No me gustan los celos —di en el blanco—. Lo vas a lamentar, zorra.
La tiré sobre la mesa, hundí su cara en ella a la vez que sacaba el culo…
—Mabel.
—¡¡¡Rómpalo!!! —Asomaron dos lágrimas—. Es suyo, soy suya…
Metí varios dedos de mi mano derecha en su coño, un coño lleno de jugos, usándolos para lubricar su culo, un culo con un anillo anal estrecho. Posiblemente en otro momento hubiese sido más delicado, pero en ese momento lo necesitaba, necesitaba penetrarla, terminar de doblegarla, y no iba a desaprovechar la oportunidad…
—Aguanta, zorra…
—Mabel.
—Agggggg —sus ojos se llenaron de lágrimas, algo que vi gracias al espejo—, fuerte, así agggggg —le estaba doliendo horrores, pero no le quería dar esa satisfacción a su amada—. Más fuerte, más fuerte…
Qué malos son los celos. Ella aguantando para no darle el gusto a Pipi, y esta ya llevaba un rato que ni le prestaba atención…
—Pipi.
—Ufffff, aggggg, gracias, gracias, amo. Quizás sea el mejor culo que me he follado. Agggggg, siiiii, vamos, puta. Húndete en tu hermana…
—Tere.
—Agggggg, siiiii, dame, dame fuerte. Así, así le gusta al amo. Agggggg, ufffff. Y esta puta ¿a quién va a engañar…?
Eso era cierto. Celia no hablaba, pero no paraba de gemir, de gritar. Solo hablaba para pedirle más a su hermana…
—Me corrooooo, agggggg, vamosssssss, puta. Hazlo… Me corrooooooo, ufffffff, este culo me va a dar muchos placeres, aggggg…
—Mabel.
—Aggggg, lo que me había perdido. Agggggg, me corrooooo, me corrooooo, agggggg, siiiii.
Tuvo un squirt en toda regla, con tanta fuerza que puso mis pies perdidos…
—Pipi.
—Agggggg, ¿podemos?, ufffff, no, no puedo más… —Le solté un “sí” agónico—. Graciassss, vamosssssss, zorras. Me corrooooo, aggggg, siiiii, siiiii, me corrooooo, ufffff, qué culo tiene esta zorra…
—Tere.
—Sigueeee, sigue, perra. Me corrooooo, no pares, ufffffff, más, más, me corrooooooo, siiii…
—Celia.
—Agggggg, me corrooooo, ufffff, ufffff, siiiii, me corrooooo…
Al correrse sus fuerzas fallaron y sin poder evitarlo cayó al suelo de golpe, arrastrando con ella a su hermana y a Pipi… Mientras que Mabel tras el enorme orgasmo estaba intentando recuperarse…
—Tere.
—Ni te muevas, puta…
CONTINUARÁ…
Soy Amo, me encanta la dominación, me gusta tener, someter y humillar a parejas y a quien se quiera iniciar, necesitar un tutor o conocer este estilo de vida.
Mi correo ra_ul1967@hotmail.com y mi Telegram @Amo_Leo. Hablo y respondo a todo el mundo, siempre que lo haga con respeto.
Nota del autor: Soy como escribo, soy exigente, dominante y no suelo dar segundas oportunidades. Cuando ordeno algo es para ser obedecido, algo que suelo advertir a quien desea ser adiestrada o entregarse a mí. No trato con hombres solos, aunque no me importa hablar con ellos. Ni miento, ni juego, ni sigo ni persigo a nadie por muy buena que esté o por muy sumisa o perra que sea.
No entiendo a quien estando advertida o advertidos en caso de parejas sumisas, se enfadan conmigo y hasta me tratan de mentiroso o manipulador si corto con ellos por no cumplir.
Seguro que en la red hay quien los o las acepte, yo no.
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