Mi cuñadita ha hecho algo que no debería. Parece empezar a disfrutar la penitencia.

Cuando se le escapa un gemido y chupo más fuerte y empiezo a darle lametones largos de nuevo, apretando en el pezón. Le azoto el culo y la miro. Estás gimiendo fácil, putilla. Ha sido buena idea, la de Carmen: “espera a pillarla in fraganti, y ahí le das”.

— Muévete — digo, dándole otro azote.

— Mmff… — respira en mi oreja con fuerza. — m-m-n.. — Sus gemidos se acentúan y tengo que controlarme para no arrojarla contra el asiento y follármela ya, por las buenas o por las malas.

Sus balanceos se vuelven más amplios y la humedad de su coño me está mojando la polla a través del pantalón.

La cojo con la mano por la nuca, me muevo hacia adelante, con ella encima, empujando en el acto mi polla contra su raja mojada. Alcanzo con la mano un cojín grande y me lo pongo tras la espalda. Me reclino más sobre él y la atraigo conmigo hacia atrás, agarrada por la nuca. Sus tetas se pegan a mi pecho, casi tumbados, y se abandona, apoyando la cabeza en el resp