Capítulo 2

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En mi anterior relato les contaba como fue mi transformación de niño en mujer, ahora, y atendiendo los correos que he recibido, voy a contarles cómo llegué a sentirme mujer.

Llevaba ya algún tiempo viviendo con mi hermana en casa de su novio y del hermano de este, yo aun no sabía lo que era estar con un hombre; apenas salía por ahí a divertirme y a tomar copas, ya que mi hermana se iba con Pedro y todas mis amigas tenían novio, yo sentía que estorbaba.

Un sábado por la noche mi hermana y su novio se disponían a salir, yo estaba en el salón viendo la tele y Rubén (el hermano de Pedro) estaba sentado delante del ordenador, al vernos nos preguntaron que si nos íbamos a quedar allí toda la noche, yo asentí con la cabeza sin dejar de mirar a la tele y Rubén dijo que otra cosa mejor podía hacer (había discutido con la novia), entonces mi hermana mirando a Pedro nos dijo que fuéramos con ellos, que iban a ir al cine y después a cenar, yo dije que no quería estorbar a lo que Pedro me contestó que podíamos ir como dos parejas, yo miré a Rubén y el, cómo de mala gana, dijo “mejor que destrozarme la vista aquí delante”.

Mientras me vestía pensaba de que iba a hablar con él ya que apenas hablábamos, me puse una falda negra lisa por encima de las rodillas, una blusa blanca bastante ajustada, unas sandalias negras con medio tacón y le cogí a mi hermana una rebeca negra por si hacía frío por la noche, ya que era mediados de octubre, me maquillé, eché en el bolso lo básico y salí al salón, allí estaba ya Rubén que vestía un pantalón beige y un polo burdeos, al verme me dedicó un silbido que hizo que me pusiera colorada.

La sesión de cine pasó sin más y fuimos a cenar a una pizzería, a la hora de pagar Pedro puso lo suyo y lo de mi hermana, yo saqué mi monedero del bolso, pero Rubén me dijo “no pagues, no puedo permitir que una mujer tan guapa como tu pague lo suyo, te invito” lo primero que pensé fue “este no es el Rubén que yo conozco” ya que casi ni me hablaba en casa.

Salimos de la pizzería y mi hermana propuso ir a tomar unas copas, ella iba delante con Pedro y yo detrás con Rubén, para romper el hielo empezó a preguntarme cómo me iba en la zapatería, de la que él era el dueño, poco a poco me preguntó si había tenido ya relaciones, yo le dije que, por decirlo de algún modo, a mis 18 años aún era virgen y él dijo que no se explicaba como una muchacha con ese cuerpo aún no había estado con un hombre.

Llegamos al pub, pedimos las primeras copas y me dispuse a pagar la mía, Rubén me lo impidió diciéndome que esa noche él me invitaba, nos sentamos en una mesa y seguimos hablando, pusieron música lenta y mi hermana y Pedro se fueron a bailar, Rubén me propuso bailar, yo le dije que no sabía y él me dijo que no hacía falta saber y me cogió de la mano y me llevó hasta la pista, me cogió fuertemente por la cintura y me hizo poner mis brazos en sus hombros alrededor de su cuello, se me acerca al oído y me dice “deja que la música te lleve”, yo estaba en la gloria abrazada a un hombre sintiéndome suya, apoyé mi cabeza en su pecho para disfrutar del momento, cuando terminó la canción me separó ligeramente de él y me dio un pequeño beso en los labios, yo me quedé helada y no me dio tiempo a reaccionar hasta que cogiéndome la mano me llevó hasta la mesa, ninguno hizo comentario sobre el beso; salimos del pub y mi hermana me pidió la rebeca, yo se la di y empezamos a caminar hacia casa, yo crucé mis brazos porque hacía un poco de frío, al verme Rubén me pregunta si tenía frío yo asentí con la cabeza y siento como me hecha el brazo por encima y se pega a mí “¿mejor?” me pregunta, yo le miro y le dedico una sonrisa de afirmación.

Llegamos a casa, mi hermana y Pedro se fueron a su habitación, Rubén iba para la suya y le dije “gracias” “¿por qué?” preguntó “lo he pasado muy bien –contesté- y me ha gustado como me has tratado” “¿a qué te refieres?” “me has tratado como a una mujer” lentamente se acercó a mí poniendo una mano en mi cintura y la otra en mi nuca me beso, esta vez pude reaccionar y con mi lengua empecé a buscar sus labios a lo que él reaccionó abriéndolos y buscando con su lengua la mía, nuestras lenguas se abrazaban igual que nosotros y nuestras salivas se mezclaban como nuestros cuerpos, no sé cuánto tiempo estuvimos besándonos hasta que nos separamos y me pregunta “¿quieres que te siga tratando como a una mujer?” yo le respondí dándole un beso en los labios; fuimos hasta su habitación y una vez allí volvimos a besarnos, Rubén empezó a acariciar mis pechos y a desabrochar mi blusa, mientras yo, ni corta ni perezosa, dirigí mi mano a su paquete y empecé a masajeárselo por encima del pantalón, se notaba grande, cuando le había aflojado el pantalón fui recorriendo su cuerpo con besos hasta llegar a su paquete y se lo besé por encima del pantalón, yo estaba fuera de mí, le bajé el slip y ante mi apareció una enorme polla, me quedé mirándola ya que era la primera que veía en vivo, Rubén al verme me dijo “no te asustes, no muerde”, con una mano le cogí la polla y con la otra le agarré los huevos que difícilmente me cabían en la mano, yo no sabía cómo empezar, así que lentamente le fui besando todo el tronco, recreándome en el glande y jugando con mi lengua en esa rajita de la que ya salía un liquidito, con miedo lo probé con mi lengua y me gustó, así que decidida me metí ese fresón en la boca y empecé a chuparlo como si fuera un caramelo, me sentía como el niño que prueba por primera vez una golosina, Rubén me tenía sujeta la cabeza y yo subía y bajaba mi boca por su polla hasta que me la retiró y me dice “vamos a la cama, estaremos más cómodos” yo me puse en pie y vi como él se desvistió corriendo, yo me desnudé lentamente delante de él y veía que no me quitaba el ojo de encima, me lo quite todo menos las bragas.

Me tumbé en la cama, lo abracé y nuevamente nos besamos, él seguía jugando con mis pechos ya totalmente liberados y yo empecé a masturbarlo, Rubén dirigió una de sus manos a mis bragas y acarició mi paquete, que ya estaba muy gordo, yo me paré y le retiré la mano diciéndole que por ahora prefería que no me tocase eso, me miró un poco extrañado, pero volvió a besarme y llevó la mano hasta mi culo, cuando encontró mi agujerito empezó a rozarlo con un dedo y eso me hizo soltar un gran gemido.

Yo volví a dirigir mi boca hacia su polla y él me besaba toda la entrepierna, sin tocarme mi polla ni mis huevos, mientras seguía rozándome el agujero de culo con un dedo; al rato la respiración de Rubén se aceleró y su polla empezó a soltar unos chorreones de leche que cayeron en mi boca, intenté escupirlos, pero cuando los probé me enloquecieron y empecé a chupar como si me estuviera bebiendo un refresco con una cañita

Me dejé caer bocarriba en la cama y Rubén empezó a besarme los pies hasta que me preguntó “¿quieres que te haga ya sentirte como una mujer?” yo me quedé callada unos segundos y le dije “por una parte estoy deseando pero por otra parte me da miedo que me puedas hacer daño” él se levantó, se acercó a mí y me dice “Mónica –me da un beso- me lo estoy pasando muy bien y me estas gustando mucho, no sería capaz de hacerte daño” sin yo contestar se levantó de la cama y cogió una caja de condones de un cajón, yo lo vi y le dije “no hace falta, y –riéndome añadí- no hay peligro de que me quede embarazada” riéndose me dice “ya, pero esto facilitará que no te duela mucho”, mientras se lo ponía le dije que me follara como a una mujer, se tumbó encima de mí besando mis tetas hasta que se puso de rodillas entre mis piernas, las cogió, las puso sobre sus hombros y retiró las bragas que cubrían mi virginal culito, “¿lista?” preguntó “cuando tú quieras mi amor” le contesté, poco a poco empezó a desvirgar mi estrecho culito, me dolía mucho pero aguantaba porque quería que me hiciera suya, en un momento solté un pequeño grito de dolor y paró la penetración por unos segundos hasta que vio que me había vuelto a relajar, entonces prosiguió con su trabajo de desvirgación, el dolor había desaparecido dando lugar al placer y yo los gritos los había sustituido por gemidos de auténtica satisfacción, cuando por fin me había penetrado entera empezó a follarme, primero suavemente metía y sacaba su polla de mi culo, que ya no era ni estrecho ni virgen, luego parecía un caballo desbocado follándome, hasta que sacó su polla de mi particular coño, como él lo llama.

Se tumbó a mi lado y con voz como de pena me dice, mientras me abrazaba por la espalda “no he llegado a correrme” yo me volví y muy pícaramente le dije “follemos otra vez” me besó la oreja y levantó mi pierna izquierda, pero lo detuve “espérate –dije- quítate el preservativo” “pero… te puede doler más” “quiero sentirte dentro de mí” se quitó el preservativo y con un dedo me lleno de saliva el culo para que estuviera un poco más lubricado y empezó a follarme nuevamente, apenas me dolió y la sensación de tener esa polla tocando todo mi interior hicieron que yo reventara en un orgasmo de los mejores de mi vida que se vio acompañado de un nuevo placer para mí, que fue cuando Rubén explotó en un gran orgasmo dentro de mis entrañas, giré mi cabeza y nos besamos hasta que su polla salió sola de mi culo.

“Voy a lavarme” me dijo, mientras yo aproveché para cambiar la ropa de su cama y lavarme en el servicio de mi cuarto. Cuando me estaba poniendo el camisón Rubén entró en mi habitación y me invitó a dormir con él esa noche. Fuimos a su cuarto nos acostamos, nos besamos y abrazados nos quedamos dormidos.

Aquí termina mi historia de cómo llegué a sentirme mujer, en un próximo relato les contaré mis aventuras con otros hombres y como Rubén y yo hemos llegado a ser novios.

Continúa la serie