Capítulo 2: "Las sospechas y la confesión"

Después de aquella plática con mi madre, las cosas cambiaron en mi cabeza. Ya no podía ver a mis padres de la misma manera. Cada vez que miraba a mi madre Tere, me la imaginaba desnuda, con las tetas de fuera y la panocha abierta, cogiendo con Miguel o con mi padre. Cada vez que veía a mi padre, me lo imaginaba cogiéndose a Laura, metiéndole la verga hasta el fondo. Y cada vez que pensaba en Pilar, la verga se me paraba de inmediato.

Pero no fue tan rápido como piensan. Mi madre me había dicho que me tomara mi tiempo, y así lo hice. Me la pasé como seis meses pensando, imaginando, masturbándome en las noches. Y poco a poco, fui aceptando que la idea me excitaba cada vez más.

Les voy a platicar cómo fue todo ese proceso, porque fue bien intenso.

Como les conté, mi madre me había explicado lo del swinger de forma general. Pero después de esa plática, empecé a fijarme más en todo. Mis padres ya no se escondían tanto cuando yo estaba en casa. Mi madre se cambiaba de ropa frente a mí a veces, y yo le veía las tetas y el culo. Antes no me fijaba, pero ahora sí. Y les juro que mi madre tiene un cuerpo bien rico. Cuarenta y cinco años y todavía tiene las tetas firmes, el culo redondo y la panocha bien bonita.

Una vez estaba yo en la sala viendo la tele y mi madre salió del baño con nomás una toalla. Se le cayó la toalla y se quedó desnuda frente a mí. Se agachó a recogerla despacio, y yo le vi las tetas colgando un poquito, y el culo de espaldas. La verga se me paró de inmediato. Mi madre se dio cuenta, me vio la verga parada en el short, y nomás sonrió. No dijo nada. Se fue a su recámara y yo me quedé ahí con la verga durísima.

Fui a mi cuarto y me masturbé pensando en mi madre. Me sentía raro, pero excitado. Me imaginé cómo sería cogerla, cómo sería mamarle las tetas y meterle la verga en la panocha. Y les juro que esa masturbada fue de las más fuertes que me había dado. Me sentí culpable un rato, pero después pensé: "Si mis padres son abiertos y me dijeron que no hay nada malo, ¿por qué sentirme culpable?"

Otra vez, mi padre salió de la regadera y pasó por la sala desnudo. Yo le vi la verga y los huevos, y les juro que mi padre está bien dotado. Tiene la verga larga, gruesa cuando se le para, y unos huevos grandes y pesados que cuelgan. Me di cuenta de que yo salí a mi padre, porque yo también la tengo grande, aunque no tanto como él. Mi padre me vio mirándole la verga y nomás rio. Me dijo: "No te preocupes, hijo. Aquí no hay pena." Y se fue a la recámara.

Así fueron pasando los meses. Mis padres se iban volviendo más abiertos conmigo, y yo me iba volviendo más curioso. A veces los escuchaba coger en su recámara. Mi madre gemía bien rico, y mi padre le decía cosas como: "Sí, mamita, toma tu verga, cómetela toda." Y yo afuera con la verga parada, escuchando todo.

Una vez me asomé por la rendija de la puerta y los vi. Mi padre estaba cogiéndose a mi madre de perrito. Mi madre estaba en cuatro, con las tetas colgando y moviéndose con cada embestida. Mi padre le agarraba las caderas y le metía la verga duro. Mi madre gemía y le decía: "Sí, papi, dámela duro, cógeme como tu perra." Y mi padre le daba nalgadas en el culo. Mi madre gritaba de placer y le decía: "Sí, así, nálgame más, cógeme más duro."

Yo me quedé viendo un buen rato. La verga se me había parado tanto que me dolía debajo del short. Me saqué la verga y me la empecé a sobar mientras veía a mis padres coger. Mi padre le metía la verga a mi madre con fuerza, y mi madre movía el culo en círculos, y los dos gemían y sudaban. Mi padre le agarraba las tetas a mi madre y se las meneaba, y mi madre le agarraba los huevos y se los apretaba suavecito.

Cuando mi padre terminó adentro a mi madre, se tiró sobre ella y los dos se quedaron respirando fuerte. Yo me vine en mi mano, y me fui a mi cuarto rápido. Me quedé acostado pensando: "Ya quiero coger con mis padres."

Pero también me fijaba en Miguel y Laura. Cuando venían a casa, ya los veía diferente. A Laura la veía y me imaginaba sus tetas enormes y su culo sabroso. A Miguel lo veía y pensaba en su verga gruesa cogiéndose a mi madre. Y a mis padres los veía interactuar con ellos y ya entendía todo.

Una vez vinieron a cenar Miguel y Laura. Pilar no vino porque tenía algo que hacer. La cena fue normal, pero después de cenar, mi madre sacó unas cervezas y un poco de hierba. Se la fumaron en el patio y luego se fueron a la sala a platicar. Yo estaba en mi cuarto, pero bajé a tomar agua y me quedé escuchando desde la escalera.

Laura le dijo a mi madre: "¿Ya platicaron con Jorge?" Mi madre le dijo: "Sí, le contamos todo. Dice que no le parece mal, pero que quiere pensarlo bien." Laura le dijo: "Igual Pilar. Ya le platicamos y dice que está pensando." Miguel le dijo a mi padre: "Pos qué bueno que los chamacos estén abiertos. Ya era hora." Mi padre le dijo: "Sí, pero hay que dejar que ellos decidan cuándo."

Laura le dijo a mi madre: "¿Y cómo crees que esté Jorge? ¿Ya estará listo?" Mi madre rio y le dijo: "Lo vi el otro día con la verga parada cuando se me cayó la toalla y me vio desnuda. Yo creo que ya casi." Laura rio también y le dijo: "Pilar igual. La otra vez la vi que se estaba masturbando en su cuarto con la puerta entreabierta. Yo creo que también ya casi."

Me quedé parado en la escalera, escuchando todo. La verga se me paró cuando escuché que Laura decía que Pilar se estaba masturbando. Me imaginé a Pilar acostada en su cama, con las tetas grandes de fuera y la mano en la panocha, sobándose y gimiendo. Y la verga se me puso durísima.

Miguel le dijo a mi padre: "¿Y qué crees? ¿Crees que Jorge y Pilar se van a llevar bien?" Mi padre le dijo: "Pos yo creo que sí. Jorge ya preguntó por Pilar varias veces. Le gusta tu hija." Laura rio y le dijo: "Pilar igual. Siempre pregunta que cuándo viene Jorge." Mi madre le dijo a Laura: "Pos entonces nomás hay que esperar a que estén listos y los integramos."

Después de esa plática, los cuatro se fueron a la recámara. Yo me quedé en la escalera un rato más, escuchando. Empecé a oír gemidos y risas. Me imaginé a los cuatro cogiendo: mi padre con Laura, Miguel con mi madre, las dos mujeres comiéndose la panocha. Y me masturbé ahí mismo en la escalera, pensando en todo.

Pasaron como tres meses más. Yo ya tenía veinte años y estaba cada vez más listo. Me la pasaba pensando en coger con mis padres y con Laura. Y en Pilar también. Me jalaba la verga todos los días imaginándome todo.

Una noche, mi padre me llamó a platicar. Me dijo: "Jorge, tu madre y yo hemos visto que ya estás más abierto. ¿Ya lo pensaste bien?" Yo le dije: "Sí, papá. Ya lo pensé. Y quiero hacerlo." Mi padre me miró a los ojos y me dijo: "¿Estás seguro, hijo? Te comento que una vez que empieces, no hay vuelta atrás." Yo le dije: "Estoy seguro, papá."

Mi padre sonrió y me dijo: "¿Ese es mi muchacho! Pos entonces hay que platicar bien." Se acercó mi madre y se sentó con nosotros. Mi madre me dijo: "Jorge, lo primero que tienes que saber es que aquí no hay pena. Somos adultos y nos gusta mucho el sexo. Tu padre y yo te queremos incluir porque confiamos en ti y sabemos que eres maduro." Yo le dije: "Sí, mamá. Yo también confío en ustedes."

Mi padre me dijo: "Lo segundo es que lo que pase aquí se queda aquí. No se lo cuentas a nadie. Ni a tus amigos, ni a nadie." Yo le dije: "Claro que no, papá. Eso ni se dice."

Mi madre me dijo: "Lo tercero es que vas a gozar mucho. Tu padre y yo sabemos que te gusta Laura, y que también te gusto yo como mujer. ¿cierto?" Me dio mucha pena que mi madre supiera que me gustaba no sólo como madre, sino como mujer, pero nomás asentí. Mi madre rio y me dijo: "No tengas pena, hijo. Es normal. A mi también me gusta Laura, y a tu padre le gusta Laura. Aquí todos nos gustamos, por eso compartimos tanto."

Mi padre me dijo: "¿Y qué sientes por Pilar?" Yo le dije: "Pues me gusta mucho, papá. Pero nomás la he visto de lejos. No la conozco bien." Mi padre me dijo: "Pos pronto la vas a conocer bien. Miguel y Laura también quieren integrar a Pilar, y la idea es que ustedes dos también se lleven bien." Yo le dije: "¿Y cómo va a funcionar eso?" Mi padre me dijo: "Pos primero te integras con nosotros, con tu madre y conmigo. Después, cuando Pilar esté lista, la integrarán sus padres con ellos. Y después los seis nos juntamos."

Yo le dije, con palabras un poco temblorosas: "¿Y yo…. me voy a poder coger a mi mamá?" Mi padre me miró y me dijo: "Claro, hijo. Lo hemos platicado tu mamá y yo, y tu madre quiere que te la cojas, y si tú quieres, pues ni hay problema entonces. No hay nada malo en eso…. Cuando menos para nosotros. Somos adultos y nos gusta el sexo. Y creemos que mientras no le hagamos daño a nadie no hay ningún problema" Mi madre me dijo: "Jorge, yo te quiero mucho como hijo, pero, por alguna razón, también te quiero y te deseo como hombre. Y te voy a tratar bien rico, te lo prometo." La verga se me paró cuando mi propia madre me dijo eso. Mi padre lo vio y rio. Me dijo: "Ya se te paró, hijo. Eso es buena señal. Y yo estaré orgulloso de ver que mi hijo se coja a su madre y la haga gozar como a ella le gusta tanto."

Yo me reí también y le dije: "Sí, papá. Ya no aguanto." Mi padre me dijo: "Pos entonces hay que empezar." Mi madre se levantó y me dijo: "Sígueme, hijo."

Mi madre me llevó a la recámara de mis padres. La cama era grande, de esas matrimoniales con sábanas suaves. Mi madre se volteó hacia mí. Me dijo: "Jorge, ¿estás listo?" Yo le dije: "Sí, mamá. Estoy listo."

Mi madre se acercó a mí y me besó. No un beso de madre, sino un beso de mujer a hombre. Me metió la lengua en la boca y yo se la metí a ella. Sentí los labios de mi madre, suaves y carnosos, y su lengua jugando con la mía. La verga se me paró completamente, durísima, latiéndome dentro del pantalón.

Mi madre se separó un poco y me dijo: "Qué rico besas, hijo." Yo le dije: "Tú también besas bien rico, mamá." Mi madre sonrió y me empezó a quitar la camisa. Me pasó las manos por el pecho, por los músculos del abdomen, y bajó hasta el pantalón. Me quitó el pantalón y el boxer, y mi verga salió parada, durísima, con la cabeza morada y brillante.

Mi madre se la quedó viendo y me dijo: "Ay, hijo, qué verga tan rica tienes. Saliste a tu padre." La agarró con la mano y me la empezó a sobar despacio. Yo cerré los ojos y gemí. Sentir la mano de mi madre en mi verga era de lo más rico que me había pasado en la vida.

Mi madre se arrodilló frente a mí y me empezó a mamar la verga. Les juro que mi madre mama verga como ninguna. Se la metía en la boca despacio, saboreándola, pasándole la lengua por la cabeza, por el tronco, por los huevos. Me lamía los huevos y me los chupaba uno por uno, y después se metía la verga hasta el fondo de su garganta.

Yo le agarraba la cabeza y la empujaba hacia mi verga. Le decía: "Sí, mamá, mámamela rico, cómete mi verga, así me gusta." Mi madre gemía con mi verga en la boca y me miraba a los ojos. Ver a mi madre con mi verga en la boca, mirándome a los ojos, fue de lo más excitante que he vivido.

En eso, mi padre entró despacio a la recámara. Ya se había quitado la ropa y traía la verga parada, durísima. Se quedó parado en la puerta, viendo cómo mi madre le mamaba la verga a su hijo. Mi padre nomás sonrió y se la empezó a sobar mientras nos veía.

Mi padre se acercó y se sentó en la orilla de la cama. Le dijo a mi madre: "Mira, Tere, nuestro hijo ya está bien parado. Y mira, que verga tan rica tiene." Mi madre sacó mi verga de la boca y le dijo: "Sí, papi, casi tan rica como la tuya." Mi padre rio y le dijo: "Jeje, casi, casi. Pero la mía sigue siendo más grande. Jeje."

Mi padre me miró y me dijo: "Jorge, mira qué rica está tu mamá. ¿Te gusta?" Yo le dije: "Sí, papá. Está bien rica." Mi padre le agarró las tetas a mi madre y me las ofreció, se las meneaba frente a mí. Me dijo: "Mira sus pezones, cómo se le ponen duros. Tu madre está bien caliente, hijo. Desde hace mucho quería que te la cogieras. Cuando platicabamos de eso ella se mojaba deseando ya tenerte dentro."

Mi madre se rio y le dijo a mi padre: "Sí, amor. Desde hace tiempo ya quería hacer esto con nuestro hijo." Mi padre le dijo: "Pos el momento llegó, mamita. Hijo, cógela sin pena. Disfrútala. Mámale las tetas, métele la verga. Como lo escuchaste, ella lo desea desde hace mucho. Y yo voy a disfrutar mucho viendo cómo te coges a tu madre y como la haces gozar."

La verga se me paró todavía más cuando mi padre me dijo eso. Sentí una mezcla de excitación y de algo más, como de confianza, como de permiso. Mi propio padre me estaba ofreciendo a mi madre, me estaba dando la confianza para que me la cogiera sin pena, sin pudor, que la disfrutara, que no tuviera pena. Y eso me hizo sentir bien.

Mi padre le quitó la ropa a mi madre despacio, frente a mí, la encueró para mí. Le quitó la blusa y le vio las tetas, y me dijo: "Mira, Jorge, qué tetas tan ricas tiene tu madre. Mamalas, no tengas pena." Mi padre con sus manos me las ofrecía. Yo me acerqué y le empecé a mamar las tetas. Les juro que las tetas de mi madre son bien ricas, morenitas, firmes, con unos pezones color café oscuro que se le ponen duros. Se los mamaba y se los mordía suavecito, y mi madre gemía y me agarraba la cabeza, me metía más la teta en la boca.

Mi padre veía todo y se sobaba la verga. Me decía: "Así, hijo, mámale las tetas a tu mamá. Se ve bien rico. Tu madre gusta mucho de eso." Mi madre me decía: "Sí, hijo, mámamelas más, muérdeme los pezones, así me gusta, qué rico."

Mi padre le quitó el pantalón y las panties a mi madre y le vio la panocha. Me dijo: "Mira, Jorge, ahí tienes la panocha de tu madre. Bien mojadita, bien rica. Ahora es tuya. Cómetela, hijo. Dale lengua." Yo me arrodillé frente a mi madre y le empecé a pasar la lengua por la panocha. Mi madre tenía la panocha bien mojada, le brillaba toda, y olía bien rico, a mujer excitada. Le pasé la lengua por los labios, por el clítoris, y se la metí hasta el fondo. Mi madre gemía y me agarraba la cabeza, me metía más la cara en la panocha y me decía: "Sí, hijo, cómela toda, pásame la lengua por el clítoris, así, así, qué rico, qué rico lo que me haces."

Mi padre se acercó y le empezó a mamar las tetas a mi madre mientras yo le comía la panocha. Mi padre le mordía los pezones y se los masajeaba con la mano, y mi madre gemía y se retorcía de placer. Tenía la boca de su hijo en la panocha y la boca de su esposo en las tetas, estaba en el cielo.

Mi padre, con cierto tono de orgullo, le decía a mi mamá: "Mamita, mi hijo te está comiendo bien rico la panocha. ¿Te gusta?" Mi madre le decía: "Sí, papi, me la come delicioso. Qué lengua tan rica tiene nuestro hijo." Mi padre me dijo: "Sigue, hijo, cómela bien. Hazla venir. Tu madre se merece venir rico."

Yo le metí dos dedos en la panocha y se los empecé a mover mientras le chupaba el clítoris. Mi madre gritaba de placer y movía las caderas, me restregaba la panocha en la cara. Mi padre le seguía mamando las tetas y le agarraba los pezones con los dedos.

Mi madre tuvo un orgasmo bien fuerte. Sentí cómo se le apretaba la panocha alrededor de mis dedos y se le salía un poquito de líquido. Me agarró la cabeza fuerte y me la apretó contra su panocha, y gritó: "Sí, hijo, así, hazme venir, qué rico, qué rico, me vengo, me vengo."

Cuando mi madre se vino, se quedó respirando fuerte, con los ojos cerrados y una sonrisa en la cara. Me dijo: "Ay, hijo, qué rico me comiste la panocha. Nadie me la había comido tan rico." Yo le dije: "Gracias, mamá. Me encantó." Mi padre rio y le dijo: "Pos te ganó el chaval, Tere." Mi madre le dijo: "Pos sí, amor. Tu hijo tiene una lengua muy rica."

Mi padre me palmeó el hombro y me dijo: "Bien hecho, hijo. Ahora cógetela. Métele la verga. Tu madre la quiere adentro." Mi madre se recostó en la cama y abrió un poco sus piernas. Mi papá le abrió las piernas más y me dijo: "Mira, Jorge, ahí la tienes. Bien abierta, bien mojadita. Te la estoy ofreciendo. Métele tu verga, sin pena. Cógela rico."

Yo me acerqué y le puse la verga en la entrada de la panocha. Mi padre me dijo: "Métela despacio, hijo. Disfrútala. Siente cómo entra." Yo le metí la verga despacio y sentí el cielo. La panocha de mi madre es caliente, apretada y húmeda. Se le notaba que tenía un hijo, pero estaba bien cuidada, y me apretaba la verga con los músculos de la panocha. Se la metí toda y me quedé un momento quieto, sintiéndola adentro.

Mi madre me dijo: "Ay, hijo, qué rica verga tienes. Me llena toda." Mi padre me dijo: "Mírala, hijo, mira cómo la tienes. Tu madre está bien contenta con tu verga adentro. Ahora cógela, muévete, dale rico." Yo empecé a bombear despacio, después más rápido. Mi madre gemía y movía las caderas para acompañar mis embestidas. Le agarré las tetas y se las meneaba mientras la cogía. Mi madre gemía y me decía: "Sí, hijo, cógeme rico, métemela duro, dámela toda."

Mi padre se sentó en una silla frente a la cama y se sobaba la verga mientras nos veía. Me decía: "Así, hijo, cógete a tu madre. Se ve bien rico. Mírale las tetas cómo se mueven. Tu madre está gozando mucho." Y después le decía a mi madre: "Te ves bien rica, mamita. Con la verga de nuestro hijo adentro. Te gusta, ¿verdad?" Mi madre le decía: "Sí, papi, me gusta mucho. Nuestro hijo me coge bien rico."

En eso dijo mi padre: “Cambien de posición, dijo, acuéstate, Jorge, y que tu mamá te monte”. Así lo hicimos, me separé de mi mamá y me acoesté en la cama, con mi verga apuntando al techo. Enseguida ella se montó sobre mi, se acomodó la verga en su panocha y se empezó a sentar sobre ella hasta que la deboró por completo.

Mi padre se acercó por detrás de mi madre y le empezó a meter un dedo en el culo. Entonces me di cuenta de la intención de mi padre. Mi madre gemía más fuerte y le decía: "Sí, papi, méteme el dedo en el culo, prepáralo para tu verga." Mi padre le metió un dedo, después dos, y se los movía despacio mientras yo le cogía la panocha.

Mi padre le dijo: "¿Quieres que te la meta por el culo, mamita?" Mi madre le dijo: "Sí, papi, métemela por el culo mientras mi hijo me coge la panocha. Quiero tener las dos vergas adentro." Mi padre se untó saliva en la verga y se la empezó a meter por el culo despacio. Mi madre gritó un poquito al principio, pero después empezó a gemir de placer.

Sentí la verga de mi padre a través de la pared delgada de la panocha de mi madre. Me di cuenta de que estaba cogiendo a mi madre con mi padre, los dos adentro de ella. Era una sensación increíble y obscena. Mi madre estaba entre los dos, con mi verga en la panocha y la verga de mi padre en el culo, y gemía y sudaba y nos decía: "Sí, mis hombres, cójanme rico, denme sus vergas, llénenme de verga."

Mi padre y yo empezamos a bombear al mismo tiempo. Yo le metía la verga en la panocha y mi padre se la metía en el culo, y mi madre estaba en medio, con las tetas moviéndose y los ojos cerrados, gimiendo de placer. Le agarraba la cabeza a mi padre, giraba su cabeza y lo besaba, y después me besaba a mí, inclinándose sobre mi pecho y nos decía: "Los quiero, mis hombres, los quiero mucho, cójanme más duro, más duro."

Mi padre me decía: "Jorge, ¿cómo se siente? ¿Te gusta coger a tu madre?" Yo le dije: "Sí, papá. Está bien rico. Me encanta." Mi padre me dijo: "Disfrútala, hijo. Tu madre es una mujer bien rica. Cógela sin pena todas las veces que quieras."

Yo sentía que me iba a venir y le dije a mi madre: "Mamá, me vengo." Mi madre me dijo: "Sí, hijo, vente adentro de mí, dame tu lechita, lléname la panocha de tu semen." Mi padre me dijo: "Vente adentro de ella, hijo. Dale tu lechita. A tu madre le encanta la leche." Yo no aguanté más y acabé adentro. Sentí cómo mi semen salía de mi verga y llenaba la panocha de mi madre. Era una sensación increíble, venir adentro de mi madre.

Mi padre también se vino después, le echó toda su leche en el culo. Mi madre sintió las dos lechitas adentro y tuvo otro orgasmo. Gritó: "Sí, sí, me vengo otra vez, siento las dos lechitas adentro, qué rico, qué rico."

Despues, los tres nos quedamos tirados en la cama, sudados, agotados, pero felices. Mi madre estaba entre mi padre y yo, con nuestro semen saliéndole de la panocha y del culo. Nos besó a los dos y nos dijo: "Gracias, mis hombres. Fue de lo más rico que me ha pasado."

Mi padre me palmeó el hombro y me dijo: "Bienvenido al club, hijo. Tu madre es tuya cuando quieras. Y pronto también conocerás a Laura y a Pilar." Yo le sonreí y le dije: "Gracias, papá. Me encantó." Mi madre me besó y me dijo: "Y esto nomás es el principio, hijo. Todavía falta mucho."

Después de esa primera vez, me integré completamente con mis padres. Cogíamos los tres casi todas las noches. A veces era mi madre y yo solos mientras mi padre nos veía y nos decía: "Así, hijo, cógete a tu madre. Se ve bien rico. Disfrútala." A veces mi padre y yo nos cogíamos a mi madre al mismo tiempo, los dos adentro de ella. A veces mi padre se cogía a mi madre y yo me la jalaba mientras tanto, y mi padre me decía: "Mira, Jorge, cómo se la estoy metiendo a tu madre. Qué rico se ve. ¿Te gusta?" Y yo le decía: "Sí, papá. Se ve bien rico."

Mi madre me enseñó muchas cosas. Me enseñó a comer panocha bien rico, a usar la lengua y los dedos. Me enseñó a coger despacio y rápido, a cambiar de posiciones, a aguantar la lechita para durar más. Me enseñó a darle por el culo, que a mi madre le encanta. La primera vez que le di por el culo a mi madre, le dolió un poquito, pero después empezó a gozar y me decía: "Sí, hijo, métemela por el culo, ábreme el culo con tu verga, así, más duro, más duro." Mi padre nos veía y me decía: "Así, hijo, dale por el culo a tu mamá. Le encanta. ¿Verdad, mamita?" Mi madre le decía: "Sí, papi, me encanta. Nuestro hijo me da por el culo bien rico."

Una vez mi padre y yo nos cogimos a mi madre al mismo tiempo, los dos en la panocha. Mi madre quería probar y le metimos las dos vergas en la panocha. Mi madre gritaba de placer y de dolor, pero después empezó a gozar y nos decía: "Sí, mis hombres, dos vergas en mi panocha, llénenme de verga, cójanme rico." Mi padre me decía: "Sí, hijo, las dos adentro. Tu madre está bien contenta. Dale rico." Y los dos nos venimos dentro de su panocha al mismo tiempo. Mi madre se vino como tres veces seguidas.

También me integré con Laura y Miguel. Una vez que mis padres y ellos se juntaron, mi padre le dijo a Laura: "Jorge ya está integrado con nosotros, y sabe de lo nuetro. Y así, directo, como era mi padre le dijo a Laura ¿Quieres mamársela a mi hijo?" Laura sonrió y dijo: "Pero claro que sí. Ven, chamaco, déjame ver esa verga que tu madre dice que está bien rica."

Laura me mamó la verga mientras mi padre se cogía a mi madre y Miguel los veía. Laura mama verga diferente que mi madre: más rápido, más fuerte, con más desesperación. Se mete la verga hasta el fondo y te lame los huevos mientras te la mama. Les juro que Laura me hizo venir en como cinco minutos, y se tragó toda la lechita. Laura levantó la cara con mi lechita en la boca y me dijo: "Qué rica leche tienes, chamaco. Casi tan rica como la de tu padre." Y se la tragó todita.

Después me cogí a Laura. Laura se recostó y abrió las piernas y le metí la verga. Laura tiene una panocha diferente que mi madre: más clara, con menos vello, y más apretada. Y sus tetas son enormes, se mueven cuando la coges, y le mordía los pezones y le meneaba las tetas mientras la cogía. Laura gemía y me decía: "Sí, chamaco, cógeme rico, métemela duro, qué verga tan rica tienes, casi tan rica como la de tu padre."

Mi padre nos veía y me decía: "Así, hijo, cógete a Laura. Se ve bien rico. Mira cómo se mueven sus tetas." Mi madre también nos veía y me decía: "Cógela bien, hijo. Laura es bien rica." Miguel se cogía a mi madre mientras yo me cogía a su esposa, y mi padre veía a los cuatro y se sobaba la verga. Después mi padre se metió con Laura y yo me fui con mi madre, y los cinco cogimos toda la noche.

Por otro lado, ver a mi madre siendo penetrada por otro hombre, que no era mi padre, fue algo que me excitó muchísimo. Ahora entendía a mi papá cuando me veía cogiendo a mi mamá. Ver a tu mujer amada siendo poseida por otro, verla gozado tanto, es lo que hace la diferencia en este ambiente swinger, y más en el nuestro, en donde además eramos familia.

Mi padre me decía mientras me cogía a Laura: "Disfrútala, hijo. Laura es toda una mujer. Cógela sin pena." Y después me decía: "Ahora vé con tu madre. Cógela también. Aquí todas son tuyas." Y yo me iba con mi madre y me la cogía mientras mi padre se cogía a Laura. Era un cambio bien rico, de una panocha a otra, de unas tetas a otras.

Todo estaba excelente. Pero todavía faltaba algo. Pilar todavía no se integraba. Me contó mi madre que Miguel y Laura ya habían platicado con ella y que estaba lista, pero que querían esperar un poco más para que ella estuviera segura.

Yo le preguntaba a mi madre: "¿Cuándo va a estar lista Pilar?" Mi madre me decía: "Paciencia, hijo. Ya casi. Tu padre y Miguel están planeando una fiesta donde los seis nos vamos a juntar." Yo le decía: "No veo la hora, mamá." Mi madre se reía y me decía: "Pero mientras tanto hijo, te sigues cogiendo a tu madre." Y me la cogía otra vez.

Me sentía bien. Me sentía libre, sin culpa, sin pena. Estaba cogiendo con mi madre y con mi padre presente, con Laura y con Miguel. Y pronto iba a conocer a Pilar de una forma muy diferente. La vida me sonreía y la verga se me paraba todos los días.

Una noche, mi padre me dijo: "Jorge, la próxima semana vamos a tener la fiesta en casa de Miguel y Laura. Pilar ya está lista. Vas a conocerla bien." La verga se me paró de inmediato. Mi padre rio y me dijo: "Guarda esa energía para la fiesta."

Yo le dije: "No veo la hora, papá." Mi padre me palmoteó el hombro y me dijo: "Te va a ir bien, hijo. Pilar es una chica bien rica y le vas a gustar."

Mi madre se acercó y me abrazó. Me dijo: "Jorge, estoy feliz de que vayas a conocer a Pilar. Es una chica linda y se va a llevar bien contigo." Yo le dije: "Gracias, mamá. Por todo." Mi madre me besó en la boca y me dijo: "Gracias a ti, hijo. Por ser tan abierto y tan rico."

Y así, con la verga parada y el corazón acelerado, me fui a dormir pensando en Pilar. Me imaginé sus tetas grandes, su culo sabroso, su panocha bonita. Me imaginé cogiéndola mientras nuestros padres nos veían. Me imaginé a los seis cogiendo juntos. Y me masturbé bien fuerte pensando en todo lo que iba a pasar.

Al otro día, mi madre me despertó con la verga en su boca. Me estaba mamando la verga mientras yo dormía. Cuando abrí los ojos, vi a mi madre con mi verga en la boca, mirándome y sonriendo. Me dijo: "Buenos días, hijo. Para que te despiertes de buenas." Yo le dije: "Buenos días, mamá. Qué rico despertar." Mi madre se rio y siguió mamándomela. Después me cogí a mi madre rico y me fui a bañar.

Mi padre entró a la recámara y nos vio. Rio y me dijo: "Ya empezaron tempranito, ¿verdad?" Mi madre le dijo: "Claro. Tu hijo amaneció con la verga bien parada." Mi padre me dijo: "Pos cógetela otra vez antes de irte a bañar, hijo. Tu madre todavía quiere más." Y yo me cogí a mi madre otra vez mientras mi padre nos veía y se sobaba la verga.

Esa semana se me hizo eterna. Cada día me la pasaba pensando en Pilar, imaginando cómo sería, cómo sería cogerla, cómo sería tenerla desnuda frente a mí. Cómo sería cogerla frente a sus padres, y después cogerme a su mamá ahí mismo, frente a Pilar. Y que Miguel me diga: “Anda Jorge, cógete a mi esposa y luego a mi hija, mientras yo me cojo a tu mamá” Eso me excitaba muchísimo. Pero mientras el día llegaba, cada noche me cogía a mi madre mientras mi padre nos veía o participaba. Mi padre parecía disfrutar cada vez más de verme con mi mamá y me decía: "Cógete a tu madre rico, hijo. Practica para Pilar." Y yo me cogía a mi madre con ganas, imaginando que era Pilar.

Mi madre me decía: "Hijo, ¿me vas a cambiar cuando estés con Pilar?" Yo le dije: "No, mamá. Ustedes dos siempre van a ser los primeros. Nada se va a comparar con coger a mi madre." Mi madre se rio y me besó. Me dijo: "Qué lindo, hijo. Pero te va a gustar mucho Pilar. Es bien rica." Yo le dije: "Pos sí, pero tú eres mi madre. Tú eres especial." Mi madre se enterneció y me cogió más rico todavía.

Así llegué a la fiesta donde conocería a Pilar. Pero eso lo cuento en el siguiente capítulo. Por ahora les puedo decir que cuando llegué a casa de Miguel y Laura y vi a Pilar por primera vez de cerca, con esas tetas grandes y ese culo sabroso, supe que mi vida iba a cambiar para siempre.

---------Continúa en capítulo 3 ------------------------