Con El Sello de Morbo y Placer…
Daniela, había contraído matrimonio con Ramón, y del que había tenido tres hijos varones. Habían intentado en todo momento poder engendrar una hija, pero sus buenos deseos no se hicieron realidad. Cuanto ya habían renunciado a tener más hijos, Daniela se vio envuelta en un pequeño idilio con un compañero de trabajo, la cual la convenció durante una fiesta de la empresa, manteniendo relaciones con al mismo. Al mes de aquel idilio, que no volvió a repetirse más, Daniela observo que dejó de bajarle la regla, con lo cual, tras la pertinente prueba, comprobó aterrorizada que se encontraba embarazada. Ante ello, estuvo tentada de evitarlo, pero luego de arrepintió y decidió tenerlo, aunque ocultando todo a su marido, el cual siempre ha seguido creyendo que era suyo. De esta forma Daniela tuvo a su cuarto hijo, el cual mantenía una diferencia importante con el resto de sus hermanos, ya que el menor de ellos guardaba una diferencia de casi diez años con el tercero. Daniela estaba ilusionada pensando que podría ser niña, pero pronto el ginecólogo le confirmó que se trataba de otro varón. Como era el Benjamín de la familia, resultó el niño mimado que recibía todas las atenciones de sus padres. Así fue como pronto fue creciendo, hasta alcanzar los 14 años de edad. Sus padres le habían bautizado con el nombre de Benjamín, pero todos le comenzaron a llamar Benja o Ben.
Sus hermanos mayores, pronto contrajeron matrimonio y se hicieron independientes, quedando únicamente con sus padres, el benjamín. Benja, comenzó a estudiar, aunque a regañadientes, ya que lo único que le gustaba era la práctica del deporte, destacando en boxeo, futbol, baloncesto y natación. Con la horas que le dedicaba a ello, pronto su cuerpo comenzó a tomar una forma bastante atlética, al margen de que por si resulto ser un muchacho alto y bien fornido. Por otro lado, su parecido físico en nada se asemejaba al de sus hermanos, y ello les ocasionaba una cierta envidia, toda vez que Benja poseía una cuerpo esbelto, fornido y con una cara muy bien parecida, ojos azules, pelo negro oscuro azabache, que pronto comenzó a enloquecer a las jóvenes de su edad. Un chico de 18 años, media 1.90m, alto para su edad, de cabello ojos azul cielo, piel blanca tostada por el sol, de cuerpo atlético, espalda ancha abdomen marcado, brazos y piernas musculoso, practico mucho deporte como natación o boxeo, en fin mi mayor atributo es mi miembro, tengo un par de bolas grandes y una polla de 26 centímetros de largo y 16 de circunferencia, con un deseo insaciable en tener sexo. Ese singular parecido físico le llevó a mantener tenía relaciones a la corta edad de dieciséis años.
De esta maneras el joven se destacó como un muchacho bastante activo sexualmente, adquiriendo una mirada de auténtico seductor, que sabía enloquecer a la chicas de su entorne, las cuales caían rendidas a sus brazos. Los padres del joven comenzaron a preocuparse, ya que no atendía adecuadamente sus estudios. Sus hermanos, le recriminaban sus comportamientos, diciendo que era un joven alocado, sin fundamento, y muy mujeriego. Obviamente su madre, intento encauzarlo, aunque con poco éxito. No obstante, el joven continuó estudiando, aunque llevando a cabo la práctica de varios deportes, hasta que pronto alcanzó la edad de dieciocho años. En esos momento, la madre comenzó a sentir preocupación por el resto de sus otros tres hijos, ya que fue comprobando que ninguno de ellos, pese a llevar algunos años de casados, le concedía un nieto o nieta. Se fue poniendo nerviosa, acuciando a sus nueras con la necesidad de un descendiente. Esa situación ponía también bastante nerviosas a sus nueras, que trataban de evitar cualquier conversación al respecto.
No obstante, esa insistencia, causo efectos en la mayor de ellas, Caty, que ya contaba con casi los 38 años de edad, una chica hermosa que se cuidaba mucho su físico y su salud una mujer saludable a mas no poder, de cabello castaño rojizo largo y liso, de ojos café claro, piel blanca tersa, media 1.70m de cuerpo exuberante, de grandes curvas sus medias eran 96-63-109, con piernas carnosas senos grandes algo caídos pero coronados con un par de pezones carnosos grueso y grandes, de caderas anchas con una cola bien parada firme redondeada en forma de corazón con unas piernas bien carnosas.
Por lo que movió cielo y tierra, visitando varios ginecólogos, constatando que ella se encontraba bien y era plenamente fértil. Con cierta dificultad logró que su marido se sometiera a varias pruebas. Los resultados no fueron concluyentes, pero según parecía el hermano mayor de Benja tenía un problema en uno de sus genes que influía bastante en la vigorosidad de sus espermatozoides. El ginecólogo no quiso ser tajante delante del marido, pero en pocas palabras le dejó patente que las posibilidades de un embarazo eran bastante complicadas, aunque abiertamente no lo descartara. Al conocer las demás nueras el resultado de los análisis del esposo de Caty, hicieron lo propio y consiguieron que sus esposos se sometieran igualmente a las mismas pruebas. El resultado les confirmó que los tres hermanos sufrían de lo mismo, y que el defecto de uno de los genes era un tema hereditario, aunque todos los médicos le tranquilizaban indicándoles que siempre cabía alguna posibilidad.
La más joven de todas, Lucrecia, que por aquel entonces tenía 30 años, de cabello castaño oscuro, aunque ahora voy teñida de rubio, semi-rizado y, ni muy largo, ni muy corto. Los ojos azules. Tiene en la boca de tamaño medio con el labio superior algo más carnoso que el inferior. Simplemente atractiva. Mide 1,68m, pesa 55 Kg, y sus medidas son 95-60-110, en otras palabras, con pecho bastante duro y erguido para su edad, el estómago liso, sin tripita; de ancha caderas; el "pompis" respingado, bien paradito redondeado, gracias al Zumba, por último, piernas largas con los tobillos delgados y unos muslos bien torneados y rollizos. Ella llevaba varios años casada con el menor de los hermanos de Benja, le pido en privado al ginecólogo que le indicará si
verdaderamente existía alguna posibilidad de embarazo, afirmándole tajantemente
éste, que era prácticamente imposible. Lucrecia evidentemente no se lo confesó a su esposo para no afectarlo más, pero quedo bastante entristecida. Lucrecia ella era también un mujeron.
Un día al llegar a la casa de sus suegros, comprobó que ellos habían salido, y que el único que se hallaba en casa era su joven cuñado Benja. Todas sabían el lugar donde sus suegros dejaban una llave para caso de que ellos no estuvieran. Tras tocar varias veces, nadie le abrió, por lo que tomo la llave y entró en la casa. Verificó todas las habitaciones, dándose cuenta de que salía una música algo débil de la habitación del joven hermano de su esposo. Toco, pero como nadie le respondía, se decidió abrir el picaporte de la puerta encontrándose dentro de la habitación a Benja, echado sobre la cama oyendo música con unos auriculares. Aquel, se quedó sorprendido por la presencia de su cuñada, aunque mayor sorpresa recibió Nuria al contemplar a su joven cuñado, quien solo llevaba puesto un pequeño slip por toda indumentaria.
--Benja. ¿Estabas aquí? He llamado, pero nadie me respondía. ¿Es que no oías el timbre?
--Hola Lucrecia. Pues no. Estaba escuchando música, y no me enteré.
Lucrecia, estaba por salir de la habitación, pero no pudo dejar de observar el cuerpo desnudo de aquel joven. Estaba tan fornido y atlético, poseía una carita tan seductora, que noto un escalofrío por todo su cuerpo. Además, se percató del bulto del joven, el cual destacaba en el slip que portaba. Evidentemente había visto varias veces a su esposo con un slip semejante, pero en modo alguno había observado el enorme bulto que aparecía en el de su cuñadito. Pensó, casi en décimas de segundo.
--“¡Cielos, mi cuñadito tiene que estar bien dotado! ¡Mira que bulto!”
Reaccionando, para evitar que su cuñado de diera cuenta de sus pensamientos, intento desviar la conversación por otros derroteros, preguntándole.
--¿No están tus padres?
--No han salido de compras. Pero seguro que llegan pronto. Espera un poco por ahí.
--¿Qué música estas escuchando? -Le preguntó ella.
Mientras Benja, le contestaba, había comprobado que su cuñada se acercaba hasta su cama y que no dejaba de mirar de reojo su slip. Evidentemente se había fijado en más de una ocasión en su cuñada Lucrecia, pero ese día la observo con detenimiento percatándose que portaba una malla pantalón y una blusa bastante ajustada, evidenciando que venía del gimnasio. Se dijo para sí.
--“Mi cuñada esta buenísima”.
Lucrecia era una joven muy guapa, bastante vistosa, muy elegante en el vestir, con un cuerpo de curvas bien marcadas, pechos grandes, pero que debían terminar en unos pezones pronunciados, al menos eso había constatado el joven por la blusa tan ajustada que portaba, y unas buenas y perfecta nalgas. El pantalón malla que llevaba puesto era de color blanco, y Benja constató algo que le sorprendió, ya que en la entrepierna pudo distinguir claramente
--“Hummm como sobresale los labios vaginales”
Los cuales se marcaban claramente en la malla, dado lo ajustada de aquella prenda. Eso lo puso al palo inmediatamente, viendo como su pene emergía claramente bajo su pequeño slip. Esto no pasó desapercibido para Lucrecia. Al verificar las miradas de su joven cuñado, se alteró y le recrimino.
--¿Pero Benja? ¿Por qué me estas mirando de ese modo? -Benja, se sonríe, y con aquella carita de auténtico seductor, le responde.
--Pues que más... Te estaba mirando cuñi. La verdad es que estas muy sexy con esa indumentaria.
--¿Tan mal estoy?... Vengo de hacer gimnasia. Y viendo que él no dejaba de observar su entrepierna le increpa. --Oh cielos… Pero, deja… de mirarme tanto. ¿Qué me miras tanto ahí abajo?
--Pues… cuñi… Es que se te ven todos los labios de tu coñito… ¿Cómo quieres que no te mire?
--Queee… ¡Eso es mentira! -Le contesto ella al momento, tratando de colocar sus manos en su entrepierna, evitando que su cuñadito pudiera seguirla observando ahí.
--¿Mírate en el espejo para que lo veas?... Pero no debe asustarte... A muchas chicas les ocurre lo mismo... Pero… ¡No todas están tan buenas como tu cuñi! -le dijo sonriendo.
--Que te conozco Benja, ¿No pienses que me vas a cortejar como a tus amiguitas? Soy la mujer de tu hermano. ¡Al menos debes respetar eso!
--Ya cuñada. Pero, el que seas la mujer de mi hermano, no significa que no me gustes. Además, viéndote así… -Ella, intrigada se miró su entrepierna en el espejo, y nerviosa le pregunto.
--¿Lo dices en serio? ¿De verdad se me nota?
--A ver cuñi quítate la mano… -La misma, nerviosa acepto retirar sus manos. Al momento el joven le manifiesta. --Pues…. Sin lugar a duda se nota todo el bulto de tu coñito. E incluso, creo que se te transparentan un poco los vellos.
--Quee… No seas… ¡Ay Cielos no Cielos no!... Si me ven tus padres van a pensar que soy una cualquiera. ¿Que habrán pensado mis amigas del gimnasio? Me lo compré ayer y lo estaba estrenando. -Le dijo ella con preocupación.
--De todas formas, cuñi. Si no te fijas mucho no se te ve. Además, a mí me gusta verte con el mismo. Y realza tu cuerpo. Total, que se fastidie el que ve. -Le comento el joven sonriendo.
--Ya…. tú lo que eres es un sádico.
--Ya cuñi. Pero ¿Es que viéndote así? Ya sabes.
--Pero Benja… No me lo puedo creer. ¿Te has empalmado? - le pregunto ella echándose las manos a la cara, viendo como había emergido el bulto del joven.
Benja, era un consagrado seductor, y aunque era la mujer de su hermano, no le impidió mostrar la erección que se había formado en su slip. E incluso se incorporó de la cama, con la intención de que la misma lo pudiera observar mejor, al tiempo que le decía.
--¿Qué quieres Lucrecia? ¿Uno no es de piedra?
Lucrecia comenzó a notar como afloraban los colores a su cara. Además, comprobó como aquella situación lejos de molestarla, le comenzaba a gustar. Se notaba agitada, y hasta excitada. Conocía la fama de mujeriego de su joven cuñado, pero que la estuviera cortejando a ella, le producía un morbo especial. Ahora de pie, el bulto que formaba la erección del joven era manifiesta y casi parecía que iba a romper el slip. Ella, bastante nerviosa le dice.
--Benja, por favor. Ponte algo… ¡Tapate eso!
--Que pasa cuñi. ¿Te pone nerviosa verme así? ¿Ni que me estuvieras viendo desnudo? -Ella le mira, y morbosamente le contesta.
--Ya. ¡Eso es lo que quisieras tú! Que te viera desnudo... ¡Eres un auténtico degenerado!
--Ja, ja, ja, ja, ja. Venga cuñi. ¿Creo que en el fondo deseas verme desnudo?
--Quee... ¡Tú estás loco! -Contesto ella agitada.
Pero, pese a todo, no salía de la habitación del joven. No entendía que le estaba pasando. En el fondo el cabronazo tenía razón. Aunque fuera indecoroso, ansiaba ver a su joven cuñado desnudo, y poder verificar el tamaño de sus genitales, que tanto abultaba en su prenda interior. Estaba pensando esto, cuando sorpresivamente el joven se baja el slip, dejando a la vista su pene.
--Pero… ¿Qué haces? ¡Oh Dios mío, Oh Dios mío, Oh Dios, Oh dios, Oh Dios, Oh Dios mío!… -Exclamo ella, al contemplar el enorme falo de su joven cuñado.
Se percató que aquel chico estaba bastante mejor datado que su marido. Nada que ver. Sin aún estar del todo erecto, era de unas dimensiones colosales, bastante largo y grueso. Los colores terminaron por aflorar en su rostro.
--Venga cuñi. ¡Sé que estabas deseando verlo! ¿Qué te parece? -Exclamo el joven con una sonrisa.
--Pero Benja… Eres un descarado. ¿Ya verás cuando se lo comenté a tu hermano? ¿Cómo se te ocurre? -Le contesto ella, enrojecida.
Sin embargo, la vista de aquellos genitales la tenían embobada. No sabía que le pasaba. Benja, al verificar que la mujer de su hermano había quedado sorprendida con la visión de su aparato genital, se acercó hasta la misma. Lucrecia, se quedó como inerte, mientras veía como el hermanito de su marido se acercaba a ella con su pene en la mano. Y, al llegar junto a ella, le dice.
--Vamos Lucrecia. Tómala en tu mano. Sé que necesitas tocarla. Anda comprueba la dura que la tengo.
La mujer, casi como una autómata, extiende su mano y alcanza la polla del joven, comprobando la dureza de aquella. Pero no solo se limitó a ello, sino que lujuriosamente la recorre en todos sus extremos. Estaba como drogada con la vista de aquel pene. El joven viendo lo receptiva que estaba su cuñada, le dice.
--Anda toca mis bolas. Veras que también son grandes.
Lucrecia, tremendamente excitada, sin saber porque lo hizo, alcanza con su mano los testículos del joven, comprobando lo abultados que eran. Todo ello, mientras escucha a Benja, decirle.
--¿Los tengo bien cargados, verdad cuñi?... ¿No te gustaría que te regara el coñito con mi lechita?
--Que… -Exclamó Lucrecia, soltando el pene del joven. -¿Cómo te atreves? ¿¡Acaso crees que soy una de tu putitas!?
Pero el joven lejos de amilanarse aprovechó el encontrarse cerca de su cuñada, para alcanzar con su mano la entrepierna de aquella, y pasar sus dedos por donde sabía que se localizaban los labios vaginales de la misma, aún con su malla puesta.
--¿Pero qué haces?.. Noooo… Estate quieto… ¡¿Quién te ha dado permiso para tocarme ahí?!...
Alterada salió corriendo de la habitación del joven. Ya fuera, se quedó agitada pensando en lo ocurrido. No sabía si esperar la llegada de sus suegros o marcharse. No obstante, se notó mojada, y se dirigió al baño, donde comprobó que tenía toda la tanga mojada, hasta el punto de que tuvo que asearse bien para evitar que traspasara la humedad el pantalón malla que llevaba puesto. Se observó en el espejo, y se dijo.
--¡Ho No! ¡Cielos es verdad! ¡Se me notan los labios del coño! -Se quedó un rato pensando en lo ocurrido. Sabía que su joven cuñado tenía fama de ser mujeriego. --Pero, no sabía que estaba tan bien dotado.
--“Con un falo de aquellas dimensiones seguro que tenía a todas las chicas locas” -Pensó.
Todavía no sabía cómo se había atrevido a tocarle el pene al mismo y hasta sus testículos.
--¿En qué coño estaba pensando?
Luego salió y decidió marcharse a su casa sin esperar a sus suegros. Pese a todo, en las noches siguientes, no dejó de pensar en su joven cuñado y los genitales que portaba el mismo. No pudo por menos, que compararlos con los de su marido, y se dio cuenta que nada tenían que ver con los del hermanito. Su marido tampoco era muy activo sexualmente, por lo que al recordar lo sucedido con su cuñadito, se vio obligada a masturbarse en varias ocasiones. Había cesado de acudir a la casa de sus suegros por miedo a encontrarse a solas con Benja. Pero, en el fondo comprendió que ansiaba verlo. Claro está, que nada de lo ocurrido le dijo a su esposo ni a nadie de la familia. No obstante, se había dejado de poner aquella malla que tanto excito a su joven cuñado.
Continuara…
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