Capítulo 2: Gula
Elias despertó con el cuerpo dolorido y una sensación extraña de vacío. Se incorporó en la cama y se encontró con Azrael apoyado en el marco de la puerta, solo con unos pantalones negros bajos que marcaban demasiado bien todo lo que había debajo. Las runas de su pecho brillaban suavemente bajo la poca luz.
—Buenos días, brujito —dijo el demonio con voz grave y ronca—. ¿Cómo se siente sobrevivir a la primera noche?
Elias se pasó una mano por la cara y soltó una risa cansada.
—Como si me hubiera atropellado un camión… pero un camión muy alto, musculoso y con muy malas intenciones. ¿Siempre desayunas mirando a la gente que cogiste anoche o es un detalle especial para mí?
Azrael sonrió, lenta y peligrosa.
—Especial para ti. Levántate. Hoy es Gula y tengo hambre.
La cocina ya no era la cocina. Azrael había transformado el espacio en un banquete absurdo: frutas maduras que goteaban jugo, chocolates oscuros, panes calientes, carnes especiadas y un vino que olía a algo demasiado dulce para ser normal.
Elias se detuvo en la entrada y levantó una ceja.
—Esto parece la última cena de un condenado. ¿Vas a matarme de azúcar o de orgasmos?
—Las dos cosas —respondió Azrael, empujándolo hacia la mesa—. Sube.
Lo hizo sentarse en el borde de la mesa y se colocó entre sus piernas. Sin perder tiempo, untó los dedos con un aceite resbaladizo y volvió a abrirlo con lentitud, preparándolo otra vez. Elias gimió, todavía sensible de la noche anterior.
—Joder… avisas, ¿no?
—No —dijo Azrael, y alineó su polla gruesa contra la entrada de Elias—. Ahora te voy a follar mientras comes.
Empujó. El estiramiento fue intenso, pero esta vez Elias lo tomó mejor. Azrael se hundió hasta el fondo y se quedó quieto un segundo, disfrutando de la sensación.
—Tan apretado todavía… —gruñó—. Perfecto.
Empezó a moverse con embestidas profundas y controladas. Al mismo tiempo, tomó una fresa madura y se la acercó a la boca de Elias.
—Come.
Elias abrió la boca. El jugo dulce explotó en su lengua mientras Azrael embestía más fuerte. El contraste era absurdo y adictivo: el sabor de la fruta, el calor del demonio dentro de él, la mano grande que ahora le masturbaba la polla al mismo ritmo.
—Así… —ronroneó Azrael—. Quiero que sientas todo. Quiero que comas mientras te lleno.
—Quiero que me tomes todo… Quiero que te corras mientras tienes la boca llena… Sé un buen chico y traga, Elias.
Elias rio entre gemidos, la voz un poco rota.
—Eres una amenaza pública. Voy a morir antes del pecado número cuatro y va a ser todo tu culpa.
Azrael aceleró. Tomó un trozo de chocolate, se lo puso en la boca y lo besó profundamente, compartiendo el sabor amargo y dulce mientras lo cogía con más fuerza. Elias gemía contra su boca, las piernas temblando alrededor de la cintura del demonio.
Cuando estuvo al borde, Azrael lo levantó de la mesa, lo giró y lo inclinó sobre ella, empujando platos y frutas hacia un lado. Lo penetró de nuevo desde atrás, más profundo esta vez.
—Ahora aquí —gruñó—. Quiero que me sientas hasta el fondo.
Las embestidas se volvieron más salvajes. Elias se agarró al borde de la mesa, jadeando. El nudo de Azrael empezó a hincharse otra vez.
—Eso… otra vez…
—Sí —respondió el demonio contra su oído—. Voy a trabarme dentro de ti otra vez. Y vas a quedarte así hasta que yo diga.
El nudo se hinchó por completo, atrapándolos juntos. Azrael embistió un par de veces más y se corrió con un gruñido grave, llenando a Elias con chorros calientes. La presión y el calor empujaron a Elias sobre el borde. Se corrió con un grito ahogado, apretando alrededor del demonio.
Se quedaron unidos un buen rato, respirando agitados. Azrael lo abrazó por detrás, todavía dentro, y le robó un trozo de pan de la mesa.
—Dos noches menos —dijo, mordiendo el pan con satisfacción—. Y todavía no te he roto del todo.
Elias, apoyado en la mesa y con las piernas temblando, soltó una risa débil.
—Genial. Solo me quedan cinco noches para arrepentirme de no haber prestado atención a las advertencias de los grimorios.
Azrael se inclinó y le mordió el hombro suavemente.
—Demasiado tarde, brujito. Ya eres mío.
Fin del Capítulo 2
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