Esta es mi historia, no se si es la mejor o la peor, pero es la que me tocó vivir, junto a mi hermano y mis padres. Después de unos cuantos años, creo que es lo mejor que nos puede haber pasado.
Vengo de una familia como cualquier otra, mamá y papá trabajaban mucho para poder mantenernos a mi hermano Javier y a mí. Había que pagar las cuentas, los colegios, y vivir, cosa difícil en este país.
Mi nombre es Soledad, y cuando pasó esto que les voy a contar yo tenía 21 años, como ya les dije hace muchos años atrás, no era alta, y debido un poco a mi sobrepeso, tenía unas tetas bastante gordas y grandes, una cadera voluptuosa también, además de un culo bien grande.
Mi hermano Javier tenía 18 años, era más alto que yo, también tenía sobrepeso, lo que lo hacía caderón también, herencia de nuestra madre.
En esa época mi padres no estaban pasando por su mejor momento en la relación de pareja, ya que discutían bastante a menudo, incluso muchas veces hasta se volvía moneda común escucharlos gritarse, y francamente, en el fondo sabíamos que se iban a terminar separando, aunque no lo queríamos, creo que muy en el fondo lo sabíamos. Era algo que estaba encaminado a ser así.
Un sábado a la noche, mis padres habían salido a la casa de unos amigos, a cenar y ver películas, y nos quedamos en casa con mi hermano Javier, así que aprovechamos a ver algunas películas subidas de todo, nada del otro mundo, películas eróticas, pero bastante subidas de tono, cosa que a esa edad estaba muy bueno, ya que no dejas de ser chico para algunas cosas, pero no terminas de ser grande para el resto de las cosas.
Aprovechamos que teníamos la casa para nosotros solos, y tomábamos unas cervezas al principio, pero cuando se terminaron, revisamos lo que había guardado, y descubrimos que nuestros padres tenían unos licores y algún whisky, así que decidimos portarnos mal y seguir tomando eso.
Pero la fiesta no podía estar completa sin algo para fumar, algo que nos haga relajar y pasarla realmente bien. A esa edad todas estas cosas prohibidas, o que estaban mal, llámenlas como prefieran, era algo que los adolescentes teníamos que probar sí o sí, debido a nuestra curiosidad en parte, y por otra parte debido a que se sentía bien hacer cosas que no nos estaban permitidas.
La cuestión es