Capítulo 1

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  • Nunca había ido a un baño turco

Nunca había ido a un baño turco, pero estaba pasando por una temporada de mucha excitación y ningún contacto carnal, por lo cual tenía la pija al rojo vivo de tanta paja.

En verdad solo me gustan los hombres maduros, cuanto más viejos mejor, no me importa si se les para o no, me encanta chupar pijas flácidas y ellos cuentan con todos sus dedos para ingresar en mi culo, por eso digo que un viejo para mi es placer asegurado.

Pero les cuento que no podía encontrar a nadie, ni en los baños, ni en los cines, ni en internet, o yo estaba loco por encontrar al abuelito que me hiciera gozar.

Por eso decidí hacer lo que nunca había hecho y como último recurso para que me rompan el culo, decidí ir al baño turco.

Yo sabía que había baños gay, pero no sé porque decidí a uno que estaba en un hotel muy importante de la ciudad y no estaba catalogado como un lugar de encuentro gay.

El día estaba frío y lluvioso, así que el calor del lugar me resultó algo muy confortable, pagué el arancel y me dieron el toallón y una llave de casillero, cuando entré al vestuario vi con desilusión que estaba completamente vacío y lamenté el haberme equivocado de lugar o de día, ya que era un lunes temprano por la tarde, me desnudé y al mirar mi cuerpo advertí que se me notaban algunos kilos de más en la cintura, pero estaba conforme con mi cuerpo por la forma redondeada de mi cola, y el servicio que me había hecho mi gordura de niño, al dejarme una cantidad de adiposidad en las tetillas que nunca pude reducir y que no he podido evitar que aumentara lo que, al cabo del tiempo, me dotaba de dos prominentes tetas, que a los viejos les enloquecía chupar.

Así que, decepcionado, denudo y envuelto en mi toallón, me dirigí a las salas de vapor. Dada mi poca experiencia elegí la primera de todas, por ser la de menor temperatura.

Cuando entré una ola de vapor me impedía ver con claridad y de inmediato empecé a transpirar a lo loco.

Elegí un rincón y subí a la parte más altas de las gradas, a los pocos minutos pude adaptar mi vista al recinto y advertir que no estaba solo.

Había dos hombres en la sala, para mi sorpresa muy mayores, uno pelado y muy lampiño, descansaba desnudo sentado sobre su toalla y al verlo advertí que tenía sus ojos fijos en mí y se acariciaba descaradamente los huevos, la transpiración rodaba por mi cuerpo que comenzó a excitarse y sentí como las gotas rodaban hacia mi ano, que comenzó inmediatamente a palpitar.

Cuando giré mi cabeza me di cuenta que en el sector opuesto de la sala había otro señor, el que al mirarlo abrió su toallón mostrándome su cuerpo desnudo, en este caso muy peludo, bastante gordo y muy panzón y por lo que no podía dejar de ver, con un soberano aparato totalmente flácido.

Volví mi vista al primero de los señores y este ya se pajeaba furibundamente, por lo tanto, me paré y dejé caer mi toallón para que ambos me miraran desnudo, estuve así un par de minutos mirándolos alternativamente y relamiendo mi lengua, mientras mi pija comenzaba a pararse.

En ese instante advertí que ambos se paraban y se acercaban a mí, sin decir palabra comenzaron a acariciarme y el lampiño comenzó a besarme metiendo la lengua en mi boca casi con desesperación, mientras el otro comenzó a chuparme las tetas y acariciarme todo el cuerpo, deleitándose con sus dedos en el agujero de mi culo.

Esta situación me volvía loca de placer y ya quería sus pijas dentro mío, pero al buscarlas con mi mano encontré dos considerables miembros y ambos muertos.

Ante esta situación, estos hermosos señores de 64 (lampiño) y 67 (peludo) años respectivamente, me aclararon “mira puta sin dudas te vamos a coger, pero deberás chupar un buen rato para despertar a nuestros amigos”, dicho esto me metía ambas pijas en la boca.

Lo que pasó a partir de allí con mis abuelitos seguirá en otro relato.